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Medicamentos comúnmente prescritos para Conjuntivitis
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: SOLUCION/SUSPENSION GOTAS ORALES, 10 mg cetirizina dihidrocloruroPrincipio activo: CetirizinaFabricante: Retrain, S.A.U.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 10 mg cetirizina dihidrocloruroPrincipio activo: CetirizinaFabricante: Laboratorios Cinfa S.A.No requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 10 MGPrincipio activo: CetirizinaFabricante: Laboratorios Normon S.A.Requiere receta
La conjuntiva es una membrana fina y transparente que recubre la parte blanca del ojo y la cara interna de los párpados. Cuando se inflama, los vasos que la atraviesan se dilatan y el ojo se pone rojo. En la inmensa mayoría de los casos se trata de algo banal que se resuelve solo en una o dos semanas. Pero bajo ese mismo ojo rojo se esconden a veces cuadros en los que el tiempo se cuenta por horas y esperar cuesta visión. Distinguir unos de otros no tiene mucho misterio si se sabe en qué fijarse, y a eso dedica este texto la mayor parte del espacio.
Cómo suele presentarse
Lo habitual es que afecte a los dos ojos, aunque a menudo empieza por uno y al cabo de un día o dos se suma el otro. El cuadro típico es este:
- la parte blanca del ojo roja o rosada, con los vasos dilatados de forma uniforme y con más intensidad cerca de los párpados;
- sensación de arenilla, escozor o cuerpo extraño;
- lagrimeo;
- secreción, que puede ser transparente y acuosa, mucosa o espesa, capaz de pegar las pestañas y hacer que por la mañana cueste abrir los ojos;
- picor, a veces muy insistente;
- párpados hinchados y molestia con la luz intensa.
Hay cosas que una conjuntivitis corriente no produce: dolor profundo dentro del ojo, pérdida de visión, cambios en la forma o en la reacción de la pupila, opacidad de la córnea. La vista puede volverse algo borrosa por la película de moco que queda en la superficie, pero se aclara al parpadear, y eso no tiene nada que ver con un empeoramiento que se mantiene.
Tres causas distintas y por qué conviene diferenciarlas
La conjuntivitis vírica es la más frecuente. Suele acompañar a un catarro, la secreción es acuosa, los ojos «arden» y a menudo se palpa un ganglio aumentado por delante de la oreja. Empieza en un ojo y pasa al otro. Es muy contagiosa y se cura sola en una o dos semanas, aunque a veces se alarga más. Los antibióticos no le hacen absolutamente nada.
La bacteriana da una secreción espesa, amarilla o verdosa; por la mañana las pestañas aparecen pegadas y, después de limpiar el ojo, el pus vuelve a acumularse a lo largo del día. En personas sanas también se resuelve con frecuencia sin tratamiento en unos días, pero es justo aquí donde los colirios con antibiótico tienen sentido: se indican si la situación no mejora, si la secreción es abundante o si concurren circunstancias particulares.
La alérgica se reconoce por el picor, que es el síntoma dominante: los ojos pican mucho y de forma simétrica, la secreción es transparente y suelen añadirse estornudos y congestión nasal. Aparece por temporadas con el polen, o durante todo el año con el polvo, el pelo de los animales o los cosméticos. No se contagia y no necesita antibióticos, sino tratamiento antialérgico.
Existe además la irritación de origen no infeccioso: el cloro de la piscina, el humo, el viento, soldar sin protección, demasiadas horas de pantalla o un producto químico que entra en el ojo. Este último caso es aparte. Ante la salpicadura de cualquier químico, y muy especialmente de un álcali como la cal, un limpiador doméstico o el cemento, hay que lavar el ojo de inmediato con agua limpia durante veinte minutos como mínimo, sin esperar a que llegue el médico, y acudir después sin demora a que lo valoren.
El ojo rojo que exige atención inmediata
Este es el apartado más importante del texto. Nada de lo que viene a continuación es una conjuntivitis, y aquí no cabe dejar pasar una semana confiando en que se arregle solo.
Busque atención urgente el mismo día si aparece aunque sea uno solo de estos signos:
- la visión ha empeorado y no se recupera al parpadear, o han aparecido una neblina, manchas o halos alrededor de las luces;
- dolor en la profundidad del ojo, no un escozor superficial, sobre todo si es intenso o se irradia a la sien y a la ceja;
- la luz intensa duele y obliga a cerrar los ojos;
- solo está rojo un ojo, y el enrojecimiento forma un anillo alrededor del iris en lugar de repartirse por toda la parte blanca;
- las pupilas tienen tamaños distintos o una de ellas responde mal a la luz;
- se ve una manchita blanquecina o turbia sobre la córnea;
- dolor de cabeza intenso con náuseas y vómitos junto con el ojo rojo;
- el párpado se ha hinchado de golpe, está rojo y duele, hay fiebre, mover el ojo resulta doloroso o imposible, o el ojo parece salido hacia fuera;
- han salido vesículas en la frente, en el párpado o en la punta de la nariz: así empieza un herpes zóster con afectación ocular;
- traumatismo del ojo, contacto con un producto químico o sospecha de que algo se ha metido dentro del ojo;
- usa lentes de contacto y el ojo duele, rechaza la luz o ve peor.
Detrás de estos signos hay inflamación de la córnea, inflamación de la úvea, un ataque agudo de glaucoma o infección de los tejidos que rodean la órbita. Todos ellos tienen tratamiento si se abordan enseguida.
Qué se puede hacer en casa
En una conjuntivitis corriente, los cuidados caseros suelen bastar.
- Retire las costras con un algodón o una gasa limpios y húmedos, arrastrando desde el ángulo externo del ojo hacia el interno. Use una gasa distinta para cada ojo y tírela inmediatamente después.
- Aplique unos minutos una compresa fresca y húmeda: alivia el escozor y la hinchazón. Cuando la secreción es espesa y purulenta, resulta más agradable y más útil aplicarla templada.
- Utilice lágrimas artificiales o colirios humectantes sin conservantes: diluyen la secreción y quitan la sensación de arenilla.
- Quítese las lentes de contacto y no vuelva a ponérselas hasta que el ojo esté del todo tranquilo.
- Deje el maquillaje de ojos durante estos días, y lo mejor es tirar el que estaba usando al empezar el cuadro.
- No se frote los ojos: así se lleva la infección al otro ojo y a quienes le rodean.
Lo que no conviene hacer: poner colirios sobrantes de otra ocasión o prestados por un conocido, tapar el ojo con un parche, lavarlo con té, con leche materna o con soluciones caseras, y usar colirios con corticoides sin que se los hayan indicado, porque en algunas causas de ojo rojo empeoran las cosas de forma brusca.
Cuándo hacen falta medicamentos
La elección depende de la causa, y este es uno de esos casos en los que «un colirio para los ojos» no sirve para todo. En la conjuntivitis vírica no hay tratamiento propiamente dicho: ayudan las lágrimas artificiales y las compresas, y el tiempo hace el resto. En la bacteriana pueden hacer falta un colirio o una pomada con antibiótico, sobre todo si hay mucho pus, si no hay mejoría en varios días, si está afectado un solo ojo o si existen enfermedades de base. En la alérgica funcionan los colirios antialérgicos y los estabilizadores de los mastocitos, y si la nariz también da guerra, los antialérgicos por vía oral; en paralelo merece la pena identificar el alérgeno y retirarlo en la medida de lo posible.
El producto concreto lo elige el médico o el farmacéutico teniendo en cuenta la edad, el embarazo y el resto de la medicación. En los niños pequeños muchos preparados requieren prescripción, así que ante un ojo inflamado en un bebé o un niño de corta edad es más sensato acudir directamente al profesional que buscar un colirio por cuenta propia. Si a los siete días de haber empezado el tratamiento nada ha cambiado o el cuadro va a peor, hay que volver a consultar: significa que la causa es otra.
Las lentes de contacto, capítulo aparte
En quien lleva lentillas, un ojo rojo nunca se da por supuesto como una conjuntivitis simple. Bajo la lente se desarrolla una inflamación bacteriana de la córnea que en uno o dos días puede dejar una cicatriz y estropear la visión de forma permanente. La combinación de «lentillas y dolor», «lentillas y fotofobia» o «lentillas y pérdida de visión» obliga a ver a un oftalmólogo ese mismo día.
Ante cualquier enrojecimiento hay que retirar las lentes en el acto y no volver a ponérselas hasta la curación completa y un día más. Las lentillas y el estuche que se estaban usando al comienzo del cuadro se tiran, porque ya están contaminados. Y por si hiciera falta decirlo: dormir con las lentillas puestas, rellenar la solución en vez de cambiarla y enjuagar las lentes con agua del grifo no se debe hacer nunca; así es exactamente como se producen las inflamaciones más graves de la córnea.
Cómo evitar contagiar a los demás
Las conjuntivitis víricas y bacterianas se transmiten con mucha facilidad: por las manos, las toallas, la almohada, un colirio compartido, la pantalla del móvil. El contagio se mantiene mientras haya secreción y enrojecimiento.
- Lávese las manos con agua y jabón después de cada contacto con los ojos y antes de aplicar cualquier colirio.
- Reserve una toalla y una funda de almohada para usted, y lávelas a menudo con agua caliente.
- No comparta cosméticos, colirios, lentillas ni gafas.
- Cúbrase la boca al toser y al estornudar, y tire los pañuelos enseguida.
- La punta del frasco del colirio no debe tocar el ojo ni las pestañas.
Quedarse en casa con una conjuntivitis corriente no suele ser necesario, ni para un adulto ni para un niño, siempre que el estado general sea bueno. Sí conviene quedarse si la persona se encuentra mal o si en el colegio o la guardería hay un brote y el centro lo pide.
Situaciones que se salen de la regla
Unos ojos rojos, hinchados y con pus en un bebé durante su primer mes de vida son siempre una urgencia. En el recién nacido la inflamación puede estar causada por microorganismos adquiridos en el parto y es capaz de dañar la córnea en pocos días. Aquí la automedicación no tiene cabida: hay que llevar al niño al médico de inmediato.
En los adultos merece una mención aparte la conjuntivitis provocada por infecciones de transmisión sexual, sobre todo por clamidia y por gonococo. Hacen sospecharla el pus abundante que se vuelve a formar en cuestión de horas, la hinchazón marcada de los párpados, un curso tenaz de más de dos o tres semanas, o el enrojecimiento de un solo ojo en una persona joven, especialmente si hay secreción genital o escozor al orinar. Esta conjuntivitis no cede con los colirios habituales, exige tratamiento por vía general y un estudio completo, y deben tratarse los dos miembros de la pareja. La infección gonocócica puede dañar la córnea muy deprisa, así que hay que consultar con urgencia.
Otra situación distinta es el ojo rojo en una persona con las defensas bajas, operada del ojo o con una enfermedad reumática. Aquí el umbral para acudir al médico debe ser bastante más bajo de lo habitual.
Consulta en línea
A distancia se resuelve cómodamente la pregunta principal: si se trata de una inflamación corriente que puede acabar de curarse en casa o de un ojo rojo que necesita oftalmólogo. El médico preguntará por el tipo de secreción, el picor, la visión y el dolor, pedirá que enseñe los dos ojos con buena luz y que se baje el párpado inferior, y se interesará por las lentillas, un catarro reciente, las alergias y los contactos. En línea también tiene sentido aclarar si hacen falta colirios y cuáles, cómo cuidar el ojo correctamente, cuánto va a durar todo esto y cuándo se puede volver a la guardería o al trabajo. Los signos de la lista de urgencias no se valoran por pantalla: con ellos hay que acudir directamente a una consulta presencial.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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