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Medicamentos comúnmente prescritos para Clamidia
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: COMPRIMIDO, 500 mgPrincipio activo: AzitromicinaFabricante: Towa Pharmaceutical S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, 200 mg azitromicina dihidrato/5 mlPrincipio activo: AzitromicinaFabricante: Pfizer S.L.Requiere recetaForma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, 500 mgPrincipio activo: AzitromicinaFabricante: Towa Pharmaceutical S.A.Requiere receta
La clamidia es la infección de transmisión sexual más frecuente y, a la vez, la más silenciosa. La mayoría de las personas infectadas no nota flujo, ni dolor, ni el menor indicio de que algo esté ocurriendo, y esa situación puede durar años. Suele descubrirse por casualidad: en un análisis previo al embarazo, tras la llamada de una expareja o cuando ya ha aparecido una complicación. La bacteria en sí desaparece sin dejar rastro con un ciclo corto de antibiótico. El daño no lo causa ella, sino los meses que pasa dentro del cuerpo sin que nadie la vea.
Por qué pasa desapercibida tan a menudo
La clamidia vive dentro de las células de la mucosa y apenas provoca una reacción llamativa. En las mujeres no hay ningún signo en unas tres de cada cuatro infectadas; en los hombres, en la mitad. Cuando aparecen, lo hacen entre una y tres semanas después del contacto, a veces meses más tarde, y son tan discretos que se achacan a una cistitis, a un roce o a una cena que sentó mal.
La segunda trampa es que la ausencia de molestias no dice nada sobre lo que ocurre después. La infección no se cura sola: asciende en silencio por el aparato genital y daña las trompas o el epidídimo sin emitir ninguna señal. Durante todo ese tiempo la persona se siente sana y sigue transmitiéndola a sus parejas. Por eso la única forma de detectar la clamidia a tiempo es hacerse la prueba, no esperar a los síntomas.
Qué se puede notar
Los signos no dependen del sexo, sino del lugar donde se ha instalado la bacteria.
Cuello del útero y uretra en la mujer:
- el flujo vaginal cambia: más abundante, más líquido, con un olor distinto al habitual;
- sangrado después de las relaciones o a mitad del ciclo;
- escozor y dolor al orinar, con un urocultivo que sale limpio;
- molestia en la parte baja del abdomen, sobre todo durante las relaciones.
Uretra en el hombre:
- secreción transparente o algo turbia por la uretra, más visible por la mañana;
- escozor al orinar y picor en el meato;
- dolor o hinchazón de un testículo.
La bacteria se instala con la misma facilidad allí donde llegan el semen y el flujo vaginal. El recto responde con dolor, falsas ganas de defecar, moco y sangre; la garganta suele callarse y solo a veces molesta; la conjuntiva se enrojece, lagrimea y amanece pegada, y una conjuntivitis de un solo ojo que no termina de irse en un adulto es motivo para pensar en infecciones de transmisión sexual.
Un apunte aparte sobre el dolor testicular. Si aparece de golpe, intenso y brusco, no se puede esperar ni una hora: así se manifiesta la torsión testicular, que requiere cirugía en las primeras horas. Eso ya no es clamidia, pero se confunde con facilidad.
Quién debería hacerse la prueba aunque se encuentre bien
- ha habido relaciones sin preservativo con una pareja nueva o se ha cambiado de pareja;
- a la pareja le han dado el diagnóstico o simplemente pide que se haga la prueba;
- se está buscando un embarazo o ya se está embarazada;
- se es joven y se tiene vida sexual activa: en los primeros años es cuando más se detecta la infección, así que una vez al año, sin necesidad de ningún motivo concreto;
- ha habido varias parejas en el último año o la pareja tiene otras;
- está previsto una interrupción del embarazo, la colocación de un DIU o un estudio de fertilidad;
- en hombres que tienen sexo con hombres, de forma periódica, y tomando muestras no solo de la uretra, sino también del recto y la garganta.
Cómo se diagnostica
La prueba busca el ADN de la bacteria y la muestra depende del lugar: en la mujer, un exudado vaginal que ella misma puede tomarse; en el hombre, la primera orina de la micción, recogida al menos una hora después de la anterior. Si ha habido contacto anal u oral se añade una muestra rectal y otra faríngea: la orina no las cubre, y ahí es donde más veces se escapa la infección.
El análisis de anticuerpos en sangre no sirve para el diagnóstico, aunque todavía se pide. Los anticuerpos solo indican que en algún momento hubo contacto con la bacteria y no distinguen una infección activa de otra terminada hace años.
La prueba tiene una ventana ciega: justo después del contacto aún hay muy pocas bacterias. Si el motivo es concreto, lo razonable es hacerla unas dos semanas después y repetirla si el resultado es negativo pero la preocupación sigue. De paso conviene pedir gonorrea, sífilis, VIH y hepatitis: estas infecciones viajan juntas a menudo y sale más cómodo hacerlo todo en una sola visita que volver.
Tratamiento y qué debe hacer la pareja
Se trata con antibiótico y la pauta suele durar alrededor de una semana. La dosis única en un solo comprimido, que durante años fue el estándar, se usa ahora menos: funciona peor cuando la infección está en el recto. La clase de fármaco la elige el médico, porque las pautas cambian en el embarazo y en la afectación rectal. El ciclo hay que terminarlo entero, aunque al segundo día no quede ninguna molestia.
Habrá que aplazar las relaciones: hasta el final del tratamiento y una semana más, o las parejas se irán devolviendo la infección por turnos.
Las parejas se tratan a la vez. Hay que estudiar y tratar a todas las personas con las que ha habido contacto en los últimos seis meses y, si no las ha habido, a la última pareja. El tratamiento se indica incluso con una prueba negativa: muchas veces no ha dado tiempo a que se positivice, y una pareja sin tratar es la causa más frecuente de que un mes después vuelva a empezar todo.
La prueba de control no la necesita todo el mundo. Se hace en el embarazo, en la afectación rectal y cuando hay dudas de que la pauta se completara, y nunca antes de varias semanas tras el tratamiento, porque si no detecta restos de bacterias ya muertas. En cambio, repetir la prueba a los tres meses es recomendable para casi todos: no comprueba el tratamiento, sino si la infección ha vuelto.
Qué ocurre si no se trata
En la mujer la infección asciende al útero, las trompas y los ovarios. Aparece la enfermedad inflamatoria pélvica, a veces con dolor y fiebre, pero muchas veces casi sin molestias. Después quedan adherencias en las trompas y con ellas llegan tres cosas: embarazo ectópico, esterilidad de origen tubárico y dolor pélvico crónico. El riesgo crece con cada episodio. Con menos frecuencia la inflamación alcanza la cápsula del hígado y provoca dolor bajo las costillas derechas que durante años se trata como un problema de vesícula.
En el hombre lo que más sufre es el epidídimo: se hincha, duele y la piel del escroto se enrojece. Responde bien si no se deja pasar el tiempo.
A veces, unas semanas después de la infección, se desencadena una artritis reactiva: se inflaman las articulaciones, sobre todo la rodilla o el tobillo, y se suman escozor ocular y ardor uretral. Se resuelve en meses, pero necesita tratamiento propio.
La clamidia tiene además una variante agresiva, el linfogranuloma venéreo. Durante mucho tiempo se veía solo en zonas tropicales, pero en las dos últimas décadas hay brotes también en Europa, sobre todo entre hombres que tienen sexo con hombres. Produce una inflamación rectal grave, con dolor, sangre, pus y falsas ganas continuas, o agranda mucho los ganglios inguinales hasta llegar a supurar. Conviene conocerlo por un motivo: este cuadro se confunde con la enfermedad de Crohn y se trata durante años con lo que no es, cuando basta con un antibiótico corriente, solo que durante el triple de tiempo.
Clamidia y embarazo
La infección no tratada aumenta el riesgo de parto prematuro y de bajo peso al nacer, y en el parto pasa al bebé. En el recién nacido se manifiesta como una conjuntivitis con secreción purulenta en la primera o segunda semana de vida, o como una tos persistente sin fiebre en el segundo o tercer mes: la neumonía por clamidia del lactante. Ambas se tratan con antibióticos, pero es preferible no llegar a ese punto.
Por eso la prueba forma parte del estudio previo al embarazo y del seguimiento durante la gestación, y si es positiva el tratamiento se pauta de inmediato, eligiendo un fármaco seguro para ese momento del embarazo. La prueba de control es obligatoria en embarazadas, alrededor de un mes después de terminar la pauta.
Qué reduce el riesgo
- el preservativo en las relaciones vaginales y anales: no protege al cien por cien, pero reduce el riesgo varias veces;
- barrera en el sexo oral: preservativo o cuadrado de látex;
- los juguetes sexuales, de uso individual o lavados y con un preservativo nuevo antes de pasarlos a otra persona;
- una prueba al año y con cada pareja nueva, no solo cuando algo empieza a doler;
- el tratamiento completado hasta el final, el propio y el de la pareja.
Lo que no hay que hacer: lavados vaginales después de las relaciones. No protegen de la infección, alteran la flora normal de la vagina y más bien aumentan el riesgo. Los anticonceptivos hormonales y el DIU tampoco protegen de nada en este terreno: sirven para evitar el embarazo, no las infecciones.
Consulta en línea
A distancia se resuelve bien lo más frecuente: qué prueba concreta hace falta, de qué zona hay que tomar la muestra y cuántos días después del contacto tiene sentido hacerla, que es donde más tiempo se pierde. El médico interpreta un resultado ya disponible, explica qué debe hacer la pareja y cuánto tiempo hay que abstenerse, e indica cuándo es útil una prueba de control y cuándo solo va a confundir. También es razonable comentar en línea los síntomas que persisten después de una infección ya tratada. En cambio, el dolor testicular brusco, el dolor intenso en la parte baja del abdomen con fiebre o el dolor pélvico durante el embarazo no se valoran a distancia: en esos casos hace falta una exploración presencial el mismo día.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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