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Medicamentos comúnmente prescritos para Cistitis
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, 250 mg/5 mlPrincipio activo: AmoxicilinaFabricante: Sandoz Farmaceutica S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 80/400 mg/mgPrincipio activo: sulfamethoxazole and trimethoprimFabricante: Teofarma S.R.L.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 1000 mgPrincipio activo: AmoxicilinaFabricante: Glaxosmithkline S.A.Requiere receta
La cistitis es la inflamación de la pared de la vejiga, casi siempre porque han entrado en ella bacterias procedentes del intestino. Se reconoce sin dificultad: escozor al orinar, ganas cada cuarto de hora y la sensación de que la vejiga nunca se vacía del todo. En las mujeres la uretra es corta y desemboca cerca del ano, así que la cistitis forma parte de la vida corriente; en los hombres, en los niños y en el embarazo es poco frecuente y siempre obliga a averiguar por qué ha aparecido. La mayoría de los episodios se resuelve en unos días, pero esa misma infección tiene una continuación —sube hacia el riñón— y conviene conocer de antemano sus señales.
Qué se nota
Un adulto suele describirlo así:
- escozor, ardor o pinchazos, sobre todo al final de la micción;
- ganas de orinar cada diez o quince minutos, con muy poca orina cada vez;
- peso o tirantez en la parte baja del abdomen, por encima del pubis;
- orina turbia, oscura, de olor fuerte, a veces con un tono rosado;
- levantarse de noche al baño quien antes dormía de un tirón.
En una cistitis corriente no hay fiebre o es baja, y el estado general se resiente poco: la persona sigue con su rutina y se irrita por los viajes continuos al baño.
En los niños pequeños el cuadro es distinto, porque ellos no se quejan de escozor. Deben llamar la atención la fiebre alta sin tos ni mocos, los vómitos, el rechazo de la comida, la apatía o una irritabilidad desacostumbrada, el olor penetrante de la orina y el regreso de los escapes diurnos en un niño que ya controlaba bien.
En las personas mayores, sobre todo con demencia, y en quienes llevan una sonda urinaria, lo que primero cambia no es el dolor sino la conducta: confusión repentina, agitación, somnolencia inusual, caídas sin motivo, tiritona. Aquí cabe una advertencia importante: en un anciano se encuentran bacterias en la orina con frecuencia y sin que haya enfermedad, y por sí solas no justifican un antibiótico. Se tratan los síntomas, no el resultado del laboratorio.
Cuándo no se puede esperar
Hace falta atención médica el mismo día si a lo anterior se añade:
- fiebre por encima de 38 grados o escalofríos con tiritona;
- dolor en la zona lumbar o en un costado, bajo las costillas;
- náuseas y vómitos;
- sangre visible en la orina;
- nada cambia en dos o tres días, o empeora estando ya con antibiótico.
Los tres primeros puntos dibujan una infección del riñón, adonde han subido las bacterias desde la vejiga. Tampoco conviene demorarse a las embarazadas, los hombres, los niños, quienes tienen cálculos, un solo riñón o un riñón trasplantado, diabetes, o toman fármacos que frenan las defensas.
Se llama a la ambulancia —el número europeo único es el 112— ante señales de sepsis: confusión o habla incoherente, somnolencia extraña, respiración rápida y superficial, piel fría, pálida o moteada, fiebre muy alta o al contrario temperatura por debajo de lo normal, muchas horas sin orinar ni una vez. Una infección de orina que se generaliza avanza en cuestión de horas y no admite esperar a la mañana siguiente.
De dónde salen las bacterias
En la inmensa mayoría de los casos son la Escherichia coli y sus vecinas del intestino: alcanzan la uretra desde fuera y ascienden. De ahí salen todas las circunstancias que hacen más probable un episodio:
- las relaciones sexuales, el motivo más habitual en mujeres jóvenes;
- los espermicidas, incluidos los de los preservativos y los que acompañan al diafragma, porque alteran la flora vaginal;
- la menopausia, con una mucosa más fina y menos lactobacilos;
- todo lo que impide vaciar la vejiga por completo: próstata aumentada, descenso de las paredes vaginales, enfermedades neurológicas, la costumbre de aguantarse mucho rato;
- los cálculos y cualquier obstáculo a la salida de la orina;
- la sonda urinaria, con un riesgo que crece cada día que permanece puesta;
- la diabetes con azúcar alto, el embarazo y las defensas debilitadas;
- las cistitis anteriores: un episodio aumenta la probabilidad del siguiente.
El frío, en contra de una creencia muy arraigada, no provoca la infección: las bacterias no salen de un banco helado. Sí puede aumentar las ganas de orinar en quien ya tiene la vejiga inflamada, y por eso queda en la memoria como culpable.
Qué se puede hacer por cuenta propia
En un episodio leve de una mujer no embarazada tiene sentido dar al cuerpo un día o dos. Ayudan cosas sencillas:
- beber algo más de lo habitual, hasta que la orina salga clara, sin llegar al exceso de tragar litros de agua;
- un analgésico de los que se compran sin receta: el paracetamol se tolera mejor y los antiinflamatorios alivian más el escozor, aunque no se usan si hay deshidratación o enfermedad renal;
- calor en el bajo vientre, con una bolsa de agua caliente;
- aplazar las relaciones sexuales unos días;
- retirar lo que irrita la vejiga: café, alcohol, zumos ácidos, exceso de dulce;
- no aguantarse las ganas y vaciar la vejiga del todo, sin prisa.
Lo que no conviene hacer: terminar el antibiótico que sobró de la vez anterior o pedirlo prestado a un conocido. Una tanda al azar suele ser el fármaco equivocado y de duración equivocada, y en cambio cría resistencias con eficacia, de modo que la próxima vez el médico tendrá menos donde elegir.
Sobre el arándano rojo y la D-manosa se pregunta continuamente. No curan una cistitis ya iniciada, eso está firmemente establecido. Para prevenir repeticiones los datos son débiles y contradictorios: a una parte de las mujeres el arándano parece ayudarlas, pero el efecto es modesto y los zumos llevan mucho azúcar. El arándano no se combina con la warfarina.
En qué ayuda el médico
La conversación y los síntomas bastan casi siempre: con un cuadro típico en una mujer, el análisis de orina no aporta nada a la decisión. La tira reactiva o el cultivo se reservan para los casos que no son típicos: embarazo, varón, niño, repeticiones, fracaso del tratamiento anterior, sospecha de riñón.
A partir de ahí hay tres caminos. El primero, una tanda corta de antibiótico, normalmente de pocos días; qué fármaco concreto depende del país, porque las resistencias son distintas en cada sitio y la primera elección no coincide de un lugar a otro. El segundo, la receta diferida: se entrega en el momento, pero con el consejo de esperar un par de días y empezar solo si el cuadro no cede solo. El tercero, quedarse en el analgésico, cuando los síntomas son leves y la persona prefiere aguantar.
A las embarazadas se las trata siempre y sin compás de espera, incluso cuando aparecen bacterias en el análisis y no hay ninguna molestia: en el embarazo ese hallazgo abre la puerta a una infección del riñón y al parto prematuro. Una parte de los antibióticos habituales no se emplea durante la gestación, así que la automedicación queda descartada. A los niños también se les pauta pronto, porque en ellos la infección sube al riñón con más facilidad.
Cuando la cistitis vuelve una y otra vez
Se habla de cistitis de repetición cuando hay dos episodios en seis meses o tres o más en un año. En ese caso el médico de cabecera suele proponer mirar más a fondo: cultivo con antibiograma, ecografía de riñones y vejiga, medición de la orina que queda tras vaciarla y, en mujeres posmenopáusicas, una valoración ginecológica.
De lo que de verdad reduce la frecuencia: el estrógeno local en crema u óvulos después de la menopausia, una dosis única de antibiótico justo después de la relación sexual cuando los episodios se asocian claramente a ella, y la toma preventiva prolongada a dosis bajas, esta última con reservas y nunca para siempre, porque se paga en resistencias. Existen además alternativas preventivas sin antibiótico, que se eligen caso por caso.
Merece capítulo aparte la situación en que hay síntomas pero los cultivos salen limpios una y otra vez y los antibióticos no hacen efecto. No es momento de subir dosis, sino de revisar el diagnóstico: así se comportan el síndrome de vejiga dolorosa, la atrofia de la mucosa, un cálculo en la parte baja del uréter y, en los hombres, la próstata.
Hay algo de lo que se habla menos. La sangre visible en la orina, sobre todo en un fumador o en alguien de más de cincuenta años, obliga a estudiar la vejiga aunque la infección se haya confirmado y los síntomas hayan desaparecido: bajo la etiqueta de cistitis que no termina se esconde de vez en cuando un tumor. Molestias tenaces sin crecimiento bacteriano en un varón, sangre que persiste, pérdida de peso sin explicación: todo eso se deriva al urólogo en lugar de tratarse con otra tanda más.
Qué reduce el riesgo de repetición
Conviene decirlo con honestidad: los consejos domésticos no tienen todos el mismo respaldo. El más sólido es el de beber, porque un volumen suficiente de líquido reduce de forma apreciable el número de episodios en mujeres que bebían poco. El resto es inofensivo, barato y razonable, pero su efecto no está demostrado:
- lavarse con agua, sin jabones perfumados, espumas ni geles con fragancia;
- secarse de delante hacia atrás;
- orinar poco después de la relación sexual;
- cambiar el espermicida por un lubricante sin él o valorar otro método anticonceptivo;
- preferir la ducha al baño;
- cambiar a tiempo compresas y pañales y mantener la piel seca;
- no retrasar la ida al baño ni despacharla con prisas.
Si la sonda es permanente, lo que hay que hablar con el equipo médico es su cuidado y el ritmo de recambio; eso pesa mucho más que cualquier detalle doméstico.
Consulta en línea
Una cistitis típica en una mujer adulta es justo el caso que se resuelve bien a distancia. En la consulta el médico preguntará qué duele exactamente y desde cuándo, si hubo episodios previos y cómo acabaron, si hay fiebre o dolor lumbar y qué se ha tomado ya; con eso decide si el antibiótico hace falta ahora, si es razonable esperar y qué análisis merece la pena pedir. También es cómodo para lo que se arrastra durante meses: por qué se repiten las cistitis, cómo usar el estrógeno local, si vale la pena intentar la prevención y a qué especialista acudir cuando los cultivos salen limpios. Las señales de la lista anterior no se resuelven por una pantalla: con fiebre, dolor en el costado o sangre en la orina hace falta una exploración presencial el mismo día, y ante un cuadro de confusión, una ambulancia.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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