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Medicamentos comúnmente prescritos para Cirrosis hepática
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: INYECTABLE, 40 mgPrincipio activo: PantoprazolFabricante: Eugia Pharma (Malta) LimitedRequiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 100 mgPrincipio activo: espironolactonaFabricante: Accord Healthcare S.L.U.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 40 MGPrincipio activo: PantoprazolFabricante: Aristo Pharma Iberia S.L.Requiere receta
La cirrosis no es una enfermedad en sí, sino el final al que llegan daños del hígado muy distintos cuando se prolongan durante años. Las células que mueren se sustituyen por tejido cicatricial, el órgano se vuelve duro y rugoso y la sangre deja de atravesarlo con facilidad. El hígado, además, trabaja con una reserva enorme y la persona se encuentra bien durante mucho tiempo: eso es justamente lo que hace peligrosa a la cirrosis, porque las molestias asoman cuando ya se ha perdido buena parte del tejido. La buena noticia es que la idea de la cirrosis como condena ha quedado anticuada. Si se retira la causa, la destrucción se detiene, y en algunos pacientes las cicatrices incluso retroceden en parte.
Por qué el hígado calla tanto tiempo
Mientras las células que quedan dan abasto, puede no haber señal alguna, o las que hay son tan corrientes que nadie las relaciona con el hígado:
- un cansancio que el descanso no quita y una sensación permanente de estar sin fuerzas;
- falta de apetito, náuseas, pérdida de peso sin hacer dieta;
- una molestia sorda o pesadez bajo las costillas derechas;
- pequeñas arañas vasculares en el pecho, los hombros y la cara;
- enrojecimiento moteado de las palmas, sobre todo en la base de los pulgares, más difícil de apreciar en pieles oscuras;
- mala tolerancia al ejercicio de siempre y pérdida de músculo en hombros y muslos.
No es raro que la cirrosis aparezca sin ninguna queja: en un análisis de sangre casual con las plaquetas bajas, o en una ecografía pedida por un motivo muy distinto. Ese es el mejor escenario posible: en esa fase es cuando más se puede hacer.
Las señales que llegan más tarde
Cuando el margen se agota, el cuadro se vuelve reconocible. Aparecen los signos de que el hígado no da abasto con la depuración, la fabricación de proteínas y el paso de la sangre:
- color amarillo de la piel y del blanco de los ojos, orina oscura, picor sin erupción;
- aumento del vientre por acumulación de líquido, hinchazón de piernas y pies;
- hematomas y sangrado al menor motivo, hemorragias largas de nariz y encías;
- venas dilatadas que se marcan en el abdomen;
- despiste, día y noche cambiados, habla lenta y poco clara, temblor con los brazos extendidos;
- cambio de forma de dedos y uñas: las yemas se ensanchan y las uñas se vuelven blanquecinas;
- en los hombres, aumento del pecho y disminución de los testículos; en las mujeres, alteraciones del ciclo.
El momento en que aparecen por primera vez líquido en el abdomen, confusión o una hemorragia los médicos lo señalan aparte: desde ahí cambian tanto el seguimiento como la conversación sobre el trasplante. Por eso esos episodios no se aguantan en casa, aunque al día siguiente se esté mejor.
Cuándo llamar a una ambulancia
Hace falta atención inmediata si alguien con enfermedad del hígado presenta:
- vómito de sangre o de un material parecido a los posos del café;
- heces negras y pegajosas, el aspecto que tiene la hemorragia por las venas dilatadas del esófago;
- confusión repentina, somnolencia, habla ininteligible, comportamiento extraño o dificultad para despertar a la persona;
- fiebre y dolor abdominal cuando hay líquido acumulado: ese líquido puede infectarse, y sin antibióticos la situación es mortal;
- una caída brusca de la cantidad de orina, con el vientre y la hinchazón creciendo deprisa;
- ahogo en reposo.
Con ese cuadro no se conduce: pida que le lleven o llame al 112. Lleve la lista de todos sus medicamentos; al médico le importa saber sobre todo de los que fluidifican la sangre y de los diuréticos.
Por qué se cicatriza el hígado
Las causas son muchas y en una misma persona suele haber varias a la vez; entonces se suman en lugar de solo coincidir:
- el consumo habitual de alcohol durante años. La referencia a partir de la cual el riesgo sube con claridad ronda los 30 g de alcohol puro al día en hombres y 20 g en mujeres, aunque para un hígado ya dañado no hay dosis segura;
- la enfermedad del hígado graso ligada al metabolismo: exceso de peso, diabetes tipo 2, triglicéridos altos, tensión elevada. En los últimos años se la llama asociada a disfunción metabólica y hoy es la causa de cirrosis que crece más deprisa;
- las hepatitis víricas crónicas B, C y D;
- las enfermedades autoinmunes: hepatitis autoinmune, colangitis biliar primaria, colangitis esclerosante primaria;
- los trastornos metabólicos hereditarios: acumulación excesiva de hierro o de cobre, déficit de alfa-1-antitripsina, fibrosis quística;
- el obstáculo prolongado a la salida de la bilis y el estancamiento de sangre en el hígado por una insuficiencia cardíaca grave;
- con menos frecuencia, el daño hepático por medicamentos y suplementos de plantas.
Cómo se detecta y se valora
El diagnóstico rara vez sale de una sola prueba. Lo habitual es reunir varias fuentes:
- análisis de sangre: enzimas hepáticas, bilirrubina, albúmina, coagulación, plaquetas. Unas plaquetas persistentemente bajas suelen ser la primera pista;
- elastografía, la medida de la dureza del hígado con una sonda, sin pinchazo y en unos minutos;
- ecografía con estudio del flujo sanguíneo y, si hace falta, tomografía;
- pruebas para establecer la causa: hepatitis víricas, metabolismo del hierro y del cobre, marcadores autoinmunes;
- biopsia, que ya no se necesita casi nunca y se reserva sobre todo para cuando la causa sigue sin aclararse.
Después se valora hasta qué punto el hígado cumple su función con escalas que tienen en cuenta bilirrubina, albúmina, coagulación y presencia de complicaciones. Esas puntuaciones no están para asustar: de ellas dependen la frecuencia de las revisiones, la seguridad de una operación y el puesto en la lista de trasplante.
Lo que de verdad se puede detener
El tratamiento no empieza por el hígado, sino por la causa, y ahí han cambiado muchas cosas en pocos años. La hepatitis C crónica se cura hoy con pastillas en casi todo el mundo y en cuestión de meses. La hepatitis B se logra suprimir por completo con antivirales tomados a largo plazo. Las enfermedades autoinmunes responden a los fármacos que frenan el sistema inmunitario. Cuando sobra hierro, se retira con sangrías periódicas; en la enfermedad por acúmulo de cobre, con fármacos que lo captan. En el hígado graso funcionan la pérdida de peso y el tratamiento de la diabetes. Y en el daño alcohólico, dejar la bebida produce una mejoría que se ve en los análisis a los pocos meses.
El sentido de todo esto es sencillo: mientras la causa siga actuando, la cicatriz crece; en cuanto se retira, el hígado tiene una oportunidad. Del todo sano ya no volverá a estar, pero el estadio puede bajar y las complicaciones pueden no llegar. Y si el hígado ha fallado, se plantea el trasplante, una conversación que conviene tener pronto y no en plena crisis.
Las complicaciones y cómo se previenen
La mayor parte del seguimiento de una cirrosis no va a las cicatrices, sino a lo que se deriva de ellas. La sangre, al no encontrar paso por el hígado, busca rodeos y llena en exceso las venas del esófago y del estómago; se revisan con una gastroscopia y, si el hallazgo es peligroso, o se pautan fármacos que bajan la presión en esas venas, o se ligan por vía endoscópica. El líquido del abdomen se trata con restricción de sal y diuréticos, y cuando el volumen es grande se extrae con una aguja; el peligro propio aquí es que ese líquido se infecte, por lo que cualquier subida de fiebre en alguien con ascitis obliga a una revisión inmediata.
La alteración de la conciencia se debe a sustancias que el hígado ha dejado de neutralizar; se trata con fármacos que aceleran el vaciado del intestino y modifican su flora, y el desencadenante suele ser una infección, una hemorragia o el estreñimiento. Aparte, y siempre, se vigila el cáncer de hígado: la cirrosis es su principal factor de riesgo, así que la ecografía hepática se repite cada seis meses de por vida, se encuentre uno como se encuentre. Es esa regularidad la que da la oportunidad de encontrar un tumor cuando todavía se puede extirpar o curar.
Lo que depende de usted
Hay unas reglas que cambian de verdad el desenlace:
- el alcohol se suprime por completo, sea cual sea la causa de la cirrosis;
- las proteínas no se restringen: ese consejo está anticuado. En la cirrosis ocurre lo contrario, hacen falta más proteínas de lo normal, porque si no se pierde músculo y con él la resistencia a las complicaciones. Ayuda tomar un pequeño refrigerio tardío para que por la noche el cuerpo no gaste su propio músculo;
- la sal se limita solo si hay hinchazón o líquido en el abdomen, pero entonces con rigor;
- la actividad física que uno pueda asumir conserva el músculo y la capacidad de aguantar una operación;
- los analgésicos se eligen con cuidado: los antiinflamatorios son peligrosos en la cirrosis para el riñón y el estómago, mientras que el antitérmico de siempre suele estar permitido, aunque en dosis diaria reducida, que hay que concretar con el médico;
- las mezclas de hierbas y los suplementos «para el hígado» es mejor no tomarlos: no tienen beneficio demostrado y hay casos descritos de daño hepático;
- las vacunas hacen falta y se hablan con antelación: hepatitis A y B, gripe, neumococo;
- el marisco crudo, sobre todo los moluscos, se retira de la mesa, porque en estos pacientes la infección es grave;
- cualquier medicamento nuevo, incluidos los que se compran sin receta, conviene consultarlo con el médico de cabecera o el farmacéutico.
Consulta en línea
La atención a distancia cubre bien todo lo que no exige las manos del médico. Si en los análisis o en la ecografía han salido alteraciones del hígado, el médico explica qué significan y qué pruebas hacen falta para llegar a la causa; es quizá la consulta más frecuente. Con el diagnóstico ya puesto, en línea es cómodo llevar el calendario: cuándo toca la ecografía, cuándo la gastroscopia, qué dicen los análisis recientes. Aquí mismo se repasan la alimentación y la sal, la seguridad de fármacos y suplementos, la preparación de las vacunas y las dudas sobre el trasplante. Y, aparte, el acompañamiento para dejar el alcohol, donde el contacto regular con el médico funciona mejor que las conversaciones sueltas. Las situaciones del apartado de urgencia no se resuelven en línea: con ellas se llama a emergencias.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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