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Caries dental

La caries no es un agujero que aparece un buen día sin más. Es un proceso lento, de meses y de años, que empieza mucho antes de que duela y que en su fase…

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Esta página ofrece información general y no sustituye la consulta médica. Si los síntomas son graves, persistentes o empeoran, busca atención médica.

La caries no es un agujero que aparece un buen día sin más. Es un proceso lento, de meses y de años, que empieza mucho antes de que duela y que en su fase inicial todavía se puede revertir. Después llega un punto a partir del cual el esmalte ya no se recupera solo y la destrucción avanza únicamente hacia dentro: la caries no se pasa sola ni se cura esperando. Y lo llamativo es que casi todo lo que decide el desenlace lo hace la persona en casa, y ahí lo importante no es cuánto azúcar toma al día, sino con qué frecuencia.

Qué le ocurre realmente al diente

Sobre los dientes vive la placa, una película fina formada por bacterias. Esas bacterias se alimentan de los azúcares de la comida y de la bebida y, a cambio, producen ácido. El ácido va sacando calcio del esmalte y la superficie del diente se debilita. Entre comidas la saliva diluye ese ácido y devuelve los minerales. La caries empieza allí donde las pérdidas superan a las reposiciones.

La primera fase se ve como una manchita blanca y mate, casi siempre junto a la encía o en los surcos de las muelas. El esmalte sigue entero, no hay agujero, y en ese momento el proceso todavía se puede dar la vuelta con flúor y con un cambio en el modo de comer. Si nada cambia, la superficie debilitada acaba hundiéndose y se forma una cavidad. Esa ya no se cierra: el esmalte no sabe reponer el tejido perdido.

Bajo el esmalte está la dentina, más blanda, y en ella la caries avanza bastante más deprisa, de modo que un orificio pequeño por fuera esconde con frecuencia una cavidad grande por dentro. Más al fondo se encuentra la pulpa, el nervio y los vasos del diente; cuando las bacterias llegan hasta ahí aparece el dolor de muelas de verdad y, tras él, el absceso junto a la raíz.

Por qué señales se nota

Lo más incómodo de la caries es que al principio no duele en absoluto. Conviene fijarse en:

  • manchas blancas y mates que con el tiempo se vuelven marrones o negras;
  • una reacción breve y aguda al frío, al calor o al dulce: un pinchazo que pasa enseguida;
  • comida que empieza a quedarse entre dos dientes donde antes no se quedaba, o hilo dental que se rompe o se deshilacha siempre en el mismo punto;
  • una rugosidad, un borde astillado o un hoyo que se nota con la lengua;
  • mal sabor o mal olor persistentes que no desaparecen al cepillarse;
  • dolor al morder sobre una pieza concreta;
  • dolor sordo espontáneo, sobre todo de noche: eso ya indica una fase profunda.

Aparte de esto, hay que saber que la caries entre los dientes y la que se forma bajo empastes antiguos no se ve desde fuera. Se descubren en la revisión y en radiografías dirigidas, muchas veces por casualidad, cuando la persona había ido por otra cosa. Así que «no me duele nada» no equivale a «está todo bien», y un dolor que se ha ido solo no suele significar curación, sino que el nervio ha muerto.

Importa más la frecuencia que la cantidad

Cada vez que entra algo dulce en la boca, la placa responde con una descarga de ácido y los dientes permanecen en medio ácido alrededor de media hora, hasta que la saliva restablece el equilibrio. De ahí sale una conclusión que da la vuelta a la idea habitual sobre el azúcar: seis caramelos tomados de una vez después de comer dañan menos que esos mismos seis caramelos de uno en uno a lo largo del día. No hay que contar gramos, sino episodios.

  • El dulce y lo ácido, mejor al final de una comida principal que entre horas.
  • Lo peor es aquello que se bebe despacio y a sorbos: café y té azucarados, zumo, refrescos, bebidas deportivas y energéticas. Entre comidas, agua o infusión sin azúcar.
  • Las bebidas ácidas desgastan el esmalte aunque no intervengan las bacterias, así que las versiones sin azúcar tampoco son inofensivas. Mejor con caña y sin retenerlas en la boca.
  • De noche apenas hay saliva, y todo lo que se toma después del cepillado de la noche se queda sobre los dientes hasta la mañana.
  • Jarabes para la tos, pastillas para chupar, vitaminas masticables y algunos antiácidos llevan azúcar. En tratamientos largos, pida la versión sin azúcar.
  • El chicle sin azúcar después de comer sí ayuda: estimula la salivación.
  • La boca seca, por medicamentos, por respirar por la boca o después de radioterapia, acelera mucho la caries. Dígaselo al dentista.

Un cepillado que sirva de algo

Aquí cuenta más la técnica que el empeño, y unas cuantas costumbres que casi nunca se explican cambian el resultado más que la marca de pasta.

  • Cepíllese dos veces al día con pasta con flúor, y el cepillado de la noche no se salta: es lo último que ocurre en la boca antes de dormir.
  • Escupa la pasta y no se enjuague con agua. El enjuague arrastra el flúor, que tiene que quedarse sobre el esmalte y seguir actuando. Por lo mismo, el colutorio se usa en otro momento del día y no justo después del cepillado.
  • Dos minutos, cepillo suave y poca presión. Apretar fuerte y usar filamentos duros desgasta el esmalte junto a la encía y deja la raíz al descubierto, y no limpia mejor.
  • Limpie una vez al día entre los dientes con cepillos interdentales del tamaño adecuado o con hilo. El cepillo normal no llega ahí, y ahí es donde más veces empieza la caries.
  • No se cepille justo después de vomitar, de un episodio de reflujo o de una bebida ácida: el esmalte está reblandecido y el cepillo lo raspa. Enjuáguese con agua y espere alrededor de una hora.
  • Las pastas blanqueadoras y los polvos abrasivos no protegen de la caries. Si la caries vuelve una y otra vez, el dentista puede indicar una pasta con más flúor, un gel o un barniz, y eso sí funciona.

Los dientes de los niños: los fallos más repetidos

Se empieza en cuanto sale el primer diente, y hasta la edad escolar es un adulto quien cepilla o quien repasa después: los niños hasta entonces lo hacen mal, por muy seguros que parezcan.

  • La pasta con flúor hace falta desde el principio, en la cantidad que corresponde a la edad: en los más pequeños una pincelada del tamaño de un grano de arroz, en los de preescolar como un guisante. Enséñeles a escupir y a no enjuagarse.
  • El biberón con bebida dulce no se da por la noche. El zumo, el té, la leche azucarada o cualquier líquido dulce que el niño chupa en la cuna es la causa más frecuente de destrucción precoz de los dientes de delante. De noche y para calmarlo, en el biberón solo agua; y el biberón mismo se va cambiando por el vaso hacia el año.
  • No chupe el chupete ni pruebe la comida con la cuchara del niño: las bacterias pasan del adulto al pequeño. A los adultos de la casa les conviene tener sus propios dientes tratados.
  • Miel, mermelada o jarabe en el chupete son un camino directo a la caries.
  • Los dientes de leche se tratan. «Total, se van a caer» es un error caro: acaba en dolor, en absceso, en pérdida del espacio del diente definitivo y en años de miedo al dentista.
  • En la consulta se aplica barniz de flúor y se sellan los surcos de las muelas definitivas poco después de que salgan. La primera visita se hace en el primer o segundo año de vida, y luego según indique el dentista.

Cuándo hace falta ayuda y con qué urgencia

Hay que acudir al dentista el mismo día si:

  • el dolor es continuo, sordo, despierta por la noche o no cede con un analgésico habitual;
  • el dolor provocado por algo caliente dura más de un minuto después de retirar el estímulo;
  • la encía está hinchada, ha salido un bultito doloroso o supura pus;
  • se ha hinchado la mejilla, hay sabor a pus y ha subido la fiebre: así se presenta un absceso.

Llame de inmediato a una ambulancia (en Europa el número único es el 112) si la hinchazón se extiende por debajo de la mandíbula, hacia el cuello o hacia el ojo, si cuesta tragar, abrir la boca, hablar o respirar, si cambia la voz o aparecen escalofríos, confusión o debilidad intensa. Esa hinchazón comprime la vía respiratoria y se trata en el hospital, no en el sillón del dentista. No se espera a la mañana siguiente.

Y unas cuantas cosas más que se preguntan siempre. El analgésico y el antibiótico no curan un absceso, solo ganan tiempo: el pus tiene que salir. La mejilla dolorida no se calienta, porque el calor extiende la infección. Tampoco se pone una pastilla sobre el diente o la encía: la aspirina así quema la mucosa. Y un diente definitivo que se ha salido entero de un golpe es otra urgencia distinta: se intenta reponerlo en su hueco dentro de la primera hora.

Qué puede hacer el dentista

El tratamiento depende de lo lejos que haya llegado el proceso, y el abanico es amplio.

  • Una mancha blanca inicial todavía no necesita torno: se cubre con barniz de flúor, se indica una pasta de alta concentración y se vigila.
  • La cavidad ya formada se cierra con un empaste.
  • Si la caries ha alcanzado la pulpa, el diente se trata por los conductos y después suele cubrirse con una corona, porque las paredes quedan frágiles.
  • El diente que ya no se puede recuperar se extrae, y entonces se habla con antelación de cómo reponer el hueco.

El intervalo entre revisiones lo marca el dentista y no es igual para todos: a una persona le basta con acudir una vez al año, y otra con riesgo alto necesita ir cada tres o cuatro meses. Las radiografías para ver entre los dientes se hacen cuando están indicadas, no en cada visita. Ningún remedio casero detiene la caries, y el tratamiento más caro suele ser el de quien fue aplazando la cita mientras aguantaba.

Consulta en línea

A distancia no se pone un empaste ni se puede explorar el diente con instrumental: la caries se trata siempre en persona. En cambio, en línea se resuelve bien la duda que más inquieta: qué tipo de dolor es este y cuánta prisa corre, si se puede esperar tranquilamente a la cita o hay que ir hoy mismo. El médico repasa los signos de absceso y los de esa hinchazón que exige ambulancia, ayuda a rehacer la higiene y el reparto de las comidas cuando la caries vuelve una y otra vez, y comenta la boca seca por medicación, los dientes de los niños y el miedo al tratamiento. Los signos urgentes de la lista anterior no se valoran a distancia: con ellos se busca ayuda de inmediato.

Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.

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