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Cáncer testicular

El cáncer testicular es un tumor que crece a partir del tejido del propio testículo. Dentro del conjunto de los tumores malignos es poco frecuente, pero…

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Esta página ofrece información general y no sustituye la consulta médica. Si los síntomas son graves, persistentes o empeoran, busca atención médica.

El cáncer testicular es un tumor que crece a partir del tejido del propio testículo. Dentro del conjunto de los tumores malignos es poco frecuente, pero entre los hombres de quince a cuarenta y cinco años resulta ser uno de los más habituales. Y es un tumor del que los médicos hablan de una manera distinta a como hablan de casi todos los demás: incluso cuando se descubre tarde y ya ha dejado focos en los ganglios o en los pulmones, las probabilidades de curación completa siguen siendo altas. Las dos mitades de esa frase importan por igual. La primera hace falta para que un hombre de veinticinco años no descarte un bulto diciendo «el cáncer es cosa de mayores». La segunda, para que, después de notarse ese bulto, acuda al médico la semana siguiente y no al cabo de un año, cuando el miedo por fin pese más que la negación.

A quién afecta

Aquí la edad funciona al revés que en el resto de la oncología. El pico está en la juventud: adolescentes, estudiantes, hombres de treinta y pocos. A partir de los cincuenta los tumores testiculares se ven bastante menos. Puede aparecer en cualquier persona que tenga testículos, sea cual sea su forma de vida o su trabajo.

Precisamente por la edad conviene conocer el tema de antemano. Un hombre joven va poco al médico, no tiene la costumbre de hacerse revisiones y tiende a atribuir cualquier cambio del cuerpo a un golpe en el gimnasio o a algo «que se pasará solo». Aquí esa costumbre sale cara: el tumor testicular crece deprisa y las semanas y los meses cuentan.

La segunda mitad de la noticia es mejor que la primera. Los tumores testiculares responden bien al tratamiento, tanto a la cirugía como a la quimioterapia. La mayoría de los hombres se cura por completo, vuelve al trabajo, al deporte y a su vida familiar, y muchos tienen hijos después. No hay ningún motivo para aplazar la consulta por miedo a escuchar una sentencia: cuanto antes se empieza, menos tratamiento hace falta.

Cómo explorarse uno mismo

La autoexploración dura un minuto y no exige ninguna destreza. Su sentido no es diagnosticar nada, sino saber cómo son sus testículos al tacto en condiciones normales; así cualquier cambio se nota enseguida.

Lo más cómodo es hacerlo después de una ducha o un baño caliente: la piel del escroto está relajada y el testículo rueda con facilidad entre los dedos. Con frío el escroto se retrae y no se palpa nada con claridad.

  • Explore un testículo cada vez, de pie.
  • Hágalo rodar suavemente entre el pulgar y el resto de los dedos, recorriendo toda su superficie.
  • Valore la consistencia: un testículo sano es liso, homogéneo y firme, más o menos como un huevo duro pelado.
  • Localice el epidídimo, el cordón blando que recorre la cara posterior y superior del testículo. Es una parte normal de la anatomía, no un hallazgo. A mucha gente le asusta justo eso.
  • Compare un testículo con el otro. Una pequeña diferencia de tamaño y que uno cuelgue más bajo es lo habitual.

Basta con hacerlo una vez al mes. Palparse a diario no aporta nada salvo ansiedad: un cambio solo se aprecia con cierta distancia en el tiempo.

Qué debe hacerle sospechar

El hallazgo más frecuente es un nódulo duro dentro del propio testículo, no en el cordón blando del epidídimo. Suele ser firme, no se desplaza por separado del tejido testicular y no duele.

  • Un bulto o nódulo de cualquier tamaño, desde el de un guisante.
  • Un testículo que ha aumentado de tamaño o ha cambiado de forma.
  • Un cambio de consistencia: parte del testículo, o todo él, se nota claramente más duro.
  • Sensación de peso en el escroto, como si tirase hacia abajo.
  • Molestia sorda en la parte baja del abdomen, en la ingle o en la zona lumbar.
  • Aumento o dolor de las mamas: algunos tumores testiculares producen hormonas.
  • Pérdida de peso sin explicación, tos persistente, falta de aire.

Que no duela no descarta nada. La mayoría de los tumores testiculares no duelen en absoluto, y por eso se consulta tarde: uno razona «si no duele, no será nada». Un bulto duro e indoloro es un hallazgo más preocupante que uno doloroso. El dolor suele hablar de inflamación, es decir, justamente de lo menos grave.

Qué suele resultar no ser un tumor

La mayoría de los hallazgos en el escroto no son tumores. Saberlo sirve para no entrar en pánico, no para diagnosticarse a uno mismo.

  • Quiste de epidídimo: una bolsita lisa y móvil situada por encima del testículo y separada de él.
  • Varicocele: venas dilatadas que al tacto recuerdan a un ovillo de cordones blandos, casi siempre en el lado izquierdo, más evidentes de pie y que casi desaparecen tumbado.
  • Hidrocele: líquido acumulado alrededor del testículo; el escroto aumenta de forma uniforme y se nota tenso.
  • Epididimitis y orquitis: inflamación del epidídimo o del testículo, con dolor, enrojecimiento, hinchazón y a veces fiebre y escozor al orinar.
  • Hernia inguinal que desciende hasta el escroto.

Sobre el papel todo esto se distingue muy bien de un tumor; bajo los dedos, no siempre. Quien separa unas cosas de otras es el médico, y la herramienta principal es la ecografía escrotal: dura unos minutos, no duele y muestra dónde está exactamente la lesión y cómo es por dentro. No anule la consulta porque su hallazgo «parezca un quiste».

Un dolor brusco e intenso no espera a mañana

Hay una situación que no es un tumor pero que necesita atención en las próximas horas: la torsión testicular. El cordón espermático gira sobre su eje y comprime los vasos que alimentan al testículo.

  • Dolor testicular repentino y muy intenso, con frecuencia de noche o de madrugada, a veces tras un esfuerzo y a veces sin motivo alguno.
  • Náuseas y vómitos acompañando al dolor.
  • El testículo aparece elevado, más alto de lo habitual o colocado en horizontal.
  • Hinchazón y enrojecimiento del escroto, con dolor que se irradia a la ingle y al bajo vientre.

Es una urgencia y se cuenta por horas. Sin riego sanguíneo el tejido testicular muere: cuanto antes se opere, más probable es conservarlo. Llame a una ambulancia (en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania funciona el número único europeo 112) o acuda de inmediato a un servicio de urgencias hospitalario con cirujano. No tome un analgésico esperando dormir hasta que se pase, ni aguarde a la consulta de la mañana: el dolor puede ceder un rato mientras el testículo sigue muriendo. La torsión aparece sobre todo en adolescentes y hombres jóvenes, es decir, en la misma edad que los tumores.

Qué aumenta el riesgo

En la mayoría de los casos no se sabe por qué aparece un tumor testicular. Pero hay varias circunstancias que elevan la probabilidad, y quien está en esos grupos debería explorarse con especial constancia.

  • Testículo no descendido en la infancia, incluso si se corrigió a tiempo con cirugía. El riesgo afecta a los dos testículos.
  • Tumor testicular en el padre o en un hermano.
  • Tumor previo en el otro testículo.
  • Alteraciones del desarrollo genital, como la hipospadias.
  • Infertilidad y calidad del semen persistentemente baja.
  • Infección por VIH.

Los tumores testiculares son claramente más frecuentes en hombres de origen europeo y menos frecuentes en personas de origen africano o asiático, pero esa diferencia es estadística y no protege a nadie en concreto. Conviene decir también lo que no está en la lista: los golpes, la bicicleta, la ropa interior ajustada, el deporte, la masturbación y una vida sexual activa no provocan tumores. El traumatismo a veces cumple otro papel: a raíz de él un hombre se palpa el testículo por primera vez y encuentra un bulto que ya existía antes.

Qué pruebas se hacen y qué viene después

Todo empieza con la exploración y la ecografía escrotal. La completan análisis de sangre para determinar marcadores tumorales, sustancias que producen algunos tipos de tumor y cuyo nivel sirve después para seguir la evolución del tratamiento. Si la sospecha se confirma, se solicita una tomografía computarizada para ver si el tumor ha salido del testículo.

Ante la sospecha de tumor no suele hacerse una biopsia a través de la piel del escroto. La operación principal consiste en extirpar el testículo junto con el cordón espermático a través de una incisión en la ingle; trata la enfermedad y a la vez proporciona el material para el diagnóstico exacto. Si el paciente lo desea, durante la intervención o más adelante se coloca una prótesis, indistinguible de un testículo por su aspecto y al tacto.

A partir de ahí el tratamiento depende del tipo de tumor y de su extensión: a veces basta con la cirugía y solo queda el seguimiento con análisis y pruebas de imagen periódicas, y a veces se añade quimioterapia o radioterapia. El testículo restante suele ser suficiente tanto para producir testosterona como para engendrar un hijo. El seguimiento posterior dura años y no conviene saltárselo: una recaída detectada pronto también se trata.

El semen se conserva antes de empezar el tratamiento

Es lo que más se olvida, y luego no hay vuelta atrás. La quimioterapia y la radioterapia pueden alterar la producción de espermatozoides de forma temporal o definitiva, y la cirugía sobre los ganglios del abdomen puede afectar a la eyaculación.

Por eso la congelación del semen se plantea antes de la primera dosis, no después. Entregar la muestra lleva poco tiempo, se conserva durante años y puede utilizarse cuando el tratamiento haya quedado muy atrás. Si al cabo de unos años la fertilidad se recupera por sí sola, la muestra congelada sencillamente no hará falta, y ese es el mejor de los desenlaces.

Si le han indicado un tratamiento y nadie le ha hablado de conservar el semen, pregúntelo usted, antes de empezar, aunque de momento no se plantee tener hijos. Los planes cambian y la ocasión de dejar la muestra se presenta una sola vez.

Consulta en línea

Hablar de los testículos es algo que muchos posponen por vergüenza, y esa es una de las razones de las consultas tardías. La consulta en línea resulta cómoda como primer paso: describir el hallazgo, enseñar las pruebas ya realizadas y entender qué hacer a continuación se puede hacer desde casa y sin esperas.

En la consulta el médico repasará qué ha notado exactamente y desde cuándo, le explicará qué estudio necesita en su caso, le ayudará a leer el informe de la ecografía o el resultado de los marcadores y le indicará a qué especialista acudir. A través de una pantalla no se puede palpar un testículo, así que la exploración y la ecografía seguirán siendo necesarias, pero llegará a ellas sabiendo para qué.

La consulta en línea no sirve cuando hay un dolor escrotal brusco e intenso: en esa situación hace falta una ambulancia, no un mensaje.

Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.

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