Cáncer anal
Es un tumor poco frecuente: en torno al uno o dos por ciento de los tumores malignos del intestino.
En esta página
Es un tumor poco frecuente: en torno al uno o dos por ciento de los tumores malignos del intestino. Aparece en el tramo final del aparato digestivo, en un canal corto de tres a cuatro centímetros entre el recto y la piel que rodea el ano. Conviene tener claras dos cosas: casi siempre lo provoca un virus contra el que existe vacuna, y responde bien al tratamiento cuando se detecta pronto. El problema es que sus primeras señales se parecen a las de las hemorroides, y muchas personas pasan meses tratando lo que no es.
Dónde crece exactamente el tumor
El canal anal no está revestido por la mucosa del intestino, sino por un tejido más parecido a la piel. Por eso el tumor que aparece aquí es distinto del cáncer de recto: en la mayoría de los casos se trata de un carcinoma de células escamosas, el mismo tipo que surge en la piel y en el cuello del útero. Puede crecer dentro del canal o justo en el borde, sobre la piel visible; de ello dependen tanto el tratamiento como el pronóstico.
De forma excepcional aparecen otras variedades, como el adenocarcinoma y el melanoma anal. Este último es rarísimo, pero se comporta de manera agresiva y suele parecer un bultito oscuro cualquiera, una supuesta hemorroide. Por eso, cualquier lesión oscura nueva junto al ano merece que la mire un médico en lugar de quedar en observación.
Qué se nota primero
Las señales son discretas y aparecen poco a poco:
- sangre roja brillante en el papel o sobre la superficie de las heces;
- dolor o sensación de presión, a veces más intensa al estar sentado;
- picor, humedad, salida de moco;
- un bulto duro o una llaga que no cura junto al borde del ano;
- sensación de no haber terminado de evacuar, ganas falsas;
- heces más frecuentes y más blandas de lo habitual;
- dificultad para retener gases o heces;
- un bulto en la ingle, que puede ser un ganglio linfático aumentado.
El tumor puede no dar ninguna molestia durante mucho tiempo y descubrirse en una exploración hecha por otro motivo.
Por qué se confunde con las hemorroides
Sangre, picor y un bulto junto al ano forman un cuadro que casi todos atribuyen a las hemorroides, y la inmensa mayoría de las veces aciertan. Lo peligroso no es esa conclusión, sino comprobarla por cuenta propia durante años: se compran supositorios, la molestia cede un tiempo y la visita se aplaza. La diferencia es sencilla: las hemorroides y la fisura ceden con el tratamiento, el tumor no. De ahí la regla: si la sangre, el dolor o el bulto duran más de tres semanas o vuelven tras un tratamiento aparentemente eficaz, el diagnóstico se confirma con una exploración y no con una suposición.
Cuándo no conviene esperar
Pida cita en los próximos días, sin aguardar a que se pase solo, si aparece cualquiera de estos signos:
- sangrado por el ano, sobre todo si es la primera vez después de los cuarenta y cinco años;
- una llaga que no cura o un bulto que va creciendo;
- dolor en la zona que dura más de dos o tres semanas;
- incontinencia de gases o heces que antes no existía;
- un bulto palpable en la ingle;
- pérdida de peso sin explicación, cansancio, cambio prolongado del ritmo intestinal.
De inmediato, en urgencias o llamando al 112: sangrado abundante con debilidad y mareo, dolor intenso con fiebre alta e hinchazón alrededor del ano, imposibilidad de orinar o de evacuar.
De dónde viene: el virus del papiloma humano
En nueve de cada diez casos se encuentra en el tumor el virus del papiloma humano, el mismo que causa el cáncer de cuello de útero. Se transmite con cualquier contacto estrecho de piel y mucosas en la zona genital, no solo durante el coito, y está tan extendido que la mayoría de los adultos se contagia alguna vez. En casi todos el sistema inmunitario lo elimina solo en uno o dos años y no ocurre nada más. El tumor aparece en unos pocos, aquellos en los que la infección persiste durante décadas.
Lo que aumenta la probabilidad de ese desenlace:
- el tabaco, uno de los factores más potentes, que actúa con independencia del virus;
- las defensas debilitadas: VIH, medicación tras un trasplante, tratamientos prolongados que frenan la inmunidad;
- haber tenido cáncer de cuello de útero, de vagina o de vulva, ligados al mismo virus;
- las relaciones anales y un número elevado de parejas;
- la edad: la enfermedad es más habitual a partir de los sesenta.
Qué se puede hacer por adelantado
Este es uno de los pocos tumores en los que la prevención funciona de verdad.
La vacuna contra el virus del papiloma humano. Protege frente a los tipos responsables de la mayoría de estos tumores y resulta tanto más eficaz cuanto antes se administra, antes del inicio de las relaciones sexuales. En los países europeos se ofrece a adolescentes de ambos sexos y, en algunos programas, también a adultos con más riesgo. Pregunte a su médico de cabecera qué está disponible donde usted vive.
Dejar de fumar. Reduce el riesgo y, si la enfermedad ya está diagnosticada, mejora notablemente la tolerancia al tratamiento.
El preservativo. Protege solo en parte, porque el virus también vive en la piel que el preservativo no cubre, pero disminuye la probabilidad de contagio.
Seguimiento cuando el riesgo es alto. A las personas con VIH y a las trasplantadas algunos centros les ofrecen revisiones periódicas de la zona y una citología anal, para detectar los cambios antes de que se conviertan en tumor.
Cómo se confirma el diagnóstico
Se empieza por lo sencillo: el médico examina la piel alrededor del ano, hace un tacto rectal y después observa el canal con un tubo corto iluminado. El diagnóstico solo lo da la biopsia, un fragmento pequeño de tejido enviado al laboratorio; sin ella ninguna imagen responde a la pregunta.
Confirmado el tumor, se mide su tamaño y su extensión: resonancia magnética de la pelvis, tomografía computarizada de tórax y abdomen, ecografía de las ingles con punción del ganglio sospechoso y, en ocasiones, tomografía por emisión de positrones. También suele proponerse una prueba de VIH, y no por trámite: el estado inmunitario condiciona la pauta de tratamiento.
Cómo se trata
El tratamiento principal no es la cirugía, sino la radioterapia combinada con quimioterapia: los citostáticos se administran a la vez que la irradiación para reforzar su efecto, en un ciclo de varias semanas. Así se conserva el ano y su músculo esfínter, de modo que la mayoría de los pacientes no necesita un estoma.
Un detalle importante: el tumor se reduce despacio y la respuesta completa puede tardar varios meses en llegar tras terminar el ciclo. Por eso los médicos no se precipitan y valoran el resultado en los plazos previstos.
Se opera en dos situaciones: cuando el tumor es muy pequeño y está en el borde de la piel, en cuyo caso basta con extirparlo; y como recurso posterior, si tras la quimiorradioterapia el tumor persiste o reaparece. Entonces la intervención es mayor y puede requerir un estoma permanente.
Durante el tratamiento casi siempre hay irritación de la piel del periné, heces blandas, cansancio y descenso de las cifras de la sangre: es lo esperado y se acompaña. Entre los efectos a largo plazo se habla por anticipado de la repercusión sobre la fertilidad, la sequedad y el estrechamiento vaginal, los cambios en la erección y la urgencia para evacuar. Si tener hijos entra en los planes, conservar semen u óvulos se plantea antes de empezar, no después. Luego el seguimiento dura varios años, con revisiones y pruebas de imagen, para detectar a tiempo una recaída mientras todavía puede tratarse.
Consulta en línea: en qué ayuda
Explorar esta zona exige una visita presencial y nada la sustituye a distancia. Pero hablar con un médico en línea resuelve otras cuestiones: si sus síntomas encajan con unas hemorroides o una fisura y con qué urgencia hace falta la exploración; revisar el informe de la biopsia y el estadio cuando el diagnóstico ya está hecho; preparar las preguntas para el especialista. Otro tema frecuente es la vacuna del papiloma: a quién y a qué edad le compensa. Y si acudir con esta molestia da apuro, empezar la conversación desde casa es más fácil, y siempre mejor que no empezarla.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.





