Bloqueo cardíaco
El corazón no late por casualidad: cada contracción empieza con una señal eléctrica que nace en las cavidades superiores y baja por unas vías de conducción…
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El corazón no late por casualidad: cada contracción empieza con una señal eléctrica que nace en las cavidades superiores y baja por unas vías de conducción hasta las inferiores. El bloqueo cardíaco es un retraso o una interrupción de esa señal en su camino descendente. El músculo puede estar perfectamente sano y las arterias, limpias. El nombre confunde: mucha gente oye «bloqueo» y piensa en una arteria tapada, pero aquí se habla del cableado, no de las tuberías. De ahí las molestias: pulso lento, cansancio, visión que se oscurece y, a veces, un desmayo repentino.
Qué se estropea exactamente en el cableado
El impulso nace en el nódulo sinusal, un grupo de células situado en la aurícula derecha. Desde ahí recorre las aurículas, llega al nódulo auriculoventricular —el único paso legítimo entre la parte alta y la baja del corazón— y se reparte por los ventrículos a través del haz de His y sus ramas. El retraso en ese paso es lo que se llama bloqueo auriculoventricular, el más frecuente de todos.
Un pequeño retraso en el nódulo auriculoventricular resulta útil: da tiempo a las aurículas a terminar de llenar los ventrículos antes de que estos expulsen la sangre. El problema aparece cuando el retraso crece, algunos impulsos dejan de pasar o la conexión se corta del todo. Entonces los ventrículos recurren a un ritmo propio de reserva: lento, de unos treinta o cuarenta latidos por minuto y, sobre todo, poco fiable, porque puede desaparecer durante unos segundos.
Aparte quedan los bloqueos de rama. Se producen ya dentro de los ventrículos, no enlentecen el pulso y a menudo no se notan. Pero un bloqueo de rama izquierda que aparece por primera vez junto con dolor opresivo en el pecho es una señal que los cardiólogos estudian de forma urgente.
Qué nota la persona
Las molestias dependen menos del nombre del grado que de lo lento que se haya vuelto el pulso y de si el cerebro recibe suficiente sangre:
- flojera y cansancio rápido sin motivo claro;
- falta de aire con esfuerzos que antes se toleraban sin problema;
- mareo, sobre todo al levantarse o al subir una cuesta;
- visión que se oscurece, sensación de que la habitación se va;
- desmayo sin aviso previo: la persona se desploma estando de pie y vuelve en sí en unos segundos;
- pulso lento, que se palpa en la muñeca;
- dolor o pesadez en el pecho;
- en personas mayores, confusión, caídas inexplicables y pérdida de memoria.
Buena parte de los bloqueos no da ningún síntoma y aparece por casualidad: en un electrocardiograma previo a una operación, en una revisión laboral o al tramitar un certificado deportivo. Eso no significa que el hallazgo pueda olvidarse: hay que explicarlo, aunque no siempre haya que tratarlo.
Cuándo no se puede esperar a mañana
Llame a una ambulancia (en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania funciona el número europeo único 112) si:
- la persona ha perdido el conocimiento y no vuelve en sí;
- el desmayo se ha repetido o ha provocado una lesión al caer;
- hay opresión o ardor en el pecho, con dolor que baja al brazo, al cuello o a la mandíbula, sudor frío y náuseas;
- cuesta respirar en reposo y no da el aire ni para decir unas pocas palabras seguidas;
- el pulso está en torno a cuarenta o por debajo y la persona está pálida, aletargada y sudorosa;
- ha habido convulsiones durante la pérdida de conocimiento.
En esa situación no conviene conducir: el episodio puede repetirse por el camino. Si el malestar apareció al empezar un fármaco nuevo o al cambiar la dosis, lleve las cajas consigo; al médico le ahorrará tiempo.
Un apunte aparte: un desmayo en reposo, un desmayo durante el esfuerzo y un desmayo en alguien con una cardiopatía ya conocida nunca entran en la categoría de «será el cansancio». Se estudian el mismo día, aunque la persona se haya recuperado por completo.
Tres grados que no pesan lo mismo
La división en grados no es un formalismo: de ella depende directamente si basta con vigilar o hay que actuar.
- Primer grado. El impulso pasa entero, pero con retraso. Por lo general no se nota nada y no requiere tratamiento. Sí conviene buscar la causa: fármacos, alteraciones de los electrolitos, tono vagal elevado.
- Segundo grado. Se pierden algunos impulsos. Dentro de este grado conviven dos situaciones muy distintas. En una, el retraso crece latido a latido hasta que uno se salta; ocurre en personas entrenadas y durante el sueño, y suele ser inofensivo. En la otra, los impulsos fallan de golpe, sin aviso: esa variante tiende a progresar a bloqueo completo y se toma en serio.
- Tercer grado o bloqueo completo. La conexión está cortada: las aurículas van a su ritmo y los ventrículos al suyo, muy lento. Aquí es donde aparecen los desmayos y donde casi siempre se plantea un marcapasos.
De dónde sale
La causa más frecuente es la fibrosis progresiva del propio sistema de conducción con la edad. Le siguen la enfermedad coronaria y el infarto previo (sobre todo de cara inferior), las miocardiopatías, las valvulopatías y las secuelas de la cirugía cardíaca o de las ablaciones con catéter.
Un motivo muy común y del todo reversible son los medicamentos. Los betabloqueantes, algunos antagonistas del calcio, la digoxina y varios antiarrítmicos enlentecen la conducción, y con la deshidratación o el deterioro de la función renal su concentración sube. En el mismo grupo entran el potasio alto en sangre y el hipotiroidismo.
Hay causas raras que conviene conocer, porque no se resuelven con un marcapasos sino tratando el fondo del problema:
- la enfermedad de Lyme, una carditis tras la picadura de una garrapata; el bloqueo puede ser completo y aun así desaparecer sin secuelas con antibióticos;
- la sarcoidosis cardíaca y la amiloidosis, que provocan bloqueos en personas relativamente jóvenes;
- la miocarditis, incluida la de origen vírico;
- el bloqueo completo congénito del recién nacido, ligado a anticuerpos autoinmunes de la madre.
Un bloqueo avanzado en una persona joven y sin explicación evidente no es algo que se pueda dejar pasar: es motivo para buscar alguna de estas causas.
Cómo se confirma
La prueba básica es el electrocardiograma corriente, que dura un par de minutos. El inconveniente es que el bloqueo puede ser intermitente y no aparecer en un registro tan corto. Por eso se recurre al registro continuo de uno o varios días y, cuando los desmayos son muy espaciados, a grabadoras que se llevan durante semanas o a un pequeño dispositivo bajo la piel que registra el ritmo durante meses.
Después se busca el terreno: el ecocardiograma muestra el músculo y las válvulas, la prueba de esfuerzo enseña cómo se comporta la conducción con el ejercicio, y los análisis de sangre se ocupan del potasio, la función tiroidea y los signos de inflamación. Si hubo picadura de garrapata se piden serologías, y ante un cuadro poco claro en alguien joven, una resonancia cardíaca. Además, siempre se revisa la lista completa de fármacos, incluidos los colirios con betabloqueante, que los pacientes casi nunca mencionan.
Qué se hace después
Si el bloqueo no da síntomas y se sitúa en un escalón tranquilo, el tratamiento se reduce a vigilar y corregir la causa. Lo primero es revisar la medicación: algunos fármacos se retiran o se ajustan, siempre con el médico de cabecera o el cardiólogo, porque suspender por cuenta propia un tratamiento cardíaco es tan peligroso como el propio bloqueo.
Cuando el bloqueo avanzado es persistente, cuando hay desmayos o cuando el ritmo es demasiado lento, se implanta un marcapasos. Es un aparato pequeño que se coloca bajo la piel, en la región infraclavicular, con electrodos hasta el corazón; vigila el ritmo y aporta un impulso cuando el propio no llega. La intervención se hace con anestesia local y casi siempre con una noche de ingreso. Si la causa es transitoria —una intoxicación por fármacos o la fase aguda de un infarto—, la estimulación se coloca de forma temporal.
Con el dispositivo se hace vida normal. Los electrodomésticos y el móvil no interfieren, pero los campos magnéticos intensos, la maquinaria industrial y los arcos de seguridad piden algo de prudencia: conviene llevar encima la tarjeta de portador. Muchos modelos actuales son compatibles con la resonancia magnética, aunque hay que avisarlo con antelación. Los aparatos se revisan en consultas programadas y la batería dura años. Las normas para conducir tras un desmayo o tras el implante cambian de un país a otro: consúltelas con su médico.
Consulta en línea
En una consulta en línea, el médico de Oladoctor repasa su caso: pregunta por las circunstancias de los mareos y los desmayos, revisa los electrocardiogramas e informes que usted envíe, valora si en su lista de medicamentos hay alguno que enlentezca la conducción y le explica qué significa la frase que aparece en el informe.
Es un formato útil para entender un hallazgo del electrocardiograma, decidir si hace falta un registro de veinticuatro horas, preparar la visita con el cardiólogo o resolver dudas después de un implante de marcapasos. Ante un desmayo, un dolor en el pecho o un pulso muy lento con mal estado general, la consulta en línea no sirve: hace falta atención urgente presencial.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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