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Medicamentos comúnmente prescritos para Ardor de estómago y reflujo ácido
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: COMPRIMIDO, 40 MGPrincipio activo: PantoprazolFabricante: Sandoz Farmaceutica S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: INYECTABLE, 40 mgPrincipio activo: PantoprazolFabricante: Laboratorios Normon S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 20 mg/ comprimidoPrincipio activo: PantoprazolFabricante: Laboratorios Combix S.L.U.Requiere receta
Ese ardor detrás del esternón que sube hacia la garganta y deja un sabor ácido en la boca lo conoce casi todo el mundo: una cena copiosa, uno se tumba y ahí está. Una noche así no significa nada. La conversación empieza cuando se repite semana tras semana: entonces el fenómeno tiene nombre, enfermedad por reflujo gastroesofágico. Más abajo se explica por qué deja de cerrar la compuerta que separa el estómago del esófago, qué cabe esperar de los medicamentos y cuándo un ardor en el pecho no tiene nada que ver con el estómago.
Cómo se nota
El cuadro clásico se reconoce sin dificultad: quema en la boca del estómago y detrás del esternón, la sensación trepa hacia la garganta, la boca se queda ácida o amarga y a veces el contenido del estómago sube solo hasta la faringe. Dura entre unos minutos y un par de horas, y empeora al tumbarse, al inclinarse hacia delante y después de comer mucho.
Pero el reflujo tiene una segunda mitad de molestias por las que casi nunca se le reconoce a la primera:
- tos seca que aparece de noche o de madrugada y se prolonga durante meses;
- ronquera al levantarse, carraspeo, ganas constantes de aclararse la garganta;
- sensación de nudo en la garganta que no impide tragar, pero que no se va;
- mal aliento y esmalte oscurecido y desgastado en las muelas;
- ahogos nocturnos y crisis de asma más frecuentes;
- eructos, hinchazón, náuseas y sensación de saciedad rápida.
Un ardor al mes después de una comilona no es una enfermedad. De enfermedad por reflujo se habla cuando el ardor aparece un par de veces por semana o más, dura meses y estorba la vida diaria.
Y algo que sorprende a mucha gente: la intensidad del ardor no dice nada sobre el estado del esófago. Hay ardores insoportables con una mucosa intacta y erosiones profundas casi sin molestias. Por eso la decisión de mirar por dentro no se toma según lo mucho que queme, sino según las señales del apartado correspondiente.
Por qué el ácido sube
Entre el esófago y el estómago hay un anillo muscular que se relaja al tragar y el resto del tiempo mantiene el paso cerrado. El reflujo ocurre cuando ese anillo se relaja por su cuenta o cuando la presión dentro del abdomen lo fuerza desde abajo. De ahí sale toda la lista de lo que hace el ardor más frecuente:
- los kilos de más, sobre todo en el abdomen: la presión sobre el estómago es constante;
- las raciones grandes y la cena tardía; el estómago lleno y la posición horizontal son la peor combinación;
- el tabaco, que relaja ese mismo anillo y reduce la saliva que normalmente arrastra el ácido de vuelta;
- el alcohol, el café, el chocolate, la menta, las bebidas con gas, lo graso, lo picante, el tomate y los cítricos, con la matización que sigue;
- la hernia de hiato, cuando una parte del estómago se desplaza hacia el tórax y la válvula deja de funcionar mecánicamente;
- el embarazo: las hormonas relajan la musculatura y el útero que crece sube la presión abdominal. Al final de la gestación el ardor lo tiene la mayoría y después del parto desaparece solo;
- algunos medicamentos: analgésicos antiinflamatorios, determinados fármacos para la tensión y la angina, tratamientos del asma, medicación para la osteoporosis, ciertos antidepresivos y preparados hormonales.
La matización sobre la comida es esta: no existe una lista negra común. El tomate que al vecino le quema media noche usted puede comerlo sin consecuencias, y en cambio le traiciona el café. En lugar de prohibiciones totales resulta más útil anotar durante dos semanas qué ha comido y cuándo le ha dado, y retirar a los culpables reales en vez de a los teóricos.
El estrés no fabrica ácido, pero aumenta la sensibilidad del esófago: la misma cantidad se nota más en una época difícil. Por eso en vacaciones el ardor suele calmarse solo.
Cuando el ardor en el pecho no es ardor de estómago
El corazón y el esófago dan un dolor parecido porque comparten nervios, y hay quien lleva años apagando con antiácidos algo que se trata de otra manera. Llame a una ambulancia (en Europa, al número único 112) si el dolor opresivo o quemante en el pecho:
- aparece con el esfuerzo — en una cuesta, con frío, al andar deprisa — y cede cuando usted se para;
- se irradia al brazo izquierdo, a los dos brazos, al cuello, a la mandíbula o entre los omóplatos;
- se acompaña de sudor frío, mareo o debilidad brusca;
- va junto con falta de aire o palpitaciones irregulares;
- dura más de quince o veinte minutos y no afloja.
Una parte de los infartos se manifiesta precisamente como ardor y sabor ácido, sobre todo en personas con diabetes y en mayores, así que «parece acidez» no es motivo para esperar. Si el ardor ha aparecido por primera vez en la edad adulta avanzada, conviene empezar descartando el corazón.
Qué se puede cambiar sin medicamentos
Suenan a consejo aburrido, pero en los casos leves funcionan igual de bien que las pastillas y, sobre todo, no se acaban con el tratamiento.
- La última comida, tres o cuatro horas antes de acostarse. Solo con esta costumbre desaparece el ardor nocturno de mucha gente.
- Coma menos cantidad de una vez y con más frecuencia: el estómago lleno empuja la válvula desde abajo.
- Eleve la cabecera de la cama de diez a veinte centímetros poniendo tacos bajo las patas. La cama, no la cabeza: un montón de almohadas dobla el tronco por la mitad y solo empeora las cosas.
- Perder peso ayuda de forma notable, y no hacen falta cifras dramáticas: un cinco o diez por ciento menos ya cambia el panorama.
- Deje de fumar: es de las pocas medidas que actúa a la vez sobre el ardor y sobre todo lo demás.
- No se apriete el cinturón y evite la ropa ceñida en la cintura.
- Después de comer no se tumbe ni se incline, y deje el esfuerzo físico para más tarde; pasear, en cambio, viene bien.
- No retire por su cuenta ningún fármaco prescrito, aunque sospeche que el ardor viene de él. El cambio lo decide el médico.
Qué hay en la farmacia y qué receta el médico
Los remedios de primera línea se venden sin receta. Los antiácidos neutralizan el ácido ya secretado: actúan en unos minutos, pero por poco tiempo, así que se toman a demanda. Los alginatos forman sobre el contenido del estómago una capa viscosa que le impide subir; se toman después de las comidas y antes de dormir. Unos y otros interfieren en la absorción de muchos medicamentos, de modo que conviene separarlos un par de horas. Alivian el síntoma, no eliminan la causa, y si hace falta una pastilla a diario eso no es motivo para comprar otra caja, sino para ir al médico.
El tratamiento con receta por excelencia son los inhibidores de la bomba de protones: reducen la producción de ácido y, bajo su efecto, la mucosa dañada tiene tiempo de cicatrizar. La pauta habitual va de cuatro a ocho semanas. Dos detalles prácticos de los que rara vez se habla: hay que tomarlos en ayunas, alrededor de media hora antes de la primera comida, porque de otro modo el efecto es bastante menor; y conviene terminar el tratamiento bajando poco a poco y no de golpe, ya que tras una retirada brusca la acidez rebota durante un tiempo por encima de la inicial y la persona cree que la enfermedad ha vuelto. Si los síntomas regresan, se acuerda la dosis mínima eficaz o la toma a demanda. Cuando el fármaco no hace nada, subir la dosis carece de sentido: casi siempre significa que el problema no es el ácido. Como alternativa se recetan antagonistas de los receptores H2.
Capítulo aparte es la bacteria Helicobacter pylori. Vive en el estómago de buena parte de los adultos y por sí sola no suele provocar ardor, pero es responsable de las úlceras y de la inflamación crónica del estómago, así que ante molestias persistentes se busca con una prueba del aliento o un análisis de heces o de sangre. Si aparece, se hace una pauta con varios antibióticos junto con un inhibidor de la bomba de protones y después se comprueba el resultado.
La cirugía sobre la válvula, en pacientes bien seleccionados, da buen resultado; se plantea cuando el reflujo está confirmado por pruebas y las pastillas o no sirven o harían falta de por vida. Y una advertencia doméstica: el bicarbonato apaga el ardor cinco minutos, pero llena el estómago de gas y trae una nueva oleada de ácido.
Señales con las que no se puede esperar
Acuda al médico ese mismo día y, si vomita sangre o las heces son negras, llame a una ambulancia:
- la comida se atasca al tragar y hay que empujarla con líquido: es la señal más importante de todas;
- tragar se ha vuelto doloroso;
- vómito con sangre o con un contenido oscuro parecido a los posos del café;
- heces negras y pegajosas, como alquitrán;
- el peso baja solo, sin dietas ni ejercicio;
- los vómitos se repiten un día tras otro;
- aparecen debilidad, falta de aire al esforzarse y palidez: así se manifiesta la anemia por una pérdida de sangre inadvertida;
- el ardor ha aparecido por primera vez en la edad adulta avanzada y no cede;
- la ronquera dura más de tres semanas.
En estos casos se indica una gastroscopia, la exploración del esófago y el estómago con un tubo fino y flexible provisto de cámara. Es una prueba corta, se hace con anestesia local o con sedación, y solo ella permite ver la mucosa y tomar un fragmento de tejido si hace falta.
En qué acaba un reflujo de muchos años
En la mayoría el ardor se queda en una molestia que no lleva a nada grave. Pero en una parte de quienes lo soportan durante años el ácido llega a modificar el esófago. Primero aparecen la inflamación y las erosiones; si cicatrizan una y otra vez, en su lugar se forma tejido de cicatriz, la luz se estrecha y deja de pasar primero la carne seca y el pan, y después el resto de la comida sólida. Ese estrechamiento se dilata por endoscopia, pero es mejor no llegar hasta ahí.
El segundo cambio se llama esófago de Barrett: el revestimiento habitual del esófago se sustituye por otro más resistente al ácido, pero también más propenso a degenerar. Se encuentra en aproximadamente una de cada diez personas con reflujo prolongado. En sí mismo no es un cáncer y rara vez se convierte en uno, pero esas personas forman el grupo al que tiene sentido seguir por endoscopia. Si su ardor dura años y nunca le han hecho una gastroscopia, es un buen motivo para plantearla.
Consulta en línea
El ardor de estómago es de esos casos en los que la consulta a distancia resuelve la mayor parte de las dudas. El médico repasa a qué hora quema, qué lo precede y qué medicación toma usted, distingue un reflujo corriente de las molestias que exigen una exploración presencial y explica si hacen falta una gastroscopia y la prueba de Helicobacter pylori. Es también el momento de tratar la situación tan común de que los productos sin receta hayan dejado de servir o de que un fármaco se tome durante años sin revisión, y de hablar del ardor durante el embarazo. Lo que no se puede resolver por pantalla es un dolor torácico agudo o los signos de hemorragia: eso es una ambulancia.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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