Anemia por deficiencia de vitamina B12 o de ácido fólico
La médula ósea necesita vitamina B12 y ácido fólico (llamado también vitamina B9 o folato) para fabricar glóbulos rojos normales.
En esta página
- Cómo se manifiesta
- La falta de B12 no golpea sólo la sangre, también los nervios
- De dónde viene la falta de vitamina B12
- Por qué falta el ácido fólico
- Cómo se averigua qué es lo que falta
- Por qué no se puede empezar sólo con ácido fólico
- Tratamiento: con qué, cómo y durante cuánto tiempo
- Ácido fólico antes del embarazo y al principio de éste
- Consulta en línea
Medicamentos comúnmente prescritos para Anemia por deficiencia de vitamina B12 o de ácido fólico
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: CAPSULA, 10 mgPrincipio activo: Folico acidoFabricante: Interpharma S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 5 mg folico acidoPrincipio activo: Folico acidoFabricante: Italfarmaco S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: INYECTABLE, 1000 mcg cianocobalaminaPrincipio activo: CianocobalaminaFabricante: Laboratorios Normon S.A.Requiere receta
La médula ósea necesita vitamina B12 y ácido fólico (llamado también vitamina B9 o folato) para fabricar glóbulos rojos normales. Cuando falta uno de los dos, la división celular se entorpece: se producen menos glóbulos rojos de lo habitual y salen grandes, inmaduros y mal preparados para transportar oxígeno. A esta anemia se la llama megaloblástica, y en el análisis de sangre se distingue con facilidad de la ferropénica, en la que los glóbulos rojos son al contrario pequeños y pálidos. La diferencia no es un detalle: el tratamiento es completamente distinto, y el hierro que muchas personas empiezan a tomar por su cuenta aquí no sirve de nada. Pero lo más importante de este tema ni siquiera es la sangre. La vitamina B12 también hace falta para las vainas de los nervios, y la afectación nerviosa es la parte más grave y la que más se pasa por alto.
Cómo se manifiesta
Todo se instala despacio, a lo largo de meses, y la persona suele acostumbrarse a su estado y atribuirlo al trabajo, a la edad o a dormir poco. El conjunto habitual de molestias: cansancio permanente que no se quita con el sueño, debilidad, falta de aire y palpitaciones ante esfuerzos que antes se toleraban sin problema, dolor de cabeza, palidez, zumbido de oídos y mareo al levantarse.
Hay signos más reconocibles. La lengua se vuelve lisa, de un rojo intenso, como «barnizada», y reacciona con dolor a lo caliente y lo picante; aparecen aftas en la boca y grietas en las comisuras de los labios. Se pierde el apetito, cambia el gusto, molestan las náuseas, la hinchazón y las deposiciones irregulares, y se pierde peso. La piel adquiere a veces un tono ligeramente amarillento, algo que ocurre cuando los glóbulos rojos defectuosos se destruyen antes de tiempo.
No espere a una cita programada si aparecen dolor en el pecho, falta de aire en reposo o con el mínimo movimiento, desmayos o palpitaciones muy rápidas: en una anemia grave el corazón trabaja al límite, y esa situación requiere atención el mismo día; con dolor en el pecho, llamar a una ambulancia.
La falta de B12 no golpea sólo la sangre, también los nervios
Esto es lo esencial de todo el texto. La vitamina B12 participa en la formación de la mielina, la vaina por la que los nervios conducen la señal. Cuando falta, se afectan los nervios periféricos y la parte posterior de la médula espinal, y aparece un cuadro propio, independiente de la anemia:
- entumecimiento, hormigueo, sensación de pinchazos o quemazón en pies y manos, casi siempre en los dos lados y de forma simétrica, empezando por los dedos de los pies;
- inestabilidad al caminar, sobre todo en la oscuridad y con los ojos cerrados, sensación de pisar sobre algodón, pérdida de confianza en las escaleras;
- debilidad en las piernas, calambres, tropiezos y caídas;
- peor memoria y atención, dificultad para encontrar las palabras, lentitud de pensamiento, confusión;
- ánimo bajo, ansiedad, irritabilidad y, en personas mayores, un estado que se confunde fácilmente con el comienzo de una demencia;
- problemas para orinar, disminución del deseo sexual y, con menos frecuencia, visión borrosa.
Vienen ahora dos circunstancias por las que esta parte de la enfermedad se pierde tan a menudo. La primera: los nervios pueden sufrir antes que la sangre. La hemoglobina puede ser perfectamente normal y los glóbulos rojos de tamaño corriente, y la persona vuelve a casa con un «el análisis está bien». Ocurre con frecuencia, y un hemograma por sí solo no basta para descartar un déficit de B12. La segunda: cuanto más se prolonga, menos posibilidades hay de recuperarlo todo. La sangre se repone en semanas; los nervios, en meses, y no siempre del todo. Si las alteraciones neurológicas llevan alrededor de un año o más, una parte suele quedarse para siempre. Por eso el entumecimiento de los pies y la inestabilidad no son motivo para «observar», sino para pedir análisis ahora.
De dónde viene la falta de vitamina B12
El organismo guarda una reserva de vitamina B12 en el hígado que alcanza para varios años, de modo que el déficit se instala muy poco a poco, mucho antes de las primeras molestias. Casi siempre el problema no es que haya poca vitamina en el plato, sino que no se absorbe.
- Anemia perniciosa. La causa más frecuente de falta de B12 en el adulto. El sistema inmunitario ataca las células del estómago que producen el factor intrínseco, una proteína sin la cual la vitamina sencillamente no se absorbe en el intestino. Es más habitual en personas mayores, cuando hay otras enfermedades autoinmunes —tiroideas, diabetes tipo 1, vitíligo— y cuando hay antecedentes familiares.
- Cirugía de estómago e intestino. Extirpación de parte del estómago, cirugía bariátrica, resección del tramo final del intestino delgado, que es justo donde se absorbe la B12.
- Enfermedades intestinales. Celiaquía, enfermedad de Crohn, gastritis atrófica, situaciones con sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado.
- Medicamentos. La metformina tomada durante mucho tiempo y los fármacos que reducen la acidez del estómago: inhibidores de la bomba de protones y antagonistas H2. Con ellos conviene medir la B12 de vez en cuando.
- Alimentación. La vitamina B12 sólo está en alimentos de origen animal, así que el vegetarianismo estricto y sobre todo el veganismo sin suplementos ni alimentos enriquecidos acaban antes o después en déficit. Esto vale también para el lactante si es la madre quien sigue una dieta vegana.
- Óxido nitroso. El llamado «gas de la risa», empleado como analgésico y, por desgracia, también con fines recreativos, inactiva la vitamina B12 en el organismo. Con inhalaciones repetidas produce una afectación grave de los nervios, a veces en personas muy jóvenes.
Por qué falta el ácido fólico
Aquí el mecanismo es otro. La reserva de ácido fólico del organismo alcanza sólo para unos meses; es soluble en agua y no se almacena, así que tiene que llegar de forma continua, y el déficit aparece deprisa, en semanas o meses en lugar de años.
- Alimentación monótona. El ácido fólico está en las verduras de hoja, el brócoli, las coles, las legumbres, los espárragos, la remolacha, los cítricos y los frutos secos. Una dieta en la que casi nada de esto aparece es la causa más frecuente. Las cocciones largas destruyen buena parte de la vitamina.
- Alcohol. El consumo habitual dificulta la absorción y la retención del ácido fólico y suele acompañarse de una dieta pobre. Es una de las causas más extendidas en el adulto.
- Mala absorción. Celiaquía y otras enfermedades del intestino delgado que dañan su mucosa.
- Medicamentos. Algunos antiepilépticos, el metotrexato, la sulfasalazina y el uso prolongado de fármacos que interfieren en el metabolismo de los folatos.
- Mayor consumo. Embarazo y lactancia, prematuridad, crecimiento rápido, enfermedades hemolíticas de la sangre, psoriasis y otras situaciones con recambio celular acelerado, diálisis prolongada.
Cómo se averigua qué es lo que falta
Se empieza por un hemograma, que muestra la hemoglobina y el tamaño medio de los glóbulos rojos. Unos glóbulos rojos grandes son una pista sólida, pero también aquí hay una trampa: si al mismo tiempo falta hierro, el tamaño se promedia y parece normal. Después se miden las concentraciones de vitamina B12 y de ácido fólico en sangre.
Los resultados de B12 en el límite son frecuentes y por sí solos deciden poco, de modo que, si las molestias persisten, el médico puede añadir parámetros más finos: la homocisteína y el ácido metilmalónico, que se elevan cuando el déficit es real a nivel de los tejidos, aunque la vitamina en sangre parezca aceptable. Ante la sospecha de anemia perniciosa se buscan anticuerpos contra el factor intrínseco y contra las células del estómago. De paso se revisa la función tiroidea, los anticuerpos de celiaquía y el funcionamiento del hígado y del riñón, y si el cuadro no queda claro se deriva al digestivo o al hematólogo y se plantea una gastroscopia.
Conviene contar al médico por adelantado: las cirugías de estómago e intestino, todos los medicamentos, incluidos los antiácidos sin receta, cómo es la alimentación, el consumo de alcohol y de óxido nitroso, y las enfermedades autoinmunes de la familia. Y por separado, todas las sensaciones neurológicas, aunque parezcan una nimiedad: son ellas las que cambian tanto la urgencia como la pauta de tratamiento.
Por qué no se puede empezar sólo con ácido fólico
Éste es el punto más peligroso de todo el asunto, y el error se comete con la mejor intención. El ácido fólico se vende sin receta y cuesta muy poco, y el cuadro de la sangre es idéntico en los dos déficits. Una persona con entumecimiento en los pies y hemoglobina baja empieza a tomar ácido fólico, y el análisis efectivamente mejora: los glóbulos rojos se normalizan, la hemoglobina sube y durante un tiempo se encuentra mejor.
Pero el ácido fólico no actúa sobre los nervios. Si la causa real era el déficit de B12, la fabricación de sangre se arregla mientras la destrucción de las vainas nerviosas continúa, sólo que ahora en silencio, porque el análisis, que era la única señal de alarma, se ha normalizado. Así se pierden meses y con ellos la reversibilidad del daño neurológico. Por eso el orden es estricto: primero se determina la vitamina B12 y, si está baja, se empieza reponiendo B12 y el ácido fólico se añade después. De esta regla sólo hay una excepción cotidiana: el ácido fólico que toma una mujer sana cuando planifica un embarazo, del que hablamos más abajo.
Tratamiento: con qué, cómo y durante cuánto tiempo
Cuando la causa está clara, el tratamiento suele ser sencillo y funciona bien. Lo importante es entender la lógica: no se reponen «vitaminas en general», sino exactamente lo que falta, y la vía depende de por qué se ha producido la carencia.
En la anemia perniciosa y después de una cirugía de estómago o intestino, los comprimidos en dosis habituales no sirven: lo que está roto es el propio mecanismo de absorción, y la vitamina no pasará del intestino a la sangre. El tratamiento son inyecciones de vitamina B12 (lo más habitual es la hidroxocobalamina): al principio frecuentes, en una tanda que llena rápidamente el depósito, y después inyecciones de mantenimiento a intervalos fijos. Y es un tratamiento de por vida. La causa no desaparece, y dejar las inyecciones al cabo de uno o dos años significa que vuelven la anemia y los problemas neurológicos. Si los nervios están afectados, al principio las inyecciones se ponen con más frecuencia y durante más tiempo, y la recuperación se mide en meses.
Si el déficit es de origen alimentario, suelen bastar los comprimidos de vitamina B12 y un cambio en la dieta; en el veganismo el suplemento o los alimentos enriquecidos hacen falta de forma permanente, no como una tanda. El déficit de ácido fólico se trata con comprimidos de ácido fólico, normalmente durante unos meses y más tiempo si la causa persiste. Las dosis las indica siempre el médico.
Qué ocurre después. El estado general y la lengua suelen mejorar en las primeras semanas; la sangre, en uno o dos meses, y un análisis de control confirma que el tratamiento funciona. Los síntomas neurológicos son los que más tardan en ceder y no siempre lo hacen del todo. Aparte, conviene saberlo: en la anemia perniciosa el riesgo de cáncer de estómago es mayor, así que un dolor abdominal persistente, dificultad para tragar, vómitos, heces negras o pérdida de peso sin explicación son motivo para consultar sin demora.
Ácido fólico antes del embarazo y al principio de éste
Éste es el caso en que un comprimido sencillo evita de verdad una desgracia. El tubo neural, del que salen el cerebro y la médula espinal, se forma en las primeras semanas de embarazo, muchas veces antes de que la mujer sepa que está embarazada. Un nivel suficiente de ácido fólico en ese momento reduce de forma notable el riesgo de defectos del tubo neural, el más conocido de los cuales es la espina bífida.
De ahí la conclusión práctica: el suplemento se empieza antes de la concepción, no cuando el embarazo ya está confirmado, y se mantiene durante las primeras doce semanas. La dosis preventiva habitual es de cuatrocientos microgramos al día. Es mayor en situaciones concretas: diabetes, tratamiento con antiepilépticos, exceso importante de peso, enfermedades de la sangre, celiaquía y antecedente de un defecto del tubo neural en la familia o en un embarazo anterior; en esos casos la dosis la indica el médico.
La falta de ácido fólico durante el embarazo aumenta también el riesgo de parto prematuro y de bajo peso al nacer. El déficit de vitamina B12 en la futura madre tampoco es indiferente para el bebé, así que con dieta vegana, tras cirugía de estómago o ante molestias de entumecimiento hay que medir los dos valores y no sólo uno.
Consulta en línea
Una conversación a distancia encaja especialmente bien aquí, porque casi todo en este tema se resuelve revisando las molestias y los análisis. El médico preguntará desde cuándo hay cansancio, falta de aire y palpitaciones, si hay entumecimiento, hormigueo, inestabilidad o cambios en la memoria y el ánimo, qué aspecto tiene la lengua, qué pasa con la alimentación, el peso y las deposiciones; preguntará también por cirugías, enfermedades intestinales, autoinmunidad en la familia, alcohol y toda la medicación, incluidas la metformina y los antiácidos. Conviene tener a mano un hemograma reciente y la lista completa de fármacos.
Al final suele quedar claro qué análisis hacen falta primero y en qué orden, qué no debe empezarse por cuenta propia y qué conviene contar en la consulta presencial. En línea se sigue bien también lo que viene después: cómo leer los resultados, por qué las inyecciones serán de por vida, cómo manejar los suplementos con dieta vegana, qué tomar al planificar un embarazo. Los límites están claros: un análisis de sangre no se hace a distancia, y hace falta una exploración para valorar la afectación neurológica. Y si aparecen dolor en el pecho, falta de aire en reposo o un desmayo, no hay que esperar a ninguna consulta: eso es una ambulancia.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
Médicos online para Anemia por deficiencia de vitamina B12 o de ácido fólico
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