Amigdalitis
La amigdalitis es la inflamación de las amígdalas, los dos acúmulos de tejido linfático situados a ambos lados de la base de la lengua.
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Medicamentos comúnmente prescritos para Amigdalitis
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: COMPRIMIDO, 500 mgPrincipio activo: AmoxicilinaFabricante: Aurovitas Spain, S.A.U.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 1000 mg paracetamolPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Ferrer Internacional S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: INYECTABLE PERFUSION, 10 MG/MLPrincipio activo: ParacetamolFabricante: B. Braun Melsungen AgRequiere receta
La amigdalitis es la inflamación de las amígdalas, los dos acúmulos de tejido linfático situados a ambos lados de la base de la lengua. Están a la entrada de la vía respiratoria y reciben las primeras todo lo que pasa por la garganta, de modo que se inflaman a menudo, sobre todo en niños y adolescentes. En la mayoría de los casos la culpa es de un virus respiratorio corriente y todo se resuelve solo en tres a cinco días. Pero una parte de los episodios se comporta de otra manera, y la diferencia está en los detalles.
Cómo empieza
El dolor de garganta crece en unas pocas horas y aumenta al tragar, a veces hasta el punto de que cuesta beber. Las amígdalas se enrojecen y se hinchan, y aparecen sobre ellas puntos blancos o amarillentos y placas. La voz se vuelve apagada y el aliento resulta desagradable.
A esto suele añadirse:
- fiebre, a menudo con escalofríos y dolor por todo el cuerpo;
- bolitas móviles y dolorosas bajo la mandíbula y a los lados del cuello: son los ganglios aumentados;
- dolor de cabeza y agotamiento; en los niños, náuseas y dolor abdominal;
- dolor que se irradia al oído al tragar, porque garganta y oído comparten nervios aunque el oído esté sano.
En los niños pequeños el cuadro es más difuso: no se quejan de la garganta, sino que están decaídos e irritables, rechazan la comida y la bebida y babean mucho.
Virus o bacteria: por qué no da igual
La amigdalitis vírica viene acompañada del resto del catarro: mucosidad nasal, tos, voz ronca, ojos enrojecidos. Los antibióticos no actúan sobre ella.
La bacteriana la causa casi siempre el estreptococo del grupo A: la garganta duele con fiebre alta, no hay mucosidad ni tos, las placas son densas y los ganglios del cuello duelen de forma llamativa. Nadie se atreve a distinguir una de otra solo con la vista: la suma de estos signos únicamente eleva la probabilidad de que haya bacteria, y por eso existen la prueba rápida y el cultivo del frotis faríngeo.
El estreptococo hace algo que el virus no: provocar un absceso junto a la amígdala y, semanas después de una enfermedad ya olvidada, inflamación en las articulaciones, el corazón o los riñones. El antibiótico no se receta para que la garganta mejore un día antes, sino para que esa cadena no arranque. De ahí la exigencia de terminar el tratamiento completo, aunque al tercer día tragar ya no cueste.
Qué se le parece
Una garganta roja con placas todavía no es un diagnóstico: hay varios cuadros que se ven casi igual.
- Mononucleosis infecciosa. Las placas son abundantes, los ganglios están aumentados por todo el cuello, el cansancio dura semanas y el bazo suele estar agrandado, por lo que se suspenden los deportes de contacto. Otra pista: la erupción que aparece tras tomar amoxicilina y que es fácil confundir con una alergia al fármaco.
- Úlceras víricas. En los niños, algunas infecciones producen pequeñas llagas dolorosas en el paladar blando y en el fondo de la garganta: el dolor es intenso, pero no hay placas.
- Placa por hongos. Blanca y con aspecto de requesón, se desprende con el depresor y casi no duele. Aparece tras una tanda de antibióticos, con los inhaladores con corticoide, en la diabetes y cuando la inmunidad está debilitada.
- Problemas de la sangre. Poco frecuente pero importante: llagas y una placa gris sucio junto con encías que sangran, moratones y fiebre persistente pueden ser el primer signo de una caída brusca de los leucocitos. Esa garganta no responde al tratamiento habitual y lo que hace falta es un hemograma, no un segundo antibiótico.
- Una úlcera en un solo lado que no cierra en más de tres semanas, sobre todo en un adulto fumador, exige la valoración del otorrinolaringólogo para descartar un tumor.
Cuándo no se puede esperar
Las complicaciones de la amigdalitis son raras, pero se instalan deprisa, en cuestión de horas. Llame al 112 si aparece cualquiera de estos signos:
- cuesta respirar o la respiración es ruidosa o silbante;
- no se puede tragar ni la propia saliva y esta se escapa por la boca;
- la boca apenas se abre, como si la mandíbula estuviera trabada;
- el dolor se dispara en un solo lado, la voz suena apagada y el cuello se hincha por ese lado;
- debilidad brusca y confusión; el niño está decaído y no reacciona como de costumbre;
- la fiebre no baja en absoluto y aparecen escalofríos intensos.
Detrás suele haber un absceso entre la amígdala y la pared de la faringe, que se drena en el hospital. Menos frecuente y más peligrosa es la inflamación de la epiglotis, que cierra la entrada de la tráquea; muy rara vez la infección alcanza una vena del cuello. Con dificultad para respirar no conviene ponerse al volante.
Qué ayuda en casa
En un cuadro corriente el objetivo es uno: pasar unos días con el menor sufrimiento posible y sin quedarse sin líquidos.
- Beber a menudo y en poca cantidad; lo fresco se tolera mejor que lo caliente y el helado funciona aquí como analgésico.
- Comida blanda y neutra: nada ácido, picante ni salado, sin tostadas ni cortezas.
- Sin receta, paracetamol o ibuprofeno en la dosis que corresponda por edad y peso. La aspirina no se da a niños ni adolescentes.
- Las gárgaras con agua tibia y sal alivian a adolescentes y adultos; no sirven para los niños que puedan tragarse la solución.
- Las pastillas y los espráis con anestésico local calman el dolor un rato, pero no actúan sobre la infección; los espráis para la garganta no son adecuados en los niños pequeños.
- El aire húmedo y la ausencia de humo de tabaco alrededor reducen el picor de garganta.
No hay que calentar el cuello con compresas: si hay pus, el calor perjudica.
Qué hace el médico
El médico de cabecera explora la garganta y el cuello, comprueba si las amígdalas están aumentadas de forma simétrica y palpa los ganglios, el hígado y el bazo. Según el caso se toma un frotis: la prueba rápida de estreptococo responde en minutos y el cultivo es más preciso, pero tarda. Si el cuadro es grave o se alarga, se añade una analítica, incluida la de mononucleosis.
Cuando la prueba confirma el estreptococo se pauta un antibiótico, por lo general del grupo de las penicilinas, y si hay alergia a ellas se recurre a otra clase. Diga aparte al médico si tiene la inmunidad disminuida, toma fármacos que la frenan o ya ha tenido un absceso en la garganta: en esos casos se actúa con más prudencia.
Cuándo se plantea quitar las amígdalas
Hoy la operación hace falta a pocas personas. Se valora cuando la amigdalitis vuelve año tras año, se confirma cada vez y se lleva por delante semanas de colegio o de trabajo. El médico cuenta los episodios de varios años, no un único episodio grave.
El segundo motivo no es la frecuencia, sino el estorbo: unas amígdalas muy grandes estrechan la vía respiratoria, el niño ronca y hace pausas al respirar mientras duerme. El tercero son los abscesos de repetición. Quitarlas evita las inflamaciones de las propias amígdalas, pero no vuelve a nadie inmune a los catarros.
Para no contagiar a los demás
La inflamación de las amígdalas en sí no se transmite, pero los virus y el estreptococo que la provocan sí lo hacen: con la tos, los estornudos y los cubiertos compartidos.
- quedarse en casa mientras haya fiebre y mucha debilidad;
- toser y estornudar en un pañuelo de papel o en el codo, y tirar el pañuelo enseguida;
- lavarse las manos después de toser o estornudar y antes de comer;
- no compartir con la familia vasos, botellas, cucharas, toalla ni cepillo de dientes;
- con un estreptococo confirmado se puede volver al colegio o al trabajo un día después de empezar el antibiótico y de que baje la fiebre.
Consulta en línea
En la consulta en línea el médico preguntará cómo empezó todo, qué pasa con la fiebre y si hay mucosidad y tos, pedirá que enseñe la garganta a la cámara y valorará si hace falta un frotis. Ajustará la analgesia a la edad, revisará el tratamiento ya pautado, explicará con qué signos pedir ayuda urgente y, si los episodios se repiten, ayudará a reunir su historia antes de hablar con el otorrinolaringólogo. Un absceso no se drena a distancia: ante signos de alarma hay que acudir en persona.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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