En esta página
- Qué ocurre dentro del organismo
- Cómo se manifiesta la reacción
- Señales de anafilaxia y los primeros minutos
- Cuando un alimento deja de tolerarse de repente
- Los alimentos que más reacciones provocan
- Picor en la boca al morder una manzana
- Cómo se confirma el diagnóstico
- Vivir con alergia sin prohibiciones de más
- Consulta en línea
Medicamentos comúnmente prescritos para Alergia alimentaria
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: INYECTABLE, 3,3 mgPrincipio activo: SomatropinaFabricante: Sandoz GmbhRequiere recetaForma farmacéutica: SOLUCION/SUSPENSION GOTAS ORALES, 10 mg cetirizina dihidrocloruro/ mlPrincipio activo: CetirizinaFabricante: Ucb Pharma S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: SOLUCION/SUSPENSION GOTAS ORALES, 10 mg cetirizina dihidrocloruroPrincipio activo: CetirizinaFabricante: Retrain, S.A.U.Requiere receta
La alergia alimentaria es un error del sistema inmunitario: interpreta la proteína de un alimento corriente como una amenaza y responde igual que respondería ante una infección. En la mayoría de los casos todo se queda en ronchas, picor y malestar digestivo, pero en algunas personas esa misma reacción se desencadena en minutos y llega a cerrar la vía respiratoria. Por eso una alergia alimentaria no se puede equiparar a un estómago delicado: la gravedad del episodio anterior predice mal la del siguiente.
Qué ocurre dentro del organismo
En el primer encuentro con el alimento el sistema inmunitario memoriza esa proteína y fabrica anticuerpos frente a ella; por fuera no pasa nada. En los encuentros siguientes esos anticuerpos se activan, las células liberan histamina, los vasos se dilatan, los tejidos se hinchan y la musculatura de los bronquios y del intestino se contrae. De ahí sale todo el repertorio de síntomas, desde las ronchas en la piel hasta los vómitos y la caída de la tensión.
Por qué el sistema inmunitario se equivoca precisamente con la comida sigue sin saberse. Lo que sí se sabe es que el riesgo aumenta si la persona o sus familiares directos tienen asma, eccema o rinitis por polen, y que los niños con eccema grave durante el primer año de vida presentan alergia alimentaria con mucha más frecuencia.
Existe además un segundo mecanismo, más lento, en el que esos anticuerpos no intervienen. No produce ronchas ni hinchazón, sino regurgitaciones persistentes, sangre en las heces, escasa ganancia de peso en el lactante o vómitos abundantes varias horas después de comer. Estas formas tardan más en identificarse porque la relación con el alimento no salta a la vista.
Cómo se manifiesta la reacción
La reacción rara vez se limita a un solo órgano; lo habitual es que afecte a varios a la vez.
- piel: ronchas que pican, enrojecimiento, hinchazón de labios, párpados y cara;
- boca y garganta: picor, hormigueo, sensación de nudo, voz ronca;
- respiración: tos, pitidos al respirar, congestión nasal, estornudos, falta de aire;
- abdomen: náuseas, vómitos, dolor en retortijones, diarrea;
- estado general: debilidad, mareo, sensación de que algo malo va a ocurrir.
En la alergia clásica todo empieza deprisa: normalmente en los primeros minutos y casi siempre dentro de las dos horas siguientes a la comida. Las formas lentas descritas arriba se manifiestan al cabo de horas o días, y ahí no ayuda la memoria sino lo que se haya anotado. Si las molestias se reducen a hinchazón abdominal, ruidos y dolor de barriga unas horas después de comer, sin que la piel ni la respiración se vean afectadas, se trata más bien de una intolerancia alimentaria: no es una reacción inmunitaria y no provoca anafilaxia.
Señales de anafilaxia y los primeros minutos
La anafilaxia es la reacción que compromete la respiración o la circulación. Exige actuar de inmediato.
- hinchazón repentina de labios, lengua o garganta, y cambio en la voz;
- respiración difícil, ruidosa o muy acelerada, sensación de asfixia;
- garganta cerrada o dificultad para tragar;
- piel, labios o lengua azulados, grises, pálidos o moteados: en pieles oscuras se aprecia mejor en las palmas y las plantas;
- debilidad brusca, confusión, somnolencia, pérdida de conocimiento;
- en un niño, decaimiento, cuerpo blando, ausencia de la respuesta habitual a la voz.
Si la persona dispone de un autoinyector de adrenalina, hay que administrarlo enseguida, sin esperar a ver si la cosa remite sola. La inyección se pone en la cara externa del muslo, si hace falta a través de la ropa. Las instrucciones vienen impresas en el propio dispositivo.
Después del pinchazo hay que llamar a una ambulancia: en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania se marca el número europeo único 112. Indique que se trata de una anafilaxia. Tumbe a la persona boca arriba y elévele las piernas; si le cuesta respirar estará más cómoda semiincorporada, y si vomita, de lado. No debe ponerse en pie ni sentarse de golpe aunque parezca que mejora, porque eso ya es peligroso de por sí. Si a los cinco minutos no hay mejoría, se administra una segunda dosis con el dispositivo de repuesto. En cualquier caso hay que acudir al hospital: la reacción puede volver horas más tarde sin que haya habido un nuevo contacto con el alimento.
Cuando un alimento deja de tolerarse de repente
Ocurre que alguien ha comido lo mismo durante años sin consecuencias y un día sufre una reacción grave. Normalmente intervienen circunstancias que bajan el umbral: hacer ejercicio poco después de comer, el alcohol, los analgésicos del grupo de los antiinflamatorios no esteroideos, una infección aguda, el sueño insuficiente y, en las mujeres, determinados días del ciclo.
Merece la pena conocer dos variantes poco frecuentes pero peligrosas, porque casi nadie las sospecha por su cuenta.
- Alergia dependiente del ejercicio. El alimento (con más frecuencia el trigo, y menos los mariscos) se tolera sin problemas, pero si en las horas siguientes a la comida la persona corre, entrena o bebe alcohol, aparece una reacción grave que puede llegar a la anafilaxia. Mientras no se descubre la relación, los episodios parecen no tener causa.
- Reacción tardía a la carne roja. Se desarrolla tras picaduras de garrapata y no aparece de inmediato, sino entre tres y seis horas después de comer cerdo, ternera o cordero, en forma de urticaria nocturna, hinchazón y dolor abdominal. Ese retraso hace que nadie piense en la carne.
Todo esto conviene contárselo al médico: sin esos detalles el estudio se orienta hacia donde no toca.
Los alimentos que más reacciones provocan
Cualquier comida puede causar alergia, pero la mayoría de los casos se concentran en unos pocos alimentos: leche de vaca, huevo, cacahuete, frutos secos (nuez, avellana, almendra, anacardo, pistacho, nuez de Brasil), pescado, crustáceos y moluscos, trigo, soja, sésamo, mostaza, apio y harina de altramuz en la bollería.
Las listas infantil y adulta no coinciden. La alergia a la leche y al huevo desaparece con el tiempo en la mayoría de los niños, por lo que se revisa periódicamente; la del cacahuete, los frutos secos, el pescado y el marisco suele mantenerse toda la vida. Dentro de un mismo grupo hay reacciones cruzadas: quien reacciona a la gamba puede reaccionar al cangrejo, y quien lo hace a un fruto seco puede hacerlo a otro. No conviene comprobarlo en casa probando un trocito.
Picor en la boca al morder una manzana
Un capítulo aparte, y mucho más benigno, es el picor y el ligero hormigueo en labios, boca y garganta al comer fruta, verdura o frutos secos crudos, que desaparece a los pocos minutos. Es el síndrome de alergia oral: el sistema inmunitario no reacciona a la fruta en sí, sino al polen de abedul, artemisa o gramíneas, cuyas proteínas se parecen a las de la manzana, la cereza, el melocotón, la zanahoria o el apio.
Esas proteínas se destruyen con el calor, así que una manzana asada o una zanahoria guisada se toleran bien y las crudas no. Los síntomas casi siempre se quedan en la boca. Pero si al picor se suman ronchas por el cuerpo, hinchazón, dolor abdominal o dificultad para respirar, ya no es un síndrome oral y hay que estudiarlo en serio.
Cómo se confirma el diagnóstico
Todo empieza por una conversación: qué se comió, cuánto tardó en empezar, qué aspecto tuvo, cuánto duró, si se ha repetido. Un diario de comidas y síntomas de un par de semanas vale más que cualquier análisis pedido al azar. Después el alergólogo elige entre varias herramientas:
- pruebas cutáneas: se depositan gotas de extractos en el antebrazo y se pincha ligeramente la piel; el resultado se lee en un cuarto de hora;
- análisis de sangre para detectar anticuerpos frente a alimentos concretos y, a veces, frente a proteínas aisladas de un alimento, lo que ayuda a distinguir una alergia grave de una reacción cruzada con el polen;
- retirada del alimento durante unas semanas con reintroducción posterior bajo control médico;
- prueba de provocación: el alimento se administra en cantidades crecientes en un centro preparado para atender una reacción. Es el método más fiable y el único que permite retirar el diagnóstico y devolver el alimento a la mesa.
Las pruebas tienen un límite importante: un resultado positivo por sí solo no diagnostica nada. Solo indica que hay anticuerpos, y la enfermedad existe cuando hay síntomas después de comer. Por eso los paneles de cien alimentos sin un cuadro clínico detrás hacen daño: a partir de ellos se prohíbe media dieta sin fundamento. Los análisis de anticuerpos de clase G, el estudio del cabello, el biorresonador y la gota de sangre al microscopio no detectan ninguna alergia alimentaria.
Vivir con alergia sin prohibiciones de más
La base es eliminar el alimento propio y todo lo que lo contenga. En la Unión Europea los alérgenos más frecuentes deben figurar en la lista de ingredientes y aparecer destacados, y en hostelería esa información se facilita a quien la pide, así que preguntar al camarero es normal y está amparado por la ley.
Lo que ayuda en el día a día:
- leer los ingredientes cada vez y no una sola vez: los fabricantes cambian las recetas sin avisar;
- avisar por adelantado en el bar, el colegio y la guardería, en el trabajo, en casa ajena y a la compañía aérea al comprar el billete;
- llevar encima dos autoinyectores de adrenalina si están prescritos y vigilar su caducidad;
- enseñar a usarlos a la familia, al profesorado y a quien cuide del niño: durante la crisis la propia persona puede no estar en condiciones;
- reservar en casa una tabla y unos utensilios aparte y lavarse las manos y limpiar las superficies antes de comer, porque a veces bastan trazas.
En las reacciones leves se emplean antihistamínicos; en las graves, solo adrenalina, porque un antihistamínico no detiene una anafilaxia ni sustituye a la inyección. A algunos niños alérgicos al cacahuete y a otros alimentos se les ofrece inmunoterapia oral: se les administran cantidades minúsculas y crecientes bajo supervisión para elevar el umbral de reacción. No es una curación, hay que seguir evitando el alimento, y la decisión corresponde al especialista.
La regla contraria importa igual: no elimine alimentos por si acaso ni someta a un niño a restricciones sin indicación médica. Sin leche, huevo o trigo la dieta se empobrece en calcio, proteínas, hierro y vitaminas, y en los niños eso se nota en el crecimiento.
Consulta en línea
En la consulta en línea el médico repasa la historia de cada reacción: qué la precedió, con qué rapidez empezó y cómo terminó. De ahí se deduce si el cuadro apunta a una alergia, a un síndrome oral o a una intolerancia, qué pruebas tienen sentido y en qué orden, y si conviene disponer de un autoinyector de adrenalina. Si el cuadro resulta preocupante, le indicará a quién acudir presencialmente y con qué urgencia.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.







