Agotamiento por calor y golpe de calor
El cuerpo se refrigera de dos maneras: llevando sangre a la piel y evaporando sudor. Con calor fuerte ambos mecanismos trabajan al límite y antes o después…
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El cuerpo se refrigera de dos maneras: llevando sangre a la piel y evaporando sudor. Con calor fuerte ambos mecanismos trabajan al límite y antes o después llega el momento en que dejan de dar abasto. Primero la persona se marea, se queda floja y se encuentra mal: eso es el agotamiento por calor y casi siempre se resuelve en media hora. Si no llega ayuda, la temperatura corporal sigue subiendo y el cuadro pasa a golpe de calor, que es ya una situación en la que se cuenta por minutos. La diferencia entre ambos es lo más importante que conviene llevarse de este texto, así que empezamos por ahí.
En qué se diferencia el agotamiento del golpe
En el agotamiento por calor el sistema de refrigeración todavía funciona, sencillamente no llega a tiempo. La persona suda mucho, la piel está húmeda y pálida, se encuentra mal, pero está consciente, sabe dónde se halla y responde con coherencia. Llévela a un sitio fresco, deje que beba y en veinte o treinta minutos mejorará de forma evidente.
En el golpe de calor el sistema de refrigeración se ha rendido. La temperatura corporal supera los cuarenta grados y, además, cambian la conducta o la conciencia: la persona se enreda al hablar, no entiende dónde está, se comporta de forma extraña o agresiva, se duerme y no hay manera de despertarla, aparecen convulsiones. Es la combinación de fiebre alta y cabeza — y no la fiebre por sí sola — lo que distingue el golpe del agotamiento. A esa temperatura empiezan a dañarse las células del cerebro, del hígado, del riñón y del músculo, y cuanto más se mantiene, más secuelas irreversibles quedan.
Una corrección importante a la idea más extendida: en el golpe de calor la piel no está necesariamente seca y ardiendo. Así ocurre en personas mayores que se han sobrecalentado en casa con la vivienda cerrada. Pero un joven que se ha sobrecalentado entrenando o en una obra a menudo sigue sudando a chorros, y eso no debe tranquilizar a nadie. Guíese por la cabeza, no por la sequedad de la piel.
Señales por las que se reconoce el sobrecalentamiento
El agotamiento por calor empieza de forma difusa y es fácil atribuirlo al cansancio:
- debilidad, apatía, sensación de piernas de trapo;
- mareo, visión que se oscurece, dolor de cabeza;
- náuseas y a veces vómitos;
- sudoración abundante, con la piel pálida, pegajosa y fresca al tacto;
- sed intensa, boca seca, orina escasa y oscura;
- calambres en las pantorrillas, los muslos y el abdomen;
- pulso rápido y respiración acelerada;
- irritabilidad: en los niños a veces es el único signo temprano, simplemente empiezan a protestar y dejan de jugar.
En los niños muy pequeños y en los mayores el cuadro es aún más pobre: el lactante se queda flojo, mama mal y tiene el pañal seco, y la persona mayor se vuelve somnolienta y lenta. En ambos casos, visto desde fuera, no parece un golpe de calor sino un «algo no va bien», y precisamente por eso durante una ola de calor hay que visitar a estas personas y tocarlas, no preguntarles por teléfono si están bien.
Qué hacer en la primera media hora
Los pasos son sencillos y hay que darlos de inmediato, sin esperar a ver si se pasa solo.
- Saque a la persona del calor: a la sombra, a un interior, a un coche con aire acondicionado.
- Túmbela y elévele las piernas.
- Quítele la ropa sobrante y el calzado, y aflójele todo lo que apriete.
- Enfríele la piel: mójela con agua fresca, pulverícela, envuélvala en una sábana húmeda y abaníquela. Las bolsas de hielo, envueltas en un paño, van en el cuello, las axilas y las ingles, donde los vasos pasan cerca de la superficie.
- Si está plenamente consciente, dele de beber agua fresca y, si ha sudado mucho, mejor una bebida con sales. A sorbos pequeños y frecuentes, no de un trago.
- Quédese a su lado hasta que mejore y vigile cómo habla y cómo se comporta.
Lo que no hay que hacer: no dé de beber a quien esté confuso, somnoliento o vomitando, porque el líquido se le irá a la vía respiratoria. No frote la piel con alcohol. No dé antitérmicos: en el sobrecalentamiento no sirven, porque aquí la temperatura no ha subido por una inflamación, sino por un exceso de calor externo. Y no dé pastillas de sal.
Al cabo de media hora la persona debería estar claramente mejor. Si no hay mejoría, considérelo un golpe de calor y llame a una ambulancia.
Cuándo es golpe de calor y hace falta una ambulancia
Llame a una ambulancia (en Europa, al número único 112) si alguien que se ha sobrecalentado presenta:
- habla confusa, conducta extraña, no reconoce a los suyos o no sabe dónde está;
- somnolencia excesiva de la que cuesta sacarlo, o pérdida de conocimiento;
- convulsiones;
- temperatura corporal muy alta;
- piel caliente y enrojecida que ha dejado de sudar;
- respiración rápida y superficial, falta de aire, pulso acelerado o irregular;
- vómitos que impiden beber;
- media hora de reposo al fresco, con líquidos y refrigeración, sin ninguna mejoría.
Mientras llega la ambulancia no deje de enfriar: eso es el tratamiento principal y, empezado en el sitio, salva más que cualquier otra cosa. Desnude, moje con agua fresca, abanique, aplique hielo envuelto en tela. Si la persona está inconsciente pero respira, colóquela de lado para que no se ahogue con un vómito. No intente llevarla usted mismo: por el camino no podrá ni refrigerarla ni vigilar su respiración.
Quién se sobrecalienta antes que los demás
El riesgo no se reparte por igual, y en casi toda familia hay alguien a quien conviene vigilar de cerca durante una ola de calor:
- los lactantes y los niños de hasta tres o cuatro años: sudan peor que los adultos y no pueden irse solos a la sombra ni pedir agua;
- las personas mayores, sobre todo si viven solas: con los años se percibe peor la sed y los vasos responden peor al calor;
- quienes tienen enfermedades del corazón, del pulmón o del riñón, diabetes o exceso de peso;
- quienes toman diuréticos, fármacos para la tensión, algunos antidepresivos, neurolépticos y medicamentos con efecto secante, muchos de los cuales reducen la sudoración o el volumen de líquido corporal;
- quienes trabajan o entrenan al calor, sobre todo los primeros días: el cuerpo necesita una semana y media o dos para adaptarse a un clima nuevo o al inicio del verano;
- quienes ya tienen fiebre por una infección, un trastorno intestinal o resaca: llegan al calor deshidratados.
Y una línea aparte que nunca se repite demasiado: a un niño no se le deja en un coche cerrado ni cinco minutos, ni a la sombra ni con la ventanilla entreabierta. El habitáculo se calienta más deprisa de lo que parece y el golpe de calor en un niño se instala en cuestión de minutos. Lo mismo vale para los animales.
Cómo evitar llegar a ese punto
Todo lo que ayuda es sabido y aburrido, pero en una semana de calor funciona mejor que cualquier medicamento.
- Beba con regularidad, sin esperar a tener sed. Una referencia sencilla es el color de la orina: clara significa que va sobrado de líquido; escasa y oscura, que toca beber.
- Planifique los paseos, el deporte y el trabajo al aire libre para primera y última hora, y pase las horas de más calor a la sombra o bajo techo.
- Use ropa ligera, holgada y clara, cúbrase la cabeza y aplique protector solar: la piel quemada disipa peor el calor.
- No abuse del alcohol: deshidrata y embota la percepción del sobrecalentamiento. El café cargado tampoco es la mejor idea con calor.
- En casa cierre de día las cortinas y las ventanas de la cara soleada, ventile de noche y apague los aparatos que calientan. El ventilador ayuda mientras el aire no esté demasiado caliente; si la habitación ronda los cuarenta grados, es más útil pasar unas horas en un sitio con aire acondicionado.
- Coma más agua en forma de comida: verduras, fruta, sopas. La sal de la dieta habitual cubre las pérdidas por el sudor y no hacen falta suplementos salinos.
- En esfuerzos largos con calor beba también bebidas con sales y no solo agua: llenarse durante horas únicamente de agua deja poca sal en la sangre, y esa situación tiene su propio peligro.
- Si viaja a un país caluroso o arranca la temporada de entrenamientos, entre en carga poco a poco y los primeros días a medio gas.
Y vaya a ver a quien no va a quejarse solo: familiares mayores, vecinos que viven solos, niños pequeños. Un timbrazo en plena ola de calor vale a veces más que todo lo demás de esta lista.
Consulta en línea
A distancia se resuelve bien todo lo que rodea al golpe de calor, antes y después. El médico ayuda a entender qué ocurrió el día anterior si alguien se encontró mal con el calor y si cabe esperar consecuencias; repasa cuáles de sus medicamentos habituales se toleran peor en verano y qué conviene consultar con su médico de cabecera antes de la estación cálida o de un viaje; y orienta sobre cómo organizar la ingesta de líquidos en una enfermedad del corazón o del riñón, donde el simple «beba más» es un mal consejo. También es el sitio para hablar de cómo entrenar con seguridad en verano y de cómo cuidar a un familiar mayor en pleno agosto. Lo que no se atiende por pantalla es el episodio mismo con alteración de la conciencia, convulsiones o temperatura muy alta: eso es llamar a una ambulancia sin más discusión.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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