Actinomicosis
La actinomicosis es una infección rara y de curso lento causada por bacterias que viven de forma permanente en la boca, el intestino y las vías genitales.
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Medicamentos comúnmente prescritos para Actinomicosis
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, 500 mgPrincipio activo: AzitromicinaFabricante: Laboratorios Alter S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 1000 mgPrincipio activo: AmoxicilinaFabricante: Laboratorio Reig Jofre, S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, 250 MGPrincipio activo: AmoxicilinaFabricante: Sandoz Farmaceutica S.A.Requiere receta
La actinomicosis es una infección rara y de curso lento causada por bacterias que viven de forma permanente en la boca, el intestino y las vías genitales. Mientras la mucosa está intacta resultan inofensivas. La enfermedad arranca allí donde esa barrera se rompe: junto a un diente destruido, en la sutura de una cirugía, en un tejido lesionado. Avanza durante semanas y meses, y su rasgo principal es la capacidad de parecer otra cosa, casi siempre un tumor. La actinomicosis no se contagia de una persona a otra.
Por qué las bacterias propias acaban haciendo daño
Estos microorganismos toleran mal el oxígeno, así que necesitan tejidos densos y profundos sin aire. Un arañazo corriente no crea ese ambiente; un diente destruido, el alvéolo tras una extracción, una sutura abdominal o un tejido irradiado, sí.
Lo que con más frecuencia les abre camino:
- caries profunda, inflamación alrededor de la raíz del diente, extracciones, fracturas y golpes en la mandíbula;
- paso de comida o de contenido gástrico a las vías respiratorias;
- cirugías y perforaciones abdominales, incluidas las que siguen a una apendicitis;
- un dispositivo intrauterino colocado más tiempo del recomendado;
- radioterapia de cabeza y cuello, que daña la mucosa y el hueso.
El riesgo es mayor con diabetes mal controlada, inmunidad debilitada, consumo excesivo y habitual de alcohol y desnutrición. En una persona sana y con la boca cuidada, la probabilidad de enfermar es muy baja.
Qué aspecto tiene
El cuadro depende de dónde se haya asentado la infección. Todas las formas comparten algo: un bulto duro que crece despacio, que al principio casi no duele y que no cede con tandas cortas de antibiótico.
- Mandíbula, mejilla, cuello. Es la forma más frecuente. Aparece un abultamiento firme cerca del ángulo de la mandíbula que dificulta abrir la boca y masticar. La piel de encima se enrojece y adquiere un tono violáceo, y más tarde se abre una fístula por la que sale pus. En el pus se ven a veces granos amarillos diminutos: son acúmulos de las propias bacterias.
- Tórax. Tos prolongada, a veces con esputo y sangre, dolor torácico, falta de aire, sudores nocturnos y pérdida de peso. La fístula puede salir al exterior a través de la pared del tórax.
- Abdomen. Una masa dura, más a menudo en la parte baja derecha, dolor sordo, alteración del ritmo intestinal, fiebre y pérdida de peso. A veces la fístula se abre en la pared abdominal.
- Pelvis. Suele asociarse a un dispositivo intrauterino antiguo: dolor bajo en el abdomen, flujo inusual, sangrado fuera del ciclo y una zona endurecida en la pelvis.
Por qué a menudo se confunde con un tumor
Este es el rasgo más importante de la enfermedad y conviene conocerlo de antemano. La actinomicosis no respeta los límites anatómicos: se extiende directamente a través del músculo, la grasa y el hueso sin distinguir planos, y en las imágenes se parece a un tumor que infiltra. Ni la tomografía computarizada ni la resonancia magnética la separan con seguridad de un cáncer o de una tuberculosis.
Por eso no es raro que se prepare a estos pacientes para una cirugía por una supuesta lesión maligna y que el diagnóstico real se aclare después, con el estudio del tejido extirpado. También ocurre el error contrario: un bulto duro en el cuello se trata durante meses con tandas cortas de antibiótico, mengua un poco y vuelve a aparecer.
La conclusión práctica es sencilla: si un bulto firme o una fístula que no cierra no se comportan como el médico espera, cabe preguntar con calma si se ha considerado la actinomicosis y si se ha tomado muestra para cultivo en condiciones sin oxígeno.
Cuándo acudir al médico
- un endurecimiento en la mejilla, junto a la mandíbula o en el cuello dura más de dos o tres semanas;
- se ha abierto en la piel un orificio por el que rezuma pus y no cierra;
- la tos persiste más de un mes, sobre todo junto con dolor torácico y pérdida de peso;
- una masa dolorosa en el abdomen se acompaña de fiebre y de cambios en el ritmo intestinal;
- aparecen flujo inusual o dolor bajo en el abdomen y el dispositivo intrauterino lleva colocado mucho tiempo.
Busque atención sin demora si sube la fiebre con escalofríos, si la hinchazón del cuello impide abrir la boca, tragar o respirar, o si el dolor abdominal se agrava de golpe. Una hinchazón del suelo de la boca y del cuello que avanza deprisa es peligrosa por sí misma, sea cual sea la bacteria que la cause.
Cómo se confirma el diagnóstico
Lo más fiable es el cultivo del material del foco en condiciones sin oxígeno junto con el estudio del tejido al microscopio. Ambos métodos tienen una trampa que conviene conocer.
El cultivo tarda en crecer, hasta dos semanas, y se malogra con facilidad: si los antibióticos se empezaron antes de tomar la muestra, las bacterias no crecen y el resultado llega negativo pese a una enfermedad evidente. Un frotis de la fístula abierta tampoco aporta gran cosa, porque allí abunda la flora ajena. Lo valioso es el material obtenido del fondo del foco mediante punción o durante la cirugía, antes de iniciar el antibiótico.
La tomografía computarizada o la resonancia magnética hacen falta para ver el tamaño del foco, los trayectos y los abscesos, pero por sí solas no dan el diagnóstico. Los análisis de sangre únicamente reflejan la inflamación.
Por qué los antibióticos se pautan durante meses
El tratamiento se apoya en antibióticos del grupo de las penicilinas, a los que estas bacterias son sensibles. En las formas graves se empieza por vía intravenosa en el hospital y luego se pasa a comprimidos. Si hay alergia a las penicilinas, el médico elige un sustituto de otros grupos, casi siempre tetraciclinas, lincosamidas o macrólidos.
La pauta es larga, habitualmente de varios meses. El motivo no es la resistencia de las bacterias, sino que se alojan en tejido cicatricial denso al que el fármaco llega mal. La mejoría visible aparece mucho antes de que el foco quede limpio, y por eso abandonar el tratamiento antes de tiempo termina tan a menudo en recaída.
El cirujano interviene cuando hay un absceso grande que drenar, trayectos fistulosos largos o tejido muerto. En la forma pélvica se retira el dispositivo intrauterino. El médico puede acortar la duración si el foco se ha eliminado por completo; es una decisión que se toma sobre la marcha del seguimiento.
Con tratamiento a tiempo el pronóstico es bueno: la enfermedad se cura, aunque exige bastante paciencia.
Qué reduce el riesgo
No existe una prevención específica, sino medidas corrientes que cierran la puerta de entrada.
- tratar las caries, no dejar pasar la inflamación alrededor de un diente y limpiar a diario los dientes y los espacios entre ellos;
- no aplazar la visita al dentista tras un golpe en la mandíbula o una extracción complicada;
- cambiar el dispositivo intrauterino en el plazo que indique el médico y no dejarlo «un par de años más»;
- mantener controlada la glucemia en caso de diabetes.
Consulta en línea
En la consulta en línea el médico repasa desde cuándo existe el bulto y cómo ha ido cambiando, valora si hay motivos para buscar una infección poco común, explica qué pruebas tiene sentido hacer y en qué orden, e indica a qué especialista acudir de forma presencial.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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