Ojo rojo
El ojo rojo es una molestia con la que casi nadie corre. Y muchas veces no hace falta: el enrojecimiento por una noche sin dormir, por el viento, por horas…
En esta página
- El ojo rojo con el que se puede perder visión
- Una regla aparte para quien usa lentillas
- Traumatismos y salpicaduras de productos químicos
- Cómo es una conjuntivitis corriente
- Causas inofensivas que asustan más de lo que deberían
- Lo que no hay que hacer
- Quién necesita revisión aunque el ojo no duela
- Consulta en línea
Medicamentos comúnmente recetados para Ojo rojo
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de tomar cualquier medicamento.
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El ojo rojo es una molestia con la que casi nadie corre. Y muchas veces no hace falta: el enrojecimiento por una noche sin dormir, por el viento, por horas de pantalla o por un vasito que se ha roto se va solo. Pero bajo esa misma señal se esconden unos cuantos cuadros en los que el ojo pierde visión en unos días y a veces en unas horas. Distinguirlos no es difícil, y toda la diferencia se apoya en tres cosas: si el ojo duele, si la visión ha cambiado y cómo reacciona el ojo a la luz.
El ojo rojo con el que se puede perder visión
Acude al médico el mismo día —y si el comienzo es brusco, llama a una ambulancia al número europeo único 112 o al número local— si el enrojecimiento va acompañado de alguno de estos signos:
- dolor dentro del propio ojo, no solo escozor o sensación de arenilla: un dolor profundo y sordo que se irradia a la ceja y a la sien;
- fotofobia: mirar una lámpara o la ventana duele y el ojo se cierra solo;
- la visión ha empeorado: se ve borroso, hay niebla, una mancha, halos o círculos de colores alrededor de las luces;
- el rojo forma un anillo alrededor del iris en lugar de repartirse por todo el blanco del ojo;
- la pupila ha cambiado de forma, está irregular, es de distinto tamaño que la del otro ojo o ya no se cierra con la luz;
- dolor de cabeza intenso con náuseas y vómitos junto a un ojo rojo y doloroso;
- en la córnea, la cúpula transparente que cubre el iris, se ve un punto o una mancha blanquecina;
- sale mucha secreción purulenta o los párpados están tan hinchados que el ojo no se abre;
- el ojo se ha puesto rojo tras un golpe, una salpicadura de un producto químico o una operación reciente.
Detrás de este grupo están la uveítis, el ataque agudo de glaucoma, la queratitis y la úlcera corneal, además de una conjuntivitis infecciosa grave que ha afectado a la córnea. Todos se tratan si se empieza a tiempo, y todos dejan una pérdida de visión permanente si se espera.
Una regla aparte para quien usa lentillas
Un ojo rojo con dolor o con pérdida de visión en alguien que lleva lentillas no es lo mismo que un ojo rojo sin ellas. La lentilla crea las condiciones para una queratitis microbiana, y esa puede destruir la córnea en uno o dos días. Por eso la regla es sencilla y no tiene excepciones:
- quítate la lentilla en cuanto el ojo duela o se ponga rojo;
- no te la vuelvas a poner «un rato» para llegar a casa o terminar la jornada;
- que te vea un oftalmólogo el mismo día, no varios días después;
- llévate el estuche, la solución y la caja de las lentillas: le servirán al médico;
- no intentes aguantar con las gotas que te quedaron de la vez anterior.
Merece la misma cautela si has dormido con las lentillas puestas, las has enjuagado con agua del grifo, te has bañado con ellas o las has usado más tiempo del indicado.
Traumatismos y salpicaduras de productos químicos
Si al ojo le ha entrado detergente, cal, disolvente, pegamento, un ácido o un álcali, hay que lavarlo de inmediato y durante mucho tiempo. No busques una solución especial ni llames primero a nadie: pon el ojo bajo un chorro suave de agua limpia y fresca y lávalo al menos veinte minutos, separando los párpados con los dedos y girando el ojo en todas las direcciones. Los primeros minutos deciden más que todo el tratamiento posterior. Los polvos y la cal se sacuden primero con un paño seco y solo después se lava. Aun así hace falta una revisión, y es útil llevar el envase del producto.
Ante un golpe en el ojo, un corte en el párpado o la entrada de un cristal, una viruta metálica o una partícula de amolado se actúa al contrario: no se lava nada y no se saca nada. No se toca el objeto clavado, no se presiona el ojo, no se frota ni se intenta mirar de cerca; se cubre con algo rígido sin apoyarlo y se va al hospital. Si el golpe ocurrió trabajando con una radial o un martillo sin gafas, hay que revisarlo aunque la molestia sea mínima: una esquirla puede entrar dentro del ojo casi sin dolor.
Cómo es una conjuntivitis corriente
La versión inofensiva también tiene su patrón reconocible. El rojo es difuso, repartido por todo el blanco del ojo y más intenso cerca de los párpados. Hay picor, escozor, sensación de arenilla y secreción: acuosa cuando la causa es viral, espesa y capaz de pegar las pestañas por la mañana cuando es bacteriana. Y, sobre todo, la visión no se altera y no hay dolor verdadero. Si te limpias el ojo y la niebla desaparece, era una película de secreción y no una pérdida de visión.
La conjuntivitis viral empieza a menudo en un ojo y en uno o dos días pasa al otro, va con catarro y con un ganglio aumentado delante de la oreja. Se cura sola en una o dos semanas y el tratamiento se limita a compresas frescas y lágrimas artificiales sin conservantes. La alérgica produce mucho picor e hinchazón, afecta a los dos ojos a la vez y coincide con la estación o con el contacto con un animal. La bacteriana necesita gotas que indica el médico.
Todo esto es muy contagioso. Durante la enfermedad conviene usar toalla propia, lavarse las manos a menudo y dejar las lentillas y el maquillaje de ojos; el maquillaje que hayas usado los primeros días es mejor tirarlo.
Causas inofensivas que asustan más de lo que deberían
- Vaso sanguíneo roto. Una mancha roja intensa y bien delimitada en el blanco del ojo, como pintura derramada. No duele, no cambia la visión y se reabsorbe en una o dos semanas cambiando de color como un moratón. Si se repite a menudo, conviene revisar la tensión arterial y la coagulación.
- Ojo seco. Escozor, sensación de arenilla, lagrimeo paradójico, peor al final del día, conduciendo, en el avión y tras horas de pantalla. Ayudan las pausas, humedecer el ambiente y las lágrimas artificiales.
- Blefaritis. Bordes de los párpados rojos y con picor, escamas y costras en la raíz de las pestañas, párpados pegados al despertar. La base del tratamiento son las compresas tibias y la higiene diaria del párpado.
- Orzuelo y chalazión. Un bultito doloroso en el párpado o la bolita firme e indolora que queda después.
- Pestaña encarnada o una pequeña mota bajo el párpado superior: sensación de cuerpo extraño, lagrimeo y enrojecimiento de un solo lado.
- Irritación por humo, agua de piscina, cosméticos, colirios o polvo.
Lo que no hay que hacer
- No uses gotas vasoconstrictoras «para el enrojecimiento». No quitan la causa, solo su único signo visible, y de paso disimulan un ojo que había que enseñar hoy mismo al médico. Con el uso repetido el blanco del ojo se pone cada vez más rojo en cuanto se agota el efecto de la gota.
- No uses gotas con corticoides sin que te hayan visto. Los corticoides se indican de verdad en algunas inflamaciones, pero solo después de que el médico haya examinado la córnea. En una queratitis herpética dejan que el virus avance y pueden arruinar el ojo, y a largo plazo suben la presión intraocular.
- No uses las gotas de otra persona ni «completes» un antibiótico que te sobró de otra ocasión.
- No te frotes el ojo ni le apliques calor si hay dolor o secreción purulenta.
- No laves el ojo con té, saliva, leche materna ni preparados caseros.
- No lleves lentillas ni te maquilles los ojos hasta que el enrojecimiento haya desaparecido del todo.
Quién necesita revisión aunque el ojo no duela
- Los recién nacidos y los lactantes. Un ojo rojo con secreción en las primeras semanas de vida se valora con urgencia: puede ser una infección adquirida en el parto.
- Los niños pequeños, si el ojo se pone rojo con fiebre, con el párpado hinchado o el niño cierra los ojos por la luz.
- Las personas con las defensas bajas, en quimioterapia o con fármacos que frenan el sistema inmunitario.
- Quienes tienen artritis reumatoide, espondilitis, enfermedad inflamatoria intestinal o sarcoidosis: en ellos, un ojo rojo y doloroso que se repite es un comienzo típico de uveítis.
- Quienes se han operado del ojo o han recibido una inyección intraocular hace poco.
- Cualquier persona con un enrojecimiento que dure más de una semana o que vuelva una y otra vez en el mismo ojo.
Consulta en línea
La consulta en línea ayuda bien a decidir a cuál de los dos grupos pertenece tu caso: el médico preguntará por el dolor, la luz, la visión y las lentillas, mirará el ojo por la cámara, valorará si hay secreción y qué aspecto tiene el enrojecimiento, y te dirá con claridad si se puede observar en casa o hay que ver hoy a un oftalmólogo. También revisará lo que ya te hayas puesto y explicará cómo cuidar los párpados en la blefaritis y en el ojo seco.
Lo que no se puede hacer por pantalla es la exploración con lámpara de hendidura y la tinción de la córnea. Por eso, con dolor en el ojo, fotofobia, pérdida de visión, pupila alterada, traumatismo o enrojecimiento en alguien que lleva lentillas, la consulta en línea no sirve: hace falta una visita presencial el mismo día.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.





