Dolor en el codo y el brazo
El codo es una articulación poco agradecida. Es pequeña, trabaja todo el día y casi nunca descansa, y además por ella pasan tres nervios y en ella se anclan…
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Medicamentos comúnmente recetados para Dolor en el codo y el brazo
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de tomar cualquier medicamento.
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El codo es una articulación poco agradecida. Es pequeña, trabaja todo el día y casi nunca descansa, y además por ella pasan tres nervios y en ella se anclan los tendones de todos los músculos del antebrazo. Por eso el dolor de esta zona suele ser mecánico: algo se sobrecargó, algo se rozó, algo recibió un golpe. Pero el brazo tiene una particularidad que la rodilla no comparte: puede doler por motivos que nada tienen que ver con el brazo. Una misma franja de antebrazo es capaz de doler por culpa del cuello, por culpa del hombro y, con menos frecuencia pero justo por eso de manera más peligrosa, por culpa del corazón. Por ahí empieza esta página; el codo propiamente dicho viene después.
Cuando el dolor de brazo no va del brazo
Un infarto no siempre se parece a alguien agarrándose el pecho. Con bastante frecuencia se siente como pesadez, dolor sordo, opresión o ardor en el brazo izquierdo, bajando desde el hombro, a veces hasta el codo, a veces hasta los dedos. El dolor es sordo y difuso, cuesta señalarlo con un dedo, y no cambia con la postura del brazo ni con que lo muevas o no. Esa es la diferencia clave con un codo enfermo: el codo duele al moverse, el corazón duele por su cuenta.
Llama a una ambulancia — el 112 es el número único de emergencias en Europa — si el dolor o la pesadez en el brazo:
- aparecieron de repente y duran más de unos minutos, sobre todo en reposo;
- van acompañados de presión, opresión o ardor detrás del esternón;
- se extienden a la mandíbula, al cuello, a la espalda entre los omóplatos o a los dos brazos a la vez;
- se acompañan de falta de aire, sudor frío, náuseas, debilidad brusca o sensación de angustia;
- aparecen con el esfuerzo — subir escaleras, andar deprisa — y ceden con el reposo: así se manifiesta la angina de pecho, y también requiere atención urgente.
Dos advertencias merecen línea propia. La primera: en las personas mayores, en las personas con diabetes y en las mujeres, el infarto cursa con más frecuencia sin dolor torácico intenso, y solo quedan el brazo, la falta de aire, la debilidad y el mareo. La segunda: no conduzcas tú para llegar antes. Espera a la ambulancia en reposo, semiincorporado. Si alguien a tu lado pierde el conocimiento y no respira con normalidad, empieza las compresiones torácicas.
Dolor por fuera del codo y dolor por dentro
Es el par de causas más frecuente, y se distinguen con una prueba sencilla: por el lado que duele.
Codo de tenista: duele el saliente óseo de la cara externa del codo y el dolor baja por el antebrazo. Empeora cuando extiendes la muñeca o aprietas con la mano: girar una llave, escurrir un trapo, levantar una taza, dar un apretón de manos. Estirar el brazo del todo resulta difícil y molesto. El tenis suele no tener nada que ver: quienes lo padecen son pintores, cocineros, mecánicos, peluqueros, cualquiera que pase el día con un ratón o un destornillador.
Codo de golfista: la misma historia en la cara interna del codo. Duele cuando la muñeca se flexiona: atornillar, cargar una bolsa, hacer flexiones, lanzar una pelota.
En ambos casos lo que sufre no es la articulación, sino el punto donde el tendón se ancla al hueso: está sobrecargado y se repara mal, porque allí el riego es escaso. De ahí salen dos consecuencias prácticas. La recuperación es lenta y se cuenta en meses y no en días, y eso no significa que el tratamiento haya fallado. Y el remedio principal no es una pastilla, sino modificar la carga que provoca el dolor; los ejercicios ayudan de verdad en este tipo de problemas, pero debe elegirlos para tu brazo un médico o un fisioterapeuta, no una página web.
Un bulto en la punta del codo
Si en el vértice mismo del codo se ha hinchado una bolsa blanda del tamaño de una cereza o de una ciruela, es casi seguro una bursitis del olécranon: se ha inflamado la bolsa que amortigua el roce de la piel contra el hueso. Puede alcanzar un tamaño sorprendente sin apenas doler, y el brazo sigue flexionándose y estirándose con normalidad. Los culpables habituales son apoyarse mucho rato en los codos, un golpe y, a veces, la gota o la artritis reumatoide.
Hay un peligro, y conviene conocerlo. Las bacterias entran por un rasguño y el cuadro cambia: la piel sobre el bulto se pone roja y caliente, aparece dolor de verdad, sube la fiebre y el enrojecimiento avanza brazo arriba. Una bursitis infectada necesita médico el mismo día, no observación.
Aparte está la artritis séptica, es decir, pus dentro de la propia articulación. Aquí el codo se hincha entero, cualquier movimiento provoca un dolor agudo, la persona tirita y la fiebre es alta. Es una urgencia que se mide en horas: sin tratamiento rápido la articulación se destruye.
Adormecimiento y debilidad en la mano
Cuando al dolor se suma el adormecimiento, la conversación pasa a ser sobre nervios, y los dedos que se duermen dicen cuál es el nervio.
- El meñique y la mitad del anular, con una franja a lo largo del borde interno del antebrazo: es el nervio cubital en su canal de la cara interna del codo, allí donde da el calambrazo el llamado hueso de la risa. Un detalle revelador es que empeora cuando el codo pasa mucho rato doblado: en la cama, al volante, con el teléfono pegado a la oreja. El caso avanzado se ve en la mano: el músculo entre el pulgar y el índice se hunde, los dedos se separan mal, los objetos pequeños se escurren.
- El pulgar, el índice, el medio y la mitad del anular, sobre todo de noche, con ganas de sacudir la mano hasta que se calme: es el síndrome del túnel carpiano, un problema de la muñeca y no del codo, aunque el dolor sordo suba a menudo por el antebrazo.
Lo importante aquí es no dejarlo pasar. Mientras solo esté afectada la sensibilidad, los nervios se recuperan bien. Una debilidad persistente y la pérdida de masa muscular en la mano significan que el nervio ya está dañado, y a partir de ese momento el tiempo juega en contra: esos cambios no siempre vuelven atrás, y rara vez del todo.
Cuando la culpa es del cuello o del hombro
El dolor referido pasa desapercibido con facilidad, porque duele donde no hay nada roto.
El cuello. Una raíz nerviosa comprimida en el cuello da un dolor que recorre una franja y no una mancha: del cuello al omóplato y al hombro, y de ahí brazo abajo hasta unos dedos concretos. Es un dolor lancinante, a menudo quemante, que empeora al girar o inclinar la cabeza, al toser y al estornudar, y que a veces alivia si apoyas la mano sobre la cabeza. Suele acompañarse de adormecimiento y de debilidad de un movimiento concreto: cuesta levantar el brazo, por ejemplo, o extender la muñeca. El codo, mientras tanto, está sano al tacto.
El hombro. Los problemas del manguito de los rotadores y el hombro congelado no se quedan en el hombro: el dolor baja por la cara externa del brazo hasta la mitad más o menos y ahí se detiene. Sospecha del hombro si duele levantar el brazo de lado, dormir sobre ese costado, alcanzar un estante alto o llevar la mano a la espalda, mientras que presionar el codo no produce nada.
Se comprueba en un minuto: si apretar el codo y moverlo no duelen, pero mover el cuello o el hombro sí, no hay que buscar en el codo.
Después de una lesión
Los golpes y los esguinces se resuelven solos. Las señales de que hay algo más son bastante evidentes, pero la esperanza las tapa a menudo:
- el brazo no funciona tras la caída: no se puede doblar, estirar ni girar el antebrazo con la palma arriba y abajo;
- el codo se ve torcido, con hueso saliente donde no debería;
- la hinchazón apareció en los primeros minutos y no al día siguiente;
- el dolor es intenso y ni siquiera deja sostener el brazo;
- la mano se adormece, se pone pálida o fría, y el pulso en la muñeca se palpa peor que en el otro lado.
El último punto es urgente: apunta a compresión de vasos o de un nervio, y ahí hace falta una ambulancia. Los niños merecen mención aparte: un niño que se ha caído sobre el brazo estirado y luego no lo usa y lo mantiene pegado al cuerpo debe ser examinado el mismo día, aunque por fuera todo parezca tranquilo.
Qué es razonable hacer por tu cuenta
Mientras no se conozca la causa, la autoayuda se reduce a unas pocas cosas, todas inofensivas.
- Retira el movimiento que reproduce el dolor. Ese movimiento en concreto, no el brazo entero: el reposo absoluto suele perjudicar al dolor de origen tendinoso.
- Frío tras una lesión reciente y en los primeros días de un brote, siempre a través de un paño y nunca sobre la piel desnuda. El calor sienta mejor al dolor antiguo con rigidez. No hay regla universal: guíate por lo que de verdad alivia.
- Para el dolor, paracetamol o un antiinflamatorio no esteroideo, incluido en forma de gel sobre la zona dolorida. Consulta la elección y la dosis con el médico o el farmacéutico, sobre todo si tienes problemas de estómago o de riñón o tomas algo de forma habitual.
- Eleva el brazo si está hinchado.
- Revisa el puesto de trabajo y las costumbres: la altura de la mesa, el apoyo para el antebrazo, el grosor del mango de una herramienta, dormir con los brazos doblados bajo la barbilla, sujetar el teléfono con la oreja. Detalles así resuelven más de lo que parece.
Lo que no conviene hacer: masajear la zona dolorida a través de un dolor fuerte, intentar «quitarse» andando una lesión reciente, o seguir cargando el brazo mientras se aguanta el dolor con analgésicos; así una lesión leve del tendón se vuelve crónica.
Cuándo acudir al médico
El mismo día ante una bursitis infectada o la sospecha de infección articular, ante una lesión con deformidad o un brazo que no funciona, ante adormecimiento con debilidad creciente y ante cualquier sospecha cardíaca. De forma programada si el dolor dura más de dos o tres semanas, si despierta por la noche, si el brazo pierde fuerza, si la articulación vuelve a hincharse sin motivo, o si el dolor se acompaña de fiebre, pérdida de peso y dolor en otras articulaciones: esa última combinación se parece menos a una sobrecarga que a una enfermedad general.
En la consulta el médico explora no solo el codo, sino también el cuello, el hombro y la mano, y comprueba la fuerza y la sensibilidad; la radiografía y la ecografía se piden cuando están indicadas, no a todo el mundo. Hay otro beneficio en acudir: muchos dolores de este tipo no se tratan con pastillas, sino repasando tu jornada para ver dónde se sobrecarga el brazo y cómo cambiarlo.
Consulta en línea
Buena parte del trabajo con el dolor de brazo es preguntar: dónde duele exactamente, con qué movimiento, qué hiciste el día anterior, hacia dónde se extiende, si algo se adormece y qué dedos en concreto. Todo eso se precisa muy bien a distancia, y el médico ayudará a separar el codo del cuello, del hombro y de la muñeca, te enseñará qué movimientos comprobar por ti mismo, explicará qué significa tu cuadro, indicará a qué especialista acudir y qué tiene sentido hacer antes — una radiografía, una ecografía o nada —, repasará las cargas en el trabajo y en casa y te ayudará a leer los informes que ya tengas.
Los límites del formato hay que decirlos con claridad: a través de una pantalla nadie palpa una articulación, ni comprueba la fuerza contra resistencia, ni diagnostica una lesión traumática. Y lo más importante: ante la sospecha de un infarto, ante un brazo que no funciona tras una caída y ante una mano que se enfría y se adormece hace falta una ambulancia, no una conversación escrita.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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