Virus sincitial respiratorio (VSR)
El VSR es uno de los virus de invierno más corrientes, y casi todos los niños lo pasan antes de cumplir dos años.
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El VSR es uno de los virus de invierno más corrientes, y casi todos los niños lo pasan antes de cumplir dos años. En un adulto o en un escolar parece un catarro que se alarga, y a nadie se le ocurre ponerle nombre. Toda la atención que recibe se explica por un grupo concreto: en los niños del primer año ese mismo virus baja más abajo y provoca una bronquiolitis, y ahí los padres necesitan saber con exactitud qué vigilar y ante qué señales hay que ir al hospital en vez de esperar a mañana. De eso trata este texto, junto con lo que en la bronquiolitis no funciona aunque se recete a menudo.
Un virus, dos enfermedades distintas
En adultos, adolescentes y niños mayores el VSR cursa como un resfriado con tos: nariz tapada, estornudos, dolor de garganta, algo de fiebre, cansancio. Dura una semana o semana y media, y la tos puede alargarse más. A ese catarro no se le pone un nombre aparte y no se suele buscar el virus, porque no cambia nada.
La inmunidad tras la infección es corta e incompleta, así que el VSR se pasa una y otra vez a lo largo de la vida, cada vez de forma más leve. Son los adultos quienes con más frecuencia lo llevan a casa, sin sospechar que su resfriado corriente no tiene nada de corriente para el bebé que vive en el mismo piso.
En los niños del primer año las vías respiratorias son todavía muy estrechas. El virus baja hasta los bronquios más pequeños, su mucosa se hincha, la luz se llena de moco y al aire le cuesta tanto entrar como salir. Eso es la bronquiolitis. Empieza como el mismo catarro y al segundo o tercer día se le añaden tos, respiración silbante o con borboteo y respiración acelerada.
Cómo suele transcurrir la bronquiolitis
La enfermedad tiene un curso bastante previsible, y conocerlo sirve para no asustarse con lo normal y no pasar por alto lo que no lo es.
Los dos primeros días son un catarro corriente. Después la tos y la respiración empeoran, y lo más duro son el tercer, el cuarto y el quinto día; en esos días se concentra la mayoría de las consultas hospitalarias. Luego la respiración se va normalizando, mientras que la tos se queda dos o tres semanas más, a veces más tiempo, y eso es normal y no significa que el niño no esté mejorando.
La inmensa mayoría de los niños pasan la bronquiolitis en casa. Al hospital llega una minoría, y allí las razones principales son sólo dos: al niño le falta oxígeno o ha dejado de beber lo suficiente. Y eso es sobre todo lo que se le da en el hospital, oxígeno y líquidos, mientras el virus sigue su curso.
Señales con las que hay que ir al hospital
Hay que mirar la respiración y las tomas, no la fiebre. Prepárese para salir si ve algo de esto:
- la piel se hunde entre las costillas, por debajo de ellas o en el hueco de encima del esternón en cada inspiración;
- las aletas de la nariz se abren al respirar;
- el niño emite un quejido al soltar el aire, un sonido corto en cada espiración;
- respira muy deprisa: en un bebé, más de sesenta respiraciones por minuto estando tranquilo;
- aparecen pausas en la respiración, con el niño quieto varios segundos sin respirar;
- la piel alrededor de la boca, los labios o la lengua se ponen azulados o grises;
- el niño toma menos de la mitad de lo habitual en varias tomas seguidas, o no puede succionar porque se ahoga;
- los pañales se quedan secos mucho más tiempo del normal, tiene la boca seca, llora sin lágrimas, la fontanela está hundida;
- decaimiento, cuesta despertarlo o no se mantiene consciente;
- el niño tiene menos de tres meses y le ha subido la fiebre;
- usted nota que el niño va a peor: aquí la impresión de los padres merece confianza.
Las pausas en la respiración, el color azulado y un niño que no reacciona son motivo de llamar a la ambulancia de inmediato (en Europa el número único es el 112). El resto de la lista significa: hay que verlo hoy, no mañana. En ese caso es mejor que no conduzca quien lleva al niño en brazos.
Para quién es más peligrosa
Lo pasan peor quienes tienen menos reserva, por edad, por pulmón o por corazón.
- Los niños de menos de tres meses: tienen los bronquios más estrechos y son ellos quienes con más frecuencia hacen pausas respiratorias, a veces antes incluso de que aparezca una tos fuerte.
- Los prematuros, sobre todo los nacidos mucho antes de tiempo o los que tuvieron enfermedad pulmonar del recién nacido.
- Los niños con una cardiopatía congénita, con enfermedad pulmonar crónica, con enfermedades neuromusculares que dificultan toser, con síndrome de Down.
- Los niños con las defensas bajas, incluidos los que reciben tratamientos que las suprimen.
- Los niños que respiran humo de tabaco en casa.
Entre los adultos, la enfermedad grave se concentra en las personas mayores, en particular con enfermedad pulmonar crónica, insuficiencia cardíaca o diabetes, y en quienes tienen las defensas bajas a cualquier edad. En ellos el VSR puede acabar en neumonía o en un empeoramiento de la enfermedad de base; la confusión y una debilidad repentina en una persona mayor con un catarro obligan a pedir ayuda el mismo día.
Cuidados en casa
No existe un tratamiento que mate a este virus, y no hace falta: el organismo se defiende solo. La tarea de los cuidados en casa es que el niño tenga con qué respirar y qué beber.
- Ofrezca tomas más frecuentes y más pequeñas. A un niño con la nariz tapada y respiración rápida le cuesta mamar mucho rato, y en cambio acepta bien las cantidades pequeñas. Cuente los pañales mojados: es la manera más sencilla de saber si toma suficiente líquido.
- Lave la nariz con suero salino y aspire el moco antes de las tomas y antes de dormir. Un bebé respira por la nariz, y tenerla libre cambia muchísimo.
- Sosténgalo más incorporado en brazos mientras esté despierto. Pero dormir debe hacerlo con las reglas de siempre, boca arriba y en plano; no hay que inclinar la cuna.
- Si la fiebre le hace estar visiblemente mal, se le da paracetamol o ibuprofeno infantil en la dosis que corresponde a su peso y edad; lea el prospecto del preparado concreto y pregunte al farmacéutico si tiene dudas. A niños y adolescentes no se les da aspirina.
- No fume en casa ni deje entrar a quien fuma: incluso el olor en la ropa empeora la enfermedad.
- No intente bajar la fiebre con paños de agua fría ni desnudándolo del todo.
- Los jarabes para la tos no se dan a los niños pequeños: no aportan beneficio y sí pueden dar efectos adversos.
- La miel no se da de ninguna forma a los menores de un año.
Lo que en la bronquiolitis no funciona
Conviene saberlo de antemano, para no andar buscando «el tratamiento de verdad» y no aceptar cosas de más.
Los antibióticos no actúan sobre los virus y en la bronquiolitis no ayudan. No acortan la enfermedad, no evitan el ingreso ni protegen de complicaciones, y en cambio provocan diarrea y erupciones y fomentan las resistencias bacterianas. El antibiótico sólo hace falta cuando el médico encuentra signos de una infección bacteriana añadida, y esa es una decisión aparte, no un seguro por si acaso.
Las inhalaciones con broncodilatadores tampoco suelen ayudar en una bronquiolitis típica del lactante: el mecanismo aquí es distinto del asma, porque los bronquios están tapados de moco y no cerrados por un espasmo. Tampoco han demostrado beneficio los corticoides por vía oral, ni la fisioterapia respiratoria de drenaje, ni los antitusígenos.
Lo que funciona son cosas sencillas: líquidos, nariz despejada, vigilancia y, si hace falta, oxígeno en el hospital. La sensación de que «no me han mandado nada» significa, en esta enfermedad, que no le han mandado nada de más.
Cómo reducir el riesgo
Librarse del todo del VSR no es posible: está donde hay gente. Pero las semanas más vulnerables de un bebé se pueden pasar con más cuidado.
- En temporada alta mantenga al recién nacido lejos de las personas resfriadas y de las aglomeraciones, sobre todo si nació antes de tiempo o tiene una enfermedad de corazón o de pulmón.
- Lávese las manos antes de cogerlo y pida lo mismo a los demás. El virus vive con facilidad en las manos y en los objetos: limpie con regularidad los juguetes y las superficies y use pañuelos de un solo uso que se tiran enseguida.
- La lactancia materna reduce algo el riesgo de un cuadro grave.
- Una casa sin humo de tabaco es una de las pocas medidas que de verdad cambian el desenlace.
Existe además la protección con medicamentos. Hay anticuerpos monoclonales ya preparados que se administran al bebé antes de la temporada o justo después de nacer y que reducen de forma apreciable el riesgo de bronquiolitis grave y de ingreso; no son una vacuna y protegen sólo durante una temporada. Existe también la vacunación, dirigida a las embarazadas, para que los anticuerpos pasen al bebé y lo protejan los primeros meses, y a las personas mayores. Qué preparados hay disponibles, a quién le corresponden y en qué momento se administran lo decide el calendario de vacunación de su país, y las diferencias entre países son importantes. Esa es una pregunta para su médico de cabecera, no para un texto de internet.
Consulta en línea
A distancia se resuelven bien dos preguntas. La primera: si esto es un catarro corriente o ya es una bronquiolitis, y en qué fase está. El médico preguntará por qué día de enfermedad va, cómo respira y cómo come el niño, cuántos pañales mojados ha habido, pedirá ver cómo se mueve el tórax al inspirar y explicará qué vigilar en las próximas veinticuatro horas y qué señales significan que hay que salir hacia el hospital. La segunda: qué hacer con los adultos y las personas mayores de la familia que tienen enfermedades crónicas, y si conviene hablar con el médico de la vacuna. Es también un buen sitio para revisar un tratamiento ya recetado, por ejemplo para qué es un antibiótico y si hay motivos para dárselo. Las señales de la lista de arriba no se valoran a distancia: la dificultad para respirar, las pausas, el color azulado y el rechazo de la bebida exigen exploración, y algunas de ellas, una ambulancia.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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