Vaginismo
El vaginismo es la contracción involuntaria de los músculos que rodean la entrada de la vagina, y hace que la penetración resulte dolorosa o imposible.
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El vaginismo es la contracción involuntaria de los músculos que rodean la entrada de la vagina, y hace que la penetración resulte dolorosa o imposible. Los músculos se cierran solos, sin intervención de la voluntad: el cuerpo reacciona antes de que la persona alcance a decidir nada. Es un problema frecuente del que casi no se habla en voz alta, y también uno de los que mejor responden al tratamiento. Muchas mujeres conviven con él durante años pensando que «algo falla justamente en mí», no se lo cuentan ni a las personas más cercanas y no acuden al médico, casi siempre por miedo a la exploración. Y sin embargo la ayuda existe, es clara y va paso a paso, y no empieza precisamente por aquello que se teme.
Cómo se manifiesta
El signo principal es que los músculos se cierran ante el intento de introducir algo, y ese intento resulta muy doloroso o no llega a ninguna parte. Ocurre en situaciones distintas:
- al intentar usar un tampón o una copa menstrual;
- en la penetración durante las relaciones, ya sea con un dedo, un juguete o el pene;
- durante una exploración ginecológica o la toma de una citología;
- a veces con la sola aproximación a la zona, antes de cualquier contacto.
Las sensaciones se describen de formas distintas: ardor, escozor, la impresión de chocar contra una pared, la idea de que «ahí no hay entrada». A menudo no se tensa solo el suelo pélvico: se cierran los muslos, suben los hombros, se contiene la respiración; el cuerpo entero se pone a la defensiva. Después de un intento fallido el dolor puede quedarse durante horas.
El vaginismo puede ser primario, cuando la penetración nunca ha sido posible, o secundario, cuando antes todo iba bien y el dolor apareció después: tras un parto, una cirugía, una infección, con la llegada de la menopausia o después de una experiencia dura. Conviene subrayar que el vaginismo no suele anular ni el deseo, ni la excitación, ni el placer con otras formas de intimidad: lo que se ve afectado es la penetración, no la sexualidad entera.
Lo que el vaginismo no es
Merece la pena decirlo con claridad, porque las explicaciones equivocadas hacen daño y retrasan la búsqueda de ayuda.
- No es una invención ni algo «mental». El espasmo muscular es real, el médico lo aprecia en la exploración y explica el dolor por completo.
- No es falta de ganas. Una mujer puede desearlo mucho y poner todo de su parte, y aun así el cuerpo no lo permite.
- No se puede «simplemente relajar». Ese consejo aquí no sirve y a menudo perjudica: deja a la persona con la sensación de que no se esfuerza lo suficiente.
- No indica que la relación de pareja vaya mal ni es motivo de culpa, ni propia ni ajena.
- No es raro ni es una condena. Con la ayuda adecuada, la mayoría de las mujeres alcanzan el resultado que buscaban.
Y una cosa más. Insistir «aguantando» suele consolidar el problema: cada intento doloroso enseña al cuerpo que ahí hay peligro, y la vez siguiente los músculos se cierran antes y con más fuerza. El círculo no se rompe a base de fuerza de voluntad, sino con un trabajo constante.
Por qué ocurre
Rara vez hay una única causa: lo habitual es una combinación. En la base suele haber un círculo cerrado: el dolor o la anticipación del dolor tensan los músculos, la tensión hace dolorosa la penetración y la experiencia del dolor refuerza la anticipación. Ese círculo puede ponerse en marcha por muchos motivos:
- dolor en la primera relación o una experiencia precipitada y poco cuidadosa;
- cualquier problema doloroso en la zona: candidiasis, infecciones, fisuras, endometriosis;
- una exploración médica dura o humillante en el pasado;
- un parto complicado, desgarros, puntos, una cirugía;
- ansiedad, incluido el miedo a un embarazo o a un contagio;
- una educación en la que el cuerpo y el sexo eran temas vergonzosos o prohibidos;
- haber sufrido violencia sexual o coacción.
Este último punto importa, pero no es obligatorio: la mayoría de las mujeres con vaginismo no han vivido nada semejante, y darlo por hecho es un error. Con la misma frecuencia la causa es totalmente cotidiana, y a veces no se encuentra ninguna, algo que apenas influye en la elección del tratamiento.
Qué más provoca dolor con la penetración
Antes de hablar de vaginismo, el médico descarta otras causas de dolor, porque algunas se tratan de manera muy distinta y bastante rápida. Las más frecuentes son:
- infecciones e inflamaciones: candidiasis, vaginosis bacteriana, infecciones de transmisión sexual, enfermedad inflamatoria pélvica;
- el liquen escleroso de la vulva: la piel se adelgaza y se vuelve blanquecina, con picor y fisuras; se trata durante años «como si fueran hongos» cuando necesita otro tratamiento y seguimiento;
- la vulvodinia: dolor y ardor persistentes en la entrada de la vagina, a menudo al tocar siempre el mismo punto;
- la endometriosis: un dolor más profundo, en determinadas posturas, junto con reglas dolorosas;
- la atrofia de la mucosa tras la menopausia: sequedad, escozor, fragilidad, sangre después de las relaciones; responde bien al tratamiento local;
- las secuelas de partos y cirugías: cicatrices, puntos dolorosos, lesiones del suelo pélvico;
- reacciones cutáneas a productos de higiene, lubricantes o látex.
De ahí una regla importante: si el dolor aparece por primera vez después de un parto, después de una cirugía o con la menopausia, lo más probable es que la causa sea otra y haya que encontrarla. En esos casos no conviene llamar vaginismo a lo que ocurre sin más: muchas veces se trata de una cicatriz, de la falta de estrógenos o de una lesión concreta que todavía está curando, y la solución resulta bastante sencilla. Eso sí, una cosa no excluye a la otra: cualquier dolor mantenido acaba sumando un espasmo defensivo, y entonces se tratan los dos componentes a la vez.
La exploración: cómo afrontarla y qué acordar antes
Es precisamente el miedo a la exploración lo que más veces impide pedir ayuda, y resulta especialmente injusto, porque la exploración puede hacerse con delicadeza y todo eso se puede acordar antes de llegar a la camilla. Dígalo directamente al pedir la cita o al empezar la consulta: «las exploraciones me cuestan muchísimo» es una frase suficiente y completamente habitual; los profesionales la oyen a menudo.
Qué tiene sentido acordar:
- que la primera consulta puede ser solo una conversación, sin exploración alguna;
- que la atienda una mujer, si así se siente más tranquila;
- que entre con usted una persona de confianza;
- que el médico anuncie cada paso antes de darlo y no haga nada sin avisar;
- que se empiece por la parte externa, sin introducir instrumentos, y que se pare donde usted lo tolere;
- que se use el espéculo más pequeño y lubricante, y que a veces baste con explorar con un dedo;
- que usted pueda decir «pare» en cualquier momento, sin estropear la consulta ni ofender a nadie.
El objetivo de la primera exploración no es «comprobar si se puede», sino descartar otras causas de dolor y ver cómo responden los músculos. Si esta vez no sale, no es un fracaso: se retoma más adelante, cuando el trabajo muscular ya esté en marcha. La citología y el cribado del cuello del útero también pueden hacerse, a veces tras una preparación, a veces con gel anestésico y a veces mediante autotoma, si esa opción está disponible. Renunciar al cribado no es buena idea: pregunte qué alternativas tiene.
Qué ayuda
El tratamiento está bien establecido, avanza de forma gradual y casi siempre combina varios elementos. Ningún paso se da a través del dolor: es el principio general.
- Trabajo del suelo pélvico con un fisioterapeuta. La habilidad clave aquí no es contraer, sino aprender a relajar y soltar los músculos; eso se entrena aparte, junto con la respiración. Es frecuente usar biorretroalimentación para que note qué es exactamente lo que se tensa.
- Desensibilización progresiva con dilatadores. Son conos lisos de distintos tamaños que usted misma introduce, a su ritmo, empezando por el más pequeño y con lubricante. La idea no es estirar tejidos, sino que el sistema nervioso deje de esperar dolor. Lleva semanas o meses, y las prisas resultan contraproducentes.
- Psicoterapia y terapia sexual. Trabajo sobre la ansiedad y el miedo, técnicas de relajación y atención plena y, cuando hace falta, terapia del trauma vivido. No es «tratar una invención», sino intervenir en la parte del mecanismo que dispara el espasmo.
- Tratar lo que va asociado. Una infección, un liquen escleroso, la sequedad tras la menopausia, una cicatriz dolorosa: todo eso se trata en paralelo, porque si no el dolor volverá a traer el espasmo.
- Recursos de apoyo. Un buen lubricante, hidratantes, anestésico local antes de los ejercicios si el médico lo indica. En algunos casos, cuando lo habitual no ha funcionado, puede plantearse la inyección de toxina botulínica en la musculatura del suelo pélvico, siempre como complemento de los ejercicios y nunca en su lugar.
La mayor parte del trabajo se hace en casa, en sesiones cortas y regulares. El progreso suele ser irregular: hay retrocesos tras una enfermedad, una época de estrés o un intento fallido, y eso forma parte normal del camino, no supone volver al principio.
Si tiene pareja
Vale la pena implicar a la pareja si usted lo desea: entre dos se avanza más deprisa y baja la tensión en la relación. Lo que de verdad ayuda es hablar de lo que pasa y por qué, sin buscar culpables; acordar que durante el tratamiento no habrá intentos de penetración, para que cada encuentro deje de ser un examen; cuidar las otras formas de intimidad, que siguen ahí; y tener pleno derecho a parar en cualquier momento, sin explicaciones y sin que nadie se lo tome a mal.
Lo que estorba: insistir con el «relájate», empujar «aunque duela», los reproches, y también el silencio, con cada uno quedándose con su propia versión de lo que ocurre. Si la conversación no sale, es un buen motivo para acudir juntos al especialista: las consultas de pareja a veces rinden más que las individuales.
Consulta en línea
Aquí la consulta en línea encaja especialmente bien, porque retira la barrera principal: contar lo que pasa desde casa, con calma y sin exploración, es mucho más llevadero que decidirse a entrar directamente en una consulta. En esa cita el médico preguntará por el tipo de dolor y por cuándo apareció, ayudará a distinguir el vaginismo de otras causas de dolor, dirá qué pruebas hacen falta realmente y explicará en qué consiste el plan de tratamiento; muchas veces solo con eso el miedo se reduce. En línea se puede preparar de antemano cómo hacer llevadera la exploración presencial y anotar lo que va a pedirle al profesional. También se resuelven aquí la técnica de los ejercicios con dilatadores, la elección de lubricantes e hidratantes, las dudas sobre el cribado del cuello del útero y cómo hablarlo con la pareja. La exploración presencial hará falta igualmente, para descartar otras causas de dolor; y conviene acudir sin demora si el dolor apareció por primera vez tras un parto, una cirugía o con la menopausia, si hay sangrado, llagas o cambios en la piel, o si el dolor persiste al margen de los intentos de penetración.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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