Toxocariasis
La toxocariasis es la infección de una persona por las larvas de unos gusanos redondos que, en su forma adulta, viven en el intestino de perros, gatos y zorros.
En esta página
- Cómo llegan las larvas a las personas
- Por qué enferman sobre todo los niños
- Casi siempre el organismo se defiende solo
- Forma ocular: cuando el niño empieza a ver peor
- Forma visceral: fiebre, tos y molestias abdominales
- Cómo se llega al diagnóstico
- Con qué se trata
- Lo que de verdad reduce el riesgo
- Consulta en línea
Medicamentos comúnmente prescritos para Toxocariasis
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: COMPRIMIDO, 400 mgPrincipio activo: albendazolFabricante: Glaxosmithkline S.A.Requiere receta
La toxocariasis es la infección de una persona por las larvas de unos gusanos redondos que, en su forma adulta, viven en el intestino de perros, gatos y zorros. Para el ser humano ese parásito es un callejón sin salida: nunca llega a convertirse en gusano adulto ni deja descendencia. La larva recorre los tejidos durante un tiempo y termina muriendo. Casi siempre eso ocurre sin dejar rastro, pero a veces alcanza el ojo o provoca una inflamación prolongada en los órganos internos, y entonces sí hablamos de una enfermedad que conviene reconocer y tratar.
Cómo llegan las larvas a las personas
El animal infectado elimina con las heces los huevos del parásito. En ese momento todavía son inofensivos: para volverse infecciosos, los huevos necesitan madurar en la tierra durante varias semanas o incluso más, según el calor y la humedad. Por eso nadie se contagia de unas heces recién depositadas, mientras que la tierra del patio, la arena del parque infantil, el huerto y el polvo de la calle acumulan huevos durante años, porque resisten tanto el frío como la sequía.
A partir de ahí, todo es sencillo y desagradable: el huevo llega a la boca. Desde unas manos sin lavar después de jugar, desde una zanahoria arrancada directamente del huerto, desde unas hojas verdes enjuagadas con prisa. Con menos frecuencia, desde hígado o carne poco hechos de animales en cuyos tejidos quedaron alojadas las larvas.
La toxocariasis no se transmite de una persona a otra en ninguna circunstancia. Ese es el temor más habitual de quienes consultan: si un niño enferma, no supone ningún peligro para el resto de la familia, ni en casa, ni a través de los cubiertos, ni en la guardería. Cada persona se contagia por separado y siempre a partir de tierra o arena. Tampoco se contagia uno del perro al que acaba de acariciar: en su pelo los huevos aún no han madurado.
Por qué enferman sobre todo los niños
Los niños en edad preescolar y los primeros años de colegio tienen un trato con la tierra y la arena mucho más estrecho que los adultos: cavan, hacen castillos, se llevan los dedos a la boca y, a veces, prueban la arena directamente. Un grupo de riesgo aparte son los niños con la costumbre de comer cosas no comestibles, como tierra o tiza. Los adultos se infectan menos y casi siempre por el huerto o por picar una hortaliza sin lavar.
Conviene separar dos ideas que suelen confundirse: «hay un perro en casa» no equivale a «el niño se va a contagiar». Un animal bien cuidado, desparasitado con regularidad y con sus deposiciones recogidas, apenas añade riesgo. Resulta mucho más peligroso un arenero descuidado del barrio por el que llevan años pasando gatos callejeros.
Casi siempre el organismo se defiende solo
La inmensa mayoría de los encuentros con este parásito pasan inadvertidos. La larva atraviesa la pared del intestino, viaja con la sangre, se queda atrapada en el hígado, los pulmones o los músculos, queda rodeada de una cápsula inflamatoria y muere allí. La persona no llega a enterarse, o atribuye un par de días de malestar a un catarro.
A veces el único rastro es un hallazgo analítico: un número elevado de eosinófilos que apareció por casualidad en un análisis pedido por otro motivo. Ese hallazgo no es por sí solo un diagnóstico ni un motivo de alarma, pero explica por qué el médico empieza de pronto a preguntar por el perro, por el arenero y por el huerto.
Las formas realmente importantes de la enfermedad son dos, y su aspecto es completamente distinto.
Forma ocular: cuando el niño empieza a ver peor
Es una forma poco frecuente, pero la más ingrata, porque la visión perdida se recupera mal. La larva llega al ojo y a su alrededor se desencadena una inflamación que daña la retina.
Casi siempre se afecta un solo ojo, y ahí está la principal dificultad. Un adulto nota que, al taparse el ojo sano, con el otro ve turbio, como a través de una película, o que ha aparecido una mancha oscura en su campo visual. Un niño no nota nada: el otro ojo funciona, la imagen se compone y no hay ninguna queja. Los padres se dan cuenta más tarde y por un motivo muy distinto.
Motivos para llevar al niño al oftalmólogo sin demora:
- un ojo ha empezado a desviarse, cosa que antes no ocurría, sobre todo al final del día o cuando está cansado;
- entorna los ojos, se acerca mucho a la pantalla o inclina la cabeza hacia un lado;
- la pupila devuelve un reflejo blanquecino en lugar de rojizo con ciertas luces;
- se queja de dolor, enrojecimiento, moscas volantes o destellos;
- en una revisión rutinaria se detecta pérdida de visión en un ojo.
Un estrabismo que aparece de golpe en un niño que antes miraba recto siempre obliga a explorar el fondo de ojo, en lugar de esperar a ver si «se le pasa con la edad». Las causas posibles son muchas y la toxocariasis es solo una de ellas, pero precisamente esta causa depende del tiempo: cuanto antes se apague la inflamación, más retina se conserva.
Forma visceral: fiebre, tos y molestias abdominales
Aquí las larvas son numerosas y se reparten por los órganos internos. El cuadro se construye despacio, a lo largo de semanas, y por eso pocas veces parece una «enfermedad aguda».
- fiebre, con frecuencia poco alta, pero que dura mucho y no se explica por nada;
- tos seca, sibilancias y crisis parecidas al asma;
- dolor o pesadez abdominal, hígado aumentado de tamaño y, con menos frecuencia, bazo;
- erupción con picor y episodios de urticaria;
- apatía, pérdida de apetito, un niño que deja de ganar peso;
- ganglios linfáticos aumentados, dolores musculares y articulares.
Ninguno de estos signos apunta por sí solo al parásito: así empiezan una decena de procesos distintos. El valor está en la combinación: fiebre prolongada y tos en un niño que juega en la arena, junto con eosinófilos altos en el análisis de sangre, ya componen un cuadro que justifica comprobar esta hipótesis concreta.
Cómo se llega al diagnóstico
Buscar huevos del parásito en las heces no tiene sentido: en el intestino humano no hay gusanos adultos y, por tanto, no hay nada que eliminar. El análisis de heces no aporta nada aquí, aunque sea lo que más se pide por inercia.
El diagnóstico se construye de otra manera. La base es un análisis de sangre en busca de anticuerpos frente a Toxocara, junto con un hemograma en el que se miran los eosinófilos y una bioquímica. También cuenta el entorno: perro en casa, huerto, la costumbre del niño de llevarse las manos a la boca. Si se sospecha afectación de órganos se hace una ecografía abdominal y, ante síntomas respiratorios, una radiografía o un TAC de tórax. La forma ocular la confirma el oftalmólogo al explorar el fondo de ojo, y ahí el análisis de sangre puede salir negativo: en el ojo hay una sola larva y la respuesta inmunitaria frente a ella es débil.
Merece la pena saber algo más: los anticuerpos positivos en una persona sin síntomas son un hallazgo muy frecuente, sobre todo donde hay muchos perros y el clima es cálido. Indican un encuentro con el parásito en algún momento del pasado, no una enfermedad actual, y por sí solos no requieren tratamiento.
Con qué se trata
Si no hay signos de enfermedad, no hay nada que tratar, ni siquiera con anticuerpos positivos. Las larvas atrapadas en un callejón sin salida morirán por su cuenta.
En la forma visceral se pautan antiparasitarios en ciclo; la elección del fármaco y la duración dependen de qué órganos estén afectados. A veces se añaden corticoides, porque la muerte simultánea de muchas larvas aviva por sí misma la inflamación y conviene contenerla.
La forma ocular la lleva el oftalmólogo, y allí lo primero no es matar al parásito sino salvar la retina, con tratamiento antiinflamatorio local o general. En algunos casos hace falta cirugía: retirar tractos del humor vítreo o resolver un desprendimiento de retina. «Tomar algo para los gusanos» por cuenta propia en esa situación no solo resulta inútil, sino que supone semanas perdidas.
Lo que de verdad reduce el riesgo
Ninguno de estos puntos parece medicina seria, pero juntos funcionan mejor que cualquier medicamento.
- Desparasitar con regularidad al perro y al gato, con la pauta que indique el veterinario. Los cachorros lo necesitan con más frecuencia que los animales adultos: son precisamente ellos los que eliminan más huevos.
- Lavarse las manos al volver de la calle, del arenero o del huerto y después de tocar al animal, y siempre antes de comer.
- Tapar el arenero cuando no se está usando. Una tapa o una lona resuelven de golpe el problema de los gatos y buena parte del resto.
- Recoger de inmediato las deposiciones del perro y no dejar que los animales las hagan donde juegan los niños.
- Lavar la verdura, las hierbas y la fruta, especialmente las del propio huerto. «Es de mi huerto, para qué lavarlo» es la vía de contagio más habitual en adultos.
- Explicar a los niños pequeños que la tierra y la arena no se comen, y vigilar a los que todavía no lo entienden.
- Usar guantes para trabajar en el jardín y no comer con las manos sucias en el campo.
- Cocinar bien la carne y las vísceras.
Consulta en línea
La consulta en línea encaja bien con lo que suele traer a la gente hasta aquí: qué significan unos anticuerpos frente a Toxocara positivos en un análisis pedido «por si acaso», si hay que hacer algo ante unos eosinófilos elevados, si conviene estudiar a toda la familia cuando enferma un niño. El médico reunirá el contexto (animales en casa, huerto, arenero, costumbres del niño), dirá qué pruebas tienen sentido y cuáles se han pedido sin motivo, y explicará qué hacer con los resultados que ya se tienen. Si el cuadro apunta a afectación de órganos, le orientará sobre a qué especialista acudir y con cuánta urgencia. Un empeoramiento brusco de la visión o un estrabismo recién aparecido en un niño no son para resolver en línea: eso exige una revisión presencial con el oftalmólogo en los próximos días.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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