Tos ferina (tos convulsa)
La tos ferina es una infección bacteriana de las vías respiratorias que se transmite por el aire al toser y al hablar, y que contagia con una facilidad…
En esta página
- Empieza como un resfriado
- Una tos que no se confunde con ninguna otra
- Por qué es tan grave en los lactantes
- Cuándo llamar a una ambulancia
- Qué hace el antibiótico y qué no cabe esperar de él
- Cómo sobrellevar estas semanas
- El contagio y quienes conviven
- La vacuna: qué protege al recién nacido
- Consulta en línea
Medicamentos comúnmente prescritos para Tos ferina (tos convulsa)
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, 500 mgPrincipio activo: AzitromicinaFabricante: Laboratorios Cinfa S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 250 mgPrincipio activo: AzitromicinaFabricante: Krka D.D. Novo MestoRequiere recetaForma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, 250 mgPrincipio activo: AzitromicinaFabricante: Pfizer S.L.Requiere receta
La tos ferina es una infección bacteriana de las vías respiratorias que se transmite por el aire al toser y al hablar, y que contagia con una facilidad extraordinaria. A un adulto le suele tocar en forma de una tos agotadora que se prolonga durante semanas: molesta, pero poco más. En cambio, para un bebé de los primeros meses de vida la tos ferina es mortalmente peligrosa, y lo es porque en él no se manifiesta como se espera: no con accesos de tos y un silbido final, sino con pausas de respiración y con el niño amoratado. Esa diferencia entre «una tos que no se va en un adulto» y «un riesgo vital en un lactante» es lo principal que hay que saber de esta enfermedad.
Empieza como un resfriado
Desde el contagio hasta los primeros signos pasan alrededor de una semana o diez días, a veces hasta tres semanas. La primera fase no se distingue de un catarro corriente: mocos, estornudos, picor de garganta, una tos leve y una temperatura normal o poco elevada. Así transcurren una o dos semanas, y en ese tiempo nadie piensa en la tos ferina. Sin embargo, es justo entonces cuando la persona contagia más y cuando el antibiótico sería más útil: ahí está la trampa principal de esta enfermedad.
Una tos que no se confunde con ninguna otra
Después la tos cambia. Va por accesos: una serie de golpes de tos seguidos, sin poder tomar aire entre ellos, la cara enrojecida o amoratada, los ojos llorosos y las venas del cuello hinchadas. Cuando el aire por fin irrumpe por unas vías estrechadas, se produce ese silbido agudo al inspirar que en español se llama «gallo». El acceso termina a menudo con un vómito de moco espeso, y después la persona necesita varios minutos para recomponerse, exhausta. Entre un acceso y otro puede parecer completamente sana, lo cual despista. Los accesos son más frecuentes de noche y los desencadenan la risa, el llanto, la comida, el aire frío y el esfuerzo. El «gallo» no aparece en todo el mundo: en adolescentes y adultos suele faltar por completo y queda solo una tos torturante hasta el vómito y hasta quedarse sin aire, y por eso en ellos la tos ferina se atribuye tantas veces a una bronquitis que se alarga.
La tercera fase es una extinción lenta. Los accesos se van espaciando, pero la tos permanece muchas semanas más y a veces varios meses; en algunos idiomas a esta enfermedad se la llama «la tos de los cien días». Cualquier catarro posterior puede devolver los accesos durante unos días, y eso no significa que la infección no esté curada. La propia tos sale cara: en adultos provoca fisuras de costillas, hernias, escapes de orina, hemorragias en el blanco del ojo, desmayos tras un acceso especialmente violento y un agotamiento absoluto.
Por qué es tan grave en los lactantes
Los niños de los primeros meses todavía no están protegidos por sus propias vacunas y tienen las vías respiratorias estrechas, así que la enfermedad los golpea con más dureza. Y se ve distinta.
En un lactante la tos ferina puede manifestarse no con tos, sino con pausas en la respiración. El bebé se queda quieto, deja de respirar unos segundos o más, se pone azulado o grisáceo —labios, lengua, cara; en la piel oscura se aprecia mejor en las palmas y las plantas—. Puede que no haya ningún acceso de tos. Deben alertar además otros signos: succiona con desgana o rechaza el alimento, está inusualmente somnoliento, respira rápido y superficial, y al respirar se le hunden los espacios entre las costillas y el hueco de la base del cuello. Las complicaciones también son peores: neumonía, deshidratación, convulsiones, daño cerebral por falta de oxígeno. A los más pequeños casi siempre se los ingresa, donde se vigila la respiración las veinticuatro horas.
De ahí una regla práctica para la familia: si en casa hay un bebé de menos de medio año, cualquier tos prolongada y en accesos de un adulto o de un hermano mayor es motivo para consultar de inmediato, y no para esperar a que «se pase sola». Los lactantes se contagian casi siempre en casa, sobre todo de los padres y de los hermanos mayores, convencidos de que solo arrastran un catarro.
Cuándo llamar a una ambulancia
Llame a una ambulancia de inmediato —en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania funciona el número europeo único 112— si un niño o un adulto presenta:
- parada respiratoria o pausas en la respiración durante el acceso de tos o después de él;
- labios, lengua, cara o piel de color azulado o grisáceo;
- respiración rápida y superficial, con hundimiento de los espacios intercostales, o dificultad evidente para respirar;
- convulsiones;
- un niño decaído, que no responde como de costumbre o al que cuesta despertar;
- dolor en el pecho que aumenta al inspirar o al toser: puede tratarse de una neumonía.
No lleve al niño usted mismo: durante un acceso puede hacer falta una ayuda que al volante es imposible prestar. El mismo día, pero sin ambulancia, hay que consultar si la tos en accesos aparece en un lactante, en una embarazada o en alguien con una enfermedad pulmonar o la inmunidad reducida, y también si la tos con vómito dura más de dos semanas o si ha habido contacto con un enfermo de tos ferina.
Qué hace el antibiótico y qué no cabe esperar de él
Aquí es donde surge la decepción más habitual, y conviene saber de antemano cómo funciona la cosa. La tos ferina se trata con antibióticos del grupo de los macrólidos, y el sentido principal de ese tratamiento no es aliviar la tos, sino cortar el contagio. A los pocos días de tomarlos la persona deja de eliminar la bacteria y ya no es peligrosa para los demás, empezando por los bebés.
Sobre la tos en sí el antibiótico solo influye si se empieza pronto, en las primeras semanas de la enfermedad y sobre todo en ese periodo «catarral» en el que nadie piensa aún en la tos ferina. Más tarde la bacteria desaparece por sí sola y la tos continúa, sostenida por el daño que ya ha causado en la mucosa respiratoria. A esas alturas no queda nada que eliminar, de modo que la tos no se irá al terminar el antibiótico y seguirá durante semanas. Eso no significa que el tratamiento haya fallado ni que haga falta otro fármaco.
El ciclo iniciado se completa hasta el final aunque uno se encuentre mejor. Aparte de eso, el médico puede pautar antibiótico a personas sanas que conviven con el enfermo, sobre todo si en casa hay un lactante, una embarazada avanzada o alguien con una enfermedad pulmonar grave: no se hace para tratarlas, sino para romper la cadena de contagio. El diagnóstico se confirma con un frotis nasofaríngeo y, cuando la tos lleva tiempo, con un análisis de sangre de anticuerpos. Los jarabes «para la tos» y los mucolíticos no funcionan en la tos ferina, y en los niños pequeños muchos de ellos están además contraindicados.
Cómo sobrellevar estas semanas
Mientras la tos sigue su curso, la tarea consiste en reducir el número de accesos y evitar que la persona se agote.
- Descanso y sueño. Los accesos empeoran con el cansancio, y las noches en vela desgastan a toda la familia. Descansar de día, sin sentimiento de culpa.
- Beber y comer en porciones pequeñas. El vómito tras los accesos deshidrata deprisa, sobre todo a los niños. Es mejor dar de comer poco y a menudo, justo después de un acceso y no antes. Vigile las señales de deshidratación: boca seca, poca orina, decaimiento y, en un lactante, la fontanela hundida y menos pañales mojados.
- Ambiente tranquilo y aire limpio. El humo del tabaco, los olores fuertes, los aerosoles, el polvo, el aire frío y seco y el jaleo desencadenan accesos. Ventile la habitación y no fume en casa.
- La postura. Durante el acceso se está mejor sentado e inclinado hacia delante; al lactante se le sostiene en vertical. Después hay que darle unos minutos para recuperar el aliento con calma.
- Analgesia. Para el dolor de cabeza, muscular y costal sirven el paracetamol o el ibuprofeno en la dosis que corresponda a la edad. A niños y adolescentes no se les da aspirina.
- Vigilar la respiración. Si el enfermo es un niño pequeño que se queda en casa, por la noche debe dormir en la misma habitación que un adulto.
El contagio y quienes conviven
La persona contagia desde los primeros días «catarrales» y sigue haciéndolo unas tres semanas desde el inicio de la tos si no ha tomado antibiótico; con tratamiento el contagio cesa en pocos días. Por eso durante ese tiempo es razonable no acudir a la escuela, a la guardería ni al trabajo, y la regla vale doblemente para quien trabaja con lactantes, embarazadas o enfermos graves. Todos los contactos estrechos deben conocer el riesgo: si les aparece tos, hay que avisar al médico de ese contacto, o de nuevo nadie sospechará una tos ferina.
La vacuna: qué protege al recién nacido
Lo más importante de la prevención cabe en una frase. La vacuna administrada durante el embarazo protege al recién nacido en sus primeros meses de vida, hasta la edad en que puede vacunarse él mismo. Los anticuerpos de la madre atraviesan la placenta y son ellos los que lo cubren precisamente en el tramo en que la enfermedad le resulta más peligrosa. Es la forma más eficaz de librar a un bebé de la tos ferina, y funciona con independencia de que la mujer se haya vacunado antes: la vacuna se repite en cada embarazo. El momento dentro del embarazo lo fija el calendario nacional del país en el que usted vive.
Después el niño recibe sus primeras dosis en el primer año de vida y más adelante los refuerzos; las fechas exactas y la composición de la vacuna también las marca el calendario nacional. La regla general es sencilla: se empieza lo antes posible y no se aplaza, porque cada dosis que falta deja al niño sin protección justo en la edad más vulnerable.
Hay un segundo punto que se conoce menos. La protección de la vacuna se debilita con el tiempo: dura años, no para siempre. Por eso los adolescentes y los adultos vacunados en la infancia sí enferman de tos ferina; en ellos suele cursar más leve, pero contagian exactamente igual, y son ellos quienes con más frecuencia llevan la infección a casa, hasta el bebé. Por la misma razón haber pasado la enfermedad no deja inmunidad de por vida: se puede volver a padecerla. El refuerzo en adultos, sobre todo en quienes esperan un hijo o conviven con un recién nacido, es una cuestión para el médico y para el calendario nacional.
Consulta en línea
La tos ferina es precisamente uno de esos temas en los que hablar con el médico a distancia resuelve mucho, porque el diagnóstico se construye en gran medida sobre el relato. El médico preguntará cómo empezó todo, cuántos días lleva la tos, cómo son los accesos, si hay vómito y «gallo», qué los desencadena, si ha habido contacto con alguien que tosía, y qué vacunas se han puesto y cuándo. Un acceso se puede grabar en vídeo: para el médico resulta muy elocuente. De ahí saldrá si esto se parece a una tos ferina, qué frotis o análisis conviene hacer y si queda todavía margen para que el antibiótico sirva de algo.
En línea se puede repasar además lo que más inquieta a una familia: qué hacer si en casa hay un bebé, quién de la casa necesita profilaxis, cuántos días no acudir al trabajo y a la guardería, qué esperar del tratamiento y cuándo empezará por fin a remitir la tos. Los límites de la consulta a distancia están claros: explorar al niño, auscultar los pulmones y valorar la respiración solo se puede en persona, y ante una pausa respiratoria, un color azulado, convulsiones o dificultad evidente para respirar no toca una consulta, sino una ambulancia.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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