Síndrome de vómitos cíclicos
Es un trastorno poco frecuente en el que las náuseas y los vómitos llegan en forma de crisis: durante unas horas o unos días la persona lo pasa realmente mal…
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Medicamentos comúnmente prescritos para Síndrome de vómitos cíclicos
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, 1 mg/mlPrincipio activo: metoclopramideFabricante: Kern Pharma S.L.Requiere recetaForma farmacéutica: INYECTABLE, 6 mgPrincipio activo: sumatriptánFabricante: Glaxosmithkline S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: INYECTABLE, 10 mg metoclopramida/2 mlPrincipio activo: metoclopramideFabricante: Sanofi Aventis S.A.Requiere receta
Es un trastorno poco frecuente en el que las náuseas y los vómitos llegan en forma de crisis: durante unas horas o unos días la persona lo pasa realmente mal y después todo se corta de golpe, y hasta la siguiente vez se encuentra perfectamente. Las crisis se parecen unas a otras como calcadas, y por eso mismo se reconocen. El diagnóstico no se establece de entrada: primero hay que asegurarse de que detrás de esos vómitos repetidos no se esconde otra cosa, y a esa parte se le dedica aquí un apartado propio, el más importante de todos.
Cómo es una crisis
La crisis se desarrolla siempre según el mismo guion, y con el tiempo casi todo el mundo reconoce su comienzo con una hora de antelación. Primero llega el aviso: palidez, sudor frío, debilidad, náuseas que van en aumento y esa sensación extraña de que «ahora empieza». Después vienen los vómitos, repetidos y agotadores, a menudo con arcadas en vacío, y con frecuencia empiezan de noche o de madrugada. Al cabo de unas horas o unos días ceden, llegan un cansancio profundo y el sueño, y al despertar la persona come y hace vida normal como si nada hubiera pasado.
La crisis suele acompañarse de:
- dolor abdominal, sobre todo alrededor del ombligo;
- rechazo total de la comida y de los olores;
- dolor de cabeza e intolerancia a la luz intensa y a los ruidos fuertes;
- heces sueltas, salivación abundante, algo de fiebre sin infección aparente;
- una postración extrema y mareo: la persona se queda tumbada de cara a la pared y sin ganas de hablar.
Dos rasgos son especialmente característicos. Uno es que las crisis son estereotipadas: empiezan más o menos a la misma hora del día y duran lo mismo. El otro es el bienestar completo entre ellas, semanas o meses sin una sola molestia. Lo más habitual es que la enfermedad empiece en niños de edad preescolar y que se vaya apagando con los años, y en muchos casos deja paso a la migraña. Pero también la padecen los adultos, y cuando las crisis comienzan ya en la edad adulta suelen ser más intensas y más largas.
Qué hay detrás
Nadie conoce el mecanismo exacto. La relación más sólida es con la migraña: en la mayoría de los niños con este síndrome hay algún familiar cercano con migraña, y los fármacos que se usan para prevenirla también funcionan aquí. De ahí que a los vómitos cíclicos se les llame a menudo «migraña abdominal». En muchas personas la crisis la dispara algo reconocible:
- las emociones fuertes, tanto las duras como las alegres: un examen, una discusión, pero también un cumpleaños, un viaje o una fiesta;
- dormir poco, los turnos de noche, un vuelo con cambio de huso horario;
- el agotamiento físico;
- pasar muchas horas sin comer y la deshidratación;
- un catarro u otra infección;
- ciertos alimentos y bebidas: se citan sobre todo el chocolate, los quesos curados, la cafeína, el alcohol y los potenciadores del sabor;
- el mareo del transporte;
- en las mujeres, determinados días del ciclo.
Cada persona tiene sus propios desencadenantes y la única manera de identificarlos es observarse. Un diario con la fecha, la hora de inicio, lo ocurrido el día anterior y la duración de la crisis, llevado durante varios meses, aporta más que cualquier conjetura, y además le será útil al médico.
Qué hay que descartar sin falta
El síndrome de vómitos cíclicos es un diagnóstico de exclusión: se establece cuando se ha demostrado que los vómitos repetidos no los provoca otra cosa. Esto es lo que se busca en primer lugar y lo que conviene conocer también de primera mano.
El consumo habitual de cannabis. En adolescentes y adultos que lo fuman de forma prolongada y frecuente aparece un cuadro que por fuera resulta indistinguible de los vómitos cíclicos. La señal que lo identifica es casi infalible: durante la crisis apetece pasar largos ratos bajo una ducha muy caliente o metido en un baño caliente, y solo eso alivia. Ni los antieméticos ni el suero intravenoso funcionan aquí; todo se resuelve únicamente tras abandonar por completo el cannabis, y no de inmediato, sino al cabo de semanas o meses. Contárselo al médico da apuro, pero hay que contarlo: sin ese dato el tratamiento se queda años dando vueltas sin avanzar.
Causas quirúrgicas en los niños. Un vómito verde o amarillo verdoso en un niño significa que ha llegado bilis al contenido vomitado, y puede ser el signo de un vólvulo o de una obstrucción intestinal. Eso se resuelve en el quirófano y el mismo día.
La presión elevada dentro del cráneo. Un tumor u otro proceso que ocupe espacio en el cerebro produce vómitos que empeoran por la mañana y se acompañan de dolor de cabeza, visión doble, estrabismo e inestabilidad. En un niño resulta preocupante que junto con las crisis cambie el carácter, empeore la vista o se enlentezca el crecimiento.
Las enfermedades metabólicas y hormonales. Algunos trastornos raros del metabolismo y la insuficiencia suprarrenal se manifiestan precisamente con crisis de vómitos y debilidad, sobre todo cuando lo que las desencadena es el ayuno o una infección. Por eso al inicio del estudio se hacen análisis de sangre a todo el mundo. De paso se revisan el estómago y el esófago, las vías biliares, los riñones y los uréteres: una piedra o un obstáculo a la salida de la orina también dan vómitos en crisis acompañados de dolor.
Cuándo llamar a emergencias
Llame a los servicios de emergencia, en Europa el número único 112, o acuda directamente a urgencias si usted o su hijo presentan:
- vómitos con sangre o de color oscuro, parecidos a posos de café;
- vómito verde en un adulto, o amarillo verdoso o verde en un niño;
- dolor de cabeza intenso y repentino, rigidez de nuca, dolor de ojos con la luz;
- dolor abdominal repentino e intenso, con el abdomen duro o doloroso al tocarlo;
- piel, labios o lengua azulados, grisáceos, muy pálidos o moteados; en pieles oscuras se aprecia mejor en las palmas de las manos y en las plantas de los pies;
- dificultad importante para respirar, sensación de ahogo o incapacidad de terminar las frases; en un lactante, pitidos al respirar o hundimiento del abdomen bajo las costillas;
- confusión, somnolencia inusual, un niño al que cuesta despertar o que no responde como de costumbre;
- signos de deshidratación grave: boca seca, ojos hundidos, ausencia de lágrimas al llorar, orina escasa u oscura, mareo al ponerse de pie.
En esa situación no se ponga al volante: pida que le lleven o llame a una ambulancia. Lleve consigo todos los medicamentos que esté tomando.
Al margen de las urgencias, conviene ver al médico si las crisis han cambiado: si son más frecuentes o más largas, si transcurren de otra manera, o si entre una y otra ya no se encuentra realmente bien. Cuando la enfermedad cambia de letra, es momento de revisar el diagnóstico.
Cómo se llega al diagnóstico
No existe ningún análisis que confirme los vómitos cíclicos. El médico se apoya en lo que usted le cuente, así que vaya preparado: cuántas crisis ha habido, cuánto duró cada una, a qué hora del día empezaron, qué las precedió, cuánto tiempo se encuentra bien entre ellas y qué le ha ayudado hasta ahora.
Después se piden pruebas para apartar las causas peligrosas: análisis de sangre y de orina, ecografía abdominal, endoscopia si hace falta y, ante la sospecha de un problema dentro del cráneo, una prueba de imagen del cerebro. La extensión del estudio depende de la edad y de los hallazgos de la exploración: a un niño con un primer episodio se le estudia más que a un adulto con diez años de crisis idénticas.
Qué ayuda
Durante la crisis el objetivo es uno solo: atravesarla con las menores pérdidas posibles.
- Una habitación a oscuras y en silencio, y dormir; a muchas personas el sueño les corta la crisis.
- Beber a sorbos pequeños y a menudo: agua, zumo rebajado o soluciones de rehidratación oral, que le puede recomendar el farmacéutico. Beber de un trago no sirve de nada, porque todo vuelve a salir.
- Los medicamentos que el médico haya recetado de antemano «para la crisis» se toman lo antes posible, en pleno aviso inicial y no en el punto álgido de los vómitos.
- Si no se consigue detener los vómitos y aparecen signos de deshidratación, hace falta acudir al hospital: el suero intravenoso con líquidos y glucosa es lo que resuelve la situación con más seguridad.
Si las crisis se repiten más de una vez al mes, tiene sentido plantear un tratamiento preventivo. El médico puede indicar los mismos fármacos con los que se previene la migraña; la elección depende de la edad. Aparte se escogen un antiemético y un analgésico «por si hay crisis», para tenerlos en casa antes de que haga falta.
Los hábitos también cuentan: no saltarse comidas ni pasar muchas horas en ayunas, dormir lo suficiente y a horas regulares, beber con el calor y con el ejercicio, y esquivar los desencadenantes que ya conozca. Y un detalle práctico que suele olvidarse: el ácido del estómago desgasta el esmalte. Después de vomitar hay que enjuagarse la boca con agua o con una solución de bicarbonato, y no cepillarse los dientes hasta pasada media hora, porque de lo contrario el cepillo desgasta el esmalte reblandecido. Con crisis frecuentes conviene visitar al dentista más a menudo de lo habitual.
Consulta en línea
A distancia se da el primer paso y el más importante: repasar la historia de las crisis. El médico preguntará cómo transcurre todo, revisará su diario, le dirá si esto se parece a unos vómitos cíclicos o si el cuadro exige otra explicación, y elaborará la lista de pruebas. En línea resulta cómodo acordar la pauta para la crisis, elegir un tratamiento preventivo y aclarar qué hacer ante los vómitos de un niño para no llegar al punto de necesitar suero. Los signos del apartado de urgencias no se valoran a distancia: la sangre en el vómito, el vómito verde, el dolor abdominal brusco o una deshidratación importante exigen una exploración inmediata.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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