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Sífilis

De la sífilis conviene saber una cosa por encima de todas: se cura muy bien, pero nunca se cura sola.

Esta página ofrece información general y no sustituye la consulta médica. Si los síntomas son graves, persistentes o empeoran, busca atención médica.

De la sífilis conviene saber una cosa por encima de todas: se cura muy bien, pero nunca se cura sola. La llaga cicatriza sin ningún tratamiento, la erupción palidece y desaparece, y la persona da por hecho que la cosa quedó en nada. Lo que ocurre en realidad es que la infección se repliega hacia dentro y sigue viva en el organismo durante años, contagiosa y dañando poco a poco los vasos, el corazón y el sistema nervioso. Todo lo que hace falta para evitarlo es un análisis de sangre y una tanda de antibiótico. Lo único que lo impide es la convicción de que, si los síntomas se fueron, la enfermedad también.

El primer signo: una llaga que no duele

Tres o cuatro semanas después del contagio (a veces a los diez días, a veces a los tres meses) aparece en el punto de entrada de la infección una pequeña úlcera: el chancro.

  • Suele ser una sola, redonda, de fondo duro y bordes limpios, de unos milímetros a un centímetro.
  • No duele, y esa es su característica principal. Por eso pasa desapercibida: una llaga indolora no se percibe como una señal de alarma.
  • Se sitúa donde hubo contacto: en el pene, en los labios vulvares y dentro de la vagina, alrededor del ano, pero también en los labios, la lengua, la garganta o los dedos. Si está dentro de la vagina, en el recto o en la faringe, sencillamente no se ve.
  • Cerca suelen agrandarse los ganglios, en la ingle o en el cuello, también indoloros y duros.

La llaga cicatriza sola en tres a seis semanas, a menudo sin dejar marca. Eso no es curación. Es el final de la primera fase, y todo lo que había en el cuerpo sigue ahí.

La segunda oleada: erupción en palmas y plantas

Semanas o meses después de que cicatrice la llaga, la infección se reparte por todo el cuerpo y llega la segunda fase. Sus manifestaciones son muy variadas, y no por casualidad los médicos llaman a la sífilis la gran imitadora: sabe parecerse a muchas otras enfermedades.

  • Una erupción que no pica, con manchas y pequeños bultos de color rosado pálido o rojo cobrizo. Su rasgo más reconocible: lesiones en las palmas de las manos y las plantas de los pies, zonas donde una erupción alérgica corriente casi nunca aparece.
  • Ganglios aumentados en varios sitios a la vez: cuello, axilas, ingles.
  • Malestar general parecido a un catarro que se alarga: cansancio, febrícula, dolor de garganta, dolor de cabeza y muscular, falta de apetito.
  • Excrecencias blandas y húmedas en los pliegues de la piel y alrededor del ano, placas blanquecinas en la boca, ronquera.
  • Caída del pelo a parches, en el cuero cabelludo, las cejas o la barba, con aspecto apolillado.

Todo esto también desaparece por sí solo, en semanas o meses. Y tampoco significa curación. En algunas personas la segunda fase reaparece por brotes durante el primer o el segundo año.

La fase latente: un silencio que engaña

Cuando las lesiones se van, empieza la fase latente. No hay ningún síntoma, a veces durante décadas. La persona parece sana, se encuentra bien, y el único modo de saber de la enfermedad en ese tiempo es un análisis de sangre.

Mientras tanto, sin tratamiento, alrededor de un tercio de las personas desarrolla sífilis tardía. Llega al cabo de muchos años —cinco, diez, treinta— y el daño que deja es irreversible: el antibiótico mata al microorganismo, pero no reconstruye el tejido destruido.

  • Corazón y vasos: inflamación de la pared de la aorta, dilatación y disección aórtica, afectación de la válvula aórtica, estrechamiento de las arterias del corazón.
  • Sistema nervioso: alteraciones de la marcha y del equilibrio, dolores lancinantes, pérdida de sensibilidad en las piernas, incontinencia, cambios de carácter, deterioro de la memoria, demencia.
  • Gomas: nódulos que destruyen el tejido donde se forman, ya sea en la piel, los huesos, el hígado o el paladar.

Por esta lista merece la pena hacerse el análisis. La sífilis tardía es hoy, casi siempre, la consecuencia de haber decidido un día que, si todo había pasado, no hacía falta tratarse.

Sistema nervioso, ojos y oídos: no solo «al cabo de los años»

Existe una idea equivocada muy extendida: que el sistema nervioso solo sufre décadas después. No es así. El microorganismo puede alcanzar el sistema nervioso, el ojo y el oído interno en cualquier fase, incluidos los primeros meses tras el contagio.

Por eso hay signos que obligan a un estudio urgente, no a una cita programada:

  • pérdida o visión borrosa, dolor ocular, ojo rojo, molestia con la luz, moscas volantes, visión doble;
  • pérdida repentina de audición en uno o ambos oídos, pitidos o zumbidos, vértigo con pérdida del equilibrio;
  • dolor de cabeza intenso, rigidez de nuca, debilidad o adormecimiento en las extremidades, alteración del habla, convulsiones.

La afectación ocular y auditiva de la sífilis se trata bien si se empieza pronto, y deja pérdidas permanentes si se demora semanas. Si le han diagnosticado sífilis o es posible que la tenga, y la vista o el oído han empeorado, dígalo al médico sin rodeos y no espere turno para una consulta ordinaria.

Cómo se llega al diagnóstico

El diagnóstico es sencillo y accesible, y el resultado es fiable.

El análisis de sangre es el método principal en cualquier fase. Suelen hacerse dos pruebas: una indica si hubo contacto con el microorganismo alguna vez, y la otra la actividad de la infección en este momento; es esta segunda la que después sirve para valorar el éxito del tratamiento. Un matiz importante: en las primeras semanas tras el contagio el análisis todavía puede salir negativo. Si el contacto fue reciente, el médico pedirá repetirlo unas semanas después; no lo deje pasar.

El estudio del material de la llaga. Si la úlcera está presente, se toma una muestra de ella, y eso confirma el diagnóstico de inmediato, antes incluso de que aparezcan los anticuerpos.

Además pueden hacer falta un estudio del líquido cefalorraquídeo si se sospecha afectación nerviosa, una exploración oftalmológica y una prueba de audición. Y casi siempre se propone estudiar a la vez otras infecciones de transmisión sexual, incluido el VIH: suelen ir juntas, y la sífilis además facilita el contagio del VIH.

Conviene hacerse la prueba si: usted o su pareja tienen alguno de los signos descritos; su pareja le ha dicho que tiene sífilis u otra infección; ha habido relaciones sin preservativo con una pareja nueva; está embarazada o planea estarlo; ha compartido una aguja.

El tratamiento y los controles posteriores

La sífilis se trata con antibióticos, y es uno de esos casos poco frecuentes en que el tratamiento realmente cura. La base son los fármacos del grupo de la penicilina, normalmente inyectados; si hay alergia, existen alternativas. El número de dosis y la duración dependen de la fase: la forma temprana se trata en poco tiempo, la tardía y la afectación nerviosa requieren pautas más largas y suelen tratarse en el hospital. La pauta la elige el médico; automedicarse aquí no tiene sentido y es peligroso, porque una infección mal tratada pasa a la fase latente.

Qué cabe esperar del tratamiento:

  • En las primeras horas tras la primera inyección puede aparecer una reacción: escalofríos, fiebre, dolor de cabeza y muscular, erupción más marcada. Es la respuesta del organismo a la muerte masiva del microorganismo, dura unas horas y cede sola. No hay que asustarse, pero conviene que el médico lo advierta de antemano, sobre todo en el embarazo.
  • Las relaciones sexuales quedan excluidas hasta terminar el tratamiento y hasta el análisis de control que confirma el éxito; de lo contrario la pareja se contagiará o volverá a contagiarle a usted.
  • Los controles analíticos son obligatorios. Se repite la sangre a los pocos meses del tratamiento y después a lo largo de uno o dos años, para comprobar que las cifras bajan como deben. Una de las pruebas queda positiva de por vida en muchas personas: es la huella de la infección pasada, no una señal de que el tratamiento fallara, y el médico se lo explicará.

Sífilis y embarazo

Esta es la parte que da sentido práctico a todo lo anterior. La sífilis pasa de la madre al hijo durante el embarazo, y eso se puede evitar por completo.

Sin tratamiento, la infección provoca abortos, partos prematuros, muerte fetal o sífilis congénita en el bebé: daño en huesos, hígado, piel, ojos, audición y sistema nervioso, con secuelas que en parte son permanentes. Por eso el análisis de sífilis forma parte del control del embarazo y se ofrece a todas las gestantes sin excepción, con independencia de la edad, la situación de pareja o de lo improbable que parezca el caso. Si existe riesgo de contagio durante el embarazo, el análisis se repite.

El tratamiento durante el embarazo se hace siempre, con fármacos del grupo de la penicilina, seguros para el feto. Cuanto antes se inicie, mayor es la probabilidad de que el bebé nazca sano; en los primeros meses esa probabilidad es muy alta. Después del parto, al recién nacido se le estudia y se le sigue. Rechazar el tratamiento por miedo a los antibióticos en el embarazo es el error más grave de todo este asunto: el riesgo de la infección sin tratar es incomparablemente mayor.

Parejas, reinfección y protección

El contagio se produce por contacto con la llaga o con las lesiones cutáneas, en relaciones vaginales, anales y orales, y en ocasiones por simple contacto estrecho de la piel en las zonas afectadas. La persona es más contagiosa durante el primer año de la enfermedad. La infección también se transmite por compartir agujas y de madre a hijo.

Qué es importante hacer y saber:

  • Las parejas deben estudiarse y tratarse. Se trata de la pareja actual y de las personas con las que hubo contacto en los meses previos; el médico indicará qué periodo abarcar según la fase. A menudo se trata a la pareja aunque su análisis salga todavía negativo, porque la infección puede no haberse manifestado aún. El aviso puede darse de forma anónima, sin mencionar su nombre.
  • Haber pasado la sífilis no deja inmunidad. Una vez curado, uno puede volver a contagiarse, incluso al mes siguiente, y los casos repetidos no son raros. No es una «recaída», es una infección nueva, y se trata de nuevo desde el principio.
  • El preservativo reduce el riesgo, pero no lo elimina: protege solo lo que cubre, y las lesiones pueden estar fuera de esa zona. En el sexo oral se usa preservativo o una lámina de látex.
  • No comparta agujas ni preste las suyas; los juguetes sexuales no pasan de una persona a otra sin lavarlos y cambiar el preservativo.
  • Con cambios de pareja tiene sentido hacerse revisiones periódicas de infecciones de transmisión sexual aunque no haya síntomas. Así es como más a menudo se detecta la sífilis a tiempo.

Consulta en línea

Un tema del que cuesta hablar es justo aquel en el que la consulta a distancia resulta más útil: se pregunta con calma y sin sala de espera. El médico repasará su situación con criterio: si hubo riesgo, cuánto tiempo ha pasado, cuándo el análisis será ya fiable y qué pruebas concretas pedir. Le ayudará a leer un resultado que ya tenga, porque un informe con dos pruebas distintas y títulos es casi imposible de interpretar solo, y le explicará qué significa esa huella positiva de una infección antigua. Le sugerirá cómo plantear la conversación con su pareja y qué periodo de contactos conviene abarcar. Abordará las preguntas del embarazo: cuándo hacerse el análisis, qué hacer si sale positivo, cómo es el tratamiento y el seguimiento del bebé. Y le recordará aparte los signos oculares, auditivos y neurológicos ante los cuales no hay que escribir a un médico, sino acudir con urgencia.

Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.

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Pedro Soares Lopes

Medicina familiar3 años de experiencia

El Dr. Pedro Soares Lopes es médico y cuenta con cuatro años de experiencia trabajando principalmente en servicios de urgencias y emergencias. Ha trabajado en HUC, ULSRA, Hospital da Luz de Aveiro y ARS Açores, donde ha evaluado una amplia variedad de problemas médicos y quirúrgicos, desde casos sencillos hasta situaciones complejas que requieren una valoración cuidadosa.

Su experiencia en urgencias le ha permitido atender a pacientes de distintas edades, incluidas mujeres embarazadas. Esta amplia trayectoria clínica le ayuda a evaluar los síntomas, identificar cuándo puede ser necesario realizar pruebas adicionales y explicar los pasos a seguir.

El Dr. Soares Lopes también tiene experiencia en consultas a domicilio y en medicina del viajero. Sabe que los problemas de salud pueden surgir lejos del médico habitual o cuando no está claro a qué servicio acudir. Además, trabajó aproximadamente un año en el ámbito de la salud laboral en los Países Bajos, lo que aportó una perspectiva internacional a su práctica clínica.

Durante una consulta online, el Dr. Soares Lopes procura ofrecer orientación clara y práctica según los síntomas y las circunstancias de cada paciente. Si una afección requiere una exploración física, una valoración urgente o tratamiento presencial, puede explicar por qué y orientar al paciente sobre dónde acudir.

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