Sepsis (septicemia)
La sepsis no es una enfermedad aparte, sino una complicación: es la reacción del organismo a una infección cuando la respuesta defensiva se descontrola y…
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- En un adulto, llame a la ambulancia de inmediato si aparece cualquiera de estos signos
- En un niño, lo mismo, pero los signos son otros
- Diga en voz alta la palabra «sepsis»
- Por qué la sepsis se pasa por alto tan a menudo
- Quién tiene más riesgo
- Qué se hace en el hospital
- Tras el alta: la recuperación es más lenta de lo que se espera
- Consulta en línea
La sepsis no es una enfermedad aparte, sino una complicación: es la reacción del organismo a una infección cuando la respuesta defensiva se descontrola y empieza a dañar los propios tejidos y órganos. Puede arrancar de cualquier cosa: de una neumonía, de una infección de orina, de una gripe, de un arañazo infectado, de una muela, de una herida quirúrgica. No deja tiempo para pensarlo y las primeras horas lo deciden todo, así que las señales que obligan a llamar de inmediato a una ambulancia abren esta página.
En un adulto, llame a la ambulancia de inmediato si aparece cualquiera de estos signos
- confusión, habla arrastrada o incoherente, la persona no sabe dónde está, está inusualmente somnolienta o cuesta despertarla;
- falta de aire intensa o respiración muy rápida, sensación de que no entra el aire, dificultad para hablar con frases completas;
- temblores intensos, escalofríos o dolores musculares muy marcados, como en una gripe fuerte pero más bruscos;
- no ha orinado en medio día: ninguna vez en toda la jornada o mucho menos de lo habitual;
- piel moteada, marmórea, pálida, grisácea o azulada, con labios y lengua morados; en la piel morena o negra se aprecia mejor en las palmas, las plantas, los labios, la lengua y la cara interna de los párpados;
- la sensación de que se va a morir o de que está pasando algo muy grave: hay que creer esa sensación;
- una erupción que no palidece al presionar un vaso de cristal contra ella;
- dolor intenso o hinchazón alrededor de una herida, un corte, una mordedura o una sutura quirúrgica.
La ambulancia se pide en el número único europeo 112, que funciona en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania; en su país puede existir además otro número de emergencias, conviene tenerlo localizado de antemano. No conduzca usted mismo: con una sepsis se puede perder el conocimiento por el camino.
En un niño, lo mismo, pero los signos son otros
- respiración muy rápida, quejido al espirar, hundimiento de la piel entre las costillas y por debajo de ellas, aleteo de la nariz;
- convulsiones;
- una erupción que no palidece al presionar un vaso contra ella, igual que en la infección meningocócica;
- decaimiento: el niño está flácido, no responde como de costumbre, no hay manera de despertarlo o no fija la mirada;
- manos y pies inusualmente fríos con el cuerpo caliente, piel moteada o grisácea;
- en el lactante, rechazo del alimento, vómitos repetidos, un llanto débil y agudo distinto del habitual, fontanela abombada o tensa, pañal seco durante medio día.
No espere a reunir varios signos: basta con uno. Y que le hayan visto hace poco no tranquiliza: la sepsis se desarrolla en horas, y un niño que por la tarde «solo tenía fiebre» puede estar grave de noche. Si le parece que está peor que en cualquier enfermedad anterior, vuelva a consultar.
Diga en voz alta la palabra «sepsis»
Suena extraño, pero funciona. Al llamar a la ambulancia o al llegar a urgencias, dígalo sin rodeos: «Creo que esto puede ser una sepsis», y explique por qué: había una infección y ahora hay confusión, falta de aire, temblores, ausencia de orina. Esa frase le saca de la cola de la fiebre y le mete en otro circuito: la sepsis se busca siguiendo un protocolo concreto, y nombrarla acelera de forma apreciable la exploración, los análisis y el inicio del tratamiento.
Diga también si la persona pertenece a un grupo de riesgo: cirugía reciente, quimioterapia, bazo extirpado, diabetes, parto o interrupción del embarazo en las últimas seis semanas. Lleve consigo la lista de los medicamentos que toma.
Si tras la valoración le mandan a casa y el estado empeora, vuelva o llame otra vez a la ambulancia. Una primera consulta no anula la segunda, y aquí insistir es lo correcto.
Por qué la sepsis se pasa por alto tan a menudo
La trampa principal es que se parece a una infección corriente: fiebre, malestar, dolores. No hay ningún signo único que permita reconocerla. Pero hay varias cosas que conviene saber de antemano.
Puede no haber fiebre en absoluto. En la sepsis la temperatura puede ser alta, pero también normal o baja, con la persona fría al tacto. En alguien gravemente enfermo, una temperatura baja es más preocupante que una alta, y no al revés.
En una persona mayor, el único signo suele ser la confusión. De pronto deja de reconocer el entorno, se enreda al hablar, se vuelve somnolienta o, al contrario, inquieta, deja de levantarse. La familia lo atribuye a la edad o a que «la demencia ha empeorado», y detrás hay una infección de orina o una neumonía que ya ha derivado en sepsis. Un cambio brusco de comportamiento en cuestión de horas o de un día es un síntoma, no un rasgo del carácter.
La sepsis no se contagia. Contagiosa puede ser la infección que la desencadenó, pero la sepsis en sí no pasa de una persona a otra. Y el nombre «septicemia» despista: lo decisivo no es que los microbios lleguen a la sangre, sino cómo responde el organismo a ellos.
Lo más difícil es reconocerla en lactantes y niños pequeños, en personas con demencia, en personas con discapacidad intelectual y, en general, en cualquiera que no pueda contar lo que siente. Ahí hay que guiarse por la conducta: ha dejado de comer, ha dejado de responder, está distinto.
Quién tiene más riesgo
La sepsis puede aparecer en cualquier persona con cualquier infección, incluso joven y sana. Pero hay quienes la sufren con más frecuencia:
- los lactantes del primer año de vida, sobre todo los prematuros;
- las personas mayores, en especial las frágiles y con poca movilidad;
- quienes tienen diabetes o enfermedades crónicas de riñón, hígado o pulmón;
- las personas con las defensas bajas: en quimioterapia, con fármacos que frenan el sistema inmunitario, trasplantadas, con VIH;
- quienes no tienen bazo o lo tienen mal funcionante, incluidas las personas con anemia falciforme;
- quienes han pasado hace poco por una cirugía o llevan catéteres, drenajes o accesos venosos;
- las mujeres durante el embarazo y en las primeras semanas tras un parto, un aborto espontáneo o una interrupción del embarazo;
- las personas con quemaduras extensas o heridas grandes, y quienes se inyectan drogas.
Si usted o alguien cercano está en esta lista, pida ayuda antes y mencione su riesgo desde el primer momento. La sepsis no se puede evitar del todo, pero sí reducir la probabilidad de las infecciones de las que nace: mantener las vacunas al día, incluida la de la gripe cada año y la del neumococo en quien esté indicada, con las pautas que fije el calendario nacional; lavar y cuidar las heridas y vigilarlas; tomar los antibióticos prescritos tal como se han indicado y completar la pauta; lavarse las manos y no retrasar la consulta si una infección no cede o vuelve.
Qué se hace en el hospital
La sepsis se trata solo en el hospital y se empieza a tratar antes de tener todos los resultados, porque esperar la confirmación sale demasiado caro. En las primeras horas suelen sacarse hemocultivos y análisis que muestran cómo funcionan los órganos, se busca el foco de la infección, se pone suero por vía intravenosa, se administra oxígeno y un antibiótico de amplio espectro por vena, y se vigila la cantidad de orina. El antibiótico se intenta poner cuanto antes: ante la sospecha de sepsis se cuenta por horas, y si baja la tensión, por minutos.
Después, el tratamiento depende de cómo responda la persona. Cuando los cultivos permiten afinar, el antibiótico se cambia por otro de espectro más estrecho. Y si la infección está en un foco que puede eliminarse (un absceso, una vesícula inflamada, un catéter infectado), ese foco se abre, se drena o se retira: sin ello, los fármacos a menudo no bastan.
Si la tensión no se sostiene, se habla de choque séptico: entonces hacen falta la unidad de cuidados intensivos, fármacos para sostener la tensión y, a veces, ventilación mecánica y diálisis temporal. El ingreso puede durar de unos días a varias semanas.
Tras el alta: la recuperación es más lenta de lo que se espera
La mayoría de las personas se recupera por completo, pero el proceso suele llevar meses, y eso sorprende tanto al paciente como a su familia. Al conjunto de secuelas se le llama síndrome pos-sepsis, e incluye:
- cansancio intenso y debilidad muscular, falta de aire con esfuerzos normales;
- mal sueño, pesadillas, recuerdos intrusivos del hospital;
- dificultades de memoria, de atención y para encontrar las palabras;
- bajo estado de ánimo, ansiedad, irritabilidad y, a veces, estrés postraumático;
- falta de apetito, pérdida de peso, caída del cabello, uñas quebradizas;
- más infecciones en los primeros meses.
Qué ayuda: volver a la actividad poco a poco, sin competir con quien uno era antes; comer poco y a menudo; acordar un horario más llevadero en el trabajo; cuidar el sueño; y no guardarse la ansiedad ni el desánimo, sino contárselos al médico, porque son parte de las secuelas igual que la debilidad de las piernas. Conviene recordar además que, durante un tiempo tras una sepsis, el riesgo de nuevas infecciones graves es mayor, así que ante los primeros síntomas de una infección nueva es mejor consultar antes de lo que se haría normalmente.
Consulta en línea
La sepsis no se trata en línea: ante la sospecha hacen falta ambulancia y hospital, y ninguna consulta a distancia sustituye eso. Pero el médico de Oladoctor sí puede ayudar en todo lo que rodea al tema. Se puede valorar si ha llegado el momento de llamar a la ambulancia cuando usted o un familiar arrastran una infección y el estado cambia; entender por qué una infección no cede con el antibiótico y qué hacer a continuación; revisar cómo cuidar una herida o una sutura y qué cambios en ella son preocupantes; y aclarar qué vacunas conviene ponerse si se pertenece a un grupo de riesgo. Y, aparte, acompañar la recuperación tras el alta: repasar el informe, planificar la vuelta al trabajo y a la actividad, y hablar del insomnio, la ansiedad y el cansancio. Si por lo que usted cuenta el médico ve que hace falta atención urgente, se lo dirá enseguida y antes que nada.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.





