En esta página
- Por qué se contagia con tanta facilidad
- Cómo evoluciona día a día
- Cómo se distingue de otras erupciones y cómo se confirma
- Cuándo llamar a una ambulancia
- Cuándo consultar el mismo día
- Por qué el sarampión es peligroso
- Sarampión durante el embarazo
- Cómo cuidar al enfermo en casa
- Cómo evitar contagiar a los demás
- La vacuna frente al sarampión
- Consulta en línea con un médico
El sarampión es una infección vírica que se contagia con más facilidad que casi ninguna otra enfermedad humana. En la mayoría de las personas se resuelve en un par de semanas, pero en una parte de los enfermos deja complicaciones en los pulmones, los oídos y el cerebro, y por eso en ningún país se considera una «enfermedad infantil» inofensiva. No existe ningún medicamento que mate el virus; lo que sí existe es una protección fiable: dos dosis de la vacuna combinada frente a sarampión, parotiditis y rubéola.
Por qué se contagia con tanta facilidad
El virus sale al respirar, hablar, toser y estornudar, y permanece en el aire de una habitación cerca de dos horas después de que el enfermo haya salido de ella. Es posible contagiarse simplemente entrando en una consulta o en una tienda detrás de esa persona, sin llegar a verla. Si alguien no vacunado y que no ha pasado la enfermedad coincide con un enfermo de sarampión, lo más probable con diferencia es que enferme.
La persona contagia ya antes del exantema, unos cuatro días antes de que aparezca, cuando todo parece un catarro fuerte, y sigue contagiando otros cuatro días después de que salga la erupción. Por eso el sarampión se extiende por una guardería, un colegio o una sala de espera antes de que nadie entienda de qué se trata.
Desde el contagio hasta los primeros síntomas pasan normalmente de una a dos semanas, a veces algo más. Durante todo ese tiempo la persona se encuentra bien.
Cómo evoluciona día a día
El sarampión sigue un guion bastante constante, y conocer ese orden ayuda a sospecharlo antes.
Los tres o cuatro primeros días se parecen a un catarro intenso: fiebre alta, mucha mucosidad nasal, tos seca y perruna, estornudos. Lo que distingue al sarampión es el estado de los ojos: se ponen rojos, lloran y la luz molesta.
Uno o dos días antes del exantema aparecen en la mucosa de las mejillas, a la altura de las muelas, unos puntitos blanquecinos, como granos de sémola sobre un fondo rojizo. Son las manchas de Koplik, un signo que solo se da en el sarampión; duran poco, así que conviene mirar la boca del enfermo con luz de día.
La erupción empieza detrás de las orejas y en la cara, al día siguiente baja al tronco y a los brazos y un día después a las piernas. Las manchas son grandes, algo sobreelevadas, tienden a unirse formando zonas de contorno irregular y no suelen picar. En piel clara son rojas o parduzcas; en piel morena y negra se distinguen peor, y ahí conviene guiarse por el tacto y por la erupción detrás de las orejas.
Con la erupción en su punto álgido la fiebre vuelve a subir, y eso es lo esperable. A los tres o cuatro días las manchas palidecen en el mismo orden en que aparecieron y dejan un tono parduzco y una descamación fina. La tos y el cansancio son lo último en irse, a veces hasta dos semanas.
Cómo se distingue de otras erupciones y cómo se confirma
Erupciones con fiebre hay muchas: dan cuadros parecidos la rubéola, la infección por parvovirus, los enterovirus, la escarlatina y las reacciones alérgicas a medicamentos. A favor del sarampión están los ojos rojos y llorosos con tos persistente ya antes del exantema, la secuencia estricta de cara, tronco y piernas, y el hecho de que con la erupción la persona no mejora. Dos dosis de vacuna puestas o un sarampión pasado hacen el diagnóstico improbable, aunque con una sola dosis el sarampión es posible y cursa de forma atenuada; esas personas también contagian.
Por eso el diagnóstico se confirma en el laboratorio, y se hace siempre, incluso cuando el cuadro parece evidente. Se toma una muestra de exudado nasofaríngeo o de saliva para detectar el virus por PCR, y a veces se añade orina. En paralelo se analiza la sangre en busca de anticuerpos IgM: en los primeros días de la erupción pueden no detectarse todavía, así que ante un resultado precoz negativo se repite el análisis.
El sarampión es una de las infecciones que el médico está obligado a notificar a salud pública. No es burocracia: así se localiza a quienes han estado cerca y se les protege antes de que enfermen. Intente recordar con precisión dónde ha estado los últimos días.
Cuándo llamar a una ambulancia
Llame a una ambulancia (en España y en el resto de Europa el número único es el 112) o acuda a urgencias si aparece cualquiera de estas señales:
- dificultad para respirar: la persona busca aire, habla con palabras sueltas, y en un lactante se oye un quejido y se le hunden los espacios entre las costillas;
- convulsiones;
- no se consigue despertar al niño, no fija la mirada, la cabeza cae hacia atrás, el cuerpo está flácido;
- confusión, comportamiento extraño, llanto que no cesa;
- dolor de cabeza intenso con vómitos, molestia con la luz o imposibilidad de acercar la barbilla al pecho;
- una erupción que no palidece al apretar contra ella un vaso transparente;
- signos de deshidratación: labios y lengua secos, ausencia de lágrimas, poca orina, fontanela hundida en un bebé.
No conviene ponerse uno mismo al volante en ese estado: hace falta alguien que pueda ayudar durante el trayecto. Lleve consigo la lista de los medicamentos que toma.
Cuándo consultar el mismo día
No siempre hace falta una ambulancia, pero tampoco se puede pasar el sarampión en casa sin decirle nada a nadie. Contacte con su médico de cabecera el mismo día si sospecha sarampión en usted o en su hijo; si la fiebre dura más de cuatro días desde que salió la erupción o vuelve a subir cuando todo iba mejorando; si aparecen dolor de oído, supuración por el oído, falta de aire, dolor en el pecho, o si un ojo duele y ve peor.
Llame antes de ir y avise de que sospecha sarampión. Le harán pasar aparte de la sala de espera general para no contagiar al resto, sobre todo a lactantes y a personas con las defensas bajas.
Por qué el sarampión es peligroso
Las complicaciones aparecen aproximadamente en uno de cada diez a quince enfermos, y la mayoría se dan en niños menores de cinco años, adultos, embarazadas y personas con inmunidad debilitada.
- Otitis media, la más frecuente; a veces deja una pérdida de audición permanente.
- Neumonía, vírica o bacteriana sobreañadida, que es la principal causa de muerte por sarampión.
- Crup: inflamación de la laringe con tos ronca y respiración ruidosa.
- Diarrea con deshidratación, sobre todo en los más pequeños.
- Lesión de la córnea que puede llegar a la ceguera, más frecuente allí donde falta vitamina A.
- Encefalitis, inflamación del cerebro, en torno a un caso por cada mil; cursa con convulsiones y confusión y puede dejar secuelas de por vida.
Existe además una complicación tardía: la panencefalitis esclerosante subaguda. Aparece varios años después de la curación, sobre todo en quienes pasaron el sarampión en el primer o segundo año de vida, es muy rara y no tiene tratamiento. Por otra parte, el sarampión empobrece durante meses la memoria inmunitaria: el organismo «olvida» en parte infecciones frente a las que ya estaba protegido, y en ese periodo la persona enferma más y peor de otras cosas.
Sarampión durante el embarazo
Las embarazadas lo pasan peor: desarrollan neumonía con más frecuencia y necesitan ingreso más a menudo. La infección aumenta el riesgo de aborto, muerte fetal, parto prematuro y bajo peso al nacer. El sarampión no produce malformaciones congénitas como la rubéola, pero si el parto coincide con el momento álgido de la enfermedad el recién nacido puede enfermar de forma grave.
La vacuna es de virus vivos y no se pone durante el embarazo, así que la protección se construye antes de la gestación. Si una embarazada sin protección ha tenido contacto con un enfermo, debe contactar con su médico de inmediato: en los primeros días tras la exposición la inmunoglobulina resulta útil. Dar el pecho no impide vacunarse, y después del parto se hace sin dejarlo para más adelante.
Cómo cuidar al enfermo en casa
No hay medicamento contra el virus, así que el cuidado busca dos cosas: que la persona esté más cómoda y que una complicación no pase desapercibida.
Lo que más importa es beber: la fiebre y el sudor deshidratan deprisa. Ofrezca agua, caldo suave o una solución de rehidratación, poco y a menudo, y vigile cuántas veces orina el niño. Para la fiebre y el malestar sirven el paracetamol o el ibuprofeno en la dosis que corresponda por edad y peso; la aspirina no se da a niños ni adolescentes con una infección vírica. Baje las persianas si la luz molesta a los ojos y retire con cuidado las legañas con una gasa humedecida en agua hervida y enfriada.
Ventile la habitación y no reseque el aire, porque el aire seco empeora la tos. No hay que obligar a comer. En los niños con sarampión el médico indica con frecuencia vitamina A, que reduce el riesgo de curso grave y de lesión ocular, pero la dosis la fija el médico y no debe darse por cuenta propia. Los antibióticos no actúan sobre el virus y solo se usan si se añade una infección bacteriana.
Cómo evitar contagiar a los demás
Quédese en casa y no vaya a la guardería, al colegio ni al trabajo durante al menos cuatro días desde que apareció la erupción, y mejor hasta encontrarse bien. Es especialmente importante no coincidir con lactantes que aún no se han vacunado, con embarazadas y con personas cuya inmunidad esté frenada por una enfermedad o un tratamiento: para ellas el sarampión es lo más peligroso, y a menudo no pueden vacunarse.
En casa ventile con frecuencia, lávese las manos, cúbrase la boca con un pañuelo al toser y tírelo enseguida, y no comparta vajilla, toallas ni ropa de cama con el enfermo.
Avise a todas las personas que hayan estado cerca del enfermo estos días. Si no están protegidas, la vacuna en las primeras setenta y dos horas tras el contacto, o la inmunoglobulina en los días siguientes, pueden evitar la enfermedad o suavizarla mucho, pero solo si se actúa enseguida.
La vacuna frente al sarampión
Vacunarse es la única forma fiable de no enfermar. Se hace con la vacuna combinada frente a sarampión, parotiditis y rubéola; en algunos países el mismo preparado incluye también la varicela.
La pauta completa son dos dosis: la primera en el segundo año de vida y la segunda más adelante, en edad preescolar o en los primeros años de colegio. Las fechas exactas las marca el calendario vacunal de cada país. Dos dosis protegen a nueve o diez de cada diez vacunados, y todo indica que esa protección dura toda la vida.
Ponerse al día es posible a cualquier edad: a los adultos sin constancia de vacunación ni de haber pasado la enfermedad se les administran dos dosis separadas por unas semanas. Al ser una vacuna de virus vivos, no se pone durante el embarazo ni en casos de inmunosupresión marcada; ahí el médico plantea otra estrategia. Los efectos habituales son algo de fiebre y una erupción leve a la semana o semana y media, y se pasan solos. No hay relación entre esta vacuna y el autismo: el trabajo del que salió esa idea se demostró falso y fue retirado, y los estudios posteriores en millones de niños no encontraron ninguna asociación.
Consulta en línea con un médico
Ante la sospecha de sarampión, la consulta en línea tiene una ventaja inmediata: no hay que llevar a una persona contagiosa a una sala de espera. El médico preguntará en qué orden aparecieron los síntomas, pedirá ver la erupción y la mucosa de las mejillas con luz de día, valorará la respiración y el estado general y dirá qué pruebas hacer y dónde acudir para confirmarlo. En línea también se pueden repasar los resultados, organizar los cuidados en casa, aclarar cuántos días de aislamiento hacen falta y qué deben hacer los convivientes y los compañeros de trabajo, y planificar la vacunación de recuperación en adultos. Si aparecen los signos del apartado sobre la ambulancia, no hay que esperar a una cita en línea.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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