Rubéola (sarampión alemán)
Por sí sola, la rubéola es una de las infecciones con erupción más leves que existen. Un niño con rubéola apenas se siente enfermo: algo de fiebre, unas…
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Por sí sola, la rubéola es una de las infecciones con erupción más leves que existen. Un niño con rubéola apenas se siente enfermo: algo de fiebre, unas manchas pálidas durante tres días y en una semana se acabó. Toda la gravedad de esta enfermedad está en otro sitio. Si la contrae una mujer en el primer trimestre del embarazo, el virus llega al feto y daña justo lo que se está formando en ese momento: el oído, el corazón, los ojos. Por eso lo que sigue no trata tanto de cómo pasar la erupción como de evitar que el virus se cruce con una embarazada.
Cómo se manifiesta
Del contagio a la erupción pasan dos o tres semanas, y durante todo ese tiempo la persona parece sana. Después aparecen los rasgos por los que suele reconocerse la rubéola:
- una erupción rosada y fina: empieza en la cara y detrás de las orejas y en un día baja al cuello, el tronco y los brazos. Las manchas no se juntan formando placas, duran unos tres días y desaparecen sin dejar descamación;
- ganglios aumentados y dolorosos detrás de las orejas y en la nuca, junto al nacimiento del pelo. Es el signo más característico de la rubéola: a menudo aparece antes que la erupción y dura más que ella;
- fiebre baja, algo de mucosidad nasal, tos leve, ojos algo rojos, dolor de cabeza;
- dolor articular en dedos, muñecas y rodillas. En los niños es raro; en las mujeres adultas es frecuente y suele ser la parte más molesta de la enfermedad, y cede en unas semanas.
Y lo más importante de este apartado: en torno a la mitad de los casos la rubéola cursa sin erupción o de forma tan discreta que se toma por un catarro leve. De ahí una conclusión incómoda: una embarazada puede contagiarse de alguien que no sabe que está enfermo y a quien no cabe reprochar nada.
En qué se diferencia del sarampión
La rubéola y el sarampión se confunden constantemente, también en internet, y son enfermedades distintas: virus distintos, evolución distinta y un peligro completamente distinto. La misma vacuna protege de ambas, pero eso no las convierte en la misma enfermedad.
La diferencia se ve en cómo se encuentra la persona. Con sarampión se está claramente mal: la fiebre alta dura varios días, hay tos molesta, mucosidad abundante, ojos rojos que duelen con la luz, y solo después, con la fiebre todavía alta, sale la erupción, intensa, que confluye en placas, dura cerca de una semana y deja manchas pardas y descamación. Al lado de eso la rubéola parece una nimiedad: fiebre baja, estado general aceptable, erupción pálida que dura tres días.
Aun así, a simple vista no se distinguen con fiabilidad, sobre todo al principio. Si usted o su hijo tienen erupción con fiebre, el diagnóstico se confirma con un análisis de sangre o una muestra de exudado, y no es un trámite: el sarampión es más peligroso y exige otras medidas, y de la rubéola depende que haya que avisar a las embarazadas del entorno.
Antes de acudir a la consulta, llame y avise de la erupción. Es probable que le pidan no esperar en la sala común o que le propongan hablar antes por teléfono: en el pasillo puede haber una mujer embarazada.
Por qué es peligrosa para el futuro bebé
Si una mujer contrae la rubéola durante el embarazo, el virus atraviesa la placenta e interfiere en la formación de los órganos del bebé. Ese cuadro se llama síndrome de rubéola congénita y se compone de cosas muy concretas:
- sordera, la consecuencia más frecuente y a veces la única; el bebé puede nacer aparentemente sano y la pérdida auditiva detectarse más tarde;
- malformaciones cardíacas que requieren cirugía;
- cataratas y otras lesiones oculares que pueden llegar a la ceguera;
- afectación cerebral con retraso del desarrollo, bajo peso al nacer, aumento del hígado y del bazo.
También puede acabar en pérdida del embarazo o en muerte fetal.
El momento es decisivo. El riesgo mayor está en las primeras semanas, cuando se forman el corazón, los ojos y el oído interno: el contagio en ese período afecta a la mayoría de los bebés. Después el riesgo cae con rapidez, y si el contagio ocurre pasada la semana veinte prácticamente ya no hay peligro para el bebé.
Y aquí está la razón de ser de toda esta página: no existe ningún tratamiento que proteja de forma fiable al bebé una vez que la embarazada se ha contagiado. Lo único que funciona es no enfermar, es decir, tener la protección de antemano.
Embarazo: qué hacer el mismo día
Si está embarazada y le ha salido una erupción, o ha estado cerca de alguien con rubéola o con sospecha de rubéola, contacte con su médico o su matrona ese mismo día, sin esperar a una cita ni comprobar si se pasa sola. No se trata de un tratamiento urgente, sino de plazos: el análisis de sangre tiene sentido en un momento determinado tras el contacto, y los días perdidos no se recuperan.
Lo que ocurrirá después: le extraerán sangre para anticuerpos, con el fin de aclarar dos cosas, si ya tenía protección y si hay señales de un contagio reciente. Si está vacunada o pasó la enfermedad, casi con seguridad no hay motivo de preocupación. Si no hay protección, el embarazo se vigilará más de cerca, y la conversación sobre lo que eso significa y qué opciones existen la lleva el médico teniendo en cuenta la semana de gestación.
No retrase la llamada porque la erupción parezca poca cosa, y no acuda a la consulta sin avisar. Y si hubo contacto pero no hay erupción, hay que llamar igualmente: la rubéola cursa a menudo sin ella.
Cómo no pasársela a otros
El virus se transmite por el aire, al toser, estornudar y hablar, y también a través de objetos con saliva. La persona se vuelve contagiosa aproximadamente una semana antes de que salga la erupción, es decir, cuando todavía no se nota nada, y sigue siéndolo alrededor de una semana después.
- Quédese en casa: sin guardería, colegio ni trabajo durante al menos cinco días desde que aparece la erupción.
- No se acerque a mujeres embarazadas hasta que pase el período contagioso. Si el contacto ya se produjo, avísela de inmediato: le interesa llegar a tiempo al análisis, no enterarse un mes después.
- Lávese las manos con jabón, cúbrase la boca con un pañuelo al toser y tire los pañuelos usados.
- No comparta con la familia vajilla, toallas ni ropa de cama.
La vacuna
La rubéola es una de esas enfermedades que la vacuna elimina casi por completo. No suele existir una vacuna solo para ella: la protección va dentro de la vacuna combinada junto con el sarampión y las paperas. Se administra según el calendario nacional de vacunación, en dos dosis: la primera durante el primer o el segundo año de vida y la segunda más adelante. Las fechas exactas varían de un país a otro y hay que consultarlas en el calendario del propio país. Dos dosis dan una protección que dura muchos años.
Lo que conviene saber a los adultos:
- si está planificando un embarazo, compruebe antes su protección frente a la rubéola: es un análisis de sangre corriente para anticuerpos. Si no la tiene, la vacuna se pone antes de la concepción;
- a las embarazadas no se les administra esta vacuna, porque es de virus vivos. Durante un tiempo después de vacunarse no se busca el embarazo; el plazo lo indica el médico;
- si durante el embarazo se descubre que no hay protección, la vacuna se pone justo después del parto para dejar el asunto resuelto; la lactancia no lo impide;
- haber pasado la rubéola también deja protección, pero el recuerdo de «algo así tuve de pequeño» no sirve como prueba: varias infecciones dan erupciones parecidas. La única respuesta fiable es el análisis.
Cómo llevar la enfermedad y cuándo hace falta el médico con urgencia
No hay tratamiento dirigido contra el virus, y tampoco hace falta: la enfermedad se resuelve sola en cosa de una semana. Ayuda lo de siempre: descanso, líquidos abundantes, antitérmicos y analgésicos si hay malestar o duelen las articulaciones. En los niños sirven las presentaciones infantiles de paracetamol e ibuprofeno con la dosis calculada por peso; a niños y adolescentes no se les da aspirina. Los antibióticos no actúan sobre un virus.
Las complicaciones de la rubéola son raras, pero existen, y conviene conocer sus signos. Acuda al médico con urgencia y, si el empeoramiento es rápido, llame a una ambulancia (en Europa, al número único 112) si aparecen:
- moratones sin golpes, manchas puntiformes que no palidecen al presionar, encías que sangran, hemorragias nasales, sangre en la orina o en las heces: así se manifiesta la caída de las plaquetas;
- dolor de cabeza intenso, somnolencia o confusión inusuales, convulsiones, rigidez de nuca, molestia con la luz, vómitos: signos de inflamación de las meninges y del cerebro;
- en un niño, decaimiento, rechazo de la bebida, dificultad para despertarlo.
También hay que ver al médico el mismo día si la erupción dura más de una semana, si la fiebre es alta y no cede, o si las articulaciones duelen y se hinchan hasta impedir la vida normal.
Consulta en línea
A distancia se resuelve la duda más habitual: qué erupción es esta, si se parece a la rubéola o al sarampión y qué hacer a continuación, qué análisis pedir y adónde ir para no acabar esperando en una sala común con manchas. Un capítulo aparte es el embarazo: el médico indica qué análisis hacen falta tras un contacto y en qué plazos se realizan, y ayuda a interpretar un resultado de anticuerpos ya disponible. En línea es también cómodo planificar la vacuna antes de la concepción y saber si usted está protegida. Los signos de la lista anterior no se valoran a distancia: con ellos hay que acudir de inmediato al médico o llamar a una ambulancia.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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