Luxación de rótula
La rótula se desliza hacia arriba y hacia abajo por un surco situado en el extremo del fémur, igual que una pieza que corre por su guía.
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La rótula se desliza hacia arriba y hacia abajo por un surco situado en el extremo del fémur, igual que una pieza que corre por su guía. Cuando se sale de ese surco, la pierna pierde el apoyo de golpe y la persona cae en el sitio. Visto desde fuera parece que «se ha salido la rodilla», pero la articulación está intacta: lo que se ha desplazado es uno de los tres huesos. La diferencia importa mucho. Una rótula luxada, atendida a tiempo, termina bien; en cambio la luxación de la propia articulación de la rodilla es una lesión rara en la que el tiempo se cuenta en horas, porque queda comprometido el riego sanguíneo de toda la pierna. A continuación, cómo distinguir una cosa de la otra, qué hacer en la primera hora y por qué a algunas personas la rótula se les sale una y otra vez.
Cómo ocurre normalmente
Al contrario de lo que suele suponerse, el golpe directo en la rodilla no es la causa más frecuente. Mucho más a menudo la rótula se sale con un giro brusco del tronco sobre la pierna de apoyo, ligeramente flexionada: jugando al fútbol, bailando, en una caída mal amortiguada, a veces simplemente al girarse sobre un suelo resbaladizo. El muslo se va hacia dentro, la pierna hacia fuera y la rótula queda literalmente arrastrada de lado. Se desplaza casi siempre hacia fuera, hacia la cara externa de la rodilla; hacia dentro es rarísimo y suele deberse a un golpe directo fuerte.
Lo que la persona nota y ve en ese momento:
- un chasquido o la sensación de que algo «se ha corrido» dentro de la rodilla;
- la pierna cede y resulta imposible mantener el peso sobre ella;
- la rodilla se queda algo flexionada y no se estira;
- por delante la rodilla se ve extrañamente plana y por el lado se palpa, o incluso se ve, el hueso desplazado;
- un dolor intenso que cede un poco en cuanto la rótula vuelve a su sitio.
Hay aquí un detalle por el que la lesión se subestima con frecuencia. Muchísimas luxaciones se reducen solas: la persona estira la pierna por reflejo y la rótula se desliza de nuevo al surco. Cuando alguien la examina ya solo se ve una rodilla hinchada y dolorida, y el relato de «se salió y volvió» suena poco serio. En realidad el ligamento que sujeta la rótula por dentro se rompe casi siempre en la primera luxación, y de cómo se maneje esa rodilla después depende que todo se repita medio año más tarde.
Conviene además reconocer la hinchazón rápida. Si la rodilla se hincha a ojos vista, en minutos o en una hora larga, casi con seguridad hay sangre dentro de la articulación y no una inflamación banal por el golpe. La sangre indica que se ha roto algo importante o que se ha desprendido un fragmento de cartílago con hueso. Esa rodilla hay que enseñarla al médico aunque se consiga caminar.
Cuándo hace falta atención urgente
Acuda de inmediato a urgencias si, tras una lesión de rodilla:
- la rodilla o la pierna han cambiado de forma de manera visible, o la pierna queda en un ángulo antinatural;
- el pie está pálido o azulado, frío o dormido, con hormigueo, o no puede mover los dedos;
- la rodilla se ha hinchado en cuestión de minutos;
- no puede apoyar el pie en el suelo ni estirar la pierna;
- asoma hueso por una herida, hay una herida profunda sobre la articulación o una hemorragia importante.
Un pie pálido, frío o dormido no es una pierna «que se ha quedado entumecida». Así se manifiesta la compresión o la rotura de la arteria poplítea, y eso sucede cuando se luxa la articulación entera de la rodilla, no solo la rótula. El desplazamiento puede reducirse solo antes incluso de que llegue la ayuda, y la rodilla tendrá por fuera un aspecto casi normal mientras la arteria ya está dañada. Sin restablecer el flujo sanguíneo en las primeras horas se pierde la pierna. Por eso una lesión con estos signos se lleva al hospital enseguida y no se vigila hasta el día siguiente.
No conduzca usted mismo ni haga caminar al accidentado. Pida que le lleven y, si no es posible o la pierna tiene mal aspecto, llame a una ambulancia (en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania funciona el número único 112). Lleve consigo la lista de los medicamentos que toma, sobre todo si entre ellos hay anticoagulantes.
Qué hacer mientras espera al médico
El objetivo de ese rato es sencillo: no empeorar las cosas.
- Deje la pierna en la posición en la que resulta más llevadera y no intente estirarla a la fuerza.
- Coloque algo blando bajo la rodilla y la pantorrilla —ropa enrollada, una toalla, un cojín— para que la pierna descanse apoyada y no quede colgando.
- Aplique frío envuelto en un paño durante quince o veinte minutos. El hielo nunca se pone directamente sobre la piel.
- No apoye la pierna lesionada ni intente «andar hasta que se pase».
- No coloque usted la rótula ni deje que lo haga quien «sabe hacerlo». Detrás del desplazamiento puede haber una fractura, y dentro de la articulación un fragmento de cartílago suelto que una maniobra brusca metería entre los huesos.
- No coma ni beba hasta que le exploren: si hace falta reducir la luxación con sedación o anestesia general, el estómago lleno lo retrasa.
Qué hará el médico
Si la rótula sigue desplazada, se coloca en su sitio: el médico estira la pierna despacio y empuja con suavidad la rótula hacia el surco. La maniobra dura segundos y el dolor desaparece casi de inmediato; si los músculos están muy contraídos se administra analgesia o una sedación ligera.
Después la rodilla se estudia siempre, aunque se haya reducido sola por el camino. Se hacen radiografías en varias proyecciones: muestran las fracturas y, sobre todo, el fragmento osteocondral desprendido, un trocito que se queda dentro de la articulación, estorba el movimiento y exige una decisión aparte. Si hay mucha sangre en la rodilla o el cuadro no está claro, se pide una resonancia magnética, que ve la rotura del ligamento estabilizador, el estado del cartílago y los fragmentos libres que la radiografía no detecta.
Según los resultados hay tres caminos. Lo más habitual es inmovilizar la rodilla con una ortesis o una férula durante unas semanas, permitir el apoyo a medida que cede el dolor y derivar al fisioterapeuta. Con menos frecuencia —cuando queda un fragmento suelto en la articulación— hace falta una artroscopia para retirarlo o fijarlo de nuevo. Y es capítulo aparte la cirugía de quienes sufren luxaciones repetidas, de la que se habla más abajo.
Cómo va la recuperación
Recuperarse del todo de una primera luxación lleva por lo general entre un mes y medio y dos meses, a veces más. Caminar, aunque sea poco a poco y con apoyo, la mayoría lo consigue a los pocos días.
Lo que ayuda:
- los analgésicos de venta libre cuando el dolor impide moverse y dormir; cuál conviene en su caso es mejor consultarlo con el médico o el farmacéutico, sobre todo si ya toma algo;
- mantener la pierna elevada al descansar, así baja la hinchazón;
- los ejercicios que enseña el fisioterapeuta, todos los días y en dosis pequeñas, no una vez por semana hasta la extenuación; el objetivo principal es devolver fuerza al cuádriceps y enseñar a los glúteos a impedir que la rodilla se venza hacia dentro;
- la actividad cotidiana normal dentro de lo permitido: una rodilla que solo reposa se recupera peor.
Lo que conviene evitar: girar y torsionar la rodilla, andar sin la ortesis si se la han indicado y volver al deporte antes de que la pierna iguale en fuerza a la sana. Esto último no lo decide el calendario, sino el médico o el fisioterapeuta con pruebas concretas. Volver «según cómo se sienta uno» es la causa más frecuente de la segunda luxación.
Por qué la rótula vuelve a salirse
En la mayoría de las personas la primera luxación es también la última, pero en una parte notable todo se repite, y cada vez con menos motivo: al principio hace falta un partido de fútbol y luego basta con girarse en la cocina. La causa no suele ser la mala suerte, sino la arquitectura de esa rodilla concreta. Aumentan el riesgo:
- un surco demasiado plano en el fémur: la rótula sencillamente no tiene dónde sujetarse;
- una rótula alta, que solo entra en el surco con la rodilla muy flexionada;
- la laxitud general de los ligamentos, con articulaciones «sueltas» en todo el cuerpo;
- las piernas en X y la rotación del muslo hacia dentro;
- unos glúteos y un cuádriceps débiles;
- una primera luxación en la adolescencia y antecedentes iguales en familiares cercanos.
Si la luxación se ha repetido aunque solo sea dos veces, el planteamiento cambia: la ortesis y los ejercicios ya no bastan. Se valora una operación para reconstruir el ligamento roto en la cara interna de la rótula y, a veces, para corregir la propia geometría ósea. Antes se hacen pruebas de imagen que miden la profundidad del surco y la altura de la rótula. La decisión no se toma por el número de episodios, sino por cuánto limita la rodilla la vida de esa persona.
Hay además una cara menos comentada del asunto. El cartílago se lesiona en cada luxación, y los episodios repetidos acaban dando dolor permanente bajo la rótula y artrosis precoz. Es un motivo para no aplazar el estudio, aunque entre una luxación y otra la rodilla se porte razonablemente bien.
Consulta en línea
A distancia resulta cómodo resolver lo que más a menudo queda sin respuesta: si la rodilla se ha colocado sola, ¿hacen falta ahora pruebas?, qué significa una hinchazón que no baja en tres semanas y cuándo se puede retirar la ortesis. El médico preguntará cómo se torció exactamente la pierna, qué notó usted y cómo se comporta la rodilla ahora, le ayudará a entender si tiene sentido una resonancia y le orientará sobre a qué especialista acudir si las luxaciones se repiten. También es una buena vía para planificar la vuelta al deporte y averiguar por qué una rodilla aparentemente curada sigue fallando. Los signos de la lista de urgencia no se valoran a distancia: con ellos se acude directamente al hospital.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.




