Rodillas en X
Se llaman rodillas en X, o genu valgo, a la posición en la que las rodillas se juntan mientras los tobillos quedan separados y entre ellos permanece un hueco.
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Se llaman rodillas en X, o genu valgo, a la posición en la que las rodillas se juntan mientras los tobillos quedan separados y entre ellos permanece un hueco. Lo habitual es que lo vean los padres de un niño de tres a cinco años y se asusten, aunque a esa edad esa forma de las piernas es una etapa normal del crecimiento que se resuelve sola. Mucho menos veces el valgo es señal de una enfermedad o consecuencia de una lesión, y entonces conviene detectarlo a tiempo. Para distinguir una cosa de la otra no sirven tanto los grados como la edad, la simetría y hacia dónde evoluciona con el tiempo.
Cómo se ve y cómo se mide
Comprobarlo es sencillo. El niño o el adulto se pone de pie recto, con las piernas juntas, las rodillas en contacto y las rótulas mirando al frente. Si entre los maléolos internos de los tobillos queda un hueco, eso es el valgo, y a la anchura de ese hueco se le llama distancia intermaleolar: es la medida con la que se sigue la evolución.
En la mayoría de las personas no hay ninguna otra manifestación. Las piernas simplemente tienen otro aspecto que las de los demás. Cuando la desviación es marcada aparece lo demás: la marcha se hace más abierta, el niño se roza una rodilla con la otra y se traba al correr, las piernas se cansan antes y el calzado se desgasta de forma desigual por el borde interno. Al valgo suele acompañarlo un aplanamiento del arco del pie, que se vence hacia dentro siguiendo a la rodilla. En adolescentes y adultos con valgo llamativo la rótula se sostiene peor en su surco, de modo que en ellos son más frecuentes las subluxaciones y las luxaciones de rótula.
Por qué en los niños suele resolverse solo
Las piernas cambian de forma siguiendo un calendario, y conviene conocerlo para no tratar lo normal. El bebé nace con las piernas arqueadas hacia fuera. Hacia el año y medio o los dos años se enderezan, y el péndulo sigue hacia el otro lado: alrededor de los tres o cuatro años el valgo alcanza su máximo y el hueco entre los tobillos de un niño perfectamente sano puede medir varios centímetros. Después las piernas se van alineando y hacia los siete u ocho años queda un pequeño valgo fisiológico que acompaña a la persona toda la vida y que en las mujeres suele ser algo mayor que en los hombres por la anchura de la pelvis.
De ahí una regla sencilla: unas rodillas en X en un preescolar, simétricas, indoloras y que van disminuyendo, no son un diagnóstico sino una fase. No necesitan tratamiento, sino paciencia y una o dos revisiones de control para confirmar que la cosa va en la dirección correcta.
Cuándo ya no se trata del crecimiento
Conviene llevar al niño al médico si coincide alguno de estos puntos.
- La desviación se ve solo en una pierna o las piernas son claramente asimétricas.
- Las piernas se han torcido más, en lugar de enderezarse, en los últimos seis meses.
- El niño se queja de dolor en la rodilla o en la pierna, cojea o se niega a caminar mucho.
- El valgo persiste o ha aparecido por primera vez después de los siete u ocho años.
- El niño es claramente más bajo que sus compañeros o crece más despacio que antes.
- Las piernas tienen distinta longitud.
- El hueco entre los tobillos es grande, orientativamente por encima de ocho a diez centímetros.
- Hay enfermedades del esqueleto en la familia o una deformidad parecida en algún adulto.
Aparte queda lo urgente. Una rodilla caliente, hinchada y muy dolorosa, que el niño protege y no deja estirar, sobre todo con fiebre, no tiene que ver con la forma de las piernas. Así se manifiestan la infección de la articulación y la osteomielitis, y ahí hace falta atención el mismo día, porque el pus dentro de una articulación destruye el cartílago y el cartílago de crecimiento en pocos días.
Causas al margen de crecer
Cuando el valgo se sale de lo normal para la edad, se busca qué le impide al hueso crecer recto.
- Raquitismo y falta de vitamina D. El hueso reblandecido se deforma bajo el peso del cuerpo. Además del déficit habitual de vitamina D existen formas hereditarias en las que el riñón pierde fosfato, que no se corrigen solo con la vitamina y requieren un manejo propio.
- Lesión del cartílago de crecimiento. Una fractura junto a la rodilla puede dañarlo, y a partir de ahí el hueso crece de forma desigual. Existe también la situación inversa: tras una fractura de la parte alta de la pierna en un niño pequeño la extremidad se desvía a veces en valgo aunque la fractura haya consolidado perfectamente, y con el tiempo eso se corrige en parte por sí solo.
- Infección del hueso o de la articulación pasada a edad temprana. Puede dañar la zona de crecimiento y dejar huella durante años.
- Inflamación articular. La artritis juvenil altera la forma de las rodillas, y en los adultos la artritis reumatoide se comporta igual.
- Enfermedades hereditarias del esqueleto. Exostosis múltiples, distintos tipos de displasias óseas, enfermedades de depósito. Las delatan la talla baja, las deformidades en más sitios que las rodillas y los casos parecidos en la familia.
- Enfermedad renal crónica. El trastorno del metabolismo del calcio y el fósforo en un niño en crecimiento deforma los huesos.
- Exceso de peso. Empuja la deformidad y además dificulta que se resuelva sola, porque la carga sobre el hueso en crecimiento se reparte de forma desigual.
Qué se acabe estudiando depende de los hallazgos de la exploración. Lo habitual es una radiografía de las piernas en carga, que muestra el eje completo del miembro y permite medir el ángulo, más análisis de sangre con calcio, fósforo, fosfatasa alcalina, vitamina D y función renal.
Qué hacen los médicos
A la inmensa mayoría de los niños no les hace falta nada más que seguimiento. El médico mide el hueco entre los tobillos, lo anota y al cabo de medio año o un año compara: si disminuye, el asunto queda cerrado.
Si se encuentra una causa, se trata: se reponen la vitamina D y el calcio en el raquitismo, se ajusta el tratamiento en las formas renales o hereditarias, se controla la inflamación en la artritis. A menudo con eso basta para que el hueso empiece a crecer más recto.
Cuando la deformidad es marcada, no disminuye y molesta, en el niño con los cartílagos de crecimiento aún abiertos existe una solución elegante: el crecimiento guiado. Se coloca en la cara interna del hueso, junto a la rodilla, una placa pequeña con dos tornillos que frena el crecimiento de ese lado mientras el lado externo sigue creciendo. La pierna se endereza poco a poco a lo largo de unos meses o de un año, y después se retira la placa. Es una intervención menor, no requiere escayola y se permite caminar casi enseguida. Su única condición es llegar a tiempo, mientras el niño crece.
Si el crecimiento ya ha terminado y la deformidad es importante y dolorosa, el eje se corrige con una osteotomía: se secciona el hueso, se coloca en la posición adecuada y se fija. Es una intervención mayor, con una recuperación larga, y se recurre a ella cuando hay dolor y una previsión clara de que irá a más, no por motivos estéticos.
Qué ayuda en casa y qué no
Conviene saber en qué no merece la pena gastar dinero ni tiempo. El calzado ortopédico, las plantillas, los soportes del arco, las férulas nocturnas y los masajes no enderezan el hueso: la forma de la pierna la decide el cartílago de crecimiento y no aquello en lo que va calzado el pie. Una plantilla puede tener sentido si el pie se vence y eso por sí mismo resulta incómodo, pero su cometido es el bienestar y no el eje del miembro. Las promesas de «corregir las rodillas en X» con ejercicios o aparatos pertenecen a la misma categoría.
Lo que sí funciona es lo siguiente. Mantener el peso dentro de lo razonable: es la única medida doméstica con efecto demostrado sobre la carga de la rodilla y sobre la velocidad a la que se desgasta. Asegurar suficiente vitamina D y calcio, no como remedio contra el valgo sino para que el hueso se construya con normalidad; con un déficit confirmado la dosis la indica el médico. No prohibir al niño correr y jugar, porque el hueso en crecimiento necesita movimiento. A adolescentes y adultos con valgo llamativo les vienen bien los ejercicios de glúteos y de los músculos que separan la cadera: no cambian la forma de los huesos, pero mejoran el control de la rodilla, reducen el dolor y disminuyen el riesgo de que la rótula se salga.
Cuando el valgo aparece en el adulto
Eso siempre obliga a averiguar por qué: a un adulto las piernas no se le tuercen porque sí. La causa más frecuente es la artrosis, en la que se desgasta la parte externa de la articulación y la pierna se va desviando en X; se forma un círculo vicioso, porque la desviación acelera el desgaste. Además, el valgo queda tras fracturas consolidadas con desplazamiento, tras la extirpación de un menisco y en la artritis reumatoide.
Qué se puede hacer: bajar de peso, fortalecer la musculatura del muslo, pautar con el médico el tratamiento del dolor y, en una artrosis avanzada, valorar una osteotomía o una prótesis. La idea es no dejarlo llegar al punto en que ya no quede elección.
Consulta en línea
En la consulta en línea el médico valorará, a partir de la descripción y de una fotografía, si la forma de las piernas de su hijo entra dentro de lo normal para su edad o si hay signos que exijan una exploración presencial y una radiografía. Le explicará cómo medir bien en casa la distancia entre los tobillos y cómo seguir la evolución, qué análisis merece la pena hacer si se sospecha raquitismo u otra causa, y le ayudará a leer los informes que ya tenga. Al adulto cuyas piernas han cambiado de forma y a quien le duelen las rodillas se le indicará qué prueba mostrará el estado de la articulación y qué se puede hacer antes de que se plantee una operación.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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