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Medicamentos comúnmente prescritos para Problemas de eyaculación
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: COMPRIMIDO, 50 mgPrincipio activo: SildenafiloFabricante: Viatris LimitedRequiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO BUCODISPERSABLE/LIOTAB, 50 mgPrincipio activo: SildenafiloFabricante: Krka D.D. Novo MestoRequiere recetaForma farmacéutica: CAPSULA, 120 mgPrincipio activo: duloxetineFabricante: Laboratorios Cinfa S.A.Requiere receta
La eyaculación parece algo sencillo y automático justo hasta el día en que deja de funcionar como debería. En realidad es una cadena en la que intervienen los nervios, los músculos del suelo pélvico, la próstata, el cuello de la vejiga y la cabeza, y puede fallar en cualquier eslabón. Los hombres se encuentran sobre todo con tres situaciones: que todo termine demasiado pronto, que no termine nunca, o que el orgasmo llegue sin la salida habitual de semen. Ninguna de ellas habla de debilidad de carácter y casi nunca significa que se haya acabado nada. La mayoría de estas historias se aclaran en una sola consulta, y buena parte se resuelve sin una sola pastilla. Lo que suele estorbar no es el problema en sí, sino los años de silencio a su alrededor.
Tres fallos distintos que se confunden constantemente
Conviene distinguirlos por lo que exactamente va mal.
- Demasiado pronto. La eyaculación ocurre antes de lo que el hombre o su pareja querrían y apenas responde al control. Es la más frecuente de las tres.
- Demasiado tarde o nunca. Hay excitación, la erección es normal, y el final no llega ni a los diez minutos ni a los cuarenta. A veces solo se alcanza de una manera concreta y con la pareja no se consigue en absoluto.
- Hay orgasmo, pero no hay semen. Las sensaciones están donde deben, y sin embargo la salida es mínima o inexistente, porque el semen va hacia atrás, a la vejiga. Es lo que se llama eyaculación retrógrada.
Conviene aclarar también qué no entra aquí. La erección y la eyaculación son mecanismos diferentes y no deben confundirse: existe la erección normal sin desenlace y el desenlace con una erección floja. Ahora bien, hay una conexión entre ambas que merece atención: el hombre que teme perder la erección tiende a acelerar el final, y esa supuesta eyaculación precoz resulta ser, en el fondo, una disfunción eréctil disfrazada. Entonces lo que hay que tratar es la disfunción.
Cuando todo termina demasiado pronto
Los episodios sueltos los tiene cualquiera: tras una larga temporada sin relaciones, con una pareja nueva, después de beber, en un sitio poco habitual, con los nervios de por medio. Eso no es un diagnóstico ni necesita tratamiento.
Se habla de problema cuando coinciden tres cosas: la eyaculación llega de forma sistemática muy poco después de empezar, retrasarla resulta casi imposible, y eso hace sufrir de verdad al hombre o a la pareja. La tercera es la decisiva. Hay parejas en las que todo va rápido y a nadie le molesta, y ahí no hay nada que curar. Y al revés: unos minutos que en un manual pasarían por normales pueden amargarle la vida a alguien, y eso basta para pedir ayuda.
Importa distinguir dos escenarios. Si ha sido así desde el principio de la vida sexual, suele haber detrás una sensibilidad del sistema nervioso de nacimiento y un hábito de prisa aprendido muy pronto. Si antes no ocurría y ha empezado ahora, casi siempre hay una causa concreta y corregible:
- ansiedad, estrés, agotamiento, depresión;
- tensión en la relación o, al contrario, expectativas demasiado altas en una nueva;
- una disfunción eréctil incipiente y el miedo a no sostener la erección;
- inflamación de la próstata, sobre todo si hay dolor en el perineo o molestias al orinar;
- exceso de hormonas tiroideas;
- alcohol y drogas, incluidos los estimulantes;
- la retirada brusca de algún medicamento que hasta entonces retrasaba el desenlace.
Lo que de verdad ayuda a no ir con prisa
Se empieza por lo sencillo, y muy a menudo ahí termina todo.
- Técnicas de control. Las más conocidas son la de parada y arranque y la de compresión. La idea es la misma: aprender a reconocer el punto a partir del cual el proceso ya no tiene vuelta atrás, y detenerse antes de llegar. Se practican primero a solas y después en pareja. Resulta aburrido y exige semanas de constancia, pero funciona y no cuesta nada.
- Entrenar el suelo pélvico. Son los mismos músculos que sujetan la orina. Fortalecerlos ayuda a una parte considerable de los hombres; conviene aprender la técnica con un profesional, porque a ciegas la mitad de la gente contrae lo que no debe.
- Bajar la sensibilidad. Un preservativo grueso, un cambio de postura, un encuentro breve poco antes del principal. Recursos sencillos que por algún motivo dan vergüenza preguntar.
- Anestésicos locales. Los aerosoles y las cremas con anestésico se aplican en el glande con antelación y luego se retiran, o bien se usa preservativo: de lo contrario el producto pasa a la pareja y le reduce la sensibilidad a ella. No conviene usarlos por libre, y si la pareja está embarazada o se busca un embarazo hay que consultarlo con el médico.
- Medicación por vía oral. Retrasan la eyaculación los antidepresivos del grupo de los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina; para esta indicación se recetan a menudo fuera de ficha técnica y siempre los elige un médico. Existe además un fármaco del mismo grupo, de acción corta, creado precisamente para este fin: se toma con unas horas de antelación y nunca más de una vez al día. No sirve para todos, tiene limitaciones en las enfermedades del corazón, del hígado y del riñón, y no se combina con algunos otros tratamientos. Entre los efectos adversos son más habituales las náuseas, el dolor de cabeza y el mareo.
- Tratar la erección. Cuando el fondo del asunto es el miedo a perder la erección, ayudan los inhibidores de la fosfodiesterasa 5, los mismos que se emplean en la disfunción eréctil. Se dispensan con receta, y las normas varían de un país a otro.
- Terapia psicológica. Especialmente si el problema es reciente y tiene que ver con la ansiedad o con la relación. Combinar las técnicas con la terapia da un resultado más duradero que las pastillas por sí solas, porque las pastillas dejan de actuar en cuanto se dejan de tomar.
Cuando la eyaculación no llega
La eyaculación retardada es menos frecuente, pero se lleva peor: el encuentro se alarga, se convierte en un trabajo, los dos acaban agotados y lo primero que se pierde es el placer. Se considera un problema cuando el final no se alcanza en más de la mitad de las ocasiones, habiendo deseo y una erección conservada.
Las causas se reparten en dos grandes grupos y hay que revisar los dos.
Físicas. Daño en los nervios por diabetes, esclerosis múltiple, lesión de la médula espinal, cirugía de próstata o de vejiga. Niveles bajos de testosterona. Y los cambios de sensibilidad propios de la edad: a partir de cierto momento la eyaculación tarda más de manera natural, y eso por sí solo no es una enfermedad.
Medicamentosas y de estilo de vida. Retrasan la eyaculación muchos antidepresivos, sobre todo los del grupo mencionado, algunos tratamientos para la tensión alta, los antipsicóticos, los fármacos para el crecimiento de la próstata y los analgésicos opioides. El alcohol y las drogas estorban bastante. Hay además una causa muy frecuente de la que casi nunca se habla en voz alta: la manera habitual de masturbarse. Si difiere mucho de lo que ocurre con la pareja en ritmo, en presión o va unida a imágenes muy concretas, el cuerpo sencillamente no reconoce la otra estimulación. Esto se corrige y se trata sin medicamentos.
De ahí el planteamiento. Primero se revisa la medicación, pero nunca se abandona por cuenta propia lo que está recetado: se habla con el médico de si cabe bajar la dosis, cambiar de fármaco o esperar. Se comprueban la glucosa en sangre, en mg/dL, y las hormonas. Después entra la terapia sexual, que ayuda a reeducar los hábitos, a quitar la exigencia de resultado y a devolver al encuentro un sentido distinto del de llegar a la meta. A día de hoy no existe ningún medicamento que acelere la eyaculación de forma fiable, y a quien prometa lo contrario conviene no creerle.
Cuando el semen se va a la vejiga
Normalmente, en el momento del orgasmo, un anillo muscular situado en el cuello de la vejiga se cierra con fuerza y al semen solo le queda un camino, hacia fuera. Si ese anillo está dañado o ha dejado de cerrarse a tiempo, el semen sigue la vía de menor resistencia y va hacia atrás. La sensación del orgasmo se mantiene, pero la emisión es escasa o no existe.
Dos datos juntos lo hacen sospechar: un orgasmo seco o casi seco y una orina turbia en la primera micción después del encuentro. Confirmarlo es sencillo: se analiza la orina recogida justo después de eyacular y se encuentran espermatozoides en ella.
Las causas son las de siempre: cirugía de próstata y del cuello de la vejiga, diabetes con afectación de los nervios, esclerosis múltiple, lesión medular, y determinados medicamentos, sobre todo los alfabloqueantes que se recetan para el crecimiento de la próstata y a veces para la tensión alta. La variante medicamentosa suele ser reversible: la eyaculación se recupera al cambiar el fármaco, pero el cambio lo decide el médico, no el paciente.
Para la salud, la eyaculación retrógrada no supone ningún riesgo, y si no hay planes de tener hijos no es obligatorio tratarla. Cuando entra en juego la concepción sí hay alternativas: retirar o sustituir el medicamento responsable, emplear fármacos que aumentan el tono del cuello de la vejiga (se indican con cautela por la tensión arterial y el corazón, y no a todo el mundo), y si nada de eso funciona, recuperar espermatozoides de la orina o directamente del testículo para una inseminación intrauterina o una fecundación in vitro. Cuando el daño nervioso es importante no se logra recuperar la eyaculación normal, pero la paternidad sigue siendo posible.
Señales que ya no hablan de la eyaculación
A veces un fallo en esta esfera no es un problema en sí mismo, sino el primer aviso visible de otra cosa. Estas situaciones se atienden aparte y sin demora.
- Incapacidad repentina de eyacular junto con adormecimiento del perineo y de la cara interna de los muslos, debilidad en las piernas, retención de orina o incontinencia. Puede indicar una compresión de los nervios en la parte baja de la columna. Llame a una ambulancia (en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania funciona el número único europeo 112): aquí se cuenta por horas y esperar deja secuelas irreversibles.
- Dolor al eyacular con fiebre alta, escalofríos, dolor en el perineo y dificultad para orinar. Se parece a una inflamación aguda de la próstata y hay que ver a un médico ese mismo día.
- Sangre en el semen. En hombres jóvenes suele deberse a una inflamación y se va sola en unos días. Pero si reaparece, si dura más de un par de semanas, si va acompañada de dolor o si se observa en un hombre de edad madura, hace falta estudiarla: así se manifiestan a veces por primera vez las enfermedades de la próstata, incluido un tumor, y además es motivo para medir la tensión arterial.
- El problema apareció junto con mucha sed, orina abundante y pérdida de peso. Se parece a una diabetes de debut: conviene medir la glucosa en sangre.
- Se ha perdido el deseo, aumenta el cansancio y ha disminuido el vello corporal. Vale la pena comprobar la testosterona.
- El fallo empezó justo después de una receta nueva. Relacione una cosa con la otra y coménteselo al médico: cambiar de fármaco resuelve el asunto por completo con mucha frecuencia.
Por qué a solas se resuelve peor
Los problemas de eyaculación afectan casi siempre a dos personas, y tratar de arreglarlo a escondidas suele alargar la historia. La pareja rara vez piensa lo que el hombre teme: mucho más a menudo se explica lo que pasa a su manera, «he dejado de gustarle», «hay otra», y en la relación se acumula una tensión que por sí sola empeora el problema.
Hablar ayuda también porque parte de la dificultad resulta ser compartida. A muchas mujeres la penetración por sí sola no les basta para llegar al orgasmo, y cuando eso se pone en palabras la pregunta de cuántos minutos hay que aguantar pierde de golpe su filo. A veces se descubre que la pareja tiene sus propias dificultades y lo lógico es abordarlas juntos. Por eso el médico propone con frecuencia acudir los dos, y no es un formalismo: una pareja avanza bastante más rápido que una persona sola con el mismo problema.
Y algo más que conviene decir sin rodeos. La edad, el cansancio y los años de convivencia cambian la velocidad y la intensidad de las respuestas, y eso es fisiología normal, no una avería. Se trata lo que impide vivir, no lo que ha dejado de coincidir con las imágenes que circulan por internet.
Consulta en línea
Para asuntos como estos la cita a distancia resulta especialmente cómoda: no hay que explicar el motivo de la visita en un mostrador ni esperar en una sala. El médico preguntará con detalle desde cuándo ocurre, si fue siempre así o empezó hace poco, si el panorama cambia a solas y con la pareja, qué medicamentos toma, cómo van la erección, la micción, el ánimo y el sueño, y ya con esa conversación separará un problema de otro. Después indicará por qué análisis empezar —glucosa, hormonas tiroideas, testosterona y, si procede, orina después de eyacular—, explicará cómo se hacen los ejercicios, revisará cuál de sus tratamientos ha podido provocar el efecto y, si está indicado, propondrá una pauta o derivará al urólogo o al terapeuta sexual. En línea es igual de válido preguntar sencillamente si lo que ocurre es normal: muy a menudo esa respuesta es todo lo que hacía falta. Las situaciones de la lista anterior no se valoran por pantalla: ante ellas se busca atención urgente de inmediato.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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