Pericarditis
El corazón está alojado en una bolsa fina de dos capas, el pericardio. Entre sus hojas hay algo de líquido para que el corazón deslice con cada latido.
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Medicamentos comúnmente prescritos para Pericarditis
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, 400 MG IBUPROFENO/SOBRE MONODOSISPrincipio activo: IbuprofenoFabricante: Laboratorios Cinfa S.A.No requiere recetaForma farmacéutica: SUPOSITORIO, 1 gPrincipio activo: mesalazinaFabricante: Tillotts Pharma Spain S.L.U.Requiere recetaForma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, 600 mgPrincipio activo: IbuprofenoFabricante: Laboratorios Normon S.A.Requiere receta
El corazón está alojado en una bolsa fina de dos capas, el pericardio. Entre sus hojas hay algo de líquido para que el corazón deslice con cada latido. Cuando esa bolsa se inflama, las hojas se vuelven ásperas y aparece un dolor agudo en el pecho que cambia según cómo se siente uno y cómo respire. La mayoría de las veces la pericarditis la provoca una infección vírica corriente y se resuelve en un par de semanas. Pero el dolor torácico es demasiado ambiguo para resolverlo por cuenta propia, y la propia pericarditis tiene complicaciones que se desarrollan deprisa. A continuación: cómo duele, con qué se confirma, con qué se trata y qué debe ponerle en alerta.
Cómo duele en la pericarditis
El dolor de la pericarditis tiene una firma reconocible, y por ella se sospecha a menudo antes incluso de las pruebas.
- Es agudo, punzante o cortante, no opresivo, y suele situarse detrás del esternón o algo a la izquierda.
- Aumenta con la inspiración profunda, al toser, al tragar y al tumbarse boca arriba.
- Cede al sentarse e inclinarse hacia delante. Es el rasgo más característico: muchos pacientes encuentran esa postura solos y duermen medio incorporados.
- Con frecuencia se irradia al hombro izquierdo, a la parte alta del hombro o al músculo trapecio; ese eco en el hombro se considera casi la tarjeta de visita de la pericarditis.
- Puede durar horas y días, subiendo y bajando, en vez de venir en crisis de unos minutos.
Junto al dolor suele haber más: febrícula, escalofríos, debilidad, tos seca, a veces falta de aire y dolor articular, con el pulso más rápido de lo habitual. Una a tres semanas antes, muchos han pasado un catarro, una gastroenteritis o simplemente un malestar sin nombre.
Conviene recordar las excepciones: en personas mayores y en quienes se tratan por insuficiencia renal el cuadro puede ser borroso, y lo que domina es la falta de aire y la debilidad.
Por qué aparece
En la mayoría de los casos no se llega a encontrar la causa exacta, y eso es un resultado normal del estudio, no un fracaso. Cuando se identifica, suele ser de esta lista:
- Virus: el hallazgo más frecuente. Los mismos que causan catarros, gripe o gastroenteritis.
- Bacterias: menos frecuente, pero más grave; la pericarditis purulenta exige ingreso hospitalario. Aparte está la tuberculosis, que da una pericarditis de instauración lenta con fiebre prolongada, sudoración y pérdida de peso, y en la que siempre se piensa allí donde la tuberculosis es frecuente.
- Infarto de miocardio y cirugía cardíaca. La inflamación del pericardio surge tanto en los primeros días tras un infarto como semanas después de este o de una intervención sobre el corazón.
- Enfermedades autoinmunes: lupus eritematoso sistémico, artritis reumatoide y afines.
- Insuficiencia renal grave, sobre todo en personas en diálisis.
- Tumores y radioterapia sobre la región del tórax.
- Traumatismo torácico y algunos medicamentos.
- Función tiroidea baja: una causa rara, pero fácil de comprobar y fácil de corregir.
Dolor torácico que puede no ser pericarditis
Esta es la cuestión central de toda la página. El dolor en el pecho aparece en cuadros que matan en cuestión de horas, y distinguirlos sin pruebas no es posible. Llame a una ambulancia —en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania el número único es el 112— si el dolor torácico:
- es opresivo, como si le hubieran puesto una losa encima, y se irradia al brazo, al cuello, a la mandíbula o a la espalda;
- se acompaña de sudor frío, náuseas, debilidad intensa o sensación de que va a ocurrir algo grave;
- se acompaña de falta de aire importante, labios azulados, desmayo o sensación de que se va a desmayar;
- ha aparecido de golpe y se describe como desgarrador, con irradiación entre los omóplatos;
- dura más de quince minutos y no cede en reposo.
Detrás de un dolor así puede haber un infarto, un coágulo en la arteria pulmonar, una disección de aorta o un colapso del pulmón. Mientras llega la ambulancia, no conduzca usted mismo. Que ya le hayan diagnosticado una pericarditis no cambia nada: una cosa no protege de la otra.
Hay también imitadores menos urgentes que se aclaran en la consulta: pleuritis y neumonía, ardor y reflujo del estómago, dolor de los músculos y de los cartílagos de las costillas tras un esfuerzo o tras toser, neuralgia intercostal, crisis de ansiedad. Cada uno tiene su lógica, y quien los separa es el médico y las pruebas, no las sensaciones.
Cómo se confirma el diagnóstico
El diagnóstico se arma con varios datos, ninguno de los cuales decide por sí solo.
- Auscultación del corazón. En la pericarditis se oye a veces el roce pericárdico, un sonido raspante, como de piel frotando piel. Va y viene, así que el corazón se ausculta más de una vez.
- Electrocardiograma. En la pericarditis cambia de forma característica y distinta de la del infarto. Es rápido, indoloro y accesible en cualquier sitio, y es lo primero que se hace.
- Ecocardiograma, la ecografía del corazón. Prueba obligada: solo ella muestra si se ha acumulado líquido alrededor del corazón y cuánto. Sin ecocardiograma no se considera completo el estudio de una pericarditis.
- Análisis de sangre. Los marcadores de inflamación indican su intensidad, y la troponina, si junto a la membrana está afectado el músculo cardíaco. Además, hemograma, función renal y tiroidea.
- Radiografía de tórax: descarta una neumonía y muestra la silueta cardíaca agrandada cuando el líquido es abundante.
- TC o resonancia cardíaca: no en todos los casos, sino cuando el cuadro no está claro, cuando se sospecha que las cicatrices comprimen el corazón y en los episodios repetidos.
Con qué se apaga la inflamación
El objetivo del tratamiento es apagar la inflamación e impedir que la enfermedad vuelva. La mayoría de la gente mejora claramente en unos días y se resuelve del todo en dos a cuatro semanas.
- Antiinflamatorios. La base del tratamiento; no se toman «si duele», sino en un ciclo completo, con reducción progresiva de la dosis guiada por los análisis. Irritan el estómago y afectan al riñón, así que no se indican con úlcera péptica ni enfermedad renal grave, se manejan con cautela en la hipertensión y la insuficiencia cardíaca, se consultan con el médico si se toman anticoagulantes, y con frecuencia se añade un protector gástrico.
- Colchicina. Se suma a los anteriores durante varios meses y reduce de forma notable la probabilidad de recaída: es una de las pocas medidas de eficacia demostrada. La dosis se ajusta al peso y a la función renal, y la molestia más habitual es la diarrea.
- Corticoides. Segunda línea, cuando lo anterior no ha servido o hay una causa autoinmune. Tienen una particularidad que conviene conocer de antemano: no se pueden dejar por cuenta propia. La dosis se baja despacio y según la pauta del médico; de lo contrario la enfermedad vuelve y el organismo no tiene tiempo de recuperar la producción de sus propias hormonas. Lo mismo vale para interrumpir de golpe la colchicina o los antiinflamatorios antes de terminar el ciclo.
Qué más forma parte del tratamiento
La cosa no acaba en los medicamentos, y los tres puntos restantes pesan igual en el resultado.
- Tratar la causa, si se ha encontrado: antibióticos en la inflamación bacteriana, tratamiento antituberculoso, control de la enfermedad renal, tiroidea o autoinmune de base. Sin eso la inflamación del pericardio vuelve una y otra vez.
- Reposo del esfuerzo. El deporte y el trabajo físico duro se aplazan hasta que el dolor desaparezca y los análisis se normalicen, y en quienes practican deporte en serio, varios meses. No es exceso de precaución: el esfuerzo sobre un corazón inflamado empeora la evolución y aumenta el riesgo de recaída.
- Evacuación del líquido. Si se ha acumulado mucho, el contenido del pericardio se retira con una aguja o un catéter fino guiados por ecografía. De paso el líquido se analiza, y a veces es ese análisis el que da la respuesta sobre la causa. Menos veces hace falta cirugía: una ventana pericárdica o la extirpación de la membrana cicatricial.
El líquido alrededor del corazón y por qué se vigila
El pericardio inflamado produce líquido. Una cantidad pequeña es inofensiva y se reabsorbe sola, pero si el líquido es mucho y se acumula deprisa, la bolsa deja de dar de sí y empieza a comprimir el corazón. Las cavidades no llegan a llenarse de sangre y la circulación se hunde. Eso es el taponamiento cardíaco, una situación en la que se cuenta por minutos y hay que sacar el líquido de inmediato.
Llame a una ambulancia sin demora si aparecen:
- falta de aire creciente, que empeora al tumbarse;
- debilidad intensa, mareo, desmayo o pérdida de visión al intentar levantarse;
- pulso rápido y débil, piel fría y sudorosa, labios azulados;
- venas del cuello hinchadas y cara abotargada;
- angustia intensa y sensación de que falta el aire estando en completo reposo.
Existe además una versión lenta del problema: tras una inflamación prolongada o repetida, el pericardio a veces cicatriza y se convierte en una coraza rígida. Esa compresión se instala a lo largo de meses y no se manifiesta con dolor, sino con falta de aire al esfuerzo, hinchazón de las piernas, aumento del vientre e ingurgitación de las venas del cuello. Su tratamiento ya es quirúrgico, y conviene tenerla presente si después de una pericarditis las fuerzas nunca llegaron a volver.
Recaídas y vuelta a la vida de siempre
En aproximadamente uno de cada tres a cinco pacientes la pericarditis vuelve, casi siempre en los primeros meses y por lo general de forma más leve que la primera vez. Por eso es importante completar el ciclo prescrito y no abandonarlo en cuanto deja de doler: un primer episodio mal tratado es la causa principal del segundo.
Lo que ayuda a atravesar ese periodo con más calma:
- lleve un diario breve: cuándo dolió, en qué circunstancias, qué tomó. En la revisión ahorra tiempo y afina las dosis;
- vuelva al esfuerzo de forma gradual y con el visto bueno del médico, guiándose por cómo se encuentra y por los análisis, no por el calendario;
- no se recete analgésicos por encima de la pauta: son del mismo grupo que el tratamiento y el exceso castiga el estómago y el riñón;
- si aparece falta de aire que antes no tenía, acuda al médico sin esperar a la cita programada;
- recuerde que el cansancio y la ansiedad después de una enfermedad del corazón son algo habitual, y de eso también se puede hablar en consulta.
En la inmensa mayoría de las personas la pericarditis termina en curación completa y no deja huella en el corazón.
Consulta en línea
Un dolor torácico nuevo o que ha empeorado no se resuelve en línea: en esa situación hacen falta un electrocardiograma y una exploración, y ante signos de alarma, una ambulancia. En cambio, todo lo que rodea a un diagnóstico ya establecido se habla muy bien desde casa. El médico le ayudará a interpretar el informe del electrocardiograma y del ecocardiograma y le explicará qué significan los marcadores de inflamación y por qué se repiten; le orientará sobre cómo tomar los antiinflamatorios si tiene problemas de estómago o de riñón y qué hacer si la colchicina le suelta el vientre; le preparará una pauta clara de reducción de dosis para no abandonar el tratamiento antes de tiempo; le dirá cuándo puede volver a correr, al gimnasio y al trabajo. Motivo aparte para escribir: falta de aire o hinchazón que aparecen meses después de la curación, y episodios repetidos del mismo dolor.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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