En esta página
- La pérdida brusca de visión es una urgencia
- Un ojo, de golpe y sin dolor
- Una cortina, destellos y moscas volantes
- Dolor de ojo, enrojecimiento y halos alrededor de las luces
- Falta media parte del campo visual o se ve doble
- Cuando la vista se va sin que se note
- Quién debe revisarse el fondo de ojo sin esperar a tener síntomas
- Lo que no hay que hacer
- Consulta en línea
La vista puede desaparecer en un segundo o puede irse tan despacio que la persona sólo se da cuenta cuando deja de reconocer las caras al otro lado de la calle. Son dos situaciones completamente distintas y confundirlas resulta peligroso. La pérdida brusca de visión es una urgencia en sentido literal: la retina y el nervio óptico disponen de muy poco tiempo, y lo que no se recupera en las primeras horas casi nunca se recupera después. La pérdida lenta es peligrosa de otra manera: no duele, no asusta y por eso pasa años desapercibida, justo cuando todavía se podría hacer algo. Aquí explicamos cómo distinguir una de otra y qué sugiere cada cuadro.
La pérdida brusca de visión es una urgencia
La regla es sencilla y no admite excepciones: si la visión ha desaparecido de golpe —entera, en una parte del campo visual o como una mancha en el centro, en un ojo o en los dos—, hay que buscar ayuda esa misma hora, no a la mañana siguiente. Da igual que haya dolor o no: las causas más peligrosas son precisamente las indoloras.
Conviene aclarar algo que suele entenderse al revés. Que la visión vuelva sola, al minuto o a los diez minutos, no significa que haya pasado el peligro. La pérdida transitoria de visión en un ojo, cuando cae una cortina oscura desde arriba y a los pocos minutos vuelve a levantarse, quiere decir que el ojo se ha quedado un rato sin riego. Es en esencia lo mismo que un ataque isquémico transitorio, sólo que ocurrido en el ojo, y en los días siguientes puede venir detrás un ictus o una ceguera ya definitiva. Hay que estudiarlo de forma urgente, no esperar a que «se repita».
Llame a una ambulancia o acuda de inmediato a un hospital con servicio de oftalmología si pierde la visión de repente, si desaparece una parte del campo visual, si ve doble, si el ojo duele bruscamente o si al problema visual se suman debilidad en un brazo o una pierna, desviación de la cara o habla farfullante. En España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania funciona el número único de emergencias 112; si en su país el número de la ambulancia es otro, llame a ese. En estas condiciones no se conduce: pida que le lleven.
Un ojo, de golpe y sin dolor
La visión de un ojo se apaga en segundos, sin dolor, «como si hubieran cortado la luz», o aparece una sombra densa que tapa parte del campo. La causa más frecuente es la obstrucción de un vaso que alimenta la retina. Cuando se cierra la arteria, la retina se queda sin oxígeno y el reloj corre por horas: es una situación del mismo orden que un ictus y hay que tratarla con la misma urgencia. Cuando se obstruye la vena, la visión suele caer de forma menos brusca y a menudo se nota al despertar, pero tampoco hay nada que esperar.
En una persona mayor, detrás de este cuadro puede estar la arteritis de células gigantes, una inflamación de la pared de las arterias temporales y de otras arterias. Éste es el caso por el que merece la pena leer textos como éste. Deben alertar un dolor de cabeza nuevo y distinto en la sien, dolor del cuero cabelludo que hace molesto hasta peinarse, dolor y cansancio de los músculos de la masticación al comer, debilidad, pérdida de peso, febrícula y rigidez dolorosa de hombros y caderas por la mañana. Aquí el tiempo se cuenta de verdad en horas, y el tratamiento con dosis altas de corticoides se inicia de inmediato, sin esperar a los análisis ni a la biopsia, porque sin tratamiento el otro ojo puede quedarse ciego en pocos días y eso ya no tiene vuelta atrás.
Una cortina, destellos y moscas volantes
Otro cuadro distinto: en un lado del campo visual aparece un telón oscuro que avanza hacia el centro, y antes o al mismo tiempo la persona ve destellos de luz en la oscuridad y una lluvia repentina de puntos flotantes, telarañas o algo parecido a hollín negro. Así se manifiesta el desprendimiento de retina.
Las moscas volantes sueltas, que muchas personas tienen desde hace años y no cambian, son algo habitual y no preocupan por sí solas. Lo que importa es el cambio: que de pronto sean muchas más, que se sumen destellos, que empiece a faltar una parte del campo. El riesgo es mayor en personas con miopía elevada, tras un traumatismo ocular, después de una operación de cataratas y en quien ya tuvo un desprendimiento en el otro ojo. Hay que ver a un oftalmólogo ese mismo día: mientras el desprendimiento no alcanza la zona central de la retina, la cirugía conserva muchas más posibilidades de recuperar la visión.
Dolor de ojo, enrojecimiento y halos alrededor de las luces
Este cuadro no se parece a ningún otro. El ojo duele de forma brusca e intensa, el dolor se irradia a la sien y a media cabeza, el ojo se enrojece, la visión se vuelve borrosa y alrededor de las lámparas y las farolas aparecen halos de colores. Suelen añadirse náuseas y vómitos, por los que no es raro que se empiece a tratar a la persona de una intoxicación o una migraña mientras se pierde tiempo. El ojo está duro al tacto y la pupila, dilatada y casi sin respuesta a la luz.
Es un ataque agudo de glaucoma de ángulo cerrado: la salida del líquido del ojo se ha bloqueado y la presión interior ha subido de golpe. El nervio óptico se daña deprisa, así que la presión debe bajarse en las horas siguientes. El ataque empieza con frecuencia al atardecer, en penumbra, en el cine o después de unas gotas que dilatan la pupila. Es una urgencia: hace falta una ambulancia o una consulta oftalmológica inmediata, no un analgésico y esperar a la mañana.
Falta media parte del campo visual o se ve doble
Si desaparece de repente la misma mitad del campo visual en los dos ojos —la persona deja de ver todo lo que está a la izquierda o todo lo que está a la derecha, choca con los marcos de las puertas, no ve la mitad del plato—, el problema no suele estar en los ojos sino en el cerebro. Así se presenta un ictus en la región occipital. Quien lo sufre está casi siempre convencido de que «ve mal de un ojo», y comprobarlo es fácil: hay que tapar un ojo y luego el otro. Si la parte que falta sigue faltando con el ojo derecho y con el izquierdo, no es un problema ocular. Llame a una ambulancia de inmediato aunque no haya nada más.
Hay otra combinación inquietante: visión doble de aparición brusca, párpado caído y dolor de cabeza. Detrás puede haber una compresión del nervio que mueve el ojo desde dentro del cráneo, entre otras causas por un aneurisma de una arteria cerebral. También es motivo de atención inmediata y no de observación. Cualquier visión doble que aparece por primera vez, incluso sin dolor, conviene enseñarla al médico ese mismo día.
Cuando la vista se va sin que se note
El deterioro lento no asusta, y en eso consiste su peligro. El cerebro se adapta, la persona enciende más luz, aleja el móvil, deja de conducir de noche, y durante años piensa que sencillamente tiene la vista cansada.
- Cataratas. El cristalino se enturbia: el mundo se ve como a través de un cristal sucio o entre bruma, los colores pierden viveza, de noche los faros y las farolas deslumbran y se desdibujan, y hay que cambiar de gafas cada vez con más frecuencia. La cirugía devuelve la visión, y no hace falta esperar a estar casi ciego para plantearla.
- Glaucoma de ángulo abierto. La presión intraocular daña lentamente el nervio óptico y el campo visual se estrecha desde los bordes, tan poco a poco que la persona no lo nota hasta que sólo le queda un pasillo estrecho. Las fibras del nervio que se pierden no se recuperan, de modo que todo el sentido del tratamiento está en empezarlo antes de que haya síntomas.
- Degeneración macular asociada a la edad. Se afecta el centro del campo visual: cuesta leer y distinguir caras, y las líneas rectas —el marco de una puerta, la junta de los azulejos, un renglón de texto— empiezan a verse onduladas o cortadas. Si la deformación ha aparecido o ha empeorado en pocos días, hay que llegar al oftalmólogo con urgencia: la forma «húmeda» tiene tratamiento, y funciona tanto mejor cuanto antes se inicia.
- Retinopatía diabética. El azúcar alto daña durante años los vasos pequeños de la retina. Hasta cierto punto no se nota absolutamente nada, y después la visión puede caer de golpe por una hemorragia dentro del ojo. Precisamente por eso aquí no sirve guiarse por cómo se encuentra uno.
Quién debe revisarse el fondo de ojo sin esperar a tener síntomas
La regla general es ésta: las enfermedades que roban la visión de forma irreversible tardan mucho en dar síntomas. Por tanto, la única manera de detectarlas a tiempo es revisar los ojos cuando nada molesta. La exploración con la pupila dilatada y la medición de la presión intraocular llevan poco tiempo y no exigen preparación, salvo una cosa: después de dilatar la pupila no se puede conducir durante unas horas.
Deben revisarse con regularidad las personas con diabetes, desde el momento mismo del diagnóstico y luego con la periodicidad que indique el médico; quienes tienen antecedentes familiares de glaucoma; las personas con hipertensión, con miopía elevada, con traumatismos oculares previos, y todo el mundo a partir de cierta edad adulta, un umbral que varía de un país a otro y conviene consultar con el oftalmólogo o el médico de cabecera.
En los niños la pérdida de visión es rara, pero el niño casi nunca se queja: no sabe que se puede ver de otro modo. Hay que fijarse en el comportamiento: estrabismo, la costumbre de acercar mucho la cara al libro o a la pantalla, inclinar la cabeza hacia un lado, cerrar un ojo, quejarse de dolor de cabeza después del colegio. Las revisiones oculares programadas en la infancia existen justo por eso: buena parte de estos problemas se corrige bien, pero sólo mientras el sistema visual está creciendo.
Lo que no hay que hacer
Lo primero, no intentar aguantar. El error más frecuente y más caro ante una pérdida brusca de visión suena así: «me tumbo un rato y para la tarde se me pasa». Es justo en esas horas cuando se decide si la visión vuelve o no, y el tiempo perdido no se recupera luego de ninguna manera.
Lo segundo, no ponerse colirios ajenos. Las gotas oculares que quedaron de un familiar o que aparecen en el botiquín no son inofensivas. Las que dilatan la pupila pueden desencadenar un ataque agudo de glaucoma en quien tiene el ángulo estrecho. Las que llevan corticoides suben la presión intraocular y empeoran mucho una infección herpética de la córnea. Las vasoconstrictoras «para el ojo rojo» sólo enmascaran un cuadro que hay que enseñar al médico.
Y unas cuantas cosas más. No frotar el ojo ni presionarlo. Si la herida es penetrante o algo ha entrado y se ha quedado clavado, no intentar sacarlo ni lavar el ojo: taparlo sin apretar nada e ir al médico. Ante una quemadura química, al revés, lavar enseguida con agua limpia, en abundancia y durante mucho rato, y sólo después acudir. Las lentes de contacto se quitan si hay ojo rojo o dolor y no se vuelven a poner hasta la revisión. Y al ir al médico conviene llevar las gafas, los envases de los colirios y la lista de todos los medicamentos que se toman: acelera mucho el diagnóstico.
Consulta en línea
Una conversación a distancia resuelve bien una tarea concreta: entender rápido ante qué situación estamos, si es de las que exigen salir ahora mismo, de las que se resuelven con una cita esta semana o de las que corresponden a una revisión programada. El médico preguntará cómo empezó exactamente —en segundos o en meses—, si afecta a un ojo o a los dos, si hay dolor, destellos, moscas volantes, visión doble o pérdida de una parte del campo; preguntará también por la diabetes, la tensión, la miopía, las operaciones y los traumatismos oculares previos y por la medicación. Viene bien comprobar antes cada ojo por separado tapando el otro con la mano: ese gesto tan simple aporta muchísimo.
En línea también se resuelven bien otras cuestiones: cómo leer un informe del oftalmólogo, para qué se han recetado unas gotas y por qué no se pueden abandonar en el glaucoma, cómo prepararse para una operación de cataratas, cada cuánto revisar el fondo de ojo si hay diabetes, qué hacer con unas moscas volantes que han aparecido de repente. Los límites son claros: ni la presión intraocular ni la retina pueden explorarse a distancia, y la consulta no sustituye a la exploración presencial. Y ante una pérdida brusca de visión, un dolor ocular intenso o un campo visual que falta, no hay que esperar a ninguna consulta: eso es una ambulancia.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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