Otoesclerosis
La otoesclerosis es un crecimiento anómalo del hueso del oído medio e interno que inmoviliza uno de los huesecillos del oído y le impide transmitir bien el…
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La otoesclerosis es un crecimiento anómalo del hueso del oído medio e interno que inmoviliza uno de los huesecillos del oído y le impide transmitir bien el sonido. La audición baja despacio, a lo largo de años, y la persona no nota el momento del cambio, sino que empieza a pedir que le repitan las cosas y a subir el volumen del televisor. La sordera completa es rara: los audífonos o la cirugía casi siempre devuelven la capacidad de entender el habla.
Cómo se manifiesta la otoesclerosis
Al principio la audición suele bajar en un oído y, unos años después, se suma el otro. El oído no duele, no supura y por fuera parece completamente sano, así que muchas personas consultan años después de los primeros cambios.
Las molestias más frecuentes son:
- se oye la voz pero no se entiende, sobre todo las voces agudas de mujeres y niños;
- hay que subir el volumen y pedir que repitan cuando hablan varias personas a la vez;
- pitidos, zumbidos o siseos en el oído: los acúfenos acompañan a la otoesclerosis en la mayoría de los casos;
- la propia voz suena demasiado fuerte, de modo que la persona empieza a hablar bajito sin darse cuenta;
- en un sitio ruidoso, en el transporte o en la calle, se entiende al interlocutor mejor que en silencio;
- con menos frecuencia, mareo e inseguridad al caminar.
Los primeros signos aparecen habitualmente entre los veinte y los cuarenta y cinco años, es decir, bastante antes que la pérdida auditiva propia de la edad. En las mujeres la otoesclerosis es unas dos veces más frecuente, y no es raro que el empeoramiento se note por primera vez durante el embarazo o poco después del parto.
Qué le ocurre al huesecillo del oído medio
El sonido recorre el conducto auditivo, hace vibrar el tímpano y desde ahí pasa al oído interno a través de una cadena de tres huesecillos diminutos: el martillo, el yunque y el estribo. La base del estribo encaja en la ventana oval de la cóclea como un pistón y debe moverse con libertad.
En la otoesclerosis, el hueso compacto que rodea esa ventana se remodela: primero se vuelve poroso y después se endurece y suelda la base del estribo. El pistón se atasca y parte del sonido sencillamente no llega a la cóclea. Si la remodelación alcanza la pared de la propia cóclea, se afecta también el nervio auditivo, y entonces la cirugía por sí sola no resuelve el problema.
No se sabe con certeza por qué empieza este proceso. Alrededor de la mitad de los afectados tienen familiares cercanos con otoesclerosis: la predisposición se hereda, pero no se manifiesta en todos los que la reciben. También se aprecia el papel de las hormonas femeninas, lo que explica que la enfermedad sea más frecuente en mujeres y que el embarazo acelere a menudo la pérdida de audición.
Con qué se confunde la otoesclerosis
La pérdida de audición sin dolor es un síntoma inespecífico. Antes de hablar de otoesclerosis, el médico descarta causas más frecuentes y más urgentes:
- tapón de cerumen: el oído se tapa deprisa, muchas veces después de la ducha o de intentar limpiarlo con un bastoncillo, y la audición vuelve nada más retirarlo;
- líquido en el oído medio tras un catarro o una otitis: sensación de chapoteo y de oído taponado, con una audición que cambia de un día para otro;
- perforación del tímpano y secuelas de otitis crónicas: ha habido supuraciones en el pasado y la audición empeoró de golpe;
- colesteatoma: supuración prolongada y maloliente; destruye hueso y necesita cirugía, por lo que no conviene demorarla;
- presbiacusia: afecta a los dos oídos a la vez, sobre todo a los tonos agudos, y suele empezar después de los sesenta;
- pérdida auditiva por ruido: trabajo con maquinaria, disparos, música alta con auriculares;
- enfermedad de Ménière: crisis de vértigo intenso que duran horas, sensación de presión en el oído y audición que sube y baja;
- tumor del nervio auditivo: pérdida de audición y acúfenos en un solo lado, a veces con hormigueo en media cara e inestabilidad; es poco frecuente, pero no puede pasarse por alto, y se detecta con resonancia magnética, no con la audiometría.
Cuándo hay que consultar sin esperar
La otoesclerosis avanza a lo largo de años, así que cualquier cambio rápido de la audición no es ella y obliga a consultar de inmediato. No espere a una cita programada si:
- la audición ha desaparecido o ha caído bruscamente en horas o en un día, normalmente en un oído: la sordera súbita se trata en los primeros días y después las posibilidades de recuperación disminuyen deprisa;
- la pérdida empezó tras un traumatismo craneal, una inmersión, una explosión o un ruido muy intenso;
- hay vértigo brusco con náuseas y vómitos junto con el empeoramiento auditivo;
- aparecen dolor de oído, supuración o fiebre;
- el ruido del oído late al ritmo del corazón, o se oyen los propios pasos y la propia voz como dentro de un barril;
- junto con la pérdida de audición se adormece o se debilita media cara, hay visión doble o inestabilidad al andar.
Llame a una ambulancia (en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania, el número europeo único es el 112) si detrás de la oreja aparecen enrojecimiento, hinchazón y dolor al tocar, el pabellón se separa de la cabeza y además hay fiebre alta, dolor de cabeza intenso, rigidez de nuca o confusión. Así se manifiestan las complicaciones de una infección del oído, y ahí cuentan las horas.
Cómo se confirma el diagnóstico
En la otoesclerosis, la exploración del oído es casi siempre normal: el tímpano está íntegro y de aspecto tranquilo. Justamente ese contraste, un oído sano a la vista y una audición mala, es lo que orienta al diagnóstico. Por eso mirar por el otoscopio no basta y hacen falta mediciones.
- Audiometría tonal. Es la prueba principal. Muestra la diferencia entre lo que el oído capta por vía aérea y por vía ósea: con el estribo bloqueado, el sonido conducido por el hueso pasa claramente mejor. Muchas audiometrías presentan además una caída característica en las frecuencias medias.
- Timpanometría y estudio del reflejo del estribo. El reflejo muscular que normalmente se dispara ante un sonido fuerte desaparece cuando el estribo está fijado. Es uno de los hallazgos más orientativos.
- Audiometría verbal. Mide no el volumen, sino cuántas palabras se entienden, que es justo el motivo de la consulta.
- Pruebas con diapasón. Comprobación rápida en la consulta; ayuda a distinguir un problema del oído medio de un problema del nervio.
- Tomografía computarizada de los huesos temporales. Muestra los focos de remodelación ósea y el estado de la cóclea; es necesaria antes de operar.
- Resonancia magnética. Se hace cuando la pérdida es de un solo lado y se sospecha un tumor del nervio auditivo.
El audífono
En la otoesclerosis el audífono funciona bien: el obstáculo es mecánico y el nervio suele estar conservado, de modo que el sonido amplificado llega y se reconoce. El audífono no detiene el crecimiento del hueso ni cura la enfermedad, pero devuelve la conversación, el teléfono y el televisor.
Se elige a partir de la audiometría y normalmente se reajusta una o dos veces durante los primeros meses. La adaptación lleva algunas semanas: al principio la propia voz y el ruido de la vajilla parecen demasiado fuertes, y eso pasa. Si oyen peor los dos oídos, lo habitual es adaptar dos audífonos, porque así se localiza mejor de dónde viene el sonido.
El audífono pasa a ser la opción principal cuando la cirugía no procede: el otro oído no oye nada, hay un embarazo en curso, existen enfermedades importantes o la persona simplemente no desea operarse. También hay dispositivos de conducción ósea, que llevan el sonido a través del hueso del cráneo y evitan el oído medio.
La cirugía del estribo
El cirujano retira la parte inmovilizada del estribo y coloca en su lugar una prótesis diminuta que vuelve a transmitir las vibraciones a la cóclea. Se opera por el conducto auditivo, sin incisiones externas, con anestesia local o general, y dura alrededor de una hora.
El resultado es bueno en la mayoría de los casos: la diferencia entre vía aérea y vía ósea se cierra, se recupera la comprensión del habla y en parte de las personas se calman también los acúfenos. Se opera un oído cada vez, empezando por el que peor oye; el segundo, no antes de varios meses.
Conviene saber de antemano que:
- en una pequeña proporción de operados la audición de ese oído, al contrario, empeora, y ese empeoramiento puede ser permanente, por lo que no suele operarse un oído único;
- los primeros días puede haber mareo y náuseas;
- a veces cambia el gusto en media lengua, porque junto al estribo pasa un nervio del gusto; suele recuperarse en semanas o meses;
- los acúfenos pueden persistir;
- después de la intervención hay que evitar durante un tiempo sonarse con fuerza, bucear, levantar peso y volar; los plazos los indica el cirujano.
De momento no existe ningún medicamento que detenga el crecimiento del hueso: se han estudiado los preparados de flúor y los fármacos para la osteoporosis, pero no han demostrado un beneficio convincente en la otoesclerosis. Si el proceso está muy avanzado y ha afectado a la cóclea, se plantea el implante coclear.
Vivir con menos audición y con acúfenos
Los acúfenos suenan más fuerte en el silencio, así que por la noche ayuda un ruido de fondo suave: un ventilador, la radio, música tranquila. Los empeoran el sueño insuficiente, el café cargado y la ansiedad. Si el zumbido impide dormir o concentrarse, son útiles las técnicas de reentrenamiento y la terapia cognitivo-conductual; muchas veces se atenúa solo en cuanto la persona empieza a usar audífono.
La conversación mejora con cosas sencillas: sentarse de frente y con la luz sobre la cara del interlocutor, apagar el televisor mientras se habla, pedir que no hablen más alto sino más despacio y más claro. Proteja los oídos del ruido intenso: la otoesclerosis no le exime de un trauma acústico.
Si usted tiene otoesclerosis, conviene que los familiares cercanos que oigan mal se revisen la audición sin dejarlo para dentro de unos años. Y si está planeando un embarazo, coménteselo al otorrinolaringólogo: en ese periodo la audición puede empeorar más rápido y el seguimiento se organiza mejor con antelación.
Consulta en línea
En línea resulta cómodo ordenar las molestias: el médico preguntará cómo y cuándo bajó la audición, si hay acúfenos o mareo, si ha habido otitis y traumatismos, si ha trabajado con ruido y si oyen mal los padres o los hermanos. Con esas respuestas ya se ve si hace falta atención urgente y por dónde empezar el estudio.
En esa consulta se puede revisar una audiometría y un informe del otorrinolaringólogo ya hechos, entender qué significa la diferencia entre vía ósea y vía aérea, sopesar audífono y cirugía, preparar la conversación con el cirujano o comentar la recuperación de una intervención ya realizada.
Lo que no puede hacerse en línea es explorar el oído, medir la audición y registrar una timpanometría: eso exige consulta presencial y aparatos. Y si la audición ha caído de forma brusca, no pierda tiempo escribiendo: ese es el caso en el que hay que ver a un médico el mismo día.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.




