Osteofito (espolón óseo)
Un osteofito es un saliente duro de hueso que crece en el borde de una articulación o en el borde de una vértebra.
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Un osteofito es un saliente duro de hueso que crece en el borde de una articulación o en el borde de una vértebra. La palabra asusta cuando aparece en el informe de una radiografía, pero por sí sola no es un diagnóstico: los osteofitos se encuentran en la mayoría de las personas a partir de cierta edad y en la mayoría no dan ningún síntoma. Se convierten en un problema únicamente cuando rozan con los tejidos vecinos o comprimen un nervio.
De dónde sale ese saliente de hueso
El hueso es un tejido vivo que se adapta continuamente a la carga que recibe. Cuando el cartílago de una articulación se adelgaza y los bordes empiezan a soportar presiones para las que no estaban preparados, el hueso responde de la única forma que sabe: fabricando hueso nuevo en el perímetro. El resultado es una especie de reborde de apoyo, un intento de la articulación de repartir la carga sobre más superficie y de estabilizarse.
De ahí lo esencial: el osteofito no es una enfermedad, sino la huella de otra. Detrás de él casi siempre está la artrosis y, con menos frecuencia, una lesión articular antigua, años de sobrecarga repetida, una enfermedad inflamatoria de las articulaciones o los cambios de los discos intervertebrales con la edad. Por eso la conversación sobre el tratamiento nunca empieza por el saliente, sino por lo que lo ha provocado.
Otra consecuencia: el tamaño del osteofito y la intensidad de los síntomas guardan poca relación. Un saliente llamativo puede no molestar en décadas, y otro pequeño pero mal situado, junto a una raíz nerviosa, puede condicionar la vida.
Dónde aparecen y qué se nota
La molestia más frecuente es dolor y rigidez de la articulación, que aumentan con el esfuerzo. A partir de ahí todo depende del lugar:
- columna. Los salientes estrechan los agujeros por los que salen las raíces nerviosas y el propio canal vertebral. De ahí el dolor de cuello o de zona lumbar que se irradia a un brazo o a una pierna, los hormigueos, el adormecimiento y la debilidad de la mano o del pie. Cuando se estrecha el canal lumbar aparece un cuadro característico: a los pocos cientos de metros de marcha las piernas pesan y se duermen, y basta con sentarse o inclinarse hacia delante para que ceda;
- manos. En los bordes de las articulaciones de los dedos crecen nódulos duros: al principio pueden doler, después suelen dejar de hacerlo, pero permanecen y cambian la forma del dedo. La base del pulgar sufre aparte, y como esa articulación da fuerza a la pinza, cuesta girar una llave, abrir un bote o escurrir un paño;
- rodilla y cadera. Los rebordes limitan los extremos del movimiento: cuesta estirar del todo la rodilla, ponerse los calcetines, entrar en el coche;
- hombro. Un saliente bajo el arco del omóplato roza el tendón, y el brazo empieza a doler al levantarlo por encima del hombro y por la noche al apoyarse sobre ese lado;
- pie y talón. El espolón del calcáneo se ve en las radiografías con mucha frecuencia; en el dorso del pie, en cambio, un saliente puede rozar con el zapato hasta producir una dureza y una inflamación.
Cómo se localizan y con qué se pueden confundir
Los osteofitos se ven en una radiografía simple y, de hecho, suelen aparecer de forma casual en una placa pedida por otro motivo. La tomografía computarizada los muestra con más detalle y se emplea antes de operar. La resonancia magnética define peor el hueso, pero responde a la pregunta clave cuando hay síntomas nerviosos: si hay una raíz o la médula comprimidas y a qué nivel. Ante adormecimiento o debilidad se pide precisamente esa prueba. A veces se añade un estudio de conducción nerviosa para saber de dónde procede la alteración.
El error más frecuente es atribuir el dolor al saliente que ha aparecido en la placa y detenerse ahí. Se parecen, pero se tratan de otro modo:
- el dolor de talón, que casi siempre procede de la inflamación de la fascia plantar y no del espolón: el espolón se encuentra también en muchísimas personas sin dolor, y quitarlo no quita la molestia;
- la hernia discal, la otra causa habitual de dolor radicular, que cambia por completo el plan de tratamiento;
- los nódulos de los dedos en la gota y en la artritis reumatoide: los depósitos de la gota y los nódulos reumatoides se parecen al tacto y a la vista a los óseos, pero requieren un tratamiento distinto;
- las tendinitis y las bursitis, causa frecuente de dolor en el hombro y en la cara externa de la cadera;
- los síndromes de atrapamiento, cuando el nervio está comprimido en la muñeca o en el codo y no en la columna.
Cuándo hay que pedir ayuda urgente
La mayoría de las molestias se pueden comentar con calma en una cita normal, pero hay excepciones. Hay que buscar atención inmediata, incluso llamando a una ambulancia (el 112 es el número único de emergencias en España y en otros países europeos), si aparecen:
- adormecimiento de la zona genital y de la cara interna de los muslos, retención de orina o incontinencia de orina o heces junto con debilidad en las piernas: es una compresión de las raíces de la cola de caballo y se cuenta por horas;
- debilidad que progresa deprisa en brazos o piernas, marcha inestable, sensación de descarga eléctrica a lo largo de la columna al inclinar la cabeza, dedos que de repente se vuelven torpes: así se manifiesta la compresión de la médula a nivel cervical;
- dolor de espalda intenso con fiebre alta, o en una persona con un cáncer conocido o con pérdida de peso llamativa: aquí se busca una infección o un tumor, no un osteofito.
Sin tanta prisa, pero sin dejarlo pasar, conviene consultar ante un dolor y una rigidez articulares persistentes, ante adormecimiento o debilidad de un miembro, y si la articulación se hincha, se enrojece y se pone caliente.
Qué ayuda cuando el osteofito molesta
No hay nada que disuelva o «reabsorba» un osteofito; esos productos no existen. Pero quitar el dolor y recuperar movilidad suele conseguirse, porque lo que se trata es la enfermedad articular de fondo y se descarga la zona conflictiva.
- Ejercicio. Unos músculos fuertes alrededor de la articulación asumen parte de la carga, y los estiramientos devuelven esos milímetros de recorrido que faltan. En el dolor de cuello y de zona lumbar, un programa de fortalecimiento de la musculatura de la espalda y del abdomen funciona mejor que el reposo.
- Pérdida de peso si hay exceso: descarga rodillas, caderas y columna lumbar.
- Calzado y plantillas. Suela amortiguadora, empeine holgado donde el saliente roza y una talonera si duele el talón.
- Cambiar los gestos habituales: evitar las posturas en las que la articulación llega a su tope, alternar esfuerzo y descanso, y en el trabajo de mesa cambiar de posición y levantarse cada hora.
- Calor para la rigidez y frío después del esfuerzo.
- La infiltración de un corticoide en la articulación o en la bolsa serosa permite cortar un brote intenso durante unas semanas y así poder empezar a hacer ejercicio. No conviene repetirla a menudo.
El tratamiento del dolor y sus precauciones
Aquí los medicamentos son un apoyo: alivian el dolor durante los ejercicios y en los brotes, pero no actúan sobre el saliente.
Es razonable empezar por geles y cremas con antiinflamatorios no esteroideos, que funcionan en las articulaciones superficiales, las manos y las rodillas, y de los que pasa poca cantidad a la sangre. El paracetamol no le sirve a todo el mundo y alivia menos de lo que se cree; se usa en pautas cortas y sin superar la dosis del prospecto.
Los antiinflamatorios no esteroideos en comprimidos, el ibuprofeno entre ellos, son más potentes pero exigen prudencia. Se toman a la dosis mínima eficaz y durante poco tiempo, casi siempre junto a un protector gástrico. No sirven si hay úlcera, pueden desencadenar una crisis en algunas personas con asma, suben la tensión y sobrecargan el riñón, y tras un infarto o un ictus, o con angina de pecho e insuficiencia cardíaca, se indican con mucha cautela. Avise expresamente al médico si toma anticoagulantes o aspirina a dosis baja: la combinación aumenta de forma clara el riesgo de hemorragia digestiva. Cuando el dolor procede de un nervio comprimido, los analgésicos habituales suelen no servir y el médico elige otros fármacos.
Cuándo se plantea la cirugía
Operarse lo necesitan pocas personas. Se plantea cuando el dolor no responde durante meses al tratamiento conservador y limita la vida normal, y también cuando el saliente comprime un nervio o la médula y ya han aparecido adormecimiento y debilidad: en ese caso no hay nada que esperar.
Qué se hace: si está comprimida una raíz, se amplía el canal o el agujero por el que sale el nervio retirando el hueso que estorba. En una artrosis avanzada de rodilla o de cadera no tiene sentido quitar un saliente aislado: se sustituye la articulación entera. La extirpación aislada del osteofito sólo se justifica en unos pocos lugares: bajo el arco del omóplato en el dolor de hombro, en el borde anterior del tobillo en deportistas y en el dorso del pie, donde roza con el calzado.
Conviene entenderlo bien: la operación resuelve la compresión, pero no anula la enfermedad articular de fondo, y con los años los salientes pueden volver a formarse. Por eso el ejercicio y la descarga siguen siendo necesarios también después.
Consulta en línea
A la consulta se suele llegar con una radiografía hecha y la palabra «osteofitos» en el informe. La atención a distancia encaja especialmente bien aquí, porque lo importante es entender si ese hallazgo explica sus molestias o la causa es otra.
Qué preparar: la descripción del dolor —dónde, cuándo aparece, qué lo empeora y qué lo alivia—; si hay adormecimiento, hormigueo o debilidad y en qué zona exactamente; cuántos metros consigue caminar sin pararse; los informes de las pruebas de imagen anteriores; la lista de sus medicamentos y de sus otras enfermedades.
El médico revisará el hallazgo con usted, le dirá si hace falta una resonancia y cuándo, le ayudará a elegir ejercicios y medidas de descarga, ajustará el tratamiento del dolor a sus contraindicaciones y le explicará con qué señales toca acudir al neurocirujano o al traumatólogo. Si aparecen síntomas de compresión medular o de cola de caballo, se le derivará a urgencias de inmediato.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.





