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Medicamentos comúnmente prescritos para Osteoartritis
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: COMPRIMIDO EFERVESCENTE, 1 GPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Industria Quimica Y Farmaceutica Vir S.A.No requiere recetaForma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, 600 mgPrincipio activo: IbuprofenoFabricante: Laboratorios Normon S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 650 mg paracetamolPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Tarbis Farma S.L.Requiere receta
La osteoartritis, conocida también como artrosis, es la enfermedad articular más frecuente. Avanza despacio: el cartílago que recubre los extremos de los huesos pierde elasticidad y se adelgaza, el hueso que hay debajo se remodela y en los bordes de la articulación crecen salientes óseos. La persona no percibe el proceso, sino sus consecuencias: dolor después del esfuerzo, articulación rígida al levantarse, crujidos, escaleras que cuestan. La enfermedad no desaparece, pero tampoco tiene por qué empeorar año tras año: en muchas personas se mantiene estable durante mucho tiempo y a veces el dolor incluso disminuye.
Qué ocurre realmente dentro de la articulación
Se suele describir la osteoartritis como «desgaste», y esa imagen confunde. La articulación no se gasta como la pieza de una máquina: se renueva de forma continua, y en la osteoartritis esa renovación sale mal. El cartílago pierde agua y se deshilacha, el hueso subyacente se endurece, en los bordes aparecen los llamados osteofitos y la membrana que envuelve la articulación se inflama de vez en cuando y produce derrame. De ahí las oleadas: una semana tranquila, otra difícil.
De aquí se deducen dos cosas prácticas. La primera: la articulación necesita movimiento, porque el cartílago se nutre gracias a la alternancia de carga y descarga, y con la inmovilidad se deteriora antes. La segunda: la radiografía y los síntomas coinciden mal. Hay personas con imágenes muy alteradas y ninguna molestia, y al revés, dolor intenso con una imagen casi normal. Se trata a la persona, no a la placa.
Cómo se manifiesta
La queja principal es un dolor que aparece o aumenta al cargar la articulación y cede con el reposo. Con los años puede llegar a despertar por la noche. La segunda es la rigidez: la articulación se «agarrota» tras dormir o tras estar mucho rato sentado y se suelta en unos minutos. Un detalle que le importa al médico: en la osteoartritis la rigidez matutina es corta, normalmente de menos de media hora.
Otras cosas que se notan:
- crujidos, chasquidos o roce al mover la articulación;
- la articulación se ensancha, se nota más dura y cambia de forma;
- hinchazón y calor tras el esfuerzo, que ceden en uno o dos días;
- pérdida de recorrido: la rodilla no termina de estirarse, el brazo no llega a la espalda;
- debilidad y pérdida de volumen de los músculos que rodean la articulación;
- fallos bruscos de la rodilla al caminar en terreno llano.
Las localizaciones más habituales son las rodillas, las caderas, las manos —la base del pulgar y las pequeñas articulaciones de los dedos, donde aparecen nódulos duros e indoloros— y la columna. Suelen verse afectadas una o dos articulaciones, no todas a la vez.
Qué aumenta el riesgo
No hay una causa única; se suman varias circunstancias:
- la edad: la capacidad de reparación del cartílago disminuye con los años;
- una lesión articular previa: rotura de menisco o de ligamento, fractura que entra en la articulación. Después de algo así la osteoartritis puede empezar incluso a los treinta;
- el exceso de peso. Cada kilo se multiplica sobre la rodilla al caminar, pero no todo es mecánica: el tejido graso mantiene una inflamación de bajo grado, y por eso el peso influye también en las manos;
- el trabajo con carga repetida sobre las mismas articulaciones: horas de rodillas, levantar peso, vibración;
- la musculatura débil del muslo, que deja la carga directamente sobre la articulación;
- los antecedentes familiares, sobre todo en la osteoartritis de las manos;
- ser mujer, con una diferencia que se hace evidente tras la menopausia;
- otra enfermedad de esa misma articulación: artritis reumatoide, gota, una infección pasada, displasia congénita de cadera.
Si la osteoartritis empieza pronto y sin una lesión que la explique, conviene buscar la causa: una displasia, un trastorno del metabolismo del hierro, las secuelas de una inflamación antigua.
Cómo se diagnostica y qué hay que descartar
En la mayoría de los casos el diagnóstico se hace sin pruebas complicadas. El médico de cabecera se apoya en la edad, en el carácter mecánico del dolor, en la rigidez matutina breve y en la exploración: la forma de la articulación, el recorrido del movimiento, el dolor a la presión en el borde articular.
La radiografía confirma el cuadro: pinzamiento del espacio articular, osteofitos, hueso más denso, quistes. Pero no todo el mundo la necesita; se pide cuando el diagnóstico no está claro, cuando se plantea una operación o cuando los síntomas se salen de lo habitual. La resonancia magnética no hace falta en una osteoartritis típica.
Una tarea aparte es no confundirla con otros procesos que se tratan de forma distinta:
- artritis reumatoide: rigidez matutina de más de una hora, pequeñas articulaciones de las manos hinchadas de forma simétrica, cansancio general;
- gota: el ataque se instala en horas, a menudo en la articulación del dedo gordo del pie, con la piel roja y caliente;
- artritis psoriásica: lesiones en la piel o en las uñas, un dedo entero inflamado;
- infección de la articulación, lo más grave de esta lista; se explica más abajo;
- dolor que no procede de la articulación: tendinitis, bursitis, o una cadera enferma que refiere el dolor a la rodilla.
Los análisis de sangre no detectan la osteoartritis; se piden precisamente para descartar lo anterior.
Cuando no se puede esperar
Hay que buscar ayuda de inmediato, incluso llamando a una ambulancia (el 112 es el número único de emergencias en España y en otros países europeos), si:
- en pocas horas la articulación se pone caliente, muy roja y tan dolorosa que apenas se puede mover, y aparece fiebre: así se presenta una infección articular, que se trata con urgencia y en el hospital;
- el dolor aparece justo después de un traumatismo, la pierna no aguanta el peso o la articulación se queda bloqueada;
- la articulación cambia visiblemente de forma tras una caída.
Conviene consultar en los días siguientes, sin esperar a una cita lejana, si el dolor articular se acompaña de fiebre sin causa clara, sudores nocturnos o pérdida de peso, si aparecen entumecimiento o debilidad en un brazo o una pierna, o si el dolor habitual cambia bruscamente de carácter.
Movimiento, peso y apoyo
Esta es la base del tratamiento, no un añadido a las pastillas. El ejercicio no «gasta» la articulación: la descarga, porque un músculo fuerte asume parte del trabajo. Hacen falta dos tipos de trabajo, el de fuerza de los músculos que rodean la articulación afectada y el de resistencia general: caminar, bicicleta, piscina. Las primeras semanas el dolor puede aumentar algo, es esperable. La referencia es sencilla: si al día siguiente todo ha vuelto a su nivel habitual, la carga está bien elegida. Conviene preparar el plan con un fisioterapeuta, porque empezar de golpe o con ejercicios inadecuados hace daño.
Lo segundo en importancia es el peso. En la osteoartritis de rodilla, perder alrededor de una décima parte del peso reduce el dolor de forma apreciable, y tanto más cuanto más se mueva la persona al mismo tiempo.
Lo que ayuda en el día a día:
- calzado con suela amortiguadora y talón estable;
- un bastón, que se lleva en la mano del lado sano para descargar el enfermo;
- una rodillera o una órtesis durante los esfuerzos largos;
- calor para la rigidez y frío para la hinchazón posterior al esfuerzo;
- adaptar la casa: silla alta, asidero en la ducha, mangos engrosados en los utensilios de cocina si están afectadas las manos;
- alternar esfuerzo y descanso en lugar de «aguantar y terminarlo».
Medicamentos e infiltraciones
Los medicamentos alivian el dolor, pero no detienen la enfermedad.
- Los geles y las cremas con antiinflamatorios no esteroideos son un buen punto de partida para la rodilla y las manos: pasa poca cantidad a la sangre y el estómago sufre menos.
- El paracetamol no le sirve a todo el mundo y alivia menos de lo que se cree. Se usa en pautas cortas y sin superar la dosis del prospecto.
- Los antiinflamatorios no esteroideos en comprimidos son más eficaces, pero exigen precauciones. Se toman a la dosis mínima eficaz y durante el menor tiempo posible, casi siempre junto a un protector gástrico. No sirven si hay úlcera, pueden desencadenar una crisis en algunas personas con asma, suben la tensión y sobrecargan el riñón, y tras un infarto o un ictus, o con angina de pecho e insuficiencia cardíaca, se indican con mucha cautela. Avise siempre al médico si toma anticoagulantes o aspirina a dosis baja: la combinación aumenta de forma clara el riesgo de hemorragia digestiva.
- La crema de capsaicina es una alternativa cuando los antiinflamatorios tópicos no han funcionado. Tarda en hacer efecto y el escozor de los primeros días es normal.
- La infiltración de un corticoide en la articulación calma un brote intenso durante algunas semanas. Sirve para llegar a un compromiso importante o para poder empezar a hacer ejercicio, pero no debe repetirse a menudo.
- Con qué no hay que contar: los opioides no se usan de forma continuada en la osteoartritis, porque aportan poco y la somnolencia, el estreñimiento y la dependencia son reales; la condroitina y la glucosamina no han demostrado un efecto convincente.
Cuándo se plantea la cirugía
La operación se plantea cuando el dolor impide dormir y limita la vida normal, y el movimiento, el peso y los fármacos ya han dado de sí lo que podían. No tiene sentido llegar al límite: cuanto más débiles estén los músculos y peor sea la movilidad al llegar al quirófano, más difícil será la recuperación.
Lo más frecuente es la prótesis de cadera o de rodilla: se sustituyen las superficies desgastadas por una articulación artificial. El dolor desaparece en la gran mayoría de los operados y una prótesis actual dura muchos años, pero volver a la vida normal lleva meses y exige rehabilitación. Con menos frecuencia se recurre a otras técnicas: la osteotomía, que corta el hueso para repartir de otro modo la carga en la rodilla de una persona todavía joven, o la fijación de la articulación en posición fija cuando quitar el dolor importa más que conservar el movimiento. En cambio, el «lavado» artroscópico de la rodilla artrósica no funciona y no se realiza.
Consulta en línea
La osteoartritis es un buen motivo para empezar a distancia. En la consulta en línea el médico repasa cómo es el dolor y cuándo aparece, valora si el cuadro encaja con una osteoartritis o hay que descartar otra cosa, y explica qué pruebas hacen falta de verdad y cuáles sobran.
Conviene preparar: cuándo empezó todo, qué articulaciones molestan, qué empeora y qué alivia el dolor, cuánto dura la rigidez matutina, la lista de sus medicamentos y de sus otras enfermedades, los informes de radiografías y análisis anteriores. Un vídeo corto en el que se vea cómo se levanta de una silla y da unos pasos resulta muy útil.
El médico le ayudará a montar un plan de ejercicio realista, ajustará el tratamiento del dolor a sus contraindicaciones y le dirá cuándo toca acudir al traumatólogo. Si por su descripción el cuadro resulta preocupante —articulación caliente e hinchada con fiebre, traumatismo reciente, entumecimiento—, se le derivará a una valoración presencial el mismo día.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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