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Medicamentos comúnmente prescritos para Neuralgia postherpética
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: COMPRIMIDO, 25 mgPrincipio activo: amitriptilinaFabricante: Neuraxpharm Spain S.L.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 50/mg comprimidosPrincipio activo: amitriptilinaFabricante: Pan Quimica Farmaceutica S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 10 mgPrincipio activo: amitriptilinaFabricante: Pan Quimica Farmaceutica S.A.Requiere receta
La erupción del herpes zóster cura en dos a cuatro semanas, pero en algunas personas el dolor sigue en el mismo sitio después de que la piel haya cicatrizado. A ese dolor prolongado se le llama neuralgia postherpética. No es una complicación de la piel ni el regreso de la erupción: lo que está dañado es el propio nervio por el que se extendió el virus. El dolor es real aunque ya no haya nada que mirar, y por eso mismo suele infravalorarse, tanto por el entorno como por quien lo sufre. Con el tiempo la mayoría mejora, y mientras tanto se puede y se debe tratar.
Cómo se siente y cuánto dura
El dolor ocupa exactamente la franja de piel donde estuvo la erupción: por lo general en un solo lado, casi siempre en el pecho, la espalda o el costado, y con menos frecuencia en la frente y alrededor del ojo. Puede tener formas distintas, y en una misma persona suelen combinarse varias:
- un dolor quemante o sordo continuo, como si la piel estuviera abrasada;
- latigazos repentinos, parecidos a una descarga eléctrica;
- dolor provocado por algo que no debería doler: la sábana, la goma de la ropa interior, el aire, el agua fresca de la ducha;
- un picor insoportable que lleva a rascarse hasta hacerse heridas;
- adormecimiento y pérdida de sensibilidad en esa misma zona, a veces junto a la parte dolorosa.
La piel de esa zona puede quedar más clara o más oscura y con pequeñas cicatrices: son huellas de la erupción, no señal de que la enfermedad continúe.
El dolor impide dormir, vestirse y trabajar, agota y con frecuencia hunde el ánimo; la tristeza y la ansiedad que lo acompañan son parte del cuadro y no debilidad de carácter. Lo habitual es que vaya cediendo poco a poco: muchas personas mejoran claramente en unos meses y la mayoría a lo largo del año. En algunas quedan sensaciones aisladas durante más tiempo, pero incluso entonces se consigue hacerlas soportables.
Se habla de neuralgia postherpética cuando el dolor persiste alrededor de tres meses después de la aparición de la erupción. En casos poco frecuentes no empieza enseguida: la erupción cura, hay un periodo tranquilo y después el dolor reaparece.
Por qué el dolor se queda y en quién es más probable
El virus de la varicela no desaparece tras la enfermedad infantil: se queda en los ganglios nerviosos. Cuando las defensas bajan, despierta, recorre el nervio hasta la piel y produce un herpes zóster. Por el camino daña el propio nervio y su ganglio. El nervio dañado empieza a enviar señales de dolor al cerebro sin motivo alguno, y un roce que antes se percibía como roce ahora se interpreta como dolor.
No se puede predecir a quién le ocurrirá, pero es más probable:
- con la edad: antes de los cincuenta años es rara y a partir de los setenta se ve con frecuencia;
- si la erupción fue abundante y ocupó una superficie grande;
- si el dolor de la fase aguda fue intenso;
- si el dolor o el ardor aparecieron incluso antes que la erupción;
- si estuvieron afectados el ojo o la frente;
- en la diabetes y en las situaciones que debilitan las defensas.
La neuralgia postherpética en sí no se contagia: el virus se transmite desde las vesículas mientras la erupción está activa, y cuando ya no hay erupción no hay nada que transmitir.
Qué más puede doler así
Esta enfermedad no tiene una prueba que la confirme. El diagnóstico se basa en la historia: hubo un herpes zóster, el dolor se quedó en el mismo sitio y en la exploración la piel de esa franja duele con un roce suave. Ni los análisis de sangre ni las imágenes muestran una neuralgia postherpética; se piden cuando el cuadro no encaja y hay que descartar otra cosa.
Conviene comprobarlo si el dolor se comporta de forma distinta a la esperada:
- ha aparecido una erupción nueva: puede tratarse de un nuevo herpes zóster, que se trata con antivíricos y no con analgésicos;
- el dolor está en otro sitio, no donde estuvo la erupción, y no debe atribuirse a la neuralgia;
- dolor en el pecho con falta de aire, sudoración e irradiación al brazo o a la mandíbula: así se manifiesta una enfermedad del corazón, no una neuralgia;
- dolor en el costado con fiebre, vómitos o cambios en la orina: hay que mirar el riñón o la vesícula;
- dolor que baja por el brazo o la pierna con debilidad y hormigueo: suele ser una raíz nerviosa comprimida por un problema de la columna;
- crisis breves y punzantes en la cara desencadenadas por masticar, afeitarse o lavarse los dientes: así se comporta la neuralgia del trigémino.
Cuándo hace falta ayuda urgente
Acuda al médico el mismo día si:
- la erupción o el dolor afectan a la frente, el párpado o la nariz, sobre todo si hay vesículas en la punta de la nariz: indica que está afectada la rama del nervio que va al ojo y hace falta valoración por oftalmología;
- aparecen dolor ocular, enrojecimiento, molestia con la luz o pérdida de visión;
- se debilita la mitad de la cara, se tuerce la boca, o aparecen dolor de oído, pérdida de audición, zumbidos o vértigo;
- la piel alrededor de las lesiones ya curadas se enrojece, se pone caliente y aparecen pus y fiebre;
- la erupción reaparece o se extiende por el cuerpo y usted toma medicamentos que bajan las defensas;
- el dolor se vuelve insoportable, lleva varias noches sin dormir o no consigue comer ni beber.
Llame a una ambulancia (el número único europeo de emergencias, el 112, funciona en España) si aparecen dolor de cabeza intenso con rigidez de nuca y fiebre, confusión, convulsiones o pérdida súbita de visión, y también si el dolor en el pecho se acompaña de falta de aire o sensación de opresión.
Con qué se trata
El dolor de origen nervioso funciona de otra manera que el dolor de una herida o una inflamación, así que necesita otros medicamentos. Los analgésicos y antiinflamatorios habituales ayudan poco; además, los antiinflamatorios no esteroideos se toleran mal a edades avanzadas, porque afectan al estómago, al riñón y a la tensión arterial. El paracetamol puede aliviar algo, pero no conviene confiar solo en él.
La base del tratamiento son los fármacos que actúan sobre la transmisión del dolor por el nervio:
- antiepilépticos como la gabapentina y la pregabalina;
- antidepresivos usados por su efecto analgésico, como la amitriptilina y la duloxetina; se recetan para calmar el dolor, no porque el dolor sea «de los nervios»;
- parche de lidocaína, que se aplica sobre la zona dolorosa, actúa localmente y resulta especialmente útil cuando el roce de la ropa es intolerable;
- crema o parche de capsaicina, que al principio aumenta el ardor pero después reduce la sensibilidad de la piel;
- analgésicos opioides como el tramadol o la codeína, solo en ciclos cortos y cuando lo demás no ha bastado: producen somnolencia, estreñimiento y dependencia.
A menudo un solo fármaco no basta y el médico combina uno oral con otro tópico. Si el dolor no cede, se deriva a una unidad del dolor, donde se emplean parches más potentes, bloqueos nerviosos y también psicoterapia, que enseña a manejar el dolor crónico y mejora notablemente el sueño y la vida diaria.
Qué conviene saber sobre los fármacos para el dolor nervioso
Estos medicamentos no funcionan como una pastilla para el dolor de cabeza, y por no entenderlo mucha gente los abandona en los primeros días.
Se empieza siempre con una dosis baja que se sube poco a poco, a lo largo de semanas. El efecto claro suele llegar a las dos o cuatro semanas, así que «no me hizo nada en dos días» no significa nada todavía.
Al principio son frecuentes la somnolencia, el mareo, la boca seca, la hinchazón de las piernas y la visión borrosa. En una persona mayor eso supone además riesgo de caída, de modo que las primeras dosis se toman por la noche y conviene levantarse despacio de la cama. Hasta que la dosis esté ajustada, mejor no conducir.
Estos medicamentos no se pueden dejar de golpe, ni los antiepilépticos ni los antidepresivos. Una retirada brusca provoca ansiedad, insomnio, sudoración y náuseas, y a veces el dolor vuelve con más fuerza que antes. Si un fármaco no va bien, el médico pautará una retirada gradual.
Cuente siempre qué otros medicamentos toma y si tiene problemas de riñón: de eso dependen tanto la elección del fármaco como la dosis. El alcohol aumenta la somnolencia y el mareo.
Qué puede hacer usted
Los medicamentos no quitan el dolor por completo, y lo que se hace en casa suma bastante al resultado.
- Use ropa holgada de algodón o seda; la lana y las costuras apretadas sobre la zona suelen ser insoportables.
- Cubra la zona sensible con un apósito suave bajo la ropa: amortigua el roce del tejido.
- Aplique frío envuelto en una toalla de diez a veinte minutos, si el frío le alivia.
- No ponga bolsa de agua caliente ni caliente mucho la zona: la sensibilidad está reducida y una quemadura puede pasar desapercibida.
- No se rasque; lleve las uñas cortas y, si el picor es insoportable, pregunte al médico por tratamientos que lo calmen.
- Lleve un diario breve del dolor: ayuda a ver si el tratamiento funciona y facilita la conversación en la consulta.
- No suspenda del todo sus actividades y paseos: la inmovilidad y el aislamiento aumentan el dolor.
- Cuide el sueño: dolor e insomnio se alimentan mutuamente, y romper ese círculo importa más de lo que parece.
Cómo reducir el riesgo en el futuro
La neuralgia postherpética es más fácil de prevenir que de tratar, y aquí hay dos medidas que funcionan.
La primera es empezar el tratamiento del herpes zóster lo antes posible. Los antivíricos son tanto más eficaces cuanto antes se inician, y el mayor beneficio se obtiene en los tres primeros días desde que sale la erupción. Por eso, ante un dolor repentino en un solo lado con vesículas, hay que consultar sin demora. Un buen control del dolor en la fase aguda también reduce la probabilidad de que se cronifique.
La segunda es la vacuna frente al herpes zóster. Reduce tanto la probabilidad de padecerlo como la de que el dolor se prolongue después. Se recomienda a las personas mayores y a quienes tienen las defensas debilitadas por una enfermedad o un tratamiento; la edad concreta, el tipo de vacuna y el número de dosis varían de un país a otro, así que conviene consultar el calendario nacional de vacunación o preguntar al médico. Haber pasado un herpes zóster no excluye la vacunación: no protege frente a un nuevo episodio.
Ayuda también todo lo que reduce la probabilidad de que el virus despierte: controlar el azúcar en la diabetes, tratar la enfermedad de base, dormir y recuperarse después de periodos de mucho esfuerzo.
Consulta en línea
El dolor tras un herpes zóster se alarga durante meses, y buena parte del trabajo consiste en ajustar la dosis, valorar el efecto y decidir qué cambiar. Esas conversaciones se llevan bien en línea: el médico valorará si su dolor encaja con una neuralgia postherpética, le explicará qué esperar del fármaco recetado y cuándo, le ayudará a interpretar los efectos adversos y le indicará cuándo conviene ir a una unidad del dolor. En línea también se puede hablar de prevención: la vacunación y qué hacer ante un próximo episodio. Pero si está afectado el ojo, se ha torcido la cara, hay fiebre o aparece una erupción nueva, hace falta una exploración presencial el mismo día, y ante confusión o dolor de cabeza intenso, una ambulancia.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
Médicos online para Neuralgia postherpética
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