Neumonía
La neumonía es la inflamación de la parte del pulmón donde ocurre el intercambio de gases: los diminutos sacos alveolares se llenan de líquido y de células, y…
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Medicamentos comúnmente prescritos para Neumonía
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, Polvo para suspensión oral. Por 5 ml de suspensiónPrincipio activo: AzitromicinaFabricante: Kern Pharma S.L.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 500 mgPrincipio activo: AmoxicilinaFabricante: Aurovitas Spain, S.A.U.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 1000 mgPrincipio activo: AmoxicilinaFabricante: Teva Pharma S.L.U.Requiere receta
La neumonía es la inflamación de la parte del pulmón donde ocurre el intercambio de gases: los diminutos sacos alveolares se llenan de líquido y de células, y esa zona del pulmón deja de respirar. De ahí viene todo lo demás: falta de aire, tos, fiebre, postración. La causa es casi siempre una infección y la mayoría de las personas se recuperan por completo. Pero la neumonía sigue siendo una enfermedad de la que se muere, así que lo más importante aquí es entender a tiempo hasta qué punto es grave su caso concreto.
Cómo empieza
La forma clásica se instala en uno o dos días. La fiebre sube de golpe, muchas veces con escalofríos, y aparece tos, primero seca y luego con expectoración amarilla, verdosa o de color herrumbre. Respirar cuesta más y, si la inflamación ha llegado a la membrana que envuelve el pulmón, da una punzada en el costado al inspirar hondo. La persona se siente deshecha, pierde el apetito, y la respiración y el pulso se aceleran.
También puede ser de otro modo: fiebre baja, tos seca y agotadora, todo desplegándose a lo largo de una semana y con aspecto de catarro que no termina. Así cursa la neumonía por micoplasma y por gérmenes parecidos.
Aparte quedan dos grupos en los que el cuadro se desdibuja.
- Las personas mayores. Puede no haber fiebre en absoluto. Lo que domina es la confusión repentina, la somnolencia, las caídas, el rechazo de la comida, una debilidad brusca o el empeoramiento sin explicación de una enfermedad crónica. La confusión en una persona mayor es, por sí sola, motivo para buscar una infección.
- Los lactantes y los niños pequeños. Aquí no se mira la tos, sino la respiración: rápida y superficial, con hundimiento de los espacios entre las costillas y del hueco encima del esternón, aleteo de la nariz y un quejido corto al espirar. El niño está apagado y rechaza el pecho o el biberón.
Conviene sospechar neumonía también cuando un catarro corriente iba mejorando y unos días después vuelven a subir la fiebre y la tos.
Cuándo llamar a una ambulancia
Marque el número europeo de emergencias 112 si un adulto o un niño presenta aunque sea uno de estos signos:
- falta de aire intensa en reposo, sin poder terminar una frase seguida;
- labios, cara, lengua o uñas pálidos, azulados o moteados;
- confusión, la persona no sabe dónde está o cuesta despertarla;
- dolor torácico intenso o sangre al toser;
- fiebre con escalofríos junto a mareo al levantarse, piel fría y pegajosa y una cantidad de orina claramente menor: así empieza una infección generalizada de la sangre;
- en un niño, hundimiento de los espacios intercostales o del hueco sobre el esternón al respirar, quejido al espirar, decaimiento, rechazo de la bebida, imposibilidad de despertarlo o convulsiones.
En estos casos no se puede esperar ni conviene ir por medios propios. En cambio, hay que ver al médico ese mismo día, sin llamar a la ambulancia, si la fiebre por encima de treinta y ocho grados dura más de tres días, si la tos se ha vuelto productiva y dolorosa o si el estado general va a peor, y en todo caso si el enfermo es una persona mayor, un niño de los primeros años o alguien con una enfermedad crónica del pulmón o del corazón.
Quién la provoca y quién la pasa peor
El germen determina tanto la evolución como el tratamiento.
- Bacterias. La más habitual es el neumococo, responsable de ese cuadro ruidoso con escalofríos y fiebre alta. En adolescentes y adultos jóvenes son frecuentes el micoplasma y la clamidofila. La legionela vive en las redes de agua y en los aparatos de aire acondicionado, se contrae tras viajes y en hoteles, y su neumonía suele acompañarse de diarrea y confusión.
- Virus: gripe, covid y el virus respiratorio sincitial en los más pequeños. A veces el virus daña el pulmón por sí mismo, y a veces abre el camino a las bacterias.
- Paso de contenido del estómago o de la boca a las vías respiratorias. La neumonía por aspiración aparece cuando la deglución falla tras un ictus, en la demencia y la enfermedad de Parkinson, en una intoxicación etílica grave, después de una anestesia o durante una crisis convulsiva.
- Hongos: causan neumonía rara vez y casi solo en personas con la inmunidad seriamente deprimida.
La pasan peor los lactantes y los mayores de sesenta y cinco años, los fumadores, quienes tienen enfermedad pulmonar obstructiva crónica o asma grave, insuficiencia cardíaca, diabetes o enfermedades del riñón y del hígado, los pacientes oncológicos y todos los que reciben quimioterapia o fármacos que frenan la inmunidad, las personas con VIH o sin bazo, quienes tienen dependencia del alcohol y las embarazadas.
Qué se parece a una neumonía pero se trata de otra forma
Tos con fiebre no equivale a neumonía, y el antibiótico está lejos de hacer falta siempre.
- Bronquitis aguda. La tos puede ser fuerte y prolongada, pero no hay falta de aire, el pulmón se ausculta limpio y la fiebre es baja. Casi siempre es un virus, y los antibióticos no lo curan.
- Gripe y covid sin afectación del pulmón. Postración, dolores musculares y fiebre, mientras la respiración no sufre.
- Reagudización de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica o del asma: aumenta la falta de aire con sibilancias y la temperatura suele ser normal.
- Congestión pulmonar por insuficiencia cardíaca. La falta de aire empeora tumbado y de noche, se hinchan las piernas y el peso sube en pocos días. Esto se trata con diuréticos, no con antibióticos, y confundirlo sale caro.
- Embolia pulmonar. Falta de aire brusca y dolor al inspirar, con temperatura normal o poco elevada.
- Tuberculosis. Tos de más de tres semanas, sudoración nocturna, pérdida de peso y a veces sangre en el esputo.
- Tumor de pulmón. Se piensa en él cuando una neumonía en un fumador tarda mucho en resolverse o se repite siempre en el mismo sitio. En los niños, en ese mismo sitio puede haber un objeto pequeño aspirado.
Cómo se confirma el diagnóstico
Todo empieza por la exploración. El médico cuenta la frecuencia respiratoria y el pulso, mide la tensión y ausculta los pulmones: sobre la zona inflamada la entrada de aire está disminuida y se oyen crepitantes o estertores húmedos.
Después:
- Pulsioximetría. Un pequeño aparato en el dedo indica la saturación de oxígeno, el principal marcador de gravedad, y de él depende en buena parte la decisión de tratarse en casa o en el hospital.
- Radiografía de tórax. Es la prueba que confirma el diagnóstico. Tenga en cuenta que en las primeras horas los cambios pueden no verse todavía, de modo que una placa normal muy temprana no siempre zanja la cuestión.
- Tomografía computarizada, cuando el cuadro no está claro, la evolución se alarga o se sospecha una complicación.
- Análisis de sangre: los marcadores de inflamación ayudan a distinguir la infección bacteriana de la vírica y a valorar la gravedad.
- Estudio del esputo y, en el hospital, hemocultivos y análisis de orina para antígenos de legionela y neumococo, con el fin de afinar el antibiótico.
- Frotis para gripe y covid en temporada.
Reuniendo todo eso —edad, confusión, frecuencia respiratoria, tensión, saturación y enfermedades acompañantes— el médico decide si el tratamiento puede ser domiciliario.
Con qué se trata y qué hacer en casa
En la neumonía bacteriana la base son los antibióticos. Los elige el médico y es importante completar la pauta aunque a los tres días se note una mejoría clara: una neumonía mal tratada regresa. La mejoría se espera en las primeras cuarenta y ocho a setenta y dos horas; si no llega o las cosas empeoran, hay que contactar con el médico y no terminar la caja en silencio. En la neumonía vírica los antibióticos no sirven, aunque en la gripe un antivírico iniciado los primeros días ayuda a las personas de riesgo.
En casa todo es bastante sencillo, y no por ello inútil:
- reposo mientras haya fiebre y debilidad, y beber lo suficiente;
- paracetamol para la fiebre y el dolor; los antiinflamatorios también valen, pero no en caso de úlcera, enfermedad renal, insuficiencia cardíaca avanzada ni en la segunda mitad del embarazo;
- no frenar la tos con medicamentos: el pulmón se limpia con la expectoración y retenerla estorba la recuperación;
- hacer varias veces al día inspiraciones lentas y profundas y no pasar el día entero tumbado: moverse pronto reduce el riesgo de complicaciones;
- no fumar: en el fumador la neumonía es más grave y tarda más en curar;
- taparse la boca al toser, lavarse las manos con frecuencia y no ir al trabajo ni visitar a familiares mayores mientras haya fiebre.
La recuperación no es rápida: la tos y el cansancio suelen durar varias semanas, y la resistencia de antes vuelve al cabo de dos o tres meses. Es normal. El médico puede pedir una radiografía de control unas semanas después, sobre todo en fumadores y en personas mayores, para que detrás de la neumonía no se esconda otra cosa.
Complicaciones y señales de que va a peor
La neumonía se complica pocas veces, pero conviene conocerlo.
- Derrame pleural, líquido entre las membranas del pulmón. Provoca falta de aire creciente; si el volumen es grande se evacua con una aguja o un drenaje.
- Empiema, la infección de ese líquido. La fiebre no cede, el estado empeora y hacen falta drenaje y un curso largo de antibióticos.
- Absceso pulmonar, una cavidad con pus, más frecuente tras una aspiración; el esputo se vuelve abundante y maloliente.
- Sepsis e insuficiencia respiratoria, los desenlaces más peligrosos y los que explican la mortalidad de la neumonía.
- Descompensación de una enfermedad crónica: insuficiencia cardíaca que se desborda, azúcares disparados en la diabetes, agravamiento de la enfermedad pulmonar.
Contacte con el médico si la falta de aire aumenta, si la fiebre persiste más de tres días con antibiótico o vuelve después de haber bajado, si el dolor torácico se intensifica, si aparece sangre en el esputo o si la persona se vuelve somnolienta y se confunde.
Vacunas y qué más reduce el riesgo
Buena parte de las neumonías se pueden prevenir.
- Vacuna antineumocócica. A los niños se les administra durante el primer año de vida, y a los adultos mayores y a las personas de riesgo según el calendario nacional de vacunación, que varía de un país a otro en plazos y número de dosis.
- Vacuna anual de la gripe, para personas mayores, embarazadas, quienes tienen enfermedades crónicas y quienes conviven o trabajan con ellos.
- Vacunación frente a la covid según las recomendaciones vigentes en su país para los grupos de riesgo.
- Vacuna frente al virus respiratorio sincitial, allí donde esté disponible: protege a las personas mayores y, si se administra durante el embarazo, al recién nacido en sus primeros meses.
Además de las vacunas ayuda dejar de fumar, que reduce el riesgo más que cualquier producto reconstituyente. Conviene tener controladas la diabetes, la insuficiencia cardíaca y las enfermedades del pulmón, cuidar los dientes y las encías y, si la deglución quedó alterada tras un ictus, dar de comer sentado y con alimentos espesados, nunca sobre la marcha ni en la cama.
Consulta en línea
La consulta en línea ante una sospecha de neumonía resuelve la pregunta principal: cuánta prisa hay y qué hacer ahora mismo. El médico preguntará cómo empezó la enfermedad, qué fiebre y cuántos días, si hay falta de aire y cuánto puede caminar sin pararse, cómo es el esputo y si hubo una mejoría seguida de un nuevo empeoramiento. Precisará la edad, las enfermedades crónicas y la medicación, valorará el riesgo de evolución grave y dirá con claridad si toca vigilar en casa, hacer hoy mismo radiografía y análisis o llamar a una ambulancia. Si el diagnóstico ya está hecho y el tratamiento es domiciliario, una segunda consulta sirve para valorar la evolución —si ha mejorado en cuarenta y ocho horas, si toca cambiar el plan— y resolver las dudas sobre la vuelta al esfuerzo.
El límite también conviene conocerlo de antemano: auscultar los pulmones, medir la saturación y obtener una imagen solo puede hacerse presencialmente. Por eso, ante falta de aire, confusión, coloración azulada o cualquier signo del apartado de la ambulancia, la conversación será corta: le dirán que llame al 112.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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