Mesotelioma
El mesotelioma es un tumor poco frecuente de las membranas que tapizan por dentro el tórax y el abdomen.
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El mesotelioma es un tumor poco frecuente de las membranas que tapizan por dentro el tórax y el abdomen. Casi siempre hay detrás amianto respirado décadas antes de las primeras molestias, de modo que una sola frase puede cambiar todo el rumbo de las pruebas: «trabajé con materiales de construcción» o «mi padre volvía del trabajo con el mono lleno de polvo». Dígasela usted al médico, aunque no se la pregunten.
Qué clase de tumor es
Los pulmones, el corazón y los órganos del abdomen están cubiertos por una película fina y resbaladiza, el mesotelio. Segrega una pequeña cantidad de líquido gracias a la cual el pulmón se desliza sin rozar dentro del tórax y las asas intestinales se mueven unas sobre otras. El tumor nacido de las células de esa película es el mesotelioma.
Aparece sobre todo en la pleura, la membrana del pulmón, y allí se concentra la gran mayoría de los casos. Con menos frecuencia afecta al peritoneo y, muy raramente, a la membrana del corazón o a la del testículo. No crece formando un bulto, sino en capa: se extiende por la superficie, engruesa la membrana y va comprimiendo lo que hay debajo. De ahí su manifestación principal, la acumulación de líquido y la dificultad para respirar.
Tiene distintos subtipos al microscopio, y no es un detalle formal: el epitelioide evoluciona bastante más despacio y el sarcomatoide es más agresivo, y de eso dependen tanto el tratamiento como lo que cabe esperar.
El amianto y quién está expuesto
El amianto es un grupo de minerales naturales que se deshacen en fibras finísimas y muy resistentes. Se apreciaban por su resistencia al fuego y durante décadas se añadieron a placas de cubierta, tuberías, aislamientos, forros de freno y tejidos ignífugos. La fibra inhalada se deposita en la profundidad del pulmón, el organismo no puede disolverla ni expulsarla, y mantiene una inflamación a su alrededor durante décadas.
El intervalo entre respirarla y enfermar es enorme, por lo general de veinte a cincuenta años. Por eso enferman sobre todo personas mayores de sesenta, mientras que la causa se remonta a su juventud. No se ha establecido un umbral seguro: hay casos descritos tras un contacto relativamente breve.
- albañiles, techadores, instaladores de aislamiento, fontaneros y electricistas que trabajaron en edificios antiguos;
- trabajadores de astilleros, calderería y ferrocarril;
- mecánicos que cambiaban pastillas de freno y embragues;
- personal de fábricas y canteras de amianto;
- familiares que lavaban la ropa de trabajo, lo que se llama exposición doméstica.
El tabaco no causa mesotelioma, aunque junto al amianto dispara el riesgo de cáncer de pulmón: son dos enfermedades distintas. Existe además una forma hereditaria rara ligada a una alteración del gen BAP1; en esas familias el mesotelioma y el melanoma del ojo aparecen en varios parientes y a menudo a edades más jóvenes. Si los casos se repiten en la familia, conviene decírselo al médico.
En la Unión Europea el amianto está prohibido desde mediados de los años dos mil, y en algunos países desde antes, pero en las construcciones viejas queda mucho. El material íntegro, sin dañar, no supone peligro; el peligro es el polvo. No corte, no taladre ni rompa usted mismo placas sospechosas: de eso se ocupan empresas autorizadas.
Qué debe hacer sospechar
Los síntomas crecen despacio, a lo largo de meses, y al principio se parecen a cualquier cosa.
- falta de aire que aumenta semana tras semana, primero al subir y después al andar en llano;
- dolor sordo en un costado del pecho o en la espalda, sin relación con el movimiento y que no se va;
- tos seca que no responde al tratamiento habitual;
- sudores nocturnos, febrícula y un cansancio que no se explica;
- pérdida de peso y de apetito sin ninguna dieta.
Cuando el tumor está en el peritoneo el cuadro es distinto: el abdomen se agranda y tensa, aparecen dolor sordo, náuseas, sensación de estar lleno con poca comida, cambios en el ritmo intestinal y a veces una hernia que asoma por primera vez. Y el adelgazamiento avanza a contracorriente de ese abdomen que crece, una combinación muy característica.
Ninguno de estos fenómenos significa por sí solo un mesotelioma. Pero si duran más de tres semanas y hubo contacto con amianto en el pasado, el estudio debe empezar sin demora.
Cuándo no se puede esperar
De inmediato, llamando a una ambulancia al número europeo único 112:
- falta de aire que aumenta bruscamente, ahogo en reposo, imposibilidad de estar tumbado;
- dolor intenso en el pecho, labios azulados, confusión;
- expectoración con sangre;
- hinchazón de la cara y el cuello con las venas marcadas, señal de compresión de una vena grande del tórax;
- en el tumor del peritoneo, dolor abdominal intenso, vómitos y ausencia total de deposiciones y de gases, que es como se presenta una obstrucción intestinal.
El mismo día o al siguiente hace falta un médico si la falta de aire ha empeorado en pocos días, si aparece fiebre con escalofríos, si el dolor ha dejado de ceder con lo de siempre o si por un drenaje torácico sale líquido maloliente y la piel de alrededor se ha enrojecido. Todo lo demás es consulta programada, pero con cita para la semana siguiente y no «cuando se pueda».
Cómo se llega al diagnóstico
Se empieza por una radiografía de tórax: mostrará líquido en la cavidad pleural o un engrosamiento de la membrana, pero no permite distinguir el mesotelioma de otras causas. Después se hace una tomografía computarizada con contraste, que ve el grosor y la extensión de la lesión y orienta sobre el punto más seguro para tomar muestras.
El líquido de la pleura o del abdomen se extrae con una punción: alivia de inmediato la respiración y además se manda a analizar. Aquí hay una advertencia importante: el estudio de las células del líquido a menudo no da respuesta, y un resultado negativo no descarta el mesotelioma. No hay que detenerse ahí, porque es justo en ese paso donde con más frecuencia se pierden meses.
El diagnóstico se hace sobre tejido. Para ello se realiza una toracoscopia, la inspección de la cavidad pleural con una cámara a través de una incisión pequeña, tomando bajo visión directa fragmentos de la membrana alterada; si el tumor está en el peritoneo, lo mismo se hace por laparoscopia. A veces basta una biopsia con aguja gruesa de la pleura engrosada guiada por tomografía. El material obtenido se estudia siempre con técnicas de inmunohistoquímica: sin ellas es difícil separar el mesotelioma de las metástasis de otro tumor, y el tratamiento no es el mismo.
Para valorar la extensión se añade una tomografía por emisión de positrones y a veces una resonancia magnética. La función pulmonar se estudia cuando se plantea cirugía. No hay ningún programa de cribado demostrado para las personas que estuvieron expuestas al amianto: una radiografía por si acaso no alarga la vida, mientras que acudir con síntomas y mencionar de entrada la exposición sí lo hace.
Cómo se trata
El plan lo decide un comité de varios especialistas y depende mucho de dónde está el tumor, de qué subtipo es y de cómo tolera el esfuerzo la persona.
La base del tratamiento farmacológico son la quimioterapia y la inmunoterapia. La combinación de dos fármacos que quitan los frenos a las células inmunitarias ha demostrado ventaja sobre la quimioterapia sola en el mesotelioma pleural, sobre todo en los subtipos no epitelioides. La radioterapia se emplea de forma dirigida, casi siempre para quitar el dolor en un punto concreto.
La cirugía en el mesotelioma pleural solo es posible en una parte de los pacientes, en fase inicial y en centros especializados; su utilidad todavía se discute y la operación nunca es el único tratamiento. En el mesotelioma del peritoneo, en cambio, el panorama es distinto y bastante más esperanzador: combinar una cirugía de citorreducción con la instilación de quimioterapia caliente dentro del abdomen ofrece años de vida a pacientes seleccionados. Conviene preguntar por ello si el tumor se ha encontrado en el abdomen.
No es menos importante el trabajo sobre los síntomas. Lo que más estorba es que el líquido se rehaga, y se aborda de dos maneras: introducir talco en la cavidad pleural para que las hojas se peguen y el líquido deje de acumularse, o colocar un catéter fino permanente que permite vaciarlo en casa. El dolor del mesotelioma puede ser tenaz y se trata subiendo escalones hasta los analgésicos opioides; aguantarlo ni hace falta ni conviene. Incorporar pronto a los cuidados paliativos, y no «al final», mejora el bienestar y no acorta la vida.
Pronóstico y cuestiones prácticas
Hablar de esto con franqueza es mejor que rodearlo. El mesotelioma pleural suele detectarse tarde y la supervivencia media tras el diagnóstico ronda el año o el año y medio. Pero una media no es una sentencia para una persona concreta: con subtipo epitelioide, buen estado general y respuesta a la inmunoterapia se cuenta por años, y en el mesotelioma peritoneal operado en un centro especializado, por bastantes años.
Los asuntos prácticos conviene resolverlos pronto, mientras hay fuerzas. En muchos países el mesotelioma se reconoce como enfermedad profesional y da derecho a prestaciones o indemnizaciones; el procedimiento varía, pero casi en todas partes harán falta documentos de los puestos de trabajo y un informe del diagnóstico. Reúna su historia laboral y anote dónde y cuándo hubo contacto con amianto, porque reconstruirlo más tarde es mucho más difícil.
Y no se quede solo con esto. Hablar con un psicólogo, los grupos de apoyo para pacientes y allegados y la ayuda de un trabajador social no son un lujo; la enfermedad no pesa solo en el cuerpo, y a los seres queridos a veces les cuesta más que al propio enfermo.
Consulta en línea
La consulta a distancia sirve en dos momentos. Antes del diagnóstico, para entender si sus molestias encajan en un cuadro que exige estudiarse deprisa y en qué orden hacerlo: el médico revisa imágenes e informes y explica por qué el análisis del líquido no basta y por qué hay que insistir en la biopsia. Tenga a mano los informes de la radiografía y de la tomografía, los partes de alta y la lista de trabajos con sus años aproximados.
Después del diagnóstico la conversación ayuda a leer el informe de anatomía patológica y el estadio, a entender el esquema de tratamiento propuesto y sus efectos adversos, a valorar si tiene sentido una segunda opinión o una derivación a un centro especializado, y a ajustar la analgesia entre visitas. Los límites son evidentes: explorar y obtener líquido o tejido a través de una pantalla no es posible, y ante un empeoramiento brusco de la respiración no hace falta una llamada, sino una ambulancia.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.




