Malaria
La malaria, también llamada paludismo, es una enfermedad parasitaria que transmiten los mosquitos en los trópicos y subtrópicos. Basta una picadura.
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La malaria, también llamada paludismo, es una enfermedad parasitaria que transmiten los mosquitos en los trópicos y subtrópicos. Basta una picadura. El parásito entra en la sangre, se multiplica en el hígado y después destruye los glóbulos rojos, y entonces aparece la fiebre. Lo esencial cabe en una frase: tratada a tiempo se cura sin dejar rastro, y desatendida mata en cuestión de días. Entre encontrarse regular y estar en peligro de muerte pueden pasar menos de veinticuatro horas, así que la fiebre en alguien que vuelve del trópico no es motivo para quedarse en la cama, sino para hacerse un análisis de sangre ese mismo día. Y una cosa más: tomar pastillas preventivas reduce el riesgo, pero no lo anula, de modo que «hice la profilaxis» no exime de comprobarlo.
Cómo se contrae la malaria
El causante es un parásito unicelular, el plasmodio, y lo transmite la hembra del mosquito del género Anopheles. Estos mosquitos pican al anochecer y de noche, no de día, y no zumban de forma tan llamativa como los que conocemos. De persona a persona la malaria no se transmite por las vías habituales: ni dando la mano, ni compartiendo vajilla, ni por el aire. Las excepciones son raras: transfusión de sangre, pinchazo con una aguja usada y paso de la madre al hijo durante el embarazo.
El contagio ocurre en el África tropical, el sur y el sureste de Asia, Oriente Medio, Oceanía, América Central y del Sur, Haití y la República Dominicana. El riesgo varía mucho no solo entre países, sino dentro de un mismo país: en la capital o en un complejo turístico puede ser nulo, mientras que en el medio rural y en época de lluvias es alto. Por eso antes de viajar no se mira si «el país es peligroso», sino la región concreta y la estación del año.
Merece mención aparte quien nació en un país donde la malaria es habitual y lleva años viviendo en Europa. La inmunidad parcial que tenía de niño se pierde con el tiempo. Un viaje para visitar a la familia es para esa persona y para sus hijos tan arriesgado como para cualquier otro viajero, y sin embargo son quienes menos veces toman pastillas antes de salir.
Por qué la malaria es peligrosa
Varias especies de plasmodio infectan al ser humano y su comportamiento difiere mucho. La más peligrosa es la malaria por falciparum, predominante en el África subsahariana. En ella los glóbulos rojos infectados se adhieren a las paredes de los vasos pequeños y los obstruyen, de manera que sufren el cerebro, los riñones y los pulmones. Esta especie causa casi todas las muertes y es la que puede convertir «solo un poco de fiebre» en un cuadro grave en un día.
Otras especies, vivax y ovale, cursan de forma más leve pero tienen una peculiaridad propia: parte de los parásitos queda latente en el hígado y despierta meses, o incluso un año o año y medio, después del viaje. Para entonces la persona ya ha olvidado el desplazamiento y no lo relaciona con la fiebre, y el médico, sin esa pista, no piensa en malaria. Por eso conviene mencionar por iniciativa propia cualquier viaje al trópico del último año, aunque no lo pregunten.
Existe además la especie knowlesi, presente en los bosques del sureste asiático y procedente de los monos; se multiplica muy deprisa y también puede dar cuadros graves. La especie se identifica en el análisis de sangre y de ella depende la elección del tratamiento.
Primeros síntomas y cuándo esperarlos
La malaria empieza de forma inespecífica, y ahí reside su trampa: los primeros días se parece a una gripe o a una infección intestinal. Aparecen fiebre alta con escalofríos y sudoración abundante, dolor de cabeza y muscular, agotamiento, náuseas, dolor abdominal y, a veces, diarrea y tos. Los accesos clásicos cada dos días que describen los libros suelen faltar al principio, así que esperarlos es un error.
En los niños el cuadro es aún menos reconocible: el pequeño se vuelve apático y somnoliento, rechaza la comida y la bebida, y puede presentar solo vómitos o solo dolor de barriga sin fiebre llamativa.
La malaria por falciparum suele manifestarse una o dos semanas después de la picadura, pero nunca antes del séptimo día: si la fiebre aparece al tercer día del regreso, casi con seguridad se debe a otra cosa. Las demás especies pueden dar el primer acceso meses más tarde. La regla general es sencilla: cualquier fiebre durante el año siguiente a volver de una zona con malaria se considera malaria mientras el análisis no demuestre lo contrario.
Cuándo se necesita ayuda urgente
Llame a una ambulancia (en los países europeos, al número único 112) si alguien que ha estado en el trópico presenta:
- confusión, somnolencia intensa, delirio, convulsiones o no responde;
- respiración rápida, trabajosa o ruidosa, o ahogo en reposo;
- orina oscura, del color del té cargado o de un refresco de cola, o prácticamente ausencia de orina;
- color amarillo de la piel y del blanco de los ojos;
- sangrado de encías o nariz, o moratones sin golpes;
- debilidad extrema, piel fría y sudorosa, pulso rápido y débil, incapacidad de levantarse;
- vómitos incoercibles que impiden beber y tomar la medicación.
Mención aparte para los niños pequeños y las embarazadas: en ellos el empeoramiento es más rápido y no conviene esperar para pedir ayuda.
Si solo hay fiebre y malestar general y no aparece ninguno de esos signos, tampoco es cuestión de «esperar al lunes»: hay que ver a un médico y hacerse el análisis de sangre ese mismo día. Diga sin rodeos dónde estuvo y cuándo, porque eso cambia todo el planteamiento.
Cómo se confirma el diagnóstico
El diagnóstico se hace con una gota de sangre. El método principal es la microscopía de gota gruesa y extensión: se ven los parásitos, se identifica la especie y se cuenta qué proporción de glóbulos rojos está infectada. Esa proporción importa tanto como el hallazgo en sí, porque de ella depende tratar en casa o ingresar.
Hay también pruebas rápidas que dan respuesta en un cuarto de hora con una gota de sangre del dedo. Son cómodas, pero pierden sensibilidad cuando hay pocos parásitos y no sustituyen a la microscopía.
El detalle clave: un resultado negativo no descarta la malaria. Los parásitos salen a la sangre en oleadas y entre una y otra pueden no verse. Por eso, si la sospecha persiste, el análisis se repite a las 12 o 24 horas y solo se da por descartado el diagnóstico tras varias muestras negativas en dos días. Si le hicieron un único análisis, le dijeron que estaba limpio y la fiebre continúa, vuelva e insista en repetirlo.
Cómo se trata
La malaria se cura y existen fármacos para ella. En la forma no complicada por falciparum se emplean combinaciones basadas en artemisinina, por vía oral durante unos días. En la forma grave el tratamiento empieza en el hospital con un fármaco intravenoso, porque con vómitos y con la conciencia alterada las pastillas no sirven, y aquí unas horas de retraso se pagan caras.
La elección del fármaco depende de la especie y del país donde se produjo el contagio: la resistencia del plasmodio a los distintos medicamentos no es igual en todas las regiones. Por eso lo prescribe un médico y no se compra por cuenta propia, y por eso importa detallar bien el itinerario del viaje.
En las especies que se esconden en el hígado no basta con eliminar los parásitos de la sangre: sin un segundo fármaco que mate las formas latentes, la fiebre reaparecerá meses después. Antes de indicarlo se comprueba la enzima G6PD, porque si está deficiente ese medicamento destruye los glóbulos rojos. Saltarse esta segunda fase no es una opción, aunque uno lleve tiempo encontrándose bien.
Cómo reducir el riesgo en el viaje
Conviene prepararse con antelación, mejor un mes o mes y medio antes de salir, aunque una consulta pocos días antes tampoco es inútil. El médico revisará la situación de la región exacta a la que va y elegirá las pastillas preventivas. Se empiezan antes de partir y se continúan obligatoriamente al volver: cuánto tiempo depende del fármaco, y no se puede abandonar la pauta antes de tiempo, porque justo en ese periodo despiertan los parásitos.
La otra mitad de la protección es evitar las picaduras, y funciona con independencia de las pastillas. Duerma bajo mosquitera impregnada de insecticida si la habitación no tiene aire acondicionado ni telas mosquiteras en las ventanas. Desde el anochecer, use manga larga y pantalón largo. Sobre la piel descubierta aplique repelente con DEET y renuévelo con la frecuencia que indique el envase; para niños y embarazadas, en la concentración adecuada, que conviene consultar.
Deben prepararse con especial cuidado las embarazadas, los niños pequeños, las personas mayores, quienes tienen las defensas debilitadas y quienes no conservan el bazo: en ellos la malaria es más grave. A las embarazadas suele desaconsejarse directamente viajar a zonas de riesgo alto. Las vacunas existentes contra la malaria se administran a niños de países tropicales donde la enfermedad es constante; al viajero no le sustituyen ni las pastillas ni la protección frente a las picaduras.
Consulta en línea
A distancia se resuelven bien dos cosas. La primera es la preparación del viaje: el médico repasa el itinerario, dice si en su caso hacen falta pastillas preventivas y cuáles, teniendo en cuenta enfermedades crónicas, embarazo y otros medicamentos, explica cuándo empezar y cuándo terminar la pauta y, de paso, revisa qué más conviene hacer antes de salir.
La segunda llega después del regreso. Si aparece fiebre, el médico valora por los síntomas y por las fechas del viaje qué probabilidad hay de malaria y, sobre todo, indica adónde ir y con qué rapidez para el análisis de sangre y qué pedir exactamente que se compruebe. Lo que no se puede es manejar por escrito la fiebre de quien vuelve del trópico: aquí el diagnóstico lo da el laboratorio, y hace falta hoy y no dentro de una semana. El médico señalará además los signos ante los cuales no se escribe, se llama a una ambulancia.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.





