Linfedema
El linfedema es una hinchazón persistente que aparece cuando el sistema linfático deja de dar abasto para drenar el líquido de los tejidos.
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El linfedema es una hinchazón persistente que aparece cuando el sistema linfático deja de dar abasto para drenar el líquido de los tejidos. La linfa no es simplemente agua: contiene mucha proteína y, al quedarse retenida, va cambiando poco a poco los tejidos. Por eso el linfedema no se comporta como una hinchazón corriente: no se resuelve durante la noche, no cede con diuréticos y, sin tratamiento, avanza despacio a lo largo de años. Lo más habitual es que afecte a un brazo o una pierna, pero también puede darse en la cara, el cuello, el pecho, el abdomen y los genitales externos. No se puede eliminar del todo, pero sí se puede mantener a raya, y tanto mejor cuanto antes se empiece. El primer año desde que aparece la hinchazón es el momento más agradecido para tratarla.
Cómo se manifiesta el linfedema
Suele empezar de forma discreta: el anillo aprieta, el reloj deja marca, el zapato molesta al final del día, la manga de la camisa cae distinta en un brazo y en el otro. En esta fase la hinchazón es blanda, al apretar con el dedo queda una fóvea y por la mañana casi ha desaparecido, de modo que resulta fácil atribuirla al calor, a la sal o a un día largo.
Después el cuadro cambia. La hinchazón deja de irse por la noche, el dedo ya no deja huella y el tejido se nota firme y elástico. Aparecen sensación de peso y tirantez, dolor sordo y rigidez al mover el hombro, el codo o el tobillo. La piel se engrosa, se endurece, pierde sus pliegues naturales y puede desarrollar excrecencias verrugosas, surcos profundos y zonas por las que rezuma un líquido transparente. Hay un signo sencillo que los médicos comprueban primero: si en la base del segundo dedo del pie no se consigue pellizcar un pliegue de piel, eso apoya el diagnóstico de linfedema. Cuando la hinchazón alcanza la cabeza y el cuello se añaden sensación de pesadez en la cara, cambios de la voz y dificultad para tragar.
No importa solo la intensidad, sino también la fase. Mientras la hinchazón se va durante la noche los tejidos no han cambiado y todo es reversible; cuando ya es constante y la piel se ha vuelto dura, el objetivo deja de ser recuperar el volumen anterior y pasa a ser conservar el actual e impedir que crezca.
Por qué se altera el drenaje de la linfa
El linfedema primario se debe a peculiaridades congénitas de los vasos linfáticos, detrás de las cuales hay cambios en los genes. Es poco frecuente, muchas veces se rastrea en la familia y no se manifiesta forzosamente desde el nacimiento: no es raro que la hinchazón aparezca por primera vez en la adolescencia o en la edad adulta, aparentemente sin motivo.
El linfedema secundario es incomparablemente más frecuente y significa que el sistema linfático ha sufrido un daño. Estas son las causas principales.
- El tratamiento del cáncer. La extirpación de ganglios linfáticos y la radioterapia sobre esa misma zona son la causa más habitual. El riesgo existe tras la cirugía del cáncer de mama, del melanoma, de los tumores ginecológicos, de la próstata, de cabeza y cuello, y también en los linfomas. La hinchazón puede aparecer meses o muchos años después del tratamiento.
- Una inflamación pasada. La erisipela y otras infecciones profundas de la piel dejan cicatrices en los vasos linfáticos. Aquí se cierra fácilmente un círculo: la infección provoca linfedema y el linfedema hace más probable la siguiente infección.
- Las enfermedades venosas crónicas. En la insuficiencia venosa y después de una trombosis venosa profunda pasa a los tejidos tanto líquido que el sistema linfático acaba agotándose.
- El exceso de peso. En la obesidad marcada el tejido graso dificulta mecánicamente el drenaje linfático y la hinchazón de piernas se vuelve habitual. Es una de las pocas causas sobre las que se puede actuar directamente: perder peso reduce la hinchazón de forma notable.
- La poca movilidad y los traumatismos. La linfa avanza gracias al trabajo de los músculos, así que una inmovilidad prolongada tras una enfermedad, una parálisis o una artritis grave produce hinchazón por sí sola. Las lesiones extensas de los tejidos actúan igual.
- Una infección parasitaria. En los trópicos y subtrópicos es frecuente la filariasis linfática, causada por gusanos que viven en los vasos linfáticos. Es la causa más frecuente de linfedema en el mundo, y conviene tenerla presente ante una hinchazón en alguien que haya vivido mucho tiempo en esas regiones.
Cuándo la hinchazón no es linfedema
Antes de tratar un linfedema hay que asegurarse de que la hinchazón se debe realmente a él: hay muchos cuadros parecidos y su tratamiento es completamente distinto.
La hinchazón de ambas piernas que aumenta hacia la tarde, con o sin falta de aire, habla más bien del corazón, los riñones o el hígado. La hinchazón de una sola pierna instalada en horas o en un día, con dolor en la pantorrilla y piel más caliente, es en primer lugar una trombosis venosa profunda y exige comprobación urgente. En la insuficiencia venosa crónica la hinchazón se acompaña de venas dilatadas, pigmentación parda y úlceras cerca del tobillo. El lipedema es una entidad aparte: el tejido graso se deposita de forma simétrica en ambas piernas, los pies quedan normales, las piernas duelen al presionarlas y aparecen hematomas con facilidad. Por último, la hinchazón puede ser un efecto secundario de un medicamento: así actúan, por ejemplo, algunos fármacos para la tensión alta. Y por separado: si la hinchazón aparece en un brazo o una pierna años después del tratamiento de un tumor y crece deprisa, el médico descartará ante todo que la enfermedad haya vuelto.
Cómo se llega al diagnóstico
En la mayoría de los casos el diagnóstico se establece con el relato y la exploración: cuentan cuándo apareció la hinchazón, qué cirugías e infecciones ha habido, cómo está la piel y la ya mencionada prueba del pliegue en la base del dedo. El volumen del miembro se mide con cinta métrica a varias alturas y se compara con el lado sano; en los centros especializados se usan la medición óptica del volumen o un aparato que estima la cantidad de líquido en los tejidos a partir de la resistencia eléctrica. Esas cifras no valen por sí mismas, sino para comprobar después si el tratamiento funciona.
Las pruebas adicionales se piden cuando el diagnóstico no está claro. La ecografía de las venas descarta una trombosis, la linfogammagrafía muestra cómo circula la linfa y dónde se detiene, y la resonancia magnética y la tomografía computarizada permiten ver un obstáculo y valorar los ganglios. Por separado se comprueban las arterias de las piernas: si el flujo por ellas está alterado la compresión puede ser peligrosa, y eso se averigua antes de colocar ninguna prenda.
Qué ayuda de verdad
No existe un medicamento contra el linfedema, y los diuréticos no sirven aquí: eliminan agua pero no la proteína, que es justamente la que retiene el líquido en los tejidos. La base del tratamiento sigue siendo la terapia descongestiva compleja, la combinación de cuatro medidas, cada una de ellas más débil por separado que todas juntas.
- La compresión. En la primera fase, intensiva, el miembro se venda con vendas de poca elasticidad para reducir volumen; después se pasa a prendas de compresión de la clase adecuada: manguito, guante, media o panty. La prenda se pone por la mañana, antes de que la hinchazón haya crecido durante el día, y se renueva cada pocos meses, porque cuando se da de sí deja de funcionar. Existen también bandas ajustables con velcro, más fáciles de colocar uno mismo.
- El movimiento. La linfa avanza gracias a los músculos que se contraen, de modo que el ejercicio no es un complemento sino una parte activa del tratamiento. Lo que mejor funciona es caminar, nadar y hacer una tabla específica, todo ello con la prenda de compresión puesta.
- El cuidado de la piel. No es cuestión estética: una piel íntegra e hidratada reduce mucho el riesgo de infección, y cada infección sufrida empeora todavía más el drenaje linfático.
- El masaje. El drenaje linfático manual es una técnica suave que conduce el líquido hacia los ganglios que sí funcionan. Lo realiza un terapeuta formado, que además enseña una versión simplificada de automasaje para hacerla en casa a diario.
Tras la fase intensiva empieza la de mantenimiento, que dura toda la vida: prenda, ejercicios, cuidado de la piel y automasaje cada día, con revisiones por el especialista varias veces al año. Como apoyo se emplea el aparato de compresión neumática intermitente. Si la hinchazón persiste, en centros especializados se realizan intervenciones: unir un vaso linfático a una vena, trasplantar ganglios linfáticos o retirar el tejido graso acumulado. Reducen el volumen del miembro, pero no eliminan la compresión: la prenda se sigue llevando después.
La erisipela y otras complicaciones
La complicación más frecuente es la erisipela, una inflamación aguda de la piel y del tejido que hay debajo. La linfa estancada y rica en proteínas es un buen medio para las bacterias, y la puerta de entrada la abre cualquier detalle: una grieta entre los dedos, un roce, una picadura, un hongo del pie. Todo empieza deprisa: una zona de piel se enrojece, se calienta y duele, sube la fiebre, hay escalofríos y la hinchazón crece de golpe. Se trata con antibióticos y hay que empezar en las primeras horas; si los episodios se repiten, el médico puede indicar un antibiótico preventivo de larga duración.
Merece mención aparte una complicación rara pero grave del linfedema de muchos años: un tumor de los vasos linfáticos y sanguíneos. Se presenta como una mancha de color rojo azulado parecida a un hematoma que no desaparece, o como nódulos en la piel del miembro hinchado. Cualquier lesión nueva de ese tipo debe enseñarse al médico sin demora.
Por último, conviene reconocer algo de lo que se habla menos: un brazo o una pierna cambiados, la imposibilidad de llevar la ropa de siempre y el trajín diario con los vendajes pesan mucho en el ánimo. El desánimo y el retraimiento social forman parte habitual de esta enfermedad y se pueden tratar exactamente igual que la hinchazón.
Cuándo se necesita ayuda urgente
Llame a una ambulancia (en los países europeos, al número único 112) si:
- el enrojecimiento de la piel se extiende a ojos vistas, el dolor es mayor de lo que el aspecto de la piel explica, aparecen ampollas o zonas oscuras o moradas y la persona empeora por momentos: son signos de una infección profunda en la que el tiempo se cuenta en horas;
- la fiebre se acompaña de confusión, respiración rápida, pulso débil o debilidad extrema;
- la hinchazón de la pierna ha aparecido de forma súbita, con dolor en la pantorrilla, y se le suman falta de aire o dolor en el pecho;
- la hinchazón de la cara y el cuello aumenta y dificulta respirar o tragar.
Hay que contactar con el médico el mismo día ante enrojecimiento, calor y dolor en el miembro hinchado con fiebre: el antibiótico de la erisipela se empieza de inmediato, no la semana siguiente. Lo mismo vale para un aumento rápido de la hinchazón sin causa clara, zonas exudativas y grietas por las que rezuma líquido, y cualquier mancha o nódulo nuevo en la piel.
El cuidado de la piel y los hábitos de cada día
El cuidado diario es lo que cada uno hace por su cuenta, y ahorra mucho más de lo que parece. La piel se lava con un producto suave sin jabón, se secan a fondo los espacios entre los dedos y los pliegues, y cada día se aplica una crema hidratante. Cualquier arañazo se lava enseguida y se cubre con antiséptico. El hongo del pie se trata de inmediato y no cuando ya se ha extendido: es la puerta de entrada más frecuente de la erisipela. Las uñas se cortan con cuidado, para afeitarse se usa maquinilla eléctrica, para el jardín y las tareas de casa se llevan guantes, y en verano se usan crema solar y repelente de insectos. El calzado debe ser cómodo y cerrado, y en casa conviene no andar descalzo.
Qué es mejor evitar: los baños muy calientes, la sauna y el baño de vapor, los anillos, correas y elásticos apretados, y estar mucho rato inmóvil con la pierna colgando. Siempre que se pueda, las inyecciones, las extracciones de sangre y la toma de tensión se hacen en el lado sano, aunque no es una prohibición absoluta y en una urgencia no debe entorpecer la asistencia. En el avión y en los viajes largos la prenda de compresión se pone antes de salir. Y dos cosas con el mayor efecto de todas: mantener el peso y no dejar de moverse. La actividad regular, incluido el trabajo de fuerza moderado, no perjudica en el linfedema sino que beneficia — se ha estudiado expresamente — y el viejo consejo de «cuidar el brazo y no levantar nada con él» no se corresponde con las recomendaciones actuales.
Consulta en línea
La consulta a distancia sirve sobre todo para aclarar a qué se enfrenta uno. El médico preguntará cómo y cuándo apareció la hinchazón, mirará las fotografías, valorará si el cuadro encaja con un linfedema o si se trata de insuficiencia venosa, lipedema, efecto secundario de un medicamento o hinchazón de origen cardíaco, y dirá qué pruebas tiene sentido hacer. Con el diagnóstico ya hecho, en línea es cómodo tratar la parte práctica: cómo elegir y cuándo renovar la prenda de compresión, qué hacer si roza o se desliza, cómo organizar el ejercicio, cómo bajar de peso y cómo cuidar la piel para no llegar a una erisipela. Aparte, el médico analizará un episodio de enrojecimiento con fiebre y dirá si hoy hace falta un antibiótico. Y señalará los signos ante los cuales no hay que escribir, sino llamar a una ambulancia.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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