Leptospirosis (Enfermedad de Weil)
Es una infección que se contrae del agua, de la tierra y de los animales: la bacteria leptospira se elimina con la orina de roedores y ganado, llega al agua…
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Medicamentos comúnmente prescritos para Leptospirosis (Enfermedad de Weil)
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: CAPSULA, 100 mgPrincipio activo: DoxiciclinaFabricante: Industrial Farmaceutica Cantabria S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: CAPSULA, 50 mgPrincipio activo: DoxiciclinaFabricante: Industrial Farmaceutica Cantabria S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: CAPSULA, 100 MGPrincipio activo: DoxiciclinaFabricante: Hospira Invicta S.A.Requiere receta
Es una infección que se contrae del agua, de la tierra y de los animales: la bacteria leptospira se elimina con la orina de roedores y ganado, llega al agua dulce y al suelo húmedo y entra en la persona por pequeñas heridas de la piel o por las mucosas de los ojos, la nariz y la boca.
En la mayoría de los casos transcurre como una gripe larga que después nadie recuerda. Pero en una parte de los enfermos aparece una forma grave, con ictericia, fallo de los riñones y hemorragias: esa es la que se llama enfermedad de Weil. No es, por tanto, otro nombre de la leptospirosis, sino su peor versión, y conviene distinguir las dos cosas porque exigen actuaciones muy distintas.
Cómo llega la bacteria a la persona
Los portadores son sobre todo ratas y ratones, y también vacas, cerdos, caballos y perros. El animal puede estar perfectamente sano y eliminar la bacteria con la orina durante meses. Una vez en agua dulce templada o en tierra húmeda, la leptospira sobrevive allí semanas.
El contagio se produce cuando esa agua o esa tierra tocan piel dañada o mucosas:
- baños, remo, descenso de ríos o pesca en un río, un canal, un lago o una charca, sobre todo si entra agua en la boca o en los ojos;
- trabajo en agua y barro descalzo o sin guantes: campos, canales de riego, arrozales, alcantarillado, mataderos, criaderos y granjas;
- limpieza después de una inundación, vaciado de un sótano mojado, manipulación de basura donde campan las ratas;
- contacto con sangre, orina o tejidos de un animal infectado al despiezarlo o al atenderlo.
La piel íntegra es una barrera aceptable, pero el remojo prolongado la vuelve permeable, de modo que quien navega o trabaja con el agua por las rodillas corre más riesgo aunque no tenga cortes visibles.
De otra persona, en cambio, no se contagia, tampoco por besos ni por relaciones sexuales. Los animales de compañía transmiten poco, en general a través de la orina de un perro enfermo derramada en el suelo. El contagio por mordedura es excepcional.
Quién se topa con ella más a menudo
La enfermedad está repartida por todo el mundo y abunda donde hace calor y humedad. En el sur de Europa no es ninguna rareza: se relaciona con los arrozales, la piscicultura y las tareas de limpieza tras las crecidas por lluvias torrenciales. Capítulo aparte son los viajes al trópico, con casos tras descensos de ríos, travesías por selva húmeda, carreras de aventura o un simple baño fluvial.
El riesgo es mayor en agricultores y veterinarios, personal de mataderos y piscifactorías, trabajadores de alcantarillado y servicios municipales, técnicos de control de plagas, mineros, militares, y también en aficionados a los deportes acuáticos y a la pesca. Los brotes suelen aparecer tras las inundaciones, cuando las calles anegadas lo mezclan todo.
Cómo se desarrolla
Entre el contagio y los primeros síntomas pasan normalmente de cinco a catorce días, aunque el margen es amplio: de dos días a un mes. Por eso muchas veces la persona ya no relaciona lo que le pasa con aquella jornada de pesca.
Todo empieza de golpe, en unas horas: fiebre alta con escalofríos, dolor de cabeza intenso en la frente, náuseas. Un rasgo característico es el dolor muscular brusco, sobre todo en las pantorrillas y la zona lumbar: las piernas duelen tanto que cuesta apoyarlas. El segundo signo llamativo es el enrojecimiento de los ojos sin legañas ni párpados pegados: el blanco del ojo se llena de sangre, pero no supura y por lo común no duele.
Después pueden sumarse dolor abdominal, diarrea, vómitos, tos y erupción. Hacia la semana la fiebre suele ceder, la persona se da por curada y uno o dos días más tarde vuelve a subir, ahora con dolor de cabeza y molestia ante la luz, porque se inflaman las membranas que envuelven el cerebro. Ese curso en dos olas es bastante propio de la enfermedad.
En muchos casos todo termina ahí: en una o dos semanas la infección remite sola. El problema es que de antemano no se puede saber por dónde va a tirar.
La enfermedad de Weil y otras formas graves
En torno a uno de cada diez enfermos la infección sigue el camino grave. Suele ocurrir en la segunda semana y se manifiesta así:
- ictericia: la piel y el blanco de los ojos toman un tono amarillo, a veces casi anaranjado; en pieles oscuras se aprecia mejor en los ojos, las encías y las palmas;
- fallo renal: cada vez se orina menos, aumentan la hinchazón y la debilidad;
- tendencia al sangrado: moratones sin golpe, sangre por la nariz y las encías, heces negras y pegajosas, sangre en el esputo;
- hemorragia pulmonar, la forma más peligrosa: ahogo, tos con sangre y falta de aire que progresa deprisa;
- inflamación del músculo cardíaco con alteraciones del ritmo y caída de la tensión.
Las formas graves matan cuando la atención se retrasa, y aquí se cuenta por días. Por eso, ante ictericia, sangrados, confusión, ahogo o una orina casi desaparecida hay que llamar a una ambulancia y no quedarse observando en casa. En España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania funciona el número único europeo de urgencias 112.
Existe además una complicación tardía: semanas e incluso meses después de la curación puede inflamarse la úvea del ojo, con dolor, enrojecimiento, molestia ante la luz y visión borrosa. Casi nadie avisa de ello, y conviene consultar pronto, porque de lo contrario la vista se resiente.
Cómo se confirma el diagnóstico
Aquí lo decisivo no es un análisis, sino lo que cuenta el paciente. Los síntomas se confunden con una gripe y la ictericia con una hepatitis, así que diga sin falta al médico que se bañó en un río, trabajó en el agua, limpió tras una inundación, despiezó un animal o acaba de volver del trópico. Sin esa frase el diagnóstico normalmente ni se plantea.
Durante la primera semana la bacteria se busca en la sangre mediante análisis genético. Más tarde, cuando ya no circula, sirven las pruebas de anticuerpos, con dos extracciones separadas una o dos semanas: lo que confirma el diagnóstico es el ascenso. El cultivo es posible, pero tarda semanas en crecer y no influye en las decisiones.
En paralelo se piden análisis corrientes para medir la gravedad: función renal, bilirrubina y enzimas del hígado, coagulación, enzima muscular, recuento de plaquetas. La combinación de ictericia con plaquetas bajas y creatinina en ascenso es justamente lo que separa la leptospirosis de una hepatitis vírica.
Cómo se trata
El tratamiento son antibióticos, y se empiezan de inmediato, sin esperar la respuesta del laboratorio: la confirmación llega tarde y lo que se gana empezando pronto es mucho. En los casos leves se pautan comprimidos, habitualmente del grupo de las tetraciclinas y, si hay intolerancia o embarazo, de las penicilinas y los macrólidos. La pauta se completa entera aunque a los dos días se note una mejoría clara.
Las formas graves se tratan solo en el hospital: antibiótico por vena, reposición de líquidos, oxígeno, diálisis si fallan los riñones y transfusión si hay hemorragia. Los riñones suelen recuperarse por completo tras la leptospirosis, incluso cuando ha hecho falta dializar, y conviene saberlo de antemano: aquí la diálisis casi siempre es una medida temporal.
Para bajar la fiebre y calmar el dolor sirve el paracetamol. El ibuprofeno y los demás antiinflamatorios es mejor no tomarlos en esta enfermedad: castigan unos riñones que ya están comprometidos y aumentan la tendencia al sangrado.
A veces, en las primeras horas tras la primera dosis de antibiótico, el estado empeora bruscamente: sube la fiebre, aparecen escalofríos y baja la tensión. Es una reacción conocida a la muerte masiva de bacterias, se pasa sola, pero es mejor atravesarla bajo vigilancia que en casa y solo.
Cómo evitar el contagio
No hay vacuna humana de uso general, de modo que la protección se compone de hábitos sencillos.
- Cubra cortes, rozaduras y ampollas con un apósito impermeable antes de meterse en el agua o salir al campo.
- Para trabajar con agua, animales o residuos use botas y guantes, y gafas de protección si hay salpicaduras.
- No trague agua de ríos, canales, lagos ni charcas, y no se zambulla donde haya ratas a la vista o donde poco antes haya habido agua de una crecida. No beba agua sin hervir de fuentes naturales.
- Dúchese después de bañarse o de trabajar en el agua y limpie las heridas.
- No toque animales muertos con las manos desnudas ni se acerque a sus restos sin guantes.
- No deje restos de comida ni pienso al alcance: así no se instalan ratas en el patio.
- Vacune a los perros: su vacuna existe y reduce el riesgo para el animal y para la familia, aunque no cubra todas las variedades de la bacteria.
- Si le espera una estancia corta de riesgo alto y previsible (un descenso de río en el trópico, una carrera de aventura, trabajos en zona inundada), pregunte al médico por la toma preventiva de un antibiótico. Esa pauta existe, pero se indica caso por caso.
Consulta en línea
La consulta a distancia resulta cómoda cuando lo primero es entender deprisa qué hay que tomarse en serio. El médico repasa la relación entre aquella pesca, aquel viaje o aquel trabajo en el agua y la fiebre de ahora, indica qué análisis merece la pena pedir y qué decir exactamente en la visita presencial para que la leptospirosis no se confunda con una infección vírica cualquiera. También ayuda a interpretar resultados ya emitidos y explica cómo recuperarse después de haberla pasado.
Acuda presencialmente de inmediato si aparecen color amarillo en la piel o los ojos, sangrados, ahogo, tos con sangre, confusión o una reducción llamativa de la orina. Eso se resuelve en el hospital, no por mensajes.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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