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Medicamentos comúnmente prescritos para Laberintitis y neuritis vestibular
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: COMPRIMIDO, 16 mgPrincipio activo: betahistineFabricante: Aurovitas Spain, S.A.U.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 16 MGPrincipio activo: betahistineFabricante: Laboratorio Stada S.L.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 8 mgPrincipio activo: betahistineFabricante: Neuraxpharm Spain S.L.Requiere receta
Son dos enfermedades muy parecidas del oído interno en las que la persona pierde de golpe el sentido de la estabilidad: la habitación empieza a girar, aparecen náuseas y resulta imposible ponerse de pie o caminar. La crisis no dura segundos ni minutos, sino horas y días seguidos, y en eso se distingue de la mayoría de los vértigos. Ambos cuadros casi siempre se resuelven solos, pero los primeros días se llevan mal. Y la tarea principal durante ese tiempo es no pasar por alto los casos, poco frecuentes, en los que detrás del mismo cuadro no está el oído sino el cerebro.
Qué ocurre los primeros días
El comienzo es brusco. El vértigo puede sorprender por la mañana al levantar la cabeza de la almohada o instalarse en unas horas, a menudo una o dos semanas después de un catarro. La sensación es muy característica: lo que gira es la habitación, no la cabeza, y cualquier movimiento cefálico lo empeora.
Junto con el giro suelen aparecer:
- náuseas intensas y vómitos, a veces repetidos;
- inestabilidad: a la persona la desvía hacia un lado y solo consigue andar apoyándose en las paredes;
- la sensación de que la mirada no se fija en los objetos y todo da tirones;
- en la laberintitis, pérdida de audición en un oído y zumbido o pitido en él.
Lo peor son los primeros uno a tres días. Después el giro agudo se apaga, pero queda una inseguridad que aumenta entre la gente, en un supermercado de pasillos largos o al girar la cabeza deprisa. Esa parte se va en dos a seis semanas, a veces más: el cerebro aprende de nuevo a apoyarse en las señales del lado sano y a amortiguar la diferencia entre ambos oídos. En eso consiste la curación, y no en la reparación del nervio inflamado; por eso guardar cama hasta que desaparezcan todos los síntomas no solo es innecesario, sino contraproducente.
En qué se diferencian una de otra
La diferencia está en qué parte del oído interno se ha afectado. El laberinto es el sistema de conductos semicirculares llenos de líquido junto con la cóclea, y se ocupa tanto del equilibrio como de la audición. El nervio vestibular lleva al cerebro únicamente las señales sobre la posición de la cabeza; el sonido no viaja por él.
De ahí una regla sencilla: si la audición no ha cambiado, se trata de una neuritis vestibular; si al vértigo se suman sordera y ruido en el oído, es una laberintitis. La distinción no es cosmética. Ante cualquier pérdida auditiva el médico está obligado a comprobar que no se trate de situaciones que requieren tratamiento urgente, de las que se habla a continuación.
Cuándo el problema no está en el oído
Un vértigo intenso y repentino puede ser la única manifestación de un ictus en el cerebelo o en el tronco encefálico. Distinguirlo de una inflamación del oído interno por las sensaciones es imposible: lo hace el médico en la exploración, sobre todo por los movimientos oculares. Por eso en las primeras veinticuatro horas conviene pecar de prudente.
Llame a una ambulancia (en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania, al número europeo único 112) si junto al vértigo aparece alguna de estas cosas:
- visión doble o pérdida de una parte del campo visual;
- habla farfullante, dificultad para tragar, atragantamiento;
- debilidad o adormecimiento de un brazo, una pierna o media cara;
- dolor de cabeza intenso y distinto de los habituales, o dolor de cuello y nuca, sobre todo si antes hubo un traumatismo o un giro brusco del cuello;
- incapacidad de mantenerse de pie o sentado sin ayuda: no es que se tambalee, es que se cae;
- confusión o pérdida de conciencia.
El riesgo de ictus es mayor en quien tiene hipertensión, diabetes o fibrilación auricular, en fumadores y a partir de los sesenta años. Pero también ocurre en personas jóvenes, y entonces la causa suele ser una disección de la arteria vertebral, precisamente la que cursa con dolor cervical.
Hay otras dos situaciones que obligan a consultar el mismo día, sin dejarlo para mañana. La primera es una pérdida brusca de audición en un oído: la sordera súbita neurosensorial se trata con corticoides, y el resultado depende de que el tratamiento empiece en los primeros días; pasadas dos o tres semanas ya casi no hay nada que hacer. La segunda, que el vértigo venga precedido de dolor de oído, supuración o una otitis crónica de años. Cabe entonces una laberintitis bacteriana, que puede derivar en meningitis y absceso cerebral. Requieren atención inmediata la fiebre alta, el dolor de cabeza creciente, la fotofobia y la rigidez de nuca.
Por qué se inflama el oído interno
La causa más frecuente es vírica. Una parte de los casos se relaciona con virus respiratorios corrientes y otra con la reactivación de un virus del grupo herpes que llevaba años alojado en silencio en un ganglio nervioso. La laberintitis en sí no se contagia de una persona a otra; lo que se transmite es el catarro, y que de él salga o no una inflamación del oído no depende de quien lo contagió.
Con menos frecuencia la inflamación llega desde el oído medio: otitis media aguda supurada, otitis crónica, colesteatoma o mastoiditis. Es la variante bacteriana, la más peligrosa y la que necesita un tratamiento aparte. En los niños el oído interno puede quedar dañado tras una meningitis, y entonces se afecta la audición. Causas mucho más raras son las enfermedades autoinmunitarias y los traumatismos.
Conviene decir con claridad lo que no está en esa lista: ni las corrientes de aire, ni lavarse el pelo, ni limpiarse los oídos con bastoncillos provocan una laberintitis. El cansancio, la falta de sueño y el estrés tampoco son la causa, aunque agravan de forma notable un vértigo ya iniciado y retrasan la recuperación.
Qué hace el médico
El diagnóstico se establece con la entrevista y la exploración, sin análisis. Al médico le importa cuánto dura un episodio de vértigo, si el comienzo fue repentino, si ha cambiado la audición y qué ocurrió en los días previos. Después observa los movimientos oculares, comprueba la coordinación y la marcha, y con maniobras concretas separa la causa auditiva de la cerebral. Si la audición ha cambiado se pide una audiometría; si se sospecha un ictus, una resonancia magnética: la tomografía computarizada corriente ve mal el cerebelo y el tronco, y en las primeras horas resulta normal incluso habiendo infarto.
A la vez se descartan los cuadros que más se confunden con la neuritis: el vértigo posicional benigno (crisis cortas de unos segundos al girarse en la cama), la enfermedad de Ménière (episodios repetidos con taponamiento del oído y audición fluctuante) y la migraña vestibular.
Los medicamentos sirven solo para sobrellevar los primeros días. El médico puede recetar fármacos que frenan las náuseas y el vértigo, antihistamínicos o antieméticos, pero en pauta corta, de unos tres días. No se prolongan a propósito: apagan justamente las señales con las que el cerebro se reajusta y alargan la recuperación durante meses. Los antibióticos no sirven de nada en una inflamación vírica y solo se indican en la bacteriana. Los corticoides no se emplean siempre en los primeros días: en la neuritis su beneficio es discutido, mientras que en la sordera súbita constituyen el tratamiento principal.
Cómo pasar los primeros días en casa
- En las horas peores, permanezca quieto en una habitación a oscuras y en silencio; a muchas personas les resulta más llevadero medio incorporadas que tumbadas del todo.
- Beba poca cantidad y a menudo. Si los vómitos son repetidos y no consigue retener ni el agua, hay que consultar: la deshidratación se instala deprisa.
- En cuanto cesen los vómitos, empiece a levantarse y a caminar, aunque sea apoyándose en el brazo de alguien. Añada un poco cada día. El reposo en cama más allá de lo necesario es la primera causa de que el cuadro se alargue.
- En la calle, mantenga la mirada en un punto fijo delante de usted en lugar de mirar de un lado a otro.
- Duerma lo suficiente: la falta de sueño agrava el vértigo más de lo que parece.
- No conduzca, no vaya en bicicleta y no trabaje en altura ni con maquinaria, y no hasta encontrarse algo mejor, sino hasta recuperar un equilibrio estable.
- Deje el alcohol durante este tiempo.
- Las personas mayores y quienes viven solas deberían retirar alfombras y cables del suelo, dejar una luz de noche encendida y tener el teléfono a mano: la caída es un riesgo real en estos días.
Cuando el equilibrio no vuelve
Si al cabo de unas semanas no se ha recuperado la seguridad al andar, ayuda la rehabilitación vestibular: ejercicios de ojos, cabeza y marcha que pauta un fisioterapeuta o un audiólogo. Están planteados de una forma poco intuitiva, porque los movimientos provocan a propósito un vértigo leve y es precisamente sobre eso sobre lo que se construye la habituación. Hay que hacerlos con regularidad y conviene no empezar sin un profesional, para no entrenar una compensación defectuosa.
Una trampa aparte es la evitación. La persona deja de girar la cabeza, camina despacio y se agarra a las paredes, y el cerebro se queda sin material con el que reajustarse. Así se instala el mareo postural perceptual persistente: una sensación de balanceo que no cede durante meses, aumenta en los supermercados, en las escaleras mecánicas y ante una pantalla, y casi siempre va acompañada de ansiedad. No es una invención ni cosa de nervios, sino un diagnóstico reconocido con su propio tratamiento, la rehabilitación y a veces también fármacos.
Las crisis repetidas indican que hay que revisar el diagnóstico: la neuritis, por definición, ocurre una sola vez. Con bastante frecuencia aparece después un vértigo posicional benigno, con crisis breves al darse la vuelta en la cama, que se resuelve con una maniobra concreta del médico en una sola visita. La pérdida de audición de la laberintitis a veces queda para siempre; en ese caso se plantea un audífono y, ante una sordera completa de un oído, otras alternativas de ayuda.
Consulta en línea
En la consulta en línea el médico revisa antes que nada lo que decide el caso: cuánto dura el episodio, qué lo precedió, si ha cambiado la audición y si hay señales que obliguen a llamar a una ambulancia. Con esa sola descripción se ve en muchos casos si se trata de una neuritis vestibular, de un vértigo posicional o de una situación que exige exploración presencial urgente. Le explicará con qué medicamentos y durante cuántos días puede frenar las náuseas y por qué no debe alargarlos, cómo empezar a moverse y a qué ritmo aumentar la actividad, y cuándo puede volver a conducir y al trabajo. Si la recuperación se está alargando, le orientará sobre a qué profesional acudir para la rehabilitación vestibular y qué pruebas tiene sentido hacer antes.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
Médicos online para Laberintitis y neuritis vestibular
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