Ictericia
La ictericia no es una enfermedad sino un signo: la piel y el blanco de los ojos se vuelven amarillos cuando la bilirrubina se acumula en la sangre.
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La ictericia no es una enfermedad sino un signo: la piel y el blanco de los ojos se vuelven amarillos cuando la bilirrubina se acumula en la sangre. Ese pigmento se forma en todo el mundo, todos los días, con la renovación normal de los glóbulos rojos. Uno se pone amarillo cuando el camino de salida de la bilirrubina se interrumpe en algún punto. Localizar dónde está la avería importa mucho más que quitar el color: detrás de ictericias de aspecto idéntico hay tanto una particularidad hereditaria inofensiva como situaciones en las que el tiempo se cuenta en horas.
De dónde sale el color amarillo
Los glóbulos rojos que han cumplido su ciclo se desmontan, y de la hemoglobina queda la bilirrubina, un pigmento amarillo que no se disuelve en agua. La sangre la lleva al hígado, allí se le añade una etiqueta soluble y, ya transformada, pasa con la bilis al intestino y sale con las heces, dándoles de paso su color. Una pequeña parte se reabsorbe y la eliminan los riñones, lo que da a la orina su tono pajizo habitual.
Mientras hay poca bilirrubina en la sangre, no se ve. Cuando su cantidad se multiplica, impregna los tejidos ricos en fibras elásticas: primero el blanco de los ojos, después la piel de la cara y luego el resto del cuerpo. Por eso el amarillo de las escleras se nota antes que el de la piel, y conviene mirarlo con luz natural, porque las bombillas cálidas engañan.
Tres puntos donde se rompe el recorrido
El médico razona la ictericia siguiendo esta cadena, y del lugar de la rotura dependen tanto el estudio como la urgencia.
- Antes del hígado. Los glóbulos rojos se destruyen más rápido de lo que el hígado puede procesar el pigmento: hemólisis autoinmune, enfermedades hereditarias del glóbulo rojo, paludismo, reabsorción de un hematoma grande. La orina y las heces conservan su color habitual, pero aparecen palidez, cansancio y falta de aire al esfuerzo, es decir, anemia.
- En el propio hígado. Las células hepáticas están dañadas y no dan abasto: hepatitis víricas, enfermedad hepática por alcohol, hígado graso y cirrosis, daño por medicamentos o tóxicos, hepatitis autoinmune. A la ictericia suelen sumarse debilidad, náuseas y pesadez bajo las costillas derechas.
- Después del hígado. La bilis se fabrica pero no puede salir: una piedra en la vía biliar, inflamación o estrechez cicatricial del conducto, un tumor de la cabeza del páncreas o del propio conducto, una compresión desde fuera. Aquí el cuadro es el más reconocible: orina oscura, color té cargado, heces decoloradas de color gris claro y, con frecuencia, un picor de piel agotador.
Qué resulta ser la causa con más frecuencia
En los adultos se reparten el primer puesto las piedras de la vía biliar y las enfermedades del hígado. Una piedra que sale de la vesícula y se atasca en el conducto produce ictericia con dolor en el costado derecho que se irradia a la espalda y bajo el omóplato. La enfermedad hepática por alcohol y el hígado graso avanzan durante años en silencio y amarillean cuando el hígado ya está seriamente dañado. Las hepatitis víricas A, B, C y E se diferencian en cómo se contagian y en cómo terminan, pero empiezan de forma parecida: unos días de decaimiento, dolores y náuseas, tras los cuales la orina se oscurece y aparece el amarillo.
Un hallazgo aparte y muy frecuente es el síndrome de Gilbert. Se trata de una particularidad congénita: la enzima hepática trabaja más despacio de lo habitual. La bilirrubina sube ligeramente con el ayuno, una infección, la falta de sueño o el exceso de ejercicio, los ojos se tiñen un poco y luego se aclaran solos. El hígado está sano, no necesita tratamiento, y lo importante es confirmar el diagnóstico y no atribuirle después cualquier ictericia.
Los medicamentos y los suplementos causan ictericia bastante más a menudo de lo que se cree. El hígado sufre con la sobredosis de paracetamol, con algunos antibióticos y antifúngicos, con los fármacos antituberculosos, con los esteroides anabolizantes y con productos de herbolario «para adelgazar» o «para depurar el hígado». Conviene enumerar al médico todo lo tomado en los últimos meses, incluidos los productos sin receta y las plantas.
Qué no es ictericia
Un tono anaranjado en las palmas, las plantas y la piel alrededor de la nariz, con las escleras completamente blancas, suele ser carotenemia: un exceso de caroteno tras una temporada de mucha zanahoria, calabaza, boniato o zumos de todo ello. Es inocua y desaparece sola en unas semanas al cambiar la dieta. La diferencia clave es sencilla: en la ictericia el blanco de los ojos siempre está amarillo; en la carotenemia, nunca.
Tampoco hay que confundir con ictericia el color de la orina. Se oscurece por deshidratación, por la remolacha, por algunos medicamentos y vitaminas. Lo que sí inquieta es la combinación de orina oscura con heces que se aclaran al mismo tiempo.
En qué fijarse además del color
Tanto al médico como a usted le dirán mucho más los signos que rodean a la ictericia que su tono exacto. Anote:
- el color de la orina y de las heces, y si cambiaron a la vez;
- el dolor: si lo hay, dónde, si se irradia a la espalda, si guarda relación con las comidas;
- la fiebre y los escalofríos;
- el picor, sobre todo nocturno, y las marcas de rascado;
- el peso: cuánto ha perdido y en cuánto tiempo;
- los moratones por golpes leves, el sangrado de encías, la sangre en las heces;
- la hinchazón de las piernas y el aumento del abdomen;
- la somnolencia, el despiste, cualquier conducta extraña.
Hay una combinación que conviene memorizar. Ictericia sin dolor, con pérdida de peso y picor persistente en alguien de más de cincuenta años: eso obliga a estudiarse con urgencia aunque el estado general aún sea aceptable. Así empieza a menudo un tumor de la cabeza del páncreas o de la vía biliar, que obstruye la salida de la bilis antes de doler; la fase inicial es la única en la que cabe un tratamiento curativo.
Cuándo no se puede esperar
Llame a una ambulancia o acuda a urgencias de inmediato si junto a la ictericia hay:
- fiebre alta con escalofríos y dolor en el costado derecho, que puede indicar una infección de las vías biliares con deterioro rápido;
- confusión, somnolencia, habla lenta, temblor de manos o una agresividad inhabitual, señales de un fallo grave del hígado;
- vómitos con sangre o heces negras como alquitrán;
- dolor abdominal intenso que no cede;
- ictericia tras una sobredosis de paracetamol o una intoxicación por setas.
El número europeo único de emergencias es el 112. En el resto de los casos, una ictericia en un adulto es motivo para ver al médico ese mismo día o al siguiente, no para observar durante una semana.
Cómo se busca la causa
Se empieza por los análisis de sangre. No se mira solo la bilirrubina total sino sus fracciones: el predominio de la no conjugada apunta a destrucción de glóbulos rojos o a un síndrome de Gilbert; el de la conjugada, a una enfermedad del hígado o a un obstáculo en la salida de la bilis. A eso se añaden las enzimas hepáticas, la coagulación y las proteínas de la sangre, el hemograma y las serologías de las hepatitis víricas.
La primera prueba de imagen es casi siempre la ecografía: muestra piedras, conductos dilatados y cambios en el tejido del hígado y del páncreas. Si no basta, se solicita una colangiorresonancia o una tomografía y, ante una obstrucción confirmada, una endoscopia durante la cual se extrae la piedra o se coloca una prótesis en el conducto. En los casos que siguen sin aclararse se recurre a la biopsia hepática.
Cómo se trata
No se trata la ictericia sino su causa, de modo que no existe un remedio único. La piedra se extrae, el conducto estrecho se dilata y se drena, ante un tumor se valora la cirugía y la desobstrucción. Las hepatitis B y C se tratan hoy con antivirales, y en la hepatitis C la curación se ha convertido en el desenlace habitual. En el daño hepático por alcohol la primera condición y la principal sigue siendo el abandono completo de la bebida; en la hemólisis se trata la enfermedad que destruye los glóbulos rojos. El picor por retención de bilis se alivia con fármacos que fijan los ácidos biliares: no hay por qué aguantarlo.
Conviene saber una cosa más: con el hígado enfermo, cualquier medicamento se consulta. El alivio del dolor se apoya entonces en el paracetamol a la dosis acordada, mientras que los antiinflamatorios del tipo del ibuprofeno son poco aconsejables, porque en las enfermedades del hígado aumentan el riesgo de sangrado y cargan los riñones. Los llamados protectores hepáticos y las mezclas de plantas son a veces la causa del daño, así que no conviene tomarlos por cuenta propia.
La ictericia del recién nacido funciona de otro modo: depende de la inmadurez del hígado, la presenta la mayoría de los bebés y suele resolverse sola; tiene su propio material aparte.
Consulta en línea
La consulta en línea sirve sobre todo en el primer paso, cuando hay que entender cuánta prisa corre el asunto y no perder tiempo por el camino equivocado. El médico preguntará por lo que decide el caso: cuándo apareció el amarillo, de qué color están la orina y las heces, si hay dolor, picor o fiebre, cuánto peso ha perdido, qué medicamentos y suplementos toma, cuánto alcohol bebe y desde cuándo, si ha tenido cirugía de la vía biliar, transfusiones o viajes a zonas tropicales.
Al terminar, le indicará qué análisis y pruebas pedir, le explicará los resultados que ya tenga y le dirá qué hacer hoy y qué puede esperar sin riesgo. Explorar el abdomen y palpar el hígado a distancia no es posible, y ante signos de infección de las vías biliares o de alteración de la conciencia la consulta se reduce a una sola indicación: al hospital de inmediato.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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