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Luxación de hombro

La articulación del hombro paga su movilidad con estabilidad. La cabeza del húmero es redonda y grande, mientras que la cavidad de la escápula es plana y…

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Esta página ofrece información general y no sustituye la consulta médica. Si los síntomas son graves, persistentes o empeoran, busca atención médica.

La articulación del hombro paga su movilidad con estabilidad. La cabeza del húmero es redonda y grande, mientras que la cavidad de la escápula es plana y mide más o menos un tercio de esa cabeza: el hueso no descansa dentro de una copa, sino apoyado sobre un platillo y sujeto por los ligamentos, el rodete y los músculos. Basta con que la palanca resulte demasiado larga para que la cabeza se salga. Es la luxación más frecuente del cuerpo humano y hay que reducirla en el hospital: cuanto más tiempo permanece el hombro fuera de su sitio, más cuesta devolverlo y más estructuras vecinas se dañan por el camino.

Cómo ocurre y hacia dónde se sale el hueso

En la inmensa mayoría de los casos la cabeza se desplaza hacia delante y hacia abajo. La historia clásica es una caída sobre el brazo separado del cuerpo, el intento de agarrarse a una barandilla, una llave de lucha o un lanzamiento por encima del hombro. Lo peligroso no es el esfuerzo en sí, sino la combinación: el brazo separado y girado hacia fuera.

Mucho menos a menudo la cabeza se va hacia atrás, y de esa variante conviene hablar aparte porque es la que más se pasa por alto. La luxación posterior ocurre durante una crisis convulsiva y tras una descarga eléctrica, incluido un rayo: los músculos se contraen todos a la vez y los más potentes hacen girar el hombro hacia dentro. Por fuera el brazo parece casi normal, la forma del hombro cambia poco, el dolor se atribuye a un golpe y a la persona se la manda a casa. Este cuadro se reconoce por un detalle: el brazo queda pegado al abdomen y girado hacia dentro, y la palma no se puede volver hacia arriba ni por uno mismo ni con ayuda. Si después de una convulsión o de una descarga duele el hombro y este no gira hacia fuera, hacen falta radiografías en dos proyecciones, y las circunstancias de la lesión hay que contárselas al médico sin rodeos.

Rarísima vez el brazo se queda atrapado levantado por encima de la cabeza y no baja: eso también es una luxación y solo se resuelve en el hospital.

Cómo saber que el hombro está luxado

Normalmente la persona lo sabe antes de que nadie la explore: el dolor es brusco, el brazo parece ajeno y resulta imposible bajarlo o pegarlo al cuerpo. A eso se suman varios signos.

  • El brazo queda algo separado y ligeramente girado hacia fuera, y el lesionado se lo sujeta con la mano sana, sin atreverse a moverlo.
  • El hombro pierde su redondez: en lugar del contorno suave aparece un ángulo, bajo la piel sobresale con claridad el saliente de la escápula y justo debajo se marca un hueco.
  • Cualquier intento de mover la parte alta del brazo provoca un dolor intenso, mientras que los dedos y la muñeca siguen moviéndose bien.
  • En una o dos horas aumenta la hinchazón y más tarde salen hematomas, a veces hasta el codo.

Sensaciones parecidas dan la fractura de la parte alta del húmero y la rotura de los ligamentos de la clavícula, así que la respuesta definitiva la da la radiografía. Esta muestra además si junto con la luxación se ha desprendido un fragmento de hueso, algo que condiciona cómo se va a reducir el hombro.

Qué hacer antes de llegar al hospital

Hay que ir a urgencias, y mejor sin conducir: el dolor y el analgésico estorban por igual al volante. Pida que le lleven o llame a una ambulancia; en Europa el número único es el 112. Mientras espera:

  • inmovilice el brazo en la posición en la que menos duele: cuélguelo de un pañuelo, una bufanda o una toalla y coloque algo blando enrollado entre el brazo y el costado;
  • aplique frío envuelto en un paño unos veinte minutos, repitiendo cada dos o tres horas; el hielo no se pone directamente sobre la piel;
  • quítese de esa mano el reloj, las pulseras y los anillos antes de que suba la hinchazón;
  • tome para el dolor un analgésico corriente sin receta a la dosis del envase, si no hay motivos para evitarlo;
  • no coma ni beba nada por el camino. La reducción se hace a menudo con analgesia potente o con una anestesia breve, y con el estómago lleno habría que aplazarla varias horas;
  • lleve consigo la lista de los medicamentos que toma, sobre todo de los anticoagulantes.

Y una prohibición tajante: no intente reducirse el hombro usted mismo ni deje que lo haga alguien que «sabe». Sin radiografía nadie sabe si hay una fractura, y un tirón a ciegas rompe el hueso, desgarra los ligamentos y lesiona el nervio. No mueva la parte alta del brazo ni compruebe «a ver si ya ha entrado solo».

Cuando no se puede perder tiempo

Cualquier luxación obliga a salir de inmediato, pero hay signos ante los cuales toca llamar a una ambulancia y no ir por medios propios:

  • la mano se ha puesto pálida o azulada y fría, y el pulso de la muñeca no se palpa: hay un vaso comprometido;
  • se ha dormido una zona de piel en la cara externa del hombro, más o menos donde se cose el galón del uniforme, o el brazo no nota los roces: hay un nervio dañado;
  • los dedos no se mueven o la mano ha perdido fuerza;
  • el hombro se ha deformado tras un golpe fuerte, una caída de altura o un accidente, situaciones en las que puede haber además costillas o clavícula rotas y lesión pulmonar;
  • sobre la articulación hay una herida por la que asoma el hueso;
  • la luxación se ha producido durante convulsiones, una pérdida de conocimiento o una descarga eléctrica.

La sensibilidad y el pulso los comprueba el médico antes de reducir y otra vez justo después: es parte obligatoria de la exploración, así que no extrañe que le pidan dos veces mover los dedos y decir dónde nota que le tocan.

Cómo se reduce el hombro

Primero la radiografía y luego la analgesia. El hombro no se reduce del todo en frío: el dolor provoca una contractura refleja y a través de un músculo contraído la cabeza no pasa. Se emplean analgésicos potentes por vía intravenosa, una inyección de anestésico dentro de la articulación o una anestesia breve; qué se elige depende de la lesión, la edad, las enfermedades de base y la práctica del centro.

La maniobra en sí no es un tirón, sino una tracción lenta de varios minutos con un giro suave del brazo hasta que la cabeza entra en su sitio. El momento en que vuelve suelen notarlo tanto el médico como el paciente: el dolor cede de golpe. Después se hace una radiografía de control, se revisan de nuevo la sensibilidad y el pulso y se coloca un cabestrillo.

Si junto con la luxación hay un hueso roto, si la cabeza no logra colocarse o vuelve a salirse, hará falta cirugía. Esa misma cirugía se propone más adelante, de forma programada, a quien sufre luxaciones repetidas.

Las primeras semanas después

El cabestrillo se lleva por lo general de una a tres semanas; más tiempo no es mejor, porque la articulación se retrae deprisa y pierde movilidad. El plazo exacto lo dice el médico, ya que depende de lo que se haya dañado.

Después empieza el trabajo de verdad: recuperar movimiento y fuerza. La rehabilitación con un fisioterapeuta no es aquí un añadido agradable, sino aquello de lo que depende que el hombro vuelva o no a salirse, porque quien sujeta la articulación es el músculo y un músculo débil no la sujeta. La vuelta a la vida corriente suele llevar unos tres meses, y al deporte con carga sobre los brazos hasta cuatro o más.

Durante las primeras semanas evite una postura concreta, la del brazo separado y girado hacia fuera: el gesto de armar el brazo, el lanzamiento, el intento de alcanzar algo de una balda alta situada detrás, dormir con el brazo bajo la nuca. Es en esa posición donde el hombro vuelve a salirse. Cuándo se puede conducir de nuevo, levantar peso y volver al gimnasio lo dirá el médico, guiándose por cómo se mueve el brazo y no por el calendario.

Conviene volver a consultar si semanas después de la reducción el brazo sigue sin poder levantarse por sí solo aunque otro sí pueda levantarlo, si persiste el adormecimiento o si el dolor nocturno impide dormir. En los mayores de cuarenta años la primera luxación rompe con frecuencia el manguito de los rotadores, el grupo de tendones que eleva el brazo, y esa rotura se detecta a menudo tarde porque la debilidad se atribuye al propio traumatismo.

Por qué el hombro vuelve a salirse

Un hombro que se ha luxado una vez queda vulnerable: los ligamentos y el rodete se estiran o se desprenden y el cierre ya no aguanta como antes. El factor principal es la edad en el momento de la primera luxación. Cuanto más joven es la persona, mayor es el riesgo de repetición: en adolescentes y deportistas jóvenes es altísimo y a partir de los cuarenta baja bastante, aunque ahí pasan a primer plano las roturas tendinosas.

Lo que de verdad reduce el riesgo:

  • terminar la rehabilitación en lugar de abandonarla en cuanto deja de doler, que es el error más común;
  • fortalecer los músculos de la escápula y del manguito, y no solo los que se ven en el espejo;
  • comentar con el médico una prueba de imagen de la articulación si la luxación se ha repetido aunque sea dos veces: sirve para ver qué se ha desprendido exactamente;
  • plantearse la cirugía si el hombro se sale una y otra vez o si se practica un deporte de contacto. La intervención repara el rodete y los ligamentos arrancados, y después el riesgo de repetición cae varias veces.

Hay además personas a quienes el hombro se les sale casi sin traumatismo, con un movimiento torpe: suele tratarse de una laxitud ligamentosa de nacimiento. En su caso la cirugía funciona peor, mientras que los ejercicios dirigidos y supervisados funcionan muy bien, y es justo por ahí por donde hay que empezar.

Consulta en línea

Una luxación reciente no se trata a través de una pantalla: si el hombro ha cambiado de forma y el brazo no se mueve, hay que ir a urgencias y ahí termina la conversación. En cambio, a distancia se resuelve muy bien todo lo que viene después. El médico revisa el informe y las radiografías, explica qué se ha lesionado y por qué se ha fijado ese plazo de inmovilización, ayuda a ordenar la recuperación y señala qué movimientos siguen prohibidos. Es también la manera de entender si es normal que al mes el brazo siga débil o si toca buscar una rotura tendinosa, y de sopesar si tiene sentido operarse cuando el hombro ya se ha salido más de una vez.

Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.

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