Presión arterial baja (hipotensión)
Se llama presión baja, por convenio, a una lectura por debajo de 90/60 mmHg. A diferencia de la alta, sin embargo, la presión baja no es en sí misma una…
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Medicamentos comúnmente prescritos para Presión arterial baja (hipotensión)
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: COMPRIMIDO, 5 mgPrincipio activo: midodrineFabricante: Cheplapharm Arzneimittel GmbhRequiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, Fludrocortisona 0,1 mgPrincipio activo: fludrocortisoneFabricante: Laboratorios Ern S.A.Requiere receta
Se llama presión baja, por convenio, a una lectura por debajo de 90/60 mmHg. A diferencia de la alta, sin embargo, la presión baja no es en sí misma una enfermedad: muchísimas personas perfectamente sanas la tienen así toda la vida y de ello no se sigue nada malo. Lo que importa no son las cifras del aparato, sino otras dos preguntas. La primera: si eso afecta a cómo se encuentra uno. La segunda: si detrás del descenso hay algo que convenga encontrar.
Cuándo la presión baja es simplemente normal
El límite de 90/60 es convencional, no existe un umbral único y el tensiómetro por sí solo no diagnostica nada. En personas entrenadas, en personas delgadas, en mujeres jóvenes, la presión se mantiene baja durante décadas: es señal de unos vasos que funcionan bien, no de una avería. Además cambia a lo largo del día: es más baja de noche y a primera hora, baja con el calor, después de una comida copiosa, tras un baño caliente y tras el alcohol.
Si uno se encuentra bien, no hay nada que subir: «llevar la presión a lo normal» es un objetivo sin sentido. Tres situaciones sí merecen atención: la presión provoca molestias; ha caído de forma notable respecto a lo habitual en esa persona; el descenso ha aparecido junto a otros signos de enfermedad. El segundo punto pesa más de lo que parece. Para alguien que lleva años con hipertensión, 110/70 puede resultar ya bajo y dar todo el cuadro de mareo.
Qué se nota
- Mareo y sensación de desvanecimiento, sobre todo en los primeros segundos tras ponerse de pie.
- La vista que se oscurece, puntos que bailan, el campo visual que se estrecha un instante.
- Debilidad, cansancio rápido, somnolencia, niebla mental.
- Náuseas, palidez, sudor frío, a veces bostezos justo antes de la oleada de mareo.
- Desmayo.
En las personas mayores todo esto se presenta de otro modo y por eso se pasa por alto. Ahí lo que destaca son las caídas sin explicación clara, la inestabilidad, la confusión y la debilidad general, mientras que el mareo puede no mencionarse nunca. Si un mayor ha empezado a caerse, tomarle la presión de pie es de las primeras cosas sensatas que hacer.
La presión que cae al levantarse
En cuanto uno se pone de pie, cerca de medio litro de sangre se desplaza hacia abajo, a los vasos de las piernas y del abdomen. Normalmente los vasos se contraen en respuesta, el pulso se acelera un poco y la presión se sostiene en cuestión de segundos. Cuando ese reflejo es lento, el cerebro se queda un momento sin riego suficiente: de ahí la vista que se va y el desmayo.
Comprobarlo es sencillo: se mide la presión tumbado tras cinco minutos de reposo y después de pie, al minuto y a los tres minutos. Una caída de 20 o más en la cifra alta, o de 10 o más en la baja, indica hipotensión postural. Con estas molestias, esa medición aporta más que ninguna otra, y es justo la que se olvida hacer.
Hay dos cuadros emparentados que conviene distinguir. La caída de presión después de comer: la sangre se redistribuye hacia el estómago y el intestino y, media hora o una hora más tarde, llega la debilidad. Se da sobre todo en mayores y en la diabetes de larga evolución, y lo que ayuda no es un fármaco, sino raciones más pequeñas. El desmayo vasovagal es la causa más frecuente de desmayo en general: al ver sangre, por dolor o susto, en un sitio cargado, tras estar mucho rato de pie, al toser, al hacer fuerza o al orinar. En sí mismo es inofensivo, pero hay que aprender a reconocer los avisos y tumbarse a tiempo, porque las lesiones de la caída son más peligrosas que el desmayo.
Por qué baja la presión
Las causas son muchas y lo primero que se revisa es la más frecuente.
- Los medicamentos. Fármacos para la tensión, diuréticos, nitratos, alfabloqueantes (incluidos los que se recetan a los hombres por la próstata), parte de los antidepresivos, los fármacos para el párkinson. Dos o tres de ellos juntos suman más que sus partes.
- Falta de líquido: calor, vómitos, diarrea, beber poco, diuréticos.
- Pérdida de sangre, incluida la inadvertida: sangrado del estómago o del intestino, reglas abundantes.
- Embarazo. En el segundo trimestre la presión baja de forma fisiológica, y eso es normal.
- Alteración del control automático: diabetes de muchos años, enfermedad de Parkinson, ciertos daños de los nervios.
- Enfermedades del corazón: músculo cardíaco débil, pulso demasiado lento, arritmias, estrechamiento de la válvula aórtica.
- Causas hormonales: el funcionamiento bajo de la tiroides y, rara pero la más importante de esta lista, la insuficiencia suprarrenal.
- Anemia y déficit de vitamina B12.
- Circunstancias: reposo prolongado en cama, estar mucho rato quieto de pie, alcohol, calor, un baño caliente.
La insuficiencia suprarrenal merece un párrafo aparte, porque es fácil de pasar por alto y el error sale caro. Lo que hace sospecharla es una combinación: debilidad continua, pérdida de peso sin explicación, náuseas, apetencia por lo salado, oscurecimiento de la piel —sobre todo en los pliegues de las palmas, las cicatrices y las encías— y una presión baja que no encuentra otra explicación; en los análisis suele aparecer el sodio bajo. Su peligro es la crisis: un desplome brusco de la presión con vómitos, dolor abdominal y confusión, desencadenado por una infección, un traumatismo o una operación. La crisis exige ayuda inmediata, mientras que la enfermedad en sí responde muy bien al tratamiento hormonal sustitutivo, que se toma de por vida.
Cuándo la ayuda no puede esperar
La presión baja se vuelve peligrosa cuando los órganos dejan de recibir suficiente sangre. Se llama a una ambulancia (en los países europeos, el número único 112) si:
- la persona está inconsciente y no se le consigue despertar, o no respira;
- la presión ha caído y la piel está fría, pegajosa, pálida o moteada, el pulso rápido y débil, la mente confusa y casi no hay orina: es un estado de shock;
- hay signos de hemorragia: vómito con sangre o con aspecto de posos de café, heces negras y alquitranadas, sangrado uterino abundante;
- la caída se acompaña de fiebre y escalofríos: puede tratarse de una infección generalizada;
- tras una picadura, un medicamento o un alimento aparecen erupción, hinchazón de labios y lengua y respiración sibilante y difícil: es una anafilaxia;
- junto a la caída hay dolor en el pecho, falta de aire intensa, un dolor de cabeza súbito y fuerte o dolor de espalda;
- el desmayo ocurrió durante un esfuerzo, estando tumbado o con palpitaciones intensas: así se manifiestan las arritmias peligrosas.
Sin ambulancia, pero el mismo día, conviene acudir al médico de cabecera si los desmayos se repiten, si la presión cayó poco después de empezar un fármaco nuevo, si el descenso va con pérdida de peso o con piel más oscura, o si en la caída hubo un golpe en la cabeza.
Cómo medirla y qué comprobará el médico
Solo sirve una medición bien hecha. El manguito debe corresponder al tamaño del brazo; hay que sentarse con la espalda apoyada, sin cruzar las piernas y con el brazo a la altura del corazón; antes, cinco minutos de reposo y media hora sin fumar ni tomar café. Se hacen dos o tres tomas separadas por un minuto y se anotan todas. En casa va bien llevar un diario durante varios días: mañana, noche y, sobre todo, los momentos en que llega el mareo. Los aparatos de muñeca son menos exactos que los de brazo. Y mida aparte tumbado y de pie: ese par de cifras explica las molestias más que ninguna otra cosa.
En la consulta el médico revisará primero la lista de medicamentos. Después suelen pedirse un hemograma, la glucosa, el sodio y el potasio, la función del riñón y de la tiroides y un electrocardiograma. Si se sospecha una pérdida de sangre oculta se analiza la sangre en heces y la ferritina; si se sospecha insuficiencia suprarrenal, el cortisol de la mañana. A veces hacen falta un registro continuo de la presión o del ritmo y una prueba con permanencia prolongada en posición vertical sobre una mesa basculante.
Qué puede hacer usted
- Levantarse en dos tiempos. Primero sentarse, esperar medio minuto, mover los pies, abrir y cerrar los puños, y solo después ponerse en pie; al salir de la cama por la mañana, con especial calma.
- No aguantar el mareo de pie. A la primera señal, sentarse o tumbarse y levantar las piernas. Si no hay dónde tumbarse, cruzar las piernas y contraer con fuerza los muslos y los glúteos y apretar los puños: eso sube la presión en segundos.
- Beber suficiente, sobre todo con calor y con trabajo físico. Un vaso o dos de agua fresca bebidos deprisa suben la presión de forma apreciable durante media hora: conviene aprovecharlo antes de salir de casa.
- La sal. No hay motivo para restringirla sin causa, y ante desmayos frecuentes el médico puede aconsejar tomar más sal de la habitual. Solo de acuerdo con él: con insuficiencia cardíaca o renal ese consejo es peligroso.
- Comer más a menudo y menos cantidad, menos hidratos rápidos de una vez, y no levantarse de golpe tras una comida copiosa.
- Medias de compresión para pantorrillas y muslos, a veces una faja abdominal elástica: impide que la sangre se estanque abajo.
- Elevar la cabecera de la cama diez o quince centímetros: reduce la pérdida de líquido nocturna y la caída matinal.
- Evitar los ratos largos de pie sin moverse, los baños calientes y la sauna, el sobrecalentamiento y el alcohol.
- Moverse. La natación, la bicicleta y los ejercicios en posición semitumbada se toleran mejor que nada, y renunciar a la actividad física solo empeora la tolerancia a estar de pie.
Cuándo se pauta tratamiento
Se trata la causa, no la cifra. El paso más eficaz suele ser trabajar sobre la lista de medicamentos: retirar lo que sobra, sustituir, bajar una dosis o simplemente cambiar la hora de la toma. Después, según el caso: reponer líquido, tratar la anemia, la tiroides, la insuficiencia suprarrenal.
Los fármacos para subir la presión hacen falta pocas veces. Se recetan cuando las medidas de estilo de vida se han agotado y la vida sigue limitada: sustancias que estrechan los vasos y sustancias que hacen retener sodio y agua. Ambos grupos exigen prudencia, porque pueden subir la presión estando tumbado, y eso se vigila aparte. Si la causa es un pulso demasiado lento, la solución es un marcapasos. Y en los desmayos vasovagales corrientes no suele hacer falta ningún fármaco: funcionan el reconocimiento de los avisos, las maniobras de contracción muscular y beber lo suficiente.
Consulta en línea
Este tema se resuelve casi por completo a distancia, porque aquí lo que cuenta es la conversación y las cifras, no la exploración. El médico preguntará en qué momentos exactos aparece el mareo y solo con eso distinguirá una caída al levantarse de una caída después de comer y de un desmayo vasovagal corriente. Mirará su diario de mediciones, le explicará cómo tomar bien la presión tumbado y de pie y repasará los resultados de los análisis. La parte más valiosa de una consulta así es la revisión de la medicación: muy a menudo la causa está justo ahí y se retira sin necesidad de tratamiento alguno. En línea se puede acordar cuánto beber y qué hacer con la sal teniendo en cuenta sus otras enfermedades, elegir medias de compresión, aclarar la tensión durante el embarazo y decidir qué pruebas hacen falta de verdad. Y aparte, el médico le señalará las señales ante las cuales no hay que escribir un mensaje, sino llamar a una ambulancia.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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