Hidradenitis supurativa
La hidradenitis supurativa es una enfermedad crónica de la piel en la que aparecen, una y otra vez, nódulos dolorosos en las axilas, las ingles, debajo del…
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Medicamentos comúnmente prescritos para Hidradenitis supurativa
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: INYECTABLE, 40 mgPrincipio activo: AdalimumabFabricante: Samsung Bioepis Nl B.V.Requiere recetaForma farmacéutica: LIQUIDO USO TOPICO, 1 mg/gPrincipio activo: mometasoneFabricante: Organon Salud S.L.Requiere recetaForma farmacéutica: INYECTABLE, 40 mgPrincipio activo: AdalimumabFabricante: Celltrion Healthcare Hungary Kft.Requiere receta
La hidradenitis supurativa es una enfermedad crónica de la piel en la que aparecen, una y otra vez, nódulos dolorosos en las axilas, las ingles, debajo del pecho y entre las nalgas. Unos se reabsorben y otros se abren dejando salir pus, y donde ha curado quedan cicatrices retraídas y trayectos por debajo de la piel. Afecta a alrededor de una persona de cada cien, con más frecuencia a mujeres, y suele empezar después de la pubertad. En los informes médicos aparece con varios nombres — acné inverso, enfermedad de Verneuil —, pero se trata de lo mismo.
Conviene empezar por lo que más suele pesar en la cabeza de quien la padece: esta enfermedad no tiene relación con la falta de higiene, no se contagia y no se transmite por vía sexual. Lavarse más de lo normal no sirve de nada, y frotar las zonas afectadas con una esponja es contraproducente.
Qué ocurre de verdad en la piel
El nombre antiguo dejó la idea de que la culpa era de las glándulas del sudor. No es así. Todo empieza en el folículo del pelo: su salida se obstruye, el contenido se acumula, la pared cede y se rompe hacia dentro, hacia los tejidos de alrededor. El sistema inmunitario responde a ese contenido derramado con una inflamación intensa, y de ahí salen el nódulo, el dolor y el pus. Estos nódulos brotan donde la piel roza con la piel y donde abundan las glándulas grandes, por eso la enfermedad se asocia a axilas e ingles; pero las glándulas no son la causa, solo la vecindad.
Después la inflamación avanza en profundidad y en anchura. Los folículos vecinos se suman, entre los focos se abren trayectos fistulosos — túneles estrechos bajo la piel por los que rezuma un líquido — y donde la inflamación se apaga queda una cicatriz dura que tira de la piel. Son justamente las cicatrices y los trayectos los que convierten una enfermedad avanzada en un problema difícil, y por eso se intenta detectarla pronto.
Qué aspecto tiene y dónde sale
El comienzo suele pasar desapercibido: uno o dos bultos dolorosos del tamaño de un guisante que se toman por un forúnculo o por un pelo enquistado. A los pocos días el nódulo se reabsorbe o se abre. Luego todo se repite, y es precisamente esa repetición en el mismo sitio lo que distingue la hidradenitis de un absceso casual.
Los lugares habituales:
- las axilas;
- las ingles y los genitales externos;
- las nalgas y la piel de alrededor del ano;
- debajo del pecho y en el pliegue que se forma allí;
- la cara interna de los muslos, la zona del cinturón y la nuca.
Cerca se ven a menudo puntos negros dobles o triples, asentados como sobre una misma base: un signo que al médico le dice mucho. En algunas personas se encuentran además acné, exceso de vello y un quiste pilonidal, ese pequeño trayecto en la piel por encima del coxis.
La gravedad varía muchísimo: hay quien se queda en unos pocos nódulos al año y quien tiene una zona entera cubierta de cicatrices y supurando de continuo. El grado es lo que determina el tratamiento.
Qué echa leña al fuego
La causa exacta se desconoce, pero sí se sabe qué agrava la enfermedad y qué la acompaña.
- El tabaco. La asociación más sólida de todas. En quien fuma el curso es más severo, los brotes más frecuentes y los resultados de la cirugía peores.
- El exceso de peso. Más pliegues, más roce y más sudor, y además el tejido graso alimenta por sí mismo la inflamación. Bajar peso mejora el curso de forma apreciable.
- El roce y la presión. Ropa ajustada, costuras duras, la mochila, el cinturón, muchas horas sentado.
- Las hormonas. La enfermedad arranca tras la pubertad, en muchas mujeres empeora antes de la regla, y en el embarazo puede tanto calmarse como agravarse.
- La herencia. Cerca de un tercio de los afectados tiene familiares con lo mismo.
- Las enfermedades acompañantes. Aparecen más de lo esperable la enfermedad de Crohn, el síndrome de ovario poliquístico, los trastornos del metabolismo y las artritis inflamatorias. Si la hidradenitis se sitúa alrededor del ano, conviene preguntar por el intestino: la enfermedad de Crohn puede parecerse mucho y exige un tratamiento completamente distinto.
Ni el afeitado ni los desodorantes provocan la enfermedad, pero irritan una piel ya inflamada, así que es mejor no pasar la cuchilla por las zonas afectadas.
Por qué el diagnóstico llega tarde
Entre los primeros nódulos y el diagnóstico correcto pasan a menudo años. La persona va tirando con «forúnculos», le drenan el absceso una vez tras otra y le dan otra tanda corta de antibiótico, mientras la enfermedad sigue su camino.
No hay ninguna prueba específica de hidradenitis: el diagnóstico se apoya en tres cosas a la vez, las lesiones características, las localizaciones características y la repetición. El cultivo no se hace para confirmar nada, sino para saber si se ha sumado una infección bacteriana corriente; con frecuencia no crece nada, y es lo esperable, porque la enfermedad es por naturaleza inflamatoria y no contagiosa.
De ahí una conclusión práctica: si en la axila o la ingle sale un nódulo doloroso por segunda o tercera vez en medio año, no espere al siguiente drenaje y pida que le deriven al dermatólogo.
Con qué se trata
No existe un remedio que cure del todo, pero el curso se puede gobernar, y empezando pronto se llega a evitar las cicatrices. El tratamiento avanza por escalones, de lo tópico a lo sistémico.
- Tratamiento local. Soluciones y jabones antisépticos para las zonas afectadas, un antibiótico tópico del grupo de las lincosamidas, preparados con peróxido de benzoilo.
- Antibióticos por boca. En las formas leves, un ciclo largo de tetraciclinas durante varios meses seguidos, que no se prescribe porque se hayan encontrado bacterias sino por su efecto antiinflamatorio. En las formas más severas se recurre a una combinación de dos fármacos.
- Tratamiento hormonal en mujeres. Los anticonceptivos combinados y los fármacos con acción antiandrogénica ayudan cuando los brotes van ligados al ciclo.
- Retinoides, derivados de la vitamina A, que solo prescribe el dermatólogo. Son incompatibles con el embarazo, y tras terminar la acitretina hay que evitarlo durante tres años más, de modo que a las mujeres con deseo de tener hijos no se les suelen dar.
- Fármacos biológicos. En las formas graves y resistentes se emplean medicamentos que bloquean de forma dirigida eslabones concretos de la inflamación: inhibidores del factor de necrosis tumoral y fármacos contra la interleucina 17. Se administran por vía subcutánea, los indica el dermatólogo y antes de empezar se comprueba que no haya infecciones latentes.
- Infiltraciones en la lesión. Un corticoide inyectado directamente en un nódulo reciente y doloroso corta la inflamación deprisa y con frecuencia evita tener que abrirlo.
- El dolor. Aquí puede ser intenso y no hay por qué aguantarlo. La pauta la elige el médico, y en el dolor persistente se añaden fármacos que actúan sobre el dolor de origen nervioso.
Una precisión importante sobre el drenaje. La incisión quita el dolor unos días, pero no elimina ni el trayecto ni la cicatriz, y el nódulo vuelve al mismo sitio. Como medida puntual ante una lesión tensa y dolorosa está justificada; como tratamiento, no.
Cuándo entra el cirujano
La cirugía se plantea cuando las lesiones reaparecen siempre en el mismo punto o cuando la zona ya está rehecha a base de cicatrices y trayectos.
Las intervenciones pequeñas retiran el techo del trayecto fistuloso y dejan el fondo cicatrizando al aire: así se elimina una lesión rebelde conservando la piel de alrededor. En las afectaciones extensas se extirpa la zona entera, a veces con una reconstrucción posterior; es la solución más sólida para un área concreta, pero la curación es larga. La depilación láser ayuda a una parte de las personas, porque elimina los propios folículos. La cirugía no sustituye a la medicación: sin ella la enfermedad reaparece en la zona vecina.
Cuidados diarios, dolor y ánimo
- ropa holgada de tejidos suaves, sin costuras duras en axilas ni ingles;
- lavado suave y sin frotar, con un producto antiséptico si el médico lo aconseja;
- compresas tibias y húmedas sobre el nódulo doloroso, que alivian y ayudan a que drene;
- apósitos absorbentes en las zonas que supuran, para que la ropa no se pegue;
- en lo posible, perder peso y dejar de fumar: son las dos únicas medidas que cambian el curso de la enfermedad y no solo cómo se encuentra uno;
- no apretar los nódulos, porque el contenido va hacia dentro y no hacia fuera;
- no afeitar las zonas afectadas.
Y aparte, el lado psicológico, del que suele callarse. El dolor continuo, el olor, tener que cambiar apósitos y la localización íntima de las lesiones golpean la autoestima y las relaciones. La depresión es bastante más frecuente en quienes tienen esta enfermedad que en la población general, y no es debilidad de carácter sino la consecuencia previsible del dolor crónico y del aislamiento. Si se ha sorprendido pensando que así no merece la pena vivir, dígaselo al médico: forma parte del tratamiento tanto como las cremas.
Cuándo no conviene aplazar la consulta
Acuda al médico sin demora si:
- aparece fiebre y escalofríos y el enrojecimiento se extiende deprisa más allá del nódulo: son señales de una infección añadida;
- el dolor se ha vuelto insoportable o la lesión ha crecido de golpe;
- se ha formado un trayecto por el que rezuma líquido de manera continua;
- cuesta mover un brazo o una pierna por las cicatrices que tiran de la piel;
- aparece un cansancio marcado: la inflamación prolongada desgasta el organismo y provoca anemia;
- se hinchan los genitales externos.
Un peligro aparte y poco frecuente que conviene conocer. En lesiones que llevan muchísimos años instaladas, sobre todo en las nalgas y alrededor del ano, se desarrolla en contadas ocasiones un carcinoma escamoso de piel. Deben alertar una úlcera que no cierra, un crecimiento de tejido, un dolor que cambia de carácter o un sangrado en un punto antiguo. Ocurre pocas veces, y precisamente por eso las lesiones de largo recorrido necesitan vigilancia médica: cualquier cambio en una lesión vieja es motivo para consultar y no para esperar.
Consulta en línea
En una consulta en línea el médico repasará desde cuándo y con qué frecuencia salen los nódulos, dónde exactamente, si los brotes se ligan al ciclo, qué ha tomado ya y qué le ha ido bien. Con la descripción y unas fotografías valorará la gravedad, le dirá qué puede empezar de inmediato, qué análisis hacen falta y a quién acudir, si al dermatólogo o al cirujano. En línea se resuelven bien también los asuntos colindantes — anticoncepción, peso, molestias intestinales o articulares, analgesia — y se puede acordar de antemano qué hacer en el próximo brote.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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