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Herpes neonatal (herpes en un bebé)

El herpes neonatal es la infección de un recién nacido por el virus del herpes simple, el mismo que en los adultos produce la calentura del labio o las…

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Esta página ofrece información general y no sustituye la consulta médica. Si los síntomas son graves, persistentes o empeoran, busca atención médica.

El herpes neonatal es la infección de un recién nacido por el virus del herpes simple, el mismo que en los adultos produce la calentura del labio o las lesiones genitales. En un adulto ese virus convive con el organismo durante años sin causar apenas molestias; en un bebé de pocas semanas se comporta de otro modo, porque sus defensas todavía no funcionan del todo: en cuestión de días la infección viaja por la sangre y alcanza el hígado, los pulmones y el cerebro. Es una enfermedad rara, pero en ella el tiempo lo decide todo. Y casi todo se puede evitar, porque quien contagia al bebé es siempre un adulto.

Por dónde llega el virus al bebé

Lo más frecuente es el parto, al pasar por el canal del parto, si la madre tiene en ese momento herpes genital. El peligro es mayor cuando la mujer se ha contagiado por primera vez en las últimas semanas del embarazo: sus anticuerpos aún no han tenido tiempo de formarse ni de pasar al bebé a través de la placenta, el virus se elimina en gran cantidad y el riesgo se dispara. Si el herpes es antiguo y solo se reactiva de vez en cuando, el bebé recibe esos anticuerpos por adelantado y la probabilidad de contagio es baja.

Hay un detalle que despista a muchas familias: en la mayoría de las madres de bebés enfermos el herpes genital nunca llegó a diagnosticarse, porque cursaba sin lesiones visibles. Por eso la frase «yo nunca he tenido herpes» no garantiza nada, y las normas de cuidado del recién nacido son las mismas para todo el mundo.

La segunda vía llega después del parto y depende por completo de los adultos. Trae el virus quien tiene una calentura en el labio y besa al bebé o le chupa el chupete o la cuchara. Lo trae quien tiene ampollas en un dedo: es el panadizo herpético, un dedo inflamado con vesículas transparentes. Y lo trae la madre a la que le han salido vesículas en el pecho o el pezón, porque entonces contagian tanto la toma como la leche extraída de esa mama. Muy rara vez el virus alcanza al feto antes del parto, y esos bebés nacen ya con cicatrices en la piel y con lesiones oculares y cerebrales.

Cómo proteger al recién nacido

El periodo más delicado es el primer mes y medio. Las normas son sencillas, pero conviene decirlas en voz alta a todo el que entre en casa.

  • Lavarse las manos antes de coger al bebé. Todo el mundo y siempre, sin excepciones.
  • No besar al bebé en la cara. El lugar seguro para un beso es la coronilla; la zona de la boca, la nariz y los ojos queda descartada.
  • Quien tenga ahora una calentura en el labio, o la haya tenido estos días, no besa al bebé en absoluto y, a ser posible, tampoco lo coge en brazos. Si se trata de la madre y no hay alternativa: manos lavadas, mascarilla, lesión tapada y ningún beso.
  • No chupar el chupete, la cuchara ni el biberón para «probarlos» o «limpiarlos».
  • Las vesículas de un dedo se cubren con un apósito, y mientras tanto es mejor que otro adulto se ocupe del bebé.
  • Si aparecen vesículas en un pecho, no se da de mamar de ese pecho y la leche que se extraiga de él se desecha hasta que todo cicatrice. El otro pecho sigue funcionando con normalidad.
  • Cualquier lesión cutánea de quien cuida al bebé se tapa con ropa o con un apósito.

Las tres formas de la enfermedad y por qué de ellas depende todo

El herpes neonatal sigue uno de tres guiones, y del que le toque dependen tanto la gravedad como lo que quepa esperar después.

  • Piel, ojos y boca. El virus no ha pasado de la superficie: vesículas en la piel, un ojo enrojecido y lloroso, llagas en la boca. Es la forma más favorable, y con tratamiento a tiempo los bebés se recuperan, aunque en los primeros años las lesiones pueden reaparecer. Su peligro está en que sin tratamiento pasa con facilidad a las dos siguientes.
  • Afectación del cerebro. Suele manifestarse en la segunda o tercera semana de vida: el bebé está decaído, come mal, tiene fiebre, convulsiones o movimientos repetitivos y pausas extrañas de la mirada. Puede no haber ni una sola vesícula en la piel.
  • Forma diseminada. El virus toma el hígado, los pulmones y la coagulación; empieza casi siempre en la primera semana y parece una enfermedad general grave: decaimiento, ictericia, dificultad para respirar, sangrado. Es la que más compromete la vida.

Conviene retener una idea: en una parte importante de los bebés enfermos no aparece ninguna vesícula, y eso es lo que más retrasa el diagnóstico. Esperar a que salga una erupción para «asegurarse» no vale: lo que se mira es el estado general del bebé. El tratamiento precoz ha cambiado por completo el pronóstico de esta enfermedad, pero tras la afectación cerebral y la forma diseminada pueden quedar convulsiones, retraso del desarrollo o pérdida de audición o de visión, y por eso a esos niños se les sigue durante años.

Qué debe alertar a los padres

Los primeros signos no se parecen a un herpes. Se parecen a «hoy el bebé está raro», y esa impresión de los padres los médicos se la toman en serio.

  • El bebé está decaído, somnoliento y cuesta espabilarlo, o al revés, está inquieto y nada lo calma.
  • Agarra peor el pecho o el biberón, o rechaza las tomas.
  • Fiebre de 38 °C o más. En un bebé de menos de tres meses esto ya es motivo para buscar asistencia ese mismo día, sea cual sea la causa. Alarma también lo contrario: temperatura por debajo de lo normal junto con manos y pies fríos.
  • Han salido en la piel vesículas transparentes del tamaño de una cabeza de alfiler sobre una base enrojecida, sueltas o agrupadas. A menudo brotan donde la piel se ha rozado: en la cabeza, donde estuvo un sensor o en un pliegue.
  • Un ojo enrojecido y lloroso, párpados pegados, el bebé cierra los ojos ante la luz.
  • Ha aparecido color amarillento en la piel, el abdomen se ha abultado, se ven moratones o puntitos rojos que no desaparecen.

Cuándo hay que llamar a una ambulancia

Llame a una ambulancia (en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania, número único 112) si el bebé:

  • tiene convulsiones, sacudidas rítmicas, la mirada fija o movimientos repetitivos inhabituales;
  • respira deprisa, con quejido al espirar, hundiendo los espacios entre las costillas, o hace pausas al respirar;
  • tiene los labios, la lengua o la piel de tono azulado;
  • tiene la piel pálida, moteada y fría, está apagado, no responde como de costumbre y no hay manera de despertarlo;
  • llora sin parar con un llanto distinto del habitual que nada consigue interrumpir;
  • rechaza varias tomas seguidas y moja bastantes menos pañales;
  • tiene 38 °C o más y menos de tres meses de vida, o una temperatura por debajo de 36 °C a cualquier edad.

Diga sin falta al médico o a quien atienda la llamada si alguien del entorno del bebé ha tenido estos días una calentura en el labio o si la madre ha tenido lesiones genitales: esa frase acelera todo lo que viene después.

Cómo se confirma el diagnóstico

El diagnóstico se establece encontrando el virus, porque por fuera el herpes neonatal no se distingue de una infección bacteriana de la sangre.

  • PCR en sangre para buscar el ADN del virus. Es la prueba principal.
  • Frotis para PCR de las vesículas, del ojo, de la boca y la nasofaringe y del recto.
  • Punción lumbar con estudio del líquido cefalorraquídeo, PCR incluida. Se hace incluso con la piel limpia: la afectación del cerebro cursa a menudo sin una sola vesícula y sin punción sencillamente no se ve. De su resultado depende cuántas semanas durará el tratamiento.
  • Enzimas hepáticas, pruebas de coagulación y hemograma, que muestran si hay órganos internos afectados.
  • Valoración por oftalmología ante la mínima sospecha de afectación ocular.

Con qué no se diagnostica. El análisis de anticuerpos frente al herpes en un recién nacido no sirve: casi todos los anticuerpos de su sangre son maternos, pasados por la placenta, y no indican ni que haya enfermedad ni que no la haya. Un frotis cutáneo negativo en las primeras horas tampoco descarta nada. Por eso, ante una sospecha razonable, el antiviral se inicia de inmediato y los resultados se esperan ya con el tratamiento en marcha.

Cómo se trata

El tratamiento es un antiviral por vía intravenosa, en el hospital, durante dos o tres semanas según la forma; aquí no funcionan las pautas cortas ni las pastillas en lugar del gotero. Si está afectado el sistema nervioso, antes de terminar se repite la punción para comprobar que el virus ya no está en el líquido cefalorraquídeo.

En paralelo se trata todo lo que haya dado tiempo a que aparezca: convulsiones, insuficiencia respiratoria, alteraciones de la coagulación. Si el ojo está afectado, se añaden colirios antivirales y seguimiento por oftalmología.

Tras el alta se suele pautar un antiviral por vía oral durante varios meses más: reduce la reaparición de las lesiones y mejora el desarrollo posterior de los niños que han pasado una afectación cerebral. Después vienen los controles programados de audición, visión y desarrollo.

Durante el tratamiento se puede y se debe seguir dando el pecho, siempre que no haya lesiones herpéticas en la mama ni en el pezón. Los antivirales que toma la madre pasan a la leche en cantidades ínfimas y no perjudican al bebé.

Si está embarazada

Cuéntele al médico o a la matrona si alguna vez ha tenido herpes genital, aunque el último brote fuera hace muchos años, y también si lo tiene su pareja y usted no.

Si durante el embarazo aparecen vesículas o llagas dolorosas en los genitales, no aplace la consulta, y menos aún si es la primera vez en su vida. Un primer episodio en las últimas semanas del embarazo es justo la situación por la que se habla de todo esto: se pauta un antiviral y se plantea en serio la cesárea, porque reduce mucho el riesgo para el bebé. Con un herpes antiguo y recurrente lo habitual es pautar el antiviral desde el final del embarazo y el parto suele poder ser vaginal.

Si su pareja tiene herpes y usted no, use preservativo en el tercer trimestre y evite del todo el sexo oral cuando él tenga una calentura en el labio: el herpes labial pasa a los genitales sin ninguna dificultad.

Consulta en línea con el médico

La consulta a distancia sirve bien donde hace falta ordenar la situación y salir con un plan claro. Antes del parto: qué significa un herpes en sus antecedentes, qué hacer si aparecen lesiones durante la gestación, cómo plantear con el obstetra la vía del parto. Después: cómo explicar a la familia la prohibición de los besos, qué hacer si la calentura en el labio le ha salido a usted, si puede seguir amamantando y con qué tapar la lesión.

Los límites conviene tenerlos claros desde el principio. A un recién nacido enfermo no se le valora por una pantalla: el decaimiento, la respiración y el color de la piel se ven en persona, y una sospecha de herpes neonatal significa ingreso, gotero y analíticas. Si el bebé está apagado, rechaza el alimento, respira con dificultad o tiene 38 °C o más en sus tres primeros meses, no escriba: llame a una ambulancia.

Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.

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