Gota
La gota empieza de golpe y casi siempre de noche: uno se despierta con dolor en la articulación del dedo gordo del pie, que en pocas horas se ha vuelto…
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Medicamentos comúnmente prescritos para Gota
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: COMPRIMIDO, 400 mgPrincipio activo: IbuprofenoFabricante: Aristo Pharma GmbhNo requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 100 mgPrincipio activo: alopurinolFabricante: Towa Pharmaceutical S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO LIBERACION MODIFICADA, 1 GRAMOPrincipio activo: mesalazinaFabricante: Ferring S.A.Requiere receta
La gota empieza de golpe y casi siempre de noche: uno se despierta con dolor en la articulación del dedo gordo del pie, que en pocas horas se ha vuelto caliente, morada y tan sensible que hasta el borde de la sábana resulta insoportable. Es la más dolorosa de las formas frecuentes de artritis y, a la vez, una de las pocas que hoy no solo se calma, sino que se detiene del todo. La diferencia entre quien sigue teniendo ataques durante años y quien deja de tenerlos no está en la dieta ni en la fuerza de voluntad, sino en si se trata la causa.
Cómo es un ataque
El dolor sube deprisa: desde las primeras molestias hasta el máximo pasan unas horas, rara vez más de un día. La articulación se hincha, la piel se tensa, enrojece y brilla; en pieles oscuras el enrojecimiento se aprecia peor, aunque la hinchazón y el calor se notan igual. Tocarla es imposible, y apoyar el pie tampoco.
El blanco clásico es la articulación de la base del dedo gordo del pie, pero la gota no se limita a ella: también afecta al tobillo, al empeine, a la rodilla y, con menos frecuencia, a la muñeca, el codo y las pequeñas articulaciones de la mano. Suele doler una sola; en quienes llevan años con la enfermedad, un ataque puede tomar varias a la vez.
Sin tratamiento el ataque cede solo en una o dos semanas, y al final la piel de encima se descama. Ese apagarse por su cuenta es lo que despista: si el dolor se ha ido, se supone que todo quedó atrás. En realidad los cristales siguen ahí y el siguiente episodio es solo cuestión de tiempo.
Cuando una articulación caliente no es gota
Conviene decirlo antes que nada, porque el error sale caro. Una infección dentro de la articulación, la artritis séptica, se presenta casi igual: una sola articulación, calor, hinchazón, dolor insoportable. La diferencia es que destruye el cartílago en cuestión de días y se trata únicamente en el hospital, lavando la articulación y con antibiótico por vena.
Busque atención el mismo día si al dolor articular se le suma cualquiera de estas cosas:
- fiebre, escalofríos, sensación de enfermedad grave;
- la articulación no se deja doblar ni un poco y cualquier movimiento provoca un dolor agudo;
- el enrojecimiento avanza desde la articulación hacia arriba en forma de líneas;
- la articulación afectada es una prótesis, le han puesto hace poco una inyección o hay una herida cerca;
- toma medicamentos que bajan las defensas o tiene otra situación que hace más graves las infecciones.
El argumento «tengo gota, conozco mis ataques» no protege aquí: gota e infección pueden coincidir en la misma articulación. Ante la duda, el médico extrae líquido con una aguja, lo que alivia el dolor y responde a la pregunta a la vez.
Qué hacer mientras dura el ataque
La regla principal es empezar cuanto antes: un medicamento tomado en las primeras horas funciona bastante mejor que el mismo medicamento dos días después.
- Deje la pierna en reposo y colóquela en alto, sobre un cojín.
- Aplique frío envuelto en un paño quince o veinte minutos varias veces al día.
- Aparte la ropa de cama de la articulación dolorida montando encima una especie de arco con almohadas.
- Beba agua en cantidad suficiente, salvo que le hayan limitado los líquidos.
- No presione la articulación, no la masajee ni intente «soltarla» andando.
Como tratamiento se emplean los antiinflamatorios no esteroideos, la colchicina y los corticoides, en comprimidos o inyectados dentro de la articulación. Cuál conviene no depende de lo fuerte que sea el dolor, sino de las otras enfermedades: con úlcera de estómago, función renal disminuida, insuficiencia cardíaca o anticoagulantes, los antiinflamatorios encajan mal y el médico elegirá otro camino. La mejoría suele llegar en uno o dos días.
Aparte: si ya toma un fármaco para bajar el ácido úrico, durante el ataque no se suspende. Los vaivenes bruscos del nivel son de por sí un desencadenante, y la pausa solo alarga la historia.
Cómo se confirma el diagnóstico
La gota es una enfermedad de cristales. El ácido úrico, un producto normal del metabolismo, cuando sobra precipita en los tejidos de la articulación en forma de cristales con forma de aguja, y estos desatan una inflamación violenta.
El análisis de sangre de ácido úrico se hace, pero no se puede confiar todo a él: durante el ataque el nivel a menudo sale normal, porque el ácido ha pasado de la sangre a la articulación. Un resultado normal en pleno dolor no descarta la gota, y merece la pena repetir el análisis unas semanas después de que todo se calme. Lo contrario también vale: una cifra alta por sí sola no es enfermedad; en mucha gente se mantiene durante años sin un solo ataque, y tratar una cifra no tiene sentido.
La respuesta exacta la da el líquido articular al microscopio, donde los cristales se ven. Cuando no se puede obtener, ayudan la ecografía y una tomografía especial. De paso el médico revisa los riñones, el azúcar, el colesterol y la tensión: la gota casi nunca viene sola.
Por qué se acumula el ácido úrico
En la mayoría de las personas el problema no es que se fabrique mucho ácido, sino que los riñones lo eliminan peor de lo que deberían. Esa capacidad es en buena medida hereditaria: de ahí las familias en las que la gota salta una generación y el desajuste, siempre injusto, entre una dieta estricta y unos ataques que continúan.
El riesgo es mayor si:
- es hombre; en las mujeres, antes de la menopausia, los estrógenos ayudan a eliminar el ácido, y después la diferencia se acorta;
- hay exceso de peso, tensión alta, azúcar elevado o alteración de las grasas en sangre;
- la función de los riñones está disminuida;
- toma diuréticos, algunos fármacos para la tensión, ciclosporina o aspirina a dosis baja: no se retiran por cuenta propia, pero hay que decírselo al médico;
- tiene psoriasis o una enfermedad de la sangre con recambio celular acelerado.
El ataque en sí suele tener un disparador: una comida copiosa, cerveza o bebidas de alta graduación, deshidratación, una dieta muy estricta, un golpe en la articulación, una operación, una enfermedad con fiebre alta, y también las primeras semanas de tratamiento con el fármaco que baja el ácido úrico.
Un tratamiento pensado para años
Cortar un ataque y curar la gota son tareas distintas. La segunda la resuelven los fármacos que bajan el ácido úrico, que se toman de forma continua y no por ciclos. El médico los propondrá si los ataques se repiten, si han aparecido nódulos bajo la piel, si hay cálculos renales, daño en los riñones o cambios visibles en las articulaciones.
Lo que conviene saber de este tratamiento:
- la dosis se ajusta poco a poco guiándose por el análisis, y el ajuste lleva meses;
- en las primeras semanas los ataques pueden hacerse más frecuentes: no significa que el fármaco no sirva, sino que los depósitos viejos se están disolviendo; para ese periodo el médico añade una cobertura antiinflamatoria;
- dejar el fármaco en cuanto se va el dolor es el error más repetido: los cristales vuelven y todo empieza de nuevo;
- con constancia los depósitos se disuelven por completo, los nódulos se reabsorben y los ataques cesan; lleva años, pero el resultado se alcanza.
Qué influye de verdad en el día a día
La respuesta honesta es que la dieta baja el ácido úrico, pero poco, y ella sola rara vez resuelve el asunto. No es motivo para descuidarla, aunque tampoco hay por qué culparse de un ataque tras una semana impecable.
- Perder peso funciona mejor que cualquier prohibición alimentaria concreta, pero adelgazar de golpe y el ayuno provocan ataques por sí mismos: el ritmo debe ser tranquilo.
- La cerveza, incluida la sin alcohol, y las bebidas de alta graduación son lo que más eleva el riesgo; no hay una cantidad del todo segura y conviene convertir en norma los días sin alcohol.
- Los refrescos azucarados y los zumos con fructosa actúan igual de mal que el alcohol: mejor cambiarlos por agua.
- Las vísceras, los caldos de carne, el pescado pequeño y el marisco son ricos en purinas; las verduras, purínicas sobre el papel, no aumentan el riesgo y no hace falta limitarlas.
- Los lácteos desnatados y el café, en cambio, se asocian a menos ataques.
- Beba suficiente agua, sobre todo con calor o esfuerzo físico.
- Muévase con regularidad, pero sin impacto sobre las articulaciones dañadas, y no entrene en pleno ataque.
En qué acaba una gota abandonada
Cuando los ataques se repiten durante años sin tratar la causa, los cristales se acumulan y dejan de quedarse dentro de la articulación.
- Bajo la piel aparecen nódulos duros e indoloros, los tofos, sobre todo en el borde de la oreja, los dedos, los codos y el tendón de Aquiles. Con el tiempo estorban para calzarse o abrochar un botón, y a veces se abren y por ahí entra la infección.
- El cartílago y el hueso se destruyen, la articulación se deforma y el dolor pasa a ser continuo en vez de aparecer por episodios.
- En los riñones se forman cálculos de ácido úrico, y los propios riñones van funcionando peor.
Hay algo más de lo que se habla menos: la gota se acompaña de un riesgo cardiovascular aumentado. La tensión, el colesterol, el azúcar y los riñones no se revisan por trámite; muchas veces son ellos, y no la articulación, los que marcan el pronóstico.
Consulta en línea
A distancia se analiza muy bien un primer ataque: por la descripción del dolor, la rapidez con que subió y el aspecto de la articulación, el médico valora si encaja con una gota y dice qué análisis hacer y en qué momento para que el resultado signifique algo. Si el diagnóstico ya está hecho, en línea se resuelven las cuestiones del día a día: por qué se han vuelto más frecuentes los ataques, qué hacer con la medicación si le han recetado además un diurético, cómo reordenar la alimentación sin extremos y si ha llegado el momento de pasar al tratamiento continuo. También es el lugar para ver la evolución de los análisis. En cambio, una articulación caliente con fiebre y escalofríos no se estudia por pantalla: eso exige ver al médico en persona el mismo día.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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