Fiebre Q
La fiebre Q es una infección que se contrae a partir de los animales. La causa la bacteria Coxiella burnetii, que vive sobre todo en ovejas, cabras y vacas.
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Medicamentos comúnmente prescritos para Fiebre Q
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, 60 mlPrincipio activo: DoxiciclinaFabricante: Hospira Invicta S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: INYECTABLE, 100 mg/ampollaPrincipio activo: DoxiciclinaFabricante: Hospira Invicta S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: CÁPSULA, 200 mgPrincipio activo: DoxiciclinaFabricante: Industrial Farmaceutica Cantabria S.A.Requiere receta
La fiebre Q es una infección que se contrae a partir de los animales. La causa la bacteria Coxiella burnetii, que vive sobre todo en ovejas, cabras y vacas. En la mayoría de las personas se traduce en una o dos semanas de malestar parecido a una gripe que se resuelve solo. Pero en una parte de los casos la infección es capaz de quedarse escondida y regresar meses o años después con otra cara: la afectación de una válvula del corazón. Precisamente esa segunda parte tardía de la historia es la que casi nunca se cuenta.
Cómo se contrae
La vía principal es la respiratoria. La bacteria se elimina en enormes cantidades con el líquido amniótico y la placenta durante los partos de los animales, y también con las heces y la orina. Al secarse adopta una forma resistente que persiste durante meses en el polvo, la paja, el estiércol, la lana y la ropa, y que el viento transporta. Basta inhalar una cantidad muy pequeña para infectarse, así que no enferman solo quienes han tocado a los animales: puede bastar con estar a sotavento de una explotación o pasar junto a un aprisco en época de partos.
De ahí el perfil de quien tiene más riesgo: trabajadores de granjas y mataderos, veterinarios, esquiladores, mozos de cuadra, personal de laboratorio y vecinos de zonas rurales próximas a explotaciones de ovino y caprino. Los brotes que afectan a comarcas enteras suelen coincidir con la época de parideras.
La segunda vía es la leche sin pasteurizar y los quesos elaborados con ella. Existe, pero da lugar a bastantes menos infecciones que el aire. También es posible el contagio a través de garrapatas de los animales y, raramente, por transfusión o de madre a hijo. De persona a persona prácticamente no se transmite, de modo que no hace falta aislar a quien la padece.
Cómo transcurre la enfermedad aguda
Alrededor de la mitad de los infectados no presenta ningún síntoma: se enteran mucho después y por casualidad, a raíz de un análisis. En el resto, dos o tres semanas después del contacto empieza bruscamente la fiebre.
El cuadro resulta bastante reconocible:
- fiebre alta con escalofríos y sudoración abundante;
- dolor de cabeza intenso, a menudo con sensación de presión detrás de los ojos;
- dolores musculares y articulares y debilidad marcada;
- tos seca y, a veces, dolor en el pecho al respirar;
- falta de apetito, náuseas, dolor abdominal;
- en ocasiones, color amarillento de la piel y del blanco de los ojos.
A diferencia de otras infecciones, no suele haber erupción cutánea. Los dos órganos que más se afectan son el pulmón, donde aparece una neumonía, y el hígado, donde se produce una inflamación que a veces es lo que lleva a la persona a consultar. Todo ello dura una o dos semanas, rara vez más, y en la mayoría termina en curación.
Tras la curación, algunas personas se quejan durante meses de cansancio, sudoración y dificultad para concentrarse con unos análisis completamente normales. No es señal de que la infección continúe, y los antibióticos no ayudan, pero tampoco es imaginación: ese estado está descrito y merece seguimiento, no un gesto de desdén.
A quién le resulta más peligrosa
La mayoría pasa la fiebre Q sin mayor problema. Hay, sin embargo, grupos para los que incluso una infección de apariencia leve obliga a consultar y a mencionar el posible contacto con animales:
- las embarazadas. En ellas la infección suele cursar sin un solo síntoma, pero puede provocar aborto, parto prematuro y bajo peso al nacer. Por eso, ante un contacto conocido, la cuestión se resuelve con un análisis y no con las sensaciones;
- las personas con una válvula cardíaca alterada o artificial: valvulopatía, prótesis valvular, válvula aórtica bicúspide;
- las personas con una prótesis vascular o un aneurisma de aorta;
- las personas inmunodeprimidas: trasplantadas, en quimioterapia o en tratamiento con fármacos que frenan el sistema inmunitario.
En estos grupos la infección no solo se trata: después se vigila, repitiendo los análisis de sangre a lo largo de dos años para no pasar por alto el paso a la forma crónica. En el resto de las personas ese seguimiento no hace falta.
Conviene consultar el mismo día si la fiebre alta se mantiene más de una semana, si aparece falta de aire importante, si hay ictericia o si se instalan confusión o un dolor de cabeza intenso con vómitos.
La forma crónica: endocarditis meses y años después
Esto es lo más importante que hay que saber sobre la fiebre Q y lo que casi nunca se explica. En una pequeña proporción de los infectados la bacteria no desaparece: se instala en un punto concreto y vive allí en silencio durante años. Puede manifestarse a los seis meses, a los dos años o incluso más tarde. Esta forma aparece casi exclusivamente en quienes pertenecen a los grupos de riesgo mencionados, y sobre todo en personas con una válvula enferma o protésica.
Su manifestación principal es la endocarditis, la inflamación del revestimiento interno del corazón y de la válvula. Con menos frecuencia la bacteria se aloja en la pared de un aneurisma de aorta o en una prótesis vascular, en los huesos o en el hígado.
Lo traicionero es que empieza de forma insidiosa y sin una infección evidente. Deben alertar:
- febrícula prolongada y, en ocasiones, ausencia total de fiebre;
- sudores nocturnos y pérdida de peso;
- debilidad y falta de aire crecientes y edemas, es decir, signos de insuficiencia cardíaca;
- aumento del bazo y alteraciones en los análisis;
- debilidad repentina en un brazo o una pierna, o dolor en una extremidad, si se ha desprendido un fragmento de la válvula.
Si tiene una valvulopatía o una prótesis y arrastra un malestar inexplicable desde hace meses, cuéntele al médico que ha estado cerca de ovejas, cabras o vacas o que ha bebido leche cruda. Esa frase a veces resuelve el diagnóstico.
Por qué un hemocultivo corriente no la detecta
Coxiella burnetii vive dentro de las células y no crece en los medios de cultivo habituales. Por eso el hemocultivo —la primera prueba que se solicita ante la sospecha de endocarditis— sale negativo. La fiebre Q figura en la corta lista de causas de la llamada endocarditis con hemocultivos negativos y, si no se busca de forma dirigida, una persona puede pasar meses con una válvula infectada y sin diagnóstico.
Se busca de otro modo:
- serología, el análisis de anticuerpos en sangre, que es el método principal. Se distinguen los anticuerpos frente a dos fases de la bacteria, y su proporción permite separar una infección reciente de una crónica. Una sola determinación aporta poco: suele hacer falta repetirla a las dos o tres semanas para ver la evolución;
- PCR, que detecta la bacteria en sangre durante los primeros días, cuando aún no hay anticuerpos; más tarde deja de servir, de modo que ambas técnicas se complementan;
- ecocardiograma, con frecuencia transesofágico cuando se sospecha endocarditis, porque examina la válvula de cerca;
- tomografía y tomografía por emisión de positrones, cuando el foco se busca en la aorta, en una prótesis vascular o en los huesos.
Con qué se trata
La forma aguda sintomática se trata con un antibiótico del grupo de las tetraciclinas durante dos o tres semanas. Conviene empezar en los primeros días: más tarde el efecto es claramente menor. Un cuadro leve en una persona sana suele resolverse incluso sin tratamiento, pero con fiebre alta, neumonía o afectación del hígado el antibiótico se pauta. Es importante completar el ciclo entero aunque se encuentre bien al tercer día.
En el embarazo estos fármacos no son adecuados, así que se elige otro antibiótico y se mantiene de forma prolongada hasta el parto, con seguimiento; después del parto hay que controlar los análisis.
La forma crónica se trata de una manera completamente distinta. Aquí se emplea la combinación de dos fármacos —un antibiótico del grupo de las tetraciclinas junto a un antipalúdico que vuelve vulnerable a la bacteria dentro de la célula— y no durante semanas, sino durante un año y medio o dos años, más tiempo si hay una válvula artificial. Durante todo ese periodo se repiten los anticuerpos y se vigilan los efectos adversos, incluido el estado de los ojos. Una parte de los pacientes necesita además cirugía valvular.
Qué reduce el riesgo
- No beber leche sin pasteurizar ni comer quesos elaborados con ella, especialmente durante el embarazo y si hay enfermedad valvular.
- Las embarazadas no deben asistir a los partos de animales ni acercarse a ellos en la época de parideras, que cae en meses distintos según el país. De paso, así se protegen de la toxoplasmosis y de la clamidiosis del ganado ovino.
- Quien trabaje con animales debe usar guantes, mascarilla ajustada y protección ocular, sobre todo al asistir partos, retirar la cama del ganado y esquilar.
- Las placentas y los animales nacidos muertos se recogen de inmediato y se eliminan de forma segura, sin dejarlos al aire libre.
- No comer ni beber en los locales donde se guardan los animales; lavar la ropa y el calzado de trabajo por separado y no llevarlos a casa.
- Limpiar y cubrir las heridas en cuanto se producen.
- Existe una vacuna humana, pero solo está registrada en algunos países y se administra a grupos de riesgo laboral tras un estudio previo; en la mayor parte de Europa no está disponible. La vacunación del ganado se emplea en algunas regiones para reducir la infección de los rebaños.
Consulta en línea
La fiebre Q es uno de esos casos en los que el diagnóstico no nace de un análisis, sino de una pregunta hecha a tiempo: dónde ha estado y con qué animales ha tenido contacto. En una consulta en línea eso se repasa con calma y con detalle.
Merece la pena consultar si tras una estancia en el campo o un trabajo con animales aparece fiebre alta con dolor de cabeza intenso; si está embarazada y ha habido contacto con ovejas, cabras o vacas; si tiene una valvulopatía o una prótesis valvular y arrastra un malestar sin explicación; o si ya tiene hecha la serología y no entiende qué significan las cifras de las dos fases.
El médico le indicará qué análisis hacen falta y cuándo repetirlos, le explicará por qué un hemocultivo negativo no descarta nada, le ayudará a entender un tratamiento largo y sus efectos adversos y le dirá si necesita seguimiento durante los dos próximos años. Si aparecen señales que exijan atención urgente, se le derivará de inmediato.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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