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Medicamentos comúnmente prescritos para Miomas uterinos
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: COMPRIMIDO, 0.075 mgPrincipio activo: DesogestrelFabricante: Laboratorio Stada S.L.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 75 microgramosPrincipio activo: DesogestrelFabricante: Laboratorio Stada S.L.Requiere recetaForma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, 4 mg/mlPrincipio activo: PrednisolonaFabricante: Laboratorio Aldo Union S.L.Requiere receta
Un mioma es un nódulo firme de fibras musculares y de tejido conjuntivo que crece en la pared del útero. No es un tumor en el sentido habitual: no se convierte en cáncer ni se extiende por el organismo. Son muy frecuentes —aparecen en la mayoría de las mujeres a lo largo de la vida— y suelen comportarse en silencio, hasta que se descubren de casualidad en una ecografía. Del tratamiento se habla solo cuando el nódulo molesta: desborda las reglas, comprime los órganos vecinos o impide llevar adelante un embarazo. A continuación, cómo saber si el problema viene de ahí, con qué se corrige y cuándo hay que darse prisa.
Dónde crecen y de qué tipo son
Puede haber uno solo o veinte; los tamaños van desde un guisante hasta una masa que abulta el abdomen. Pero más que el tamaño importa la localización: de ella depende que el mioma llegue siquiera a notarse.
- En el espesor de la pared muscular, lo más común; un nódulo grande distiende el útero y vuelve las reglas más abundantes.
- Bajo la capa externa, hacia el abdomen. No suele sangrar, pero comprime la vejiga y el intestino y crece bastante sin que se note.
- Bajo la capa interna, hacia la cavidad uterina. El tipo más ruidoso: incluso pequeño provoca reglas abundantes y largas y dificulta la concepción.
- Pediculado: el nódulo cuelga de un tallo fino que puede torcerse sobre sí mismo, y eso ya es una situación aguda.
Qué nota la mujer
En dos de cada tres mujeres los miomas no dan señal alguna. En el resto las molestias son estas:
- reglas abundantes: la compresa hay que cambiarla más de una vez cada dos horas, salen coágulos, la sangre se escapa de noche y el sangrado dura más de una semana;
- reglas dolorosas y dolor sordo en la parte baja del vientre y en la zona lumbar entre una y otra;
- sensación de peso y presión en la pelvis, vientre más abultado sin haber cambiado de peso;
- ganas frecuentes de orinar o la sensación de no vaciar del todo la vejiga;
- estreñimiento e hinchazón;
- dolor o incomodidad en las relaciones, sobre todo en determinadas posturas;
- dificultad para concebir y pérdidas de embarazo repetidas.
Merece párrafo aparte lo que se esconde tras la palabra «abundantes». Mes tras mes se va el hierro y aparece la anemia: cansancio, falta de aire con el esfuerzo habitual, palpitaciones, palidez, pelo y uñas quebradizos, a veces un impulso extraño de morder hielo. Muchas mujeres lo achacan durante años al cansancio. Si sus reglas son abundantes, pida que le midan no solo la hemoglobina, también la ferritina: las reservas de hierro se agotan antes, y en esa fase todo se resuelve más fácil.
De dónde salen
La causa exacta no se conoce: el nódulo empieza en una única célula muscular que, por motivos poco claros, se pone a dividirse, y su crecimiento lo sostienen después los estrógenos y la progesterona. De ahí la lógica del cuadro: aparecen en la edad fértil, crecen a menudo durante el embarazo y suelen menguar tras la menopausia.
La herencia influye: si hubo miomas en la madre o en una hermana, el riesgo es mayor. En las mujeres de origen africano son más frecuentes, aparecen antes y alcanzan mayor tamaño. También cuenta el exceso de peso, porque el tejido graso produce estrógenos por su cuenta. Quienes han tenido hijos presentan de media menos nódulos.
Lo que no conviene escuchar: los miomas no salen del estrés, del sol, de la sauna ni de que una mujer «se llevara un disgusto». Esas explicaciones circulan por internet desde hace décadas y no valen nada.
Cómo se detectan
Muchas veces el nódulo se encuentra en una revisión: el útero está agrandado o irregular al tacto. Después se hace una ecografía, en general vaginal, porque la imagen es mucho más nítida que a través del abdomen. Basta casi siempre para saber cuántos nódulos hay, dónde están y qué tamaño tienen.
A veces hacen falta más pruebas:
- histeroscopia: se introduce un instrumento óptico fino en la cavidad para ver los nódulos que crecen hacia dentro y tomar una muestra del endometrio. Se siente como retortijones menstruales fuertes, así que conviene acordar antes la analgesia; aguantar el dolor en silencio no forma parte de la prueba;
- ecografía con líquido introducido en la cavidad, una forma más sencilla de ver los nódulos internos;
- resonancia magnética antes de una cirugía o una embolización, cuando importa saber con exactitud dónde está cada nódulo;
- análisis de hemoglobina y ferritina si las reglas son abundantes.
Detrás de esas mismas molestias pueden estar una adenomiosis, unos pólipos, un trastorno de la coagulación, una enfermedad tiroidea o, en mujeres mayores, cambios del endometrio. Por eso un nódulo encontrado no siempre lo explica todo, y el médico comprueba el resto.
No siempre hay que tratar
Si el nódulo no provoca nada, no se trata: se vigila, en general con una ecografía al año. Puede crecer o quedarse igual durante años, y tras la menopausia suele reducirse junto con las molestias. Operar «por si acaso» un mioma sin síntomas no tiene sentido.
Cuando hay molestias, se empieza por los medicamentos. Eliminar el nódulo no pueden, pero sí devolver a la vida su forma normal.
- El dispositivo intrauterino con levonorgestrel adelgaza el endometrio y reduce mucho el sangrado, y de paso sirve de anticonceptivo. No vale si el nódulo deforma la cavidad.
- El ácido tranexámico se toma solo los días de regla; disminuye el sangrado sin tocar las hormonas ni la posibilidad de quedarse embarazada.
- Los antiinflamatorios no esteroideos alivian el dolor y también reducen el sangrado; se toman durante la regla.
- Los anticonceptivos hormonales combinados hacen las reglas más regulares, más cortas y menos dolorosas.
- El hierro es obligado si hay anemia, y hay que seguir tomándolo varios meses después de que la hemoglobina se normalice.
- Los fármacos que apagan temporalmente la producción hormonal del ovario sí reducen los nódulos, pero provocan un estado parecido a la menopausia y descalcifican el hueso. Se pautan en ciclos cortos, casi siempre antes de operar, a menudo con una dosis baja de hormonas que contrarresta los efectos adversos.
Y con franqueza sobre los límites: al suspender cualquiera de estos tratamientos los nódulos recuperan su tamaño y las reglas su volumen. Los fármacos quitan síntomas y ganan tiempo, pero no cierran el asunto.
Cirugía y procedimientos
Si los medicamentos no bastan, se plantea una intervención. La elección depende de dónde están los nódulos, cuántos son y qué tamaño tienen y, ante todo, de si desea quedarse embarazada.
- Extirpación de los nódulos conservando el útero: por la cavidad uterina si el mioma crece hacia dentro, por punciones o una incisión abdominal en los demás casos. Es la opción de quien busca un embarazo; pueden volver a crecer y una parte de las mujeres se opera de nuevo.
- Embolización de las arterias uterinas: por una punción vascular y guiados por rayos se bloquean las arterias que nutren el nódulo, que se encoge. El útero se conserva y la recuperación es más rápida que tras una cirugía; su efecto sobre un embarazo posterior no está del todo estudiado, conviene hablarlo si hay planes de tener hijos.
- Destrucción del nódulo con calor o con ultrasonidos focalizados guiados por imagen. No sirve para cualquier localización y los resultados a largo plazo todavía se están acumulando.
- La ablación del endometrio reduce el sangrado, pero solo se aplica a nódulos internos pequeños y después no se planifica un embarazo.
- La extirpación del útero es la única forma de librarse de los miomas para siempre; se plantea ante nódulos grandes y múltiples con sangrados intensos cuando no hay planes de tener hijos. Los ovarios suelen conservarse para no provocar una menopausia precoz.
Un detalle que conviene conocer de antemano: a veces los nódulos se fragmentan dentro del abdomen para sacarlos por una incisión pequeña. Si bajo apariencia de mioma hubiera un tumor maligno poco frecuente, esa fragmentación dispersaría sus células. El riesgo es bajo y hoy el nódulo se extrae en una bolsa protectora, pero preguntar al cirujano cómo piensa hacerlo es razonable.
Embarazo y fertilidad
A la mayoría de las mujeres los miomas no les impiden ni concebir ni llevar el embarazo a término. Influyen sobre todo los que crecen hacia la cavidad: dificultan que el embrión se implante, y al extirparlos las probabilidades suben claramente. Un nódulo grande puede además obstruir la entrada de una trompa.
Durante el embarazo un nódulo puede crecer deprisa y quedarse sin riego suficiente. Eso produce dolor agudo en un punto concreto del vientre, a veces con algo de fiebre; no es peligroso y se trata con reposo y analgesia, pero hay que valorarlo con un médico. Los nódulos grandes aumentan la probabilidad de mala colocación del bebé, parto prematuro, cesárea y sangrado abundante tras el parto, así que en el hospital deben saberlo con antelación.
Si la han operado de miomas, dígalo sin falta al obstetra: que durante la cirugía se abriera o no la cavidad uterina condiciona cómo dará a luz.
Cuándo no se puede esperar
Llame a una ambulancia (en Europa el número único es el 112) o acuda a urgencias si aparece:
- un sangrado que empapa una compresa por hora durante varias horas seguidas, sobre todo junto con mareo, falta de aire, palpitaciones, palidez y sudor frío;
- dolor intenso y repentino en la parte baja del vientre con náuseas y vómitos, que es como se manifiesta la torsión de un nódulo pediculado;
- imposibilidad de orinar con la vejiga llena;
- fiebre alta con dolor en la parte baja del abdomen.
Y aparte, algo que no parece urgente pero exige médico sin demora: un nódulo que ha crecido de forma clara ya después de la menopausia, y cualquier sangrado cuando las reglas cesaron hace un año o más. Un mioma no debe crecer después de la menopausia; en raras ocasiones tras ese crecimiento hay un tumor maligno del músculo uterino, y detectarlo a tiempo importa más que todo lo demás en este texto. No espere a la ecografía de dentro de seis meses.
Consulta en línea
A distancia se ordena bien lo que suele quedar confuso tras una visita breve. La médica revisará su informe de ecografía y explicará qué significan en su caso el tamaño y la localización de los nódulos, valorará hasta qué punto sus reglas son realmente abundantes e indicará qué análisis pedir y si ya toca tratar una anemia. En línea se discuten bien también la elección entre las opciones propuestas, las preguntas que llevar al cirujano y la planificación de un embarazo con miomas. La exploración, la ecografía y cualquier intervención exigen acudir en persona, y ante los signos del apartado anterior hay que ir directamente a urgencias.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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