Fascitis plantar
La fascitis plantar es la causa más frecuente de dolor de talón en adultos. Lo que duele no es el hueso, sino una banda fibrosa gruesa que va desde el hueso…
En esta página
- Los primeros pasos de la mañana lo delatan
- Por qué la planta deja de aguantar
- Lo que de verdad ayuda las primeras semanas
- Cómo calmar el dolor mientras el pie se recupera
- Calzado, plantillas y férula nocturna
- Cuando el dolor de talón no es fascitis
- Señales que no admiten espera
- Si el dolor se alarga meses
- Consulta en línea
Medicamentos comúnmente prescritos para Fascitis plantar
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, 600 mg ibuprofenoPrincipio activo: IbuprofenoRequiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 600 mgPrincipio activo: IbuprofenoFabricante: Pharmex Advanced Laboratories S.L.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 7,5 mgPrincipio activo: meloxicamFabricante: Towa Pharmaceutical S.A.Requiere receta
La fascitis plantar es la causa más frecuente de dolor de talón en adultos. Lo que duele no es el hueso, sino una banda fibrosa gruesa que va desde el hueso del talón hasta la base de los dedos: sostiene el arco del pie y actúa como un muelle en cada paso. Cuando la carga sobre esa banda supera aquello a lo que se ha ido adaptando, en su punto de anclaje al talón aparecen microdesgarros. El dolor se comporta de una manera tan reconocible que el médico suele sospechar el diagnóstico solo con el relato, antes de explorar el pie.
Los primeros pasos de la mañana lo delatan
El cuadro es característico. La persona se levanta de la cama, apoya el pie y siente en el talón un dolor punzante, como si le hubieran clavado algo. A los diez o veinte pasos afloja, y a mediodía casi se olvida de él. Pero basta con estar media hora sentado y volver a levantarse para que todo se repita, aunque más suave. Al final de una jornada de pie, el talón suele doler de forma sorda y constante, sin la agudeza de la mañana.
Otras señales que apuntan en la misma dirección:
- el dolor se localiza junto al borde interno del talón, no repartido por toda la planta;
- duele cuando los dedos se doblan hacia arriba: al subir escaleras, al caminar cuesta arriba, al impulsarse al final del paso;
- si se presiona con un dedo un punto concreto del borde anterior del hueso del talón, reaparece exactamente ese dolor;
- no hay hinchazón, enrojecimiento ni calor local; si los hay, la causa suele ser otra.
Casi siempre duele un solo pie. Si molestan los dos talones por igual, conviene buscar una causa común en lugar de suponer que han coincidido dos fascitis.
Por qué la planta deja de aguantar
En el fondo no hay una inflamación en el sentido habitual, sino desgaste: el tejido del anclaje al talón no alcanza a recuperarse entre esfuerzos y pierde resistencia poco a poco. De ahí la regla principal del tratamiento: hay que cambiar la carga, no apagar una inflamación.
Lo habitual es que coincidan varias circunstancias:
- la carga aumentó de golpe: empezó a correr, subió el kilometraje o cambió a un trabajo de pie todo el día;
- superficies duras (asfalto, hormigón, baldosa) y calzado plano y gastado, sin amortiguación;
- gemelos acortados y tendón de Aquiles tenso: el tobillo apenas se flexiona hacia arriba y todo el empuje recae sobre la planta. Este es el factor más corregible de todos;
- exceso de peso: cada kilo atraviesa el talón miles de veces al día;
- la forma del pie: arco hundido o, al contrario, arco alto y rígido;
- la edad entre los cuarenta y los sesenta, cuando el tejido ya es menos elástico y la actividad sigue siendo alta.
Mención aparte para el espolón calcáneo. Ese saliente óseo aparece en las radiografías de muchísimas personas que nunca se han quejado del talón y, al revés, puede faltar en quien tiene un dolor intenso. Es la huella de una remodelación antigua del hueso, no el origen del dolor, y quitarlo por sí solo no tiene sentido.
Lo que de verdad ayuda las primeras semanas
El reposo absoluto no hace falta y hasta resulta contraproducente: sin carga el tejido no se fortalece. Lo que se necesita es otra carga. Deje aparcados durante mes y medio la carrera, los saltos y las caminatas largas, pero mantenga el movimiento: la bicicleta, la natación y la elíptica no castigan la planta.
Funcionan tres ejercicios sencillos, y hay que hacerlos a diario, no por tandas.
- Estiramiento de la planta antes del primer paso. Todavía en la cama, cruce la pierna, agarre los dedos del pie y tire de ellos hacia usted hasta notar la banda tensa bajo la piel. Diez segundos, diez repeticiones, y solo entonces levantarse. Esto es precisamente lo que quita el latigazo matutino.
- Estiramiento del gemelo contra la pared. Manos apoyadas en la pared, la pierna dolorida atrás, el talón sin despegarse del suelo y la rodilla estirada, treinta segundos. Después lo mismo con la rodilla algo flexionada, para llegar al sóleo, que está más profundo. Tres series, dos o tres veces al día.
- Elevaciones de talón con una toalla bajo los dedos. Coloque una toalla enrollada bajo los dedos, suba despacio sobre la punta del pie y baje igual de despacio. En días alternos, aumentando poco a poco las repeticiones. Este ejercicio es el que devuelve resistencia a la fascia.
Cómo calmar el dolor mientras el pie se recupera
Por la noche viene bien rodar la planta sobre una botella de agua fría durante cinco o diez minutos. El hielo envuelto en un paño, de diez a quince minutos después del esfuerzo, también alivia; pero lo que cura es la carga bien dosificada y el estiramiento, y el frío solo hace el día más llevadero.
El analgésico es un apoyo, no un tratamiento. El paracetamol sirve para la mayoría. Los antiinflamatorios como el ibuprofeno o el diclofenaco en gel actúan sobre la zona y por eso son más seguros que los comprimidos; estos se toman en pautas cortas, con comida, y se evitan en caso de úlcera, enfermedad renal, tratamiento anticoagulante o asma que empeora con los analgésicos, y tampoco se usan en la segunda mitad del embarazo. Ante la duda, pregunte a su médico de cabecera o al farmacéutico.
Ármese de paciencia: la mejoría clara suele llegar a las cuatro o seis semanas, y el dolor desaparece del todo al cabo de varios meses.
Calzado, plantillas y férula nocturna
Aquí el calzado no es un detalle, sino media curación. Sirve un zapato con contrafuerte firme que no se hunda al apretarlo con los dedos, un tacón bajo de uno a tres centímetros, una suela que no se doble por la mitad y buena amortiguación bajo el talón. Los tacones altos, las punteras estrechas, las chanclas y las zapatillas sin talón habrá que dejarlos de lado una temporada: con ellos la planta trabaja sin apoyo.
En casa tampoco conviene ir descalzo sobre baldosa o tarima: hágase con unas zapatillas de suela rígida y arco marcado. Las plantillas de farmacia con realce del arco y talonera blanda funcionan al principio igual de bien que las caras hechas a medida; pasar a las personalizadas tiene sentido si las sencillas no han servido en un par de meses o si el pie está muy deformado.
Cuando el dolor matutino se resiste, ayuda la férula nocturna, que mantiene el pie en ángulo recto para que la fascia no se acorte durante la noche. Dormir con ella incomoda al principio, pero es justo en esa forma de dolor donde más rinde.
Revise además lo que lleva puesto desde hace tiempo: unas zapatillas de correr pierden la amortiguación a los seiscientos u ochocientos kilómetros, y por fuera no se nota nada.
Cuando el dolor de talón no es fascitis
Hay bastantes cuadros parecidos y cada uno se trata de forma distinta. Debe hacerle dudar todo lo que no encaje en el patrón de «duele al levantarse y mejora al andar».
- Fractura por sobrecarga del calcáneo. El dolor es constante, solo va a más con el esfuerzo y no se quita al caminar; duele al apretar el talón por los lados con las dos manos. Aparece tras subir la carrera de golpe o caminatas muy largas, y en personas con huesos frágiles.
- Adelgazamiento de la almohadilla grasa del talón. Más frecuente pasados los sesenta. Duele en el centro mismo del talón, con la sensación de pisar una piedra, y falta el latigazo de la mañana.
- Atrapamiento nervioso en el túnel tarsiano o de una de sus ramas plantares. Da quemazón, hormigueo y adormecimiento; el dolor no cede en reposo y quita el sueño.
- Dolor de origen lumbar. La compresión de una raíz nerviosa baja desde la nalga por la cara posterior de la pierna hasta el talón, muchas veces con adormecimiento del borde externo del pie.
- Problema del tendón de Aquiles o de la bolsa que hay debajo. Entonces duele por detrás y por arriba, no por debajo, y se aprecia un abultamiento sobre el talón.
- Inflamación de las inserciones tendinosas en una espondiloartritis. Hay que pensarlo si duelen los dos talones, la persona tiene menos de cuarenta años, por las mañanas la espalda tarda más de media hora en soltarse y hay antecedentes de psoriasis, inflamación ocular o trastornos intestinales persistentes. Aquí hace falta un reumatólogo, no unas plantillas.
- Gota y artritis reumatoide empiezan a veces por el talón: en ese caso hay hinchazón, enrojecimiento y episodios bruscos.
- En niños y adolescentes la fascitis plantar es rarísima. El dolor de talón al hacer deporte a esas edades suele ser una apofisitis del calcáneo, la enfermedad de Sever, y duele a los lados y por detrás del talón.
Señales que no admiten espera
El dolor de talón por sí solo no es una urgencia. Pero hay situaciones en las que se necesita al médico el mismo día o en los días siguientes:
- durante un salto o una aceleración se notó un chasquido en la planta, con dolor brusco, hinchazón y hematoma, y no se puede apoyar el pie: así se manifiesta la rotura de la fascia;
- el talón está rojo, hinchado y caliente al tacto, y ha subido la fiebre: parece una infección;
- aparece adormecimiento o debilidad del pie, que empieza a golpear el suelo al caminar;
- hay dolor en reposo y por la noche, sin relación con el esfuerzo, sobre todo si se acompaña de pérdida de peso o sudoración nocturna;
- tiene diabetes o sensibilidad alterada en los pies y aparece dolor, una grieta o una herida en la planta: aquí no cabe el automanejo, el pie debe verlo un médico sin demora;
- el dolor empezó tras una caída o un golpe y no logra apoyar el pie: hay que descartar una fractura.
El número europeo de emergencias 112 solo se marca por un dolor de talón cuando hay un traumatismo evidente con deformidad del pie o una herida abierta. En el resto de los casos basta con una consulta normal.
Si el dolor se alarga meses
Cuando han pasado seis u ocho semanas de trabajo constante con el pie y nada ha cambiado, toca una exploración presencial. Suele hacerse una ecografía —en la fascitis la banda aparece engrosada junto al talón— y la radiografía se pide no por el espolón, sino para no pasar por alto una fractura u otra alteración del hueso.
A partir de ahí hay varias opciones.
- Trabajo con un fisioterapeuta. Ajusta el programa de ejercicios a su pie y vigila que la carga suba de forma progresiva: es la parte más útil de todas.
- Plantillas ortopédicas a medida, si las de farmacia no han funcionado.
- Ondas de choque. Varias sesiones con un aparato que envía impulsos de alta energía a la zona de anclaje de la fascia. En el dolor que se cronifica es una de las alternativas más sólidas.
- Infiltración de corticoide. Quita el dolor rápido, pero por poco tiempo, y las inyecciones repetidas aumentan el riesgo de rotura de la fascia y de adelgazamiento de la almohadilla del talón. Por eso se usa poco y nunca como primer paso.
- Cirugía —sección parcial de la fascia o alargamiento del gemelo— se plantea en casos aislados, cuando ha pasado un año sin resultado.
El pronóstico es bueno: en la gran mayoría de las personas el dolor acaba desapareciendo sin ninguna intervención, y la única incógnita es cuánto tardará.
Consulta en línea
El dolor de talón es justo el caso en el que un relato detallado resuelve mucho. En la consulta en línea el médico repasará cómo se comporta el dolor a lo largo del día, qué lo precedió, qué calzado usa y cuánta carga soporta, y con esas respuestas distinguirá una fascitis de una fractura por sobrecarga, de un atrapamiento nervioso o de una causa reumática. Le explicará cómo hacer bien los estiramientos, qué cambiar en el calzado y en los entrenamientos, qué analgésico le conviene según sus otras enfermedades, y decidirá si ya toca pedir una ecografía o derivarle al traumatólogo.
La visita presencial será necesaria si hay traumatismo, adormecimiento, hinchazón con fiebre o diabetes: palpar el pie y hacer una imagen a través de una pantalla no es posible. A cambio, la consulta en línea evita perder semanas con un enfoque equivocado.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
Médicos online para Fascitis plantar
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