Epiglotitis
La epiglotis es una pequeña lengüeta de cartílago situada en la raíz de la lengua. Cada vez que usted traga, se bascula hacia atrás y tapa la entrada de la…
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La epiglotis es una pequeña lengüeta de cartílago situada en la raíz de la lengua. Cada vez que usted traga, se bascula hacia atrás y tapa la entrada de la laringe para que la comida no pase a la vía respiratoria. Si esa lengüeta se inflama y se hincha, deja de ser una tapa y se convierte en un tapón: la vía respiratoria se estrecha por sí sola, sin necesidad de tragar nada. La hinchazón progresa en cuestión de horas, así que la epiglotitis no es «un dolor de garganta muy fuerte», sino una urgencia en la que se llama a una ambulancia sin esperar a la mañana siguiente.
Qué aspecto tiene
Lo que más distingue a la epiglotitis de un dolor de garganta corriente es la falta de correspondencia. La persona está francamente mal, tragar le resulta casi imposible y, sin embargo, si se le mira la boca no se ve nada alarmante: las amígdalas están tranquilas y no hay placas. Toda la inflamación está más abajo, donde la vista no llega.
Debe alarmar esta combinación:
- dolor de garganta intenso que ha ido creciendo en horas, no en días;
- fiebre alta y muy mal estado general;
- tragar duele tanto que la persona deja de tragar su propia saliva y esta se le cae por la boca;
- voz apagada, como si tuviera una patata caliente en la boca, pero no ronca como en una laringitis;
- respiración rápida y ruidosa, con un silbido agudo al inspirar;
- el enfermo se sienta inclinado hacia delante, apoyándose en las manos y estirando el cuello, y se niega en redondo a tumbarse;
- piel pálida, grisácea o azulada, que en las personas de piel oscura se aprecia mejor en los labios, las encías, las palmas y las plantas;
- inquietud intensa y agitación o, al contrario, una apatía inusual.
En los niños el cuadro se desarrolla con la mayor rapidez: en pocas horas el niño pasa de estar sano a estar gravemente enfermo, se queda sentado en brazos de un adulto, no quiere hablar y apenas tose. Precisamente la ausencia de tos perruna es lo que separa la epiglotitis del crup. En los adultos el comienzo suele ser algo más lento y la queja es una sola: la garganta duele como nunca antes.
Esto es llamar a una ambulancia
Ante la sospecha de epiglotitis hay que llamar de inmediato; en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania se marca el número europeo único, el 112. A partir de ahí lo importante es no hacer daño mientras llega la ayuda.
- Déjele sentado. Tumbarse cierra la respiración casi al instante. Al niño hay que sostenerlo en vertical en brazos y al adulto darle algo en lo que apoyarse.
- No le mire la garganta con una cuchara, un depresor o un dedo, ni le pida que abra más la boca. Irritar una epiglotis hinchada puede provocar un espasmo y cerrar la respiración por completo.
- No le dé nada de comer ni de beber: lo más probable es que haga falta anestesia, y de todos modos tragar no es seguro.
- Tranquilícele. El llanto y el miedo empeoran la dificultad para respirar, así que al niño no se le cambia de ropa, no se le explora y no se le separa de su padre o su madre.
- No lo lleve usted mismo. Dentro del coche la respiración puede pararse y no habrá nadie que ayude. Diga al operador que sospecha una epiglotitis: le indicará qué hacer hasta que llegue el equipo.
Qué se hace en el hospital
El orden aquí es el inverso del habitual: primero se asegura la respiración y después se investiga la causa. La laringe se explora en quirófano, con un anestesista y un otorrinolaringólogo al lado y con todo lo necesario para una intubación urgente ya preparado. Si el tubo no consigue pasar, se abre un orificio en la tráquea; eso salva la vida y después cicatriza.
Luego se administra oxígeno y se inician antibióticos por vía intravenosa. A veces se añaden fármacos que reducen la hinchazón e inhalaciones. Se extrae sangre para hemocultivo, y la muestra de garganta se toma solo después de que la respiración esté protegida. La radiografía o la tomografía del cuello se reservan para quien está estable y solo si el diagnóstico no está claro; a nadie con dificultad respiratoria se le traslada por una imagen ni se le deja solo.
Lo habitual son unos días de ingreso, de los cuales el primero o los dos primeros con tubo respiratorio, hasta que la hinchazón cede. Con tratamiento iniciado a tiempo, la inmensa mayoría se recupera por completo y sin secuelas.
Por qué ocurre
Históricamente la causa principal fue una bacteria, el Haemophilus influenzae de tipo b, abreviado como Hib. Se trata de una bacteria y no de un virus: se transmite por vía aérea, al toser y estornudar, y a través de objetos sobre los que ha caído saliva. Desde que la vacuna frente al Hib entró en los calendarios infantiles, la epiglotitis del niño se ha vuelto rara y hoy la enfermedad se ve con más frecuencia en adultos.
Además del Hib, la causa puede ser:
- otras bacterias, como los estreptococos y el estafilococo dorado, que son las que han pasado a primer plano tras la vacunación masiva;
- una quemadura de la faringe por comida o bebida muy caliente, o por vapor;
- la inhalación de humo y vapores calientes, incluido el consumo de crack y de otras sustancias que se fuman con una pipa al rojo;
- la ingestión de un líquido cáustico;
- un golpe directo en la garganta o una lesión al intentar extraer un cuerpo extraño.
El riesgo es claramente mayor en quien tiene las defensas debilitadas: enfermedades de la sangre, trasplante de órganos o de médula ósea, diabetes mal controlada, quimioterapia, extirpación del bazo. En estas personas la epiglotitis se desarrolla más deprisa y evoluciona peor.
Cómo evitarlo
La protección principal es la vacuna frente a la infección por Haemophilus influenzae de tipo b. Está incluida en el calendario infantil de todos los países donde trabajamos; se administra en varias dosis durante el primer año de vida con un refuerzo posterior, y las fechas exactas cambian de un país a otro, así que conviene consultar el calendario local.
Otras cosas que vale la pena saber:
- si el niño no se vacunó siendo lactante, todavía puede ponerse al día más tarde; pregunte al médico con qué pauta;
- en los adultos la vacuna se recomienda de forma específica tras la extirpación del bazo, en la drepanocitosis, en algunos trastornos de la inmunidad y después de un trasplante de médula ósea;
- si a un familiar se le confirma una infección grave por Hib, al resto de la casa se le indica a veces una tanda corta de antibiótico preventivo, sobre todo cuando conviven niños pequeños sin vacunar o alguien con las defensas bajas. Esa decisión la toma el médico y no se hace por cuenta propia;
- dejar de fumar reduce el riesgo, porque una mucosa de la garganta permanentemente irritada resiste peor las infecciones;
- no conviene dejar bebidas calientes al alcance de un niño pequeño: la quemadura de la faringe es la causa en la que casi nadie piensa de antemano.
Consulta en línea
La epiglotitis en sí no se trata a distancia: es uno de esos casos en los que hacen falta manos, oxígeno y quirófano. Pero alrededor de la enfermedad hay una parte considerable que sí se resuelve bien a través de una pantalla. Aclarar si se trata de un dolor de garganta corriente o del conjunto de signos ante el cual hay que llamar a una ambulancia ahora mismo. Comprobar si el niño está vacunado frente al Hib y qué hacer si el calendario se ha desajustado. Decidir si un adulto sin bazo o con la inmunidad disminuida necesita esa vacuna. Hablar de qué deben hacer los convivientes tras un caso confirmado en casa. Y, por último, plantear las dudas del alta: por qué la garganta sigue doliendo una semana más, cuándo volver al trabajo o a clase y a qué hay que estar atento en adelante. En cambio, con dificultad para respirar, babeo e imposibilidad de tragar no hace falta ninguna consulta en línea, hace falta una ambulancia.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.




